En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



miércoles, 28 de diciembre de 2011

Resurrección – Craig Russell



Un nuevo libro, el tercero, en la saga del comisario Fabel y Hamburgo. Un libro titulado Resurrección quizá porque resucita, como todo libro hecho para vender, un refrito de fórmulas de éxito que nada original aportan, aunque la pirueta final para resolver el caso es engañosa: hace ver que hay cosas que no eran como se aventuraba, pero en realidad lo importante no es si lo eran o no, sino su efecto sobre el lector. Y ese efecto existe. Me refiero, por si no ha quedado claro, a las fórmulas para atrapar la atención. Quien guste de ellas, en este libro puede darse un banquetazo.

Un rápido repaso, no exhaustivo, a esos truquillos:

-El libro comienza con dos “flash back”: una matanza con ajuste de cuentas de por medio una veintena de años antes de la acción, y un sacrificio ritual en el siglo III. Ahí es nada. Un enlace directo a lo esotérico que, a partir de ese momento, sobrevuela la novela. Dos misteriazos por el precio de uno para quien siga leyendo.

-Como siempre, tenemos a un asesino en serie que gusta de cometer crímenes “de diseño” (Fabel por ahora no sabe perseguir otra cosa). Y lo hace de tal manera que, enlazando con lo anterior, a uno le viene a la cabeza la película de “Los inmortales”, como si alguien venido desde muchos siglos atrás pudiera estar apiolando a quienes son como él vaya usted a saber por qué misterioso motivo.

-Unamos a eso que la pobre María está atormentada y obsesionada por el soponcio del primer libro de la entrega, y que el criminal de entonces planea por ahí como ese enemigo eterno que lo mismo tenía Sherlock Holmes en Moriarty que Batman en Joker: una “presencia” inquietante llamada a eso: a inquietar al lector. Y llamada también a otra cosa: a crear adicción a la saga, para ver en qué quedará la suerte del malvadísimo Vitrenko.

-Otra formulilla, ya utilizada por este autor en esta misma serie: utilizar un abanico de víctimas efectivas y potenciales que abarque un amplio espectro social. Desde el pringadete hasta el político de altura. Quien no sienta interés por unos, lo sentirá por otros. Quien no se apiade de los pobrecillos, sentirá el morbo de ver si la sangre también alcanza a los poderosos.

-Y, por no enrollarme más, la investigación, casi como en la anterior entrega, solo avanza a medida que avanzan los crímenes, lo que crea la “tensión de la sangre”, la permanente duda sobre el próximo crimen, para terminar, nuevamente, en una novela de acción donde hay escenas que uno ha visto en infinidad de películas incluso si, como es mi caso, hace siglos que no ve una. Por ejemplo: dejar un pegote siniestro como amenaza en el propio domicilio de Fabel (quien quiera conocer a qué me refiero, que lea el libro), verse el pobre con una bomba al lado y sin poder menearse para que no explote, o cuando el malo malísimo se hace presente poco antes del fin y atrapa a uno de los buenos haciendo presagiar que el pobre bueno las va a pasar de aúpa hasta que llegue el séptimo de caballería.

Como digo, recursos facilones que harán las delicias de quienes gusten de ellos, y que entretendrán a casi todos, aunque literariamente hablando sea un libro inocuo.

Y una cosa más: supongo que para que todo el mundo pueda leer a Fabel empezando por la tercera novela, la segunda, o la que le dé la gana, el autor vuelve a repasar una vez más (y la verdad, cansa), la vida, obra y milagros del caballero: por qué se metió policía con lo buen historiador que podía haber sido, por qué vive donde vive (el tema de la pasta y tal), qué vistas tiene su apartamentito, cómo es Hamburgo, qué tripa se le ha roto a la psicóloga, al hermano, etc. Lo dicho: tanta reiteración que es aconsejable poner distanciar la lectura de cada novela de la serie.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


Para felicitar las navidades, una versión de White Christmas a cargo de Rocky Sharpe and The Replays. Una de las mejores y más animadas versiones que he escuchado, y que inevitablemente pone de buen humor.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Un padre de película – Antonio Skármeta





Un joven maestro de un pueblo chileno tuvo ocasión, justo en el momento de regresar tras los estudios, de cruzarse con su padre, quien, sin dar explicaciones, volvía a su Francia natal abandonando a su esposa y al propio hijo.

Ha pasado algún tiempo y Jacques, el maestro protagonista, es apremiado por un alumno de 15 años para que lo lleve a la cercana ciudad a perder la virginidad en un prostíbulo, presuponiendo erróneamente que su profesor tiene ya experiencia en la materia. Para evitar el papelón, Jacques hace un primer viaje en tren en plan “explorador” hasta la ciudad, y allí, a unos kilómetros de su pueblo, se topa con alguien que lleva un niño por la calle: su propio padre.

A partir de aquí se abre una breve pero intensa historia donde el amor y el sentido de la responsabilidad se apoyan en la osadía para impedir que, como tantas veces ocurre, un desliz pueda proyectar sus efectos durante toda una vida.

Una novela que es casi un cuento, escrita en capítulos muy cortos y directos, en la que el  humor fino, irónico y condescendiente de Antonio Skármeta brilla mucho más que en alguna otra de sus novelas gracias, precisamente, a la falta de adorno.

Una historia tan corta como bonita.

jueves, 22 de diciembre de 2011

La selección de la Librería Central


He aquí la selección de libros hecha por la Librería Central de Zaragoza en estas fechas, en la que figura La terrible historia de los vibradores asesinos.


Julio Cortázar


Soler Serrano entrevista durante dos horas a Julio Cortázar. Una entrevista excelente a un escritor con una lucidez extrema tanto para analizarse a sí mismo como para analizar el oficio de escritor, el entorno y cuanto se le pone a tiro.

Como la entrevista es larga y el tiempo escaso, he tenido que verla en tres veces, pero sea como sea es un enorme placer escuchar hablando con calma a escritores de tanto talento. Además Soler Serrano hace evolucionar muy bien los temas.


lunes, 19 de diciembre de 2011

La subasta del lote 49 – Thomas Pynchon


Thomas Pynchon es, dicen, eterno candidato al premio Nobel, y uno de los escritores norteamericanos actuales más venerados. Yo ya lo veneraré, si llega el caso, cuando lea alguna otra de sus obras, porque La subasta del lote 49 no me ha dado para tanto.

Es una novela brillante por su verborrea y por su frenético ritmo, pero tan confusa y tan sin sentido que uno tiene la sensación de estar ante unos fuegos artificiales, o en medio del camarote de los Hermanos Marx.

La “trama” (de alguna forma hay que llamarla) se sustenta en la búsqueda, por parte de una buena mujer, de un grotesco sistema de correos clandestino que, nacido hace siglos, trató supuestamente de boicotear el correo “oficial” en manos de los Thurn und Taxis.

La cosa se pone en marcha con ocasión de ser nombrada albacea de un millonario, que entre otras aficiones tenía la de recolectar huesos de muertos para hacer filtros para cigarrillos. Y se pone en marcha con eso como se podría poner con cualquier otra cosa. Lo cierto es que la visión de un simbolito (una trompeta con sordina) en un baño público, y escuchar la palabra “Tristero” en una obra de teatro, hacen que la mujer comience a ver el simbolito por todas partes, y ande como loca tratando de averiguar qué o quién es Tristero.

Al final uno se queda con una extraña sensación, dudando de si volver a leer la novela es el método más adecuado para apreciarla mejor, o la mejor manera de ratificar la sensación de confusión sin sentido.

Leo, por último, que la novela es un ejemplo de “ficción posmoderna” y que el autor es un representante del “posmodernismo maximalista”. Pues estupendo. Pero yo debo de ser otra cosa.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Arrancacorazones – Boris Vian






Cuando un barco es botado lanzándolo por una especie de trampolín de esquí, cuando navega moviendo pies articulados, o cuando la criada que se beneficia el protagonista responde al delicado nombre de Culoblanco, parece oportuno incluir el libro bajo la etiqueta de “libros de humor”, aunque en realidad El Arrancacorazones es una novela más inquietante que humorística.

Esta novela, como otras del autor, es una mezcla de realidad, sueño y delirio donde el absurdo se abre paso para mostrar, a su través, el lado oscuro del ser humano.

Un psiquiatra que solo aspira a psicoanalizar a alguien, Jacquemort, aparece un buen día en una casa junto a un acantilado, donde se topa con una criada (Culoblanco) muy receptiva a practicar cierta actividad en solo cierta postura; se topa también con Clémentine, la señora de la casa que acaba de dar a luz a unos trillizos de sorprendente evolución (Citröen, Noel y Joel) y con Ángel, su marido. Unamos al menos otros dos personajes en el pueblo cercano: el viejo de La Gloira (que se dedica acumular un oro que no puede disfrutar, a cambio de asumir la vergüenza de los vecinos del pueblo, los cuales se pueden permitir así tropelías como el “mercado de viejos”, donde se venden personas con cualquier fin), y el cura, obsesionado por la idea radicalizada de que Dios es un lujo, y los feligreses unos borricos incapaces de apreciarlo.

Con estos mimbres, Vian teje una historia rara, donde la evolución desde la perspectiva de Jacquemort viene dada, sobre todo, por la evolución de Clèmentine y los niños en un entorno semimágico donde la ingestión de una babosa azul, por ejemplo, puede hacer volar. Los trillizos evolucionan desde la nada a una inquietante presencia, inquietud que se difumina en cuanto son capaces de buscar la libertad; Ángel, por su parte, es un pegote que, simplemente, huye de la soledad en compañía refugiándose en la soledad absoluta; Clèmentine, por su parte, es el pilar más sólido en el que se apoya la historia: comienza siendo una madre desapegada, y termina desarrollando una obsesión sobre los muchos males que acechan a sus hijos que conduce al final de la obra.

Una novela sobre los excesos del ser humano vistos desde el absurdo y lo irreal. Pero excesos al fin y al cabo. Original, por momentos divertida y, siempre, inquietante.



domingo, 11 de diciembre de 2011

El caso Kurílov – Irène Nèmirovsky



Kurílov es un ministro ruso en la época final del zarismo. Un grupo clandestino de revolucionarios ha decidido asesinarlo. Para lo cual consiguen infiltrar al asesino nada menos que como médico personal de Kurílov. Aunque Kurílov, en realidad, no anda bien de salud y no necesita a nadie para morir pronto.

A lo largo del tiempo, mientras espera la orden de ejecutarlo, el protagonista tiene ocasión de ver cómo Kurílov ejerce el poder, cómo vistas desde cerca las cosas no son como parecen desde lejos, cómo también (y eso se describe de forma magistral) las personas se creen importantes más allá de sus propios méritos, cómo afrontan la pérdida del poder, la mengua del protagonismo, hasta qué punto quien tiene un cargo, alto o bajo, lo interioriza hasta pensar que el importante es él, y no las responsabilidades del cargo, conducta de la que nacen ansiedades, miedos y vanidades que hacen de los afectados pobres diablos que pasan su vida creyendo ser lo que no son, y que los hace vivir pendientes de una palabra ajena. porque al final siempre hay alguien más poderoso de quien dependen.

Y por otra parte podemos ver el proceso por el cual el asesino va conociendo a su víctima, va viendo cómo se mueve, qué lo induce a actuar así o asá, qué aspiraciones y miedos tiene, cómo se comporta con la familia, los amigos, los subordinados... Y al hacerlo va viendo precisamente lo que he dicho: que quien parece poderoso no es más que una persona normal y corriente, a menudo más pobre diablo que cualquier pobre diablo, y que sus actuaciones más están movidas las más de las veces por el deseo de mantenerse en un sillón que, embriagados por la adulación cercana al poder y por la vanidad, creen honestamente de justicia poseer.

Un libro como casi todos los de Irène Nèmirovsky: magistral. Es una de las grandes.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Vibradores asesinos en Navidad


La escritora Teresa Sopeña, que acaba de publicar LIBERTALIA, recomienda en su blog, entre otras muchas lecturas para estas navidades, La terrible historia de los vibradores asesinos. Mil gracias: habida cuenta de que el libro salió los últimos días de mayo, abrirse paso entre la avalancha de novedades que han salido de cara a estas fiestas no es nada fácil.

El vuelo del moscardón - Rimsky Korsakov


Anda que no se lo debió pasar bien ni nada Nikolai Rimsky Korsakov componiendo este "Vuelo del moscardón". Una broma musical que ya es un clásico. Y de todas las versiones que he escuchado, esta es una de las que que más me gusta.


jueves, 8 de diciembre de 2011

La publicidad de los libros


Entre una cosa y otra, voy viendo lo complicado que resulta promocionar cualquier libro. No voy a entrar en ese tema, que ya está muy trillado y cada cual sabe lo que hay, pero como el otro día me vino a la cabeza, y ya que andamos a vueltas con literatura y humor, reconozcamos que quizá el más famoso episodio de "promoción" en España ("el libro" de Umbral) fue algo que dando mucho que hablar y reír, fue también un desastre promocional: ¿porque alguien recuerda qué libro era "su libro"?


miércoles, 7 de diciembre de 2011

La camarera – Markus Orths



Librito muy breve y bastante triste que se lee de un tirón y que deja la sensación no de haber visto una historia, sino solo un pedazo de ella.

Lynn ha salido a la calle tras medio año de tratamiento psiquiátrico. Las relaciones con su madre son mínimas y carentes de otro contenido que no sea mantener, siquiera sea formalmente,  esa la relación. Pero Lynn se sumerge rápidamente en una rutina confortable en la que debe mantenerse ocupada para no grillarse de nuevo, y consigue trabajo limpiando habitaciones en un hotel, desarrollando de paso obsesión por la limpieza.

Tanto limpia, que limpia todas las horas y más. Como a nadie se le hace raro verla por el hotel en cualquier momento, aprovecha para ir metiéndose debajo de la cama en algunas habitaciones y, desde esa extraña soledad, imaginar la vida de las personas que pasan ellas. Es así como conoce a Chiara, una prostituta cuya misión en la novela es acentuar al máximo la soledad en que se encuentra la protagonista.

En definitiva, la historia de una mujer algo chiflada que trata de encontrar el camino correcto a través de su propia chifladura, para acabar encontrando lo que suele haber al final de un recorrido así.

Lo dicho: novela breve, triste, que hace del lector testigo de un fragmento de vida para que a partir de él, como hace la protagonista desde debajo de la cama, reconstruya una vida completa.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Asesinato en Montmartre – Cara Black





Con ocasión de la fiesta de jubilación de un policía, otro se acerca a una casa próxima vaya usted a saber a qué, y se lo cargan en un tejado. Tras él había ido otra policía, que además era “la chica” del finado, la cual se convierte en la principal sospechosa del crimen. A partir de aquí la protagonista, detective amiga suya, trata de desentrañar la verdad limitándose a buscar por todas partes a quien quiera que haya visto lo que de verdad sucedió.

Y ese buscar y tratar de enlazar unas cosas con otras es el hilo conductor de una novela que, a mi juicio, es floja: ni los personajes están muy bien definidos, ni la trama es demasiado sólida, porque a menudo se tiene la sensación de estar dando saltos en el vacío. Además, algunas de las soluciones son muy simples.
Tampoco me gusta la forma en que aparece reflejado Montmartre. Tengo la sensación de que ese barrio ha sido elegido como escenario y para el título porque resulta evocador, pero si el lector quiere “vivirlo” deberá tirar más de sus propios recuerdos que de lo que cuenta el libro.

Como no me ha gustado mucho, no me extiendo más: una novela entretenidilla sin más, pero con más pretensiones que resultados.

viernes, 2 de diciembre de 2011

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Vibradores asesinos en Monzón


El próximo domingo día 4, en Monzón, una de las muchas "presentaciones express" que forma parte del ambiente de la Feria del Libro será la de La terrible historia de los vibradores asesinos, a las 11:30. Y además, firma de ejemplares en el stand de Mira Editores, que acude a la feria con un buen puñado de libros nuevos bajo el brazo.


El chino - Henning Mankell


Sólo he leído otro libro de este autor: “Zapatos italianos”, que no es una novela negra ni nada que se le parezca. “El chino”, el cambio, sí lo es. Y es una novela “especial” por varios motivos, aunque bajo mi punto de vista cojee en varios aspectos.

Es especial porque situada en 2006, adentrarse en detalle en ciertas “epopeyas” del siglo XIX parece un intento de hacer de la novela algo más que una novela negra. ¿Lo consigue? Creo que no. Solamente logra (aunque no es poco) darle un toque de originalidad y dar ocasión de leer por el placer de leer sin necesidad de llegar a ningún sitio. No quiero decir que la historia decimonónica incrustada en la primera mitad del libro no tenga conexión con la principal, pero sí que el detalle es excesivo y que con mucho menos hubiera bastado.

Lo mismo digo del abundante filosofar, de forma simplista, sobre la China actual o el “mayo del 68” y el aburguesamiento de los revolucionarios. Demasiadas páginas para contar cosas que no vienen al caso y que ni siquiera sirven para despistar al lector y sorprenderlo luego.

Otra cosa que no me ha gustado ha sido la forma algo “peliculera” de presentar a ciertos personajes (en concreto, Hong y Ya Ru). Son estereotipos demasiado “puros” como para tomárselos muy en serio.

Para terminar con los “peros”, comprendo –aunque a mí me deja como estoy- que a mucha gente le atraiga la combinación de escenarios “exóticos”, que van desde Suecia –urbana y rural- a Pekín pasando por África y Londres. Puede atraer a ciertos lectores, pero no es un mérito “literario” especialmente notable entre otras cosas porque la descripción “sueca” es mucho mejor que el resto –que parece un decorado-. Otra cosa hubiera sido pasar de un ambiente a otro manteniendo el nivel de descripción y de conocimiento.

La novela también tiene cosas buenas. Lo mejor, la forma en que evoluciona de novela “de misterio” a novela “de acción”. También la forma de “echar el anzuelo” al lector: lo que al principio parece “el” misterio a resolver, se resuelve pronto; y tras este misterio aparece uno nuevo que parece el definitivo; y éste se resuelve y aparece otro, y así sucesivamente hasta que llega un momento en el que el libro es una película... de acción.

Y digo “película de acción” porque como en ellas pronto se sabe quiénes son los buenos y quiénes nos malos, quién ha hecho qué, y qué pretenden unos y otros. Y como en toda película de buenos y malos el misterio al final se limita a saber cuál de los dos vence.

El comienzo de la novela se produce con una espeluznante matanza en un pueblecito perdido en los bosques suecos. Una jueza que nada tiene que ver con el asunto se ve remotamente afectada como pariente lejana de una de las víctimas; la curiosidad profesional, más que el afecto, le hacen dar algunos pasitos que desencadenan el resto de los acontecimientos.

Aunque es una novela voluminosa, se lee rápido y bien. Es entretenida, tiene mayor nivel que la mayoría de las novelas de intriga, pero no trascenderá su género. 




martes, 29 de noviembre de 2011

La terrible historia de los vibradores asesinos en la Librería Central


Cediendo paso a Ruiz Zafón. Aunque, sinceramente, nunca imaginé ver la novela así a estas alturas, jejejeje.

The masquerade is over (i´m afraid) - Rocky Sharpe and The Replays


Otra nueva entrega de música y humor: a ver quién es capaz de escuchar esta canción sin ponerse de buen humor. Además, quien más o menos entienda la letra podrá ver algo que quizá es lo mejor: la humorística forma musical de tomarse las penas de amor; toda una filosofía del humor. The masquerade is over.


domingo, 27 de noviembre de 2011

El resto de la vida - Ángeles Caso

Tras unas muy pocas páginas al comienzo que me sonaron un pelín empalagosas (¿será que estoy cansado de que de pronto en los últimos años todo el mundo vaya viendo “luz dorada” por todas partes?), me he encontrado con una novela breve, original, y bonita, de alguna manera basada en una vuelta de tuerca al mito de Orfeo y Eurídice.

Orfeo bajó a los infiernos a buscar a Eurídice cuando esta murió. Y en esta novela, el protagonista masculino (cuya presencia real es más bien escasa) dice que él haría el camino inverso: si muriese, volvería del mismísimo infierno en busca de su amada. Se lo dice a la hija de una amiga, que siempre lo había visto como a un “señor mayor”, aunque se lo dice en el momento en que ella ya no es una niña sino una mujer, cuando ya a sus ojos él ha evolucionado de “señor mayor” a “hombre muy interesante”.

Lo cierto es que el caballero muere en una tempestad en el mar, y que el tiempo corre. Varios años después la mujer se topa por en un aeropuerto con un hombre exactamente igual al supuestamente finado. Y no es esa la única casualidad.

¿Ha vuelto en verdad desde los infiernos para encontrarse con su amada? ¿O es ella, en realidad, quien está descendiendo a ellos para tratar el imposible de recuperar al hombre del que se había enamorado sin apenas ser consciente?

La solución, leyendo libro.

Fuera de eso, llama la atención que los escenarios (en el extranjero, donde los personajes están “replantados” por motivos laborales) además de poner una nota llamativa porque hay ciertos lugares que siempre resultan atrayentes o evocadores, ayuda a reforzar la sensación de soledad, de introspección, a dar un cierto aire de “suspense”, como si la chica (en particular ella) debiera enfrentarse en solitario a sus dudas, a sus temores, a los designios del más allá o a los del más acá.


viernes, 25 de noviembre de 2011

Música de humor: La Banda del Capitán Canalla - Bicho malo pillé


Solo había puesto dos entradas en el apartado de música y humor, y aquí va la tercera. Si en la segunda decía que, por alguna razón complicada de explicar, el humor en las letras suele desmerecer una buena música, he aquí un ejemplo de lo contrario: una canción en la que la parte musical es completamente prescindible, pero donde la letra, por más gamberra que sea, juega con la fonética de tal manera que en ella, y no en el significado de la letra, es donde está el humor. Una forma distinta de hacer humor en la música.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Noticias de la noche – Petros Márkaris





Hace siglos, en alguna librería me dieron un marcador de páginas con publicidad de las novelas de Petros Márkaris. Era negro, y en grandes letras blancas preguntaba: “¿Quién es Kostas Jaritos?”. Tras perder marcadores uno tras otro durante años, este ha durado todos los siglos que hace que me lo dieron, y aunque está hecho polvo lo sigo usando porque ya forma parte de mi “paisaje lector”.

Bueno, pues ya sé quién es Kostas Jaritos: un teniente de la policía griega, formado en los años de la dictadura, que en esta novela desarrollada en los años 90 (esa peligrosa frontera donde todo parece actual pero donde la ausencia de móviles e Internet obligan a indagar en qué años se mueve la acción) se presenta al lector como un tipo ya entrado en años, con un matrimonio donde ambos cónyuges son unos refunfuñones que se odian cordialmente, con una hija a la que echa mucho de menos (lo cual no es muy original), con aprietos económicos (tampoco lo es), con un machismo latente que se manifiesta en la forma en que raciona el dinero a su mujer, y, sobre todo, con una pachorra para no complicarse la vida que luego, de forma inevitable, desmienten los hechos porque no hay novela que pueda salir adelante si el protagonista se escaquea de verdad.

El asunto comienza con el asesinato del dos albaneses, del que se declara culpable otro albanés. Siendo albaneses, son ciudadanos de segunda y poco importa la cosa en la mentalidad que Jaritos atribuye a la sociedad en la que está, así que, ¿para qué complicárse la vida?

Pero la vida se le complica porque una periodista insinúa que hay algo más, y como Jaritos no quiere que le meta un gol, sigue husmeando.  Y antes de que descubra nada, la periodista aparece muerta. Y una periodista apiolada, con todos los medios de comunicación encima del tema, ya es otra cosa, y Jaritos debe ponerse las pilas de verdad.

La acción discurre entre la necesidad de esclarecer el crimen y, también, todo aquello que estuviera investigando la periodista; todo lo cual ocurre en medio de las trifulcas entre medios de comunicación por tener algo que decir y por hacer valer sus privilegios.

El protagonista resulta simpático, pues aunque no oculta sus muchos defectos le quedan perdonados por su falta de ambición, por su torpeza para hacer valer sus méritos, y por la forma en que también le caen palos por ser en muchas ocasiones el eslabón más débil de la cadena.

La trama va ganando intensidad poco a poco, de forma creíble salvo por un comodín irreal (Zisis), hasta llegar a un final sorprendente y, hay que reconocerlo, brillante.

Una muy buena novela negra, con muchos toques de humor debidos a la forma en que el protagonista se toma a sí mismo y a sus pequeños intereses, y que permite pasar un rato muy entretenido.

Un consejo: como algunos nombre griegos pueden generar alguna confusión, mejor leerla lo más rápido posible para no tener que mirar unas cuántas veces quién es quién.


lunes, 21 de noviembre de 2011

Vibradores asesinos en Teruel


Aunque con retraso, aquí dejo lo que publicó el Diario de Teruel al día siguiente de la presentación en Teruel. Como siempre, pulsando en la imagen se amplía. Gracias a Librería Senda, a mi editor Joaquín Casanova y, por supuesto, a mi presentadora, Marta Querol.


sábado, 19 de noviembre de 2011

Sabré cada uno de tus secretos – Valérie Tasso


Cuando de algo se dice que es difícilmente clasificable a menudo se tiene la impresión de estar en presencia de algo que merece la pena conocer, pero no siempre tiene que ser así, y este libro es un buen ejemplo: no pasando su lectura de simple entretenimiento, resulta complicado catalogarlo. A falta de una clasificación que ayude a situarnos, no queda otra que contar su argumento y por qué digo lo que digo.

El asunto parte de una “corporación” que parece sacada de una de esas series de dibujos animados con las que flipan los niños más pequeños: una corporación dedicada, nada menos, que a seleccionar en secreto gobernantes para todos los países del mundo, altos directivos, responsables de todo tipo, etc, etc, etc. Vamos, que uno necesita un presidente de los Estados Unidos y se lo encarga a esta corporación como quien pide una pizza por teléfono. En resumen: los verdaderos amos del mundo. Al frente de esa corporación hay un presidente perfectamente misterioso, en la mejor tradición de este tipo de "películas": nadie lo conoce ni sabe qué cara tiene, excepto su ayudante. Luego hay una directora general y cuatro “jefes de departamento”: de selección de personal, comercial, financiero...

Cada uno de esos importantísimos tipos tiene algo que ocultar en esta vida. Y ese algo, en al menos tres ocasiones tiene que ver con el sexo (tema estelar en otros libros de esta autora). El misterioso presidente no solo consigue enterarse de todos esos pecadillos, sino que además piensa que sería estupendo que todos conocieran las debilidades de los demás, que ninguno tuviera secretos para el resto. El argumento es que esa comunidad de miserias reforzaría el funcionamiento del grupo, haciendo de ellos un verdadero equipo. Reforzar lazos, en suma, con cuerdas mugrientas.

Si bien la idea de que la falta de secretos puede cohesionar puede ser interesante, el desarrollo se queda en nada, pues los personajes son tan extremos y tópicos que casi mueven a la risa.

Con estos mimbres, la historia discurre por cauces previsibles: primero, se informa al lector de los secretos de cada cual y, segundo y a la par, se va mostrando que el avispado presidente está al tanto de todos los inconfesables chismes, para de esta forma hacer temer y esperar el momento que debe ser el cénit: la reunión en la que todos sabrán las miserias de todos. ¿Cómo reaccionarán los pobrecicos, con lo malos malísimos que son y lo creído que se lo tienen?

Llegado este previsible punto, sucede algo igualmente previsible: el presidente también tiene sus secretillos. Aquí podría haber acabado el libro, pero supongo que siendo ese discurrir tan predecible y el resultado hasta ese momento tan pobre, la autora quiso hacer una pirueta. Y la hace dando un final a la reunión que arrastra consecuencias que deben afectar al corazoncito del lector. Pero como ese final tampoco debió parecerle muy interesante, en las páginas finales hay una pirueta sobre la pirueta. Y si con ella pensaba sorprender al lector, estupendo, pero a mí más me ha defraudado que sorprendido, porque esa pirueta final es un recurso tan facilón como todo lo demás.

En resumen: un amasijo de ideas y situaciones que no resultan ni originales, ni realistas ni remotamente creíbles, que siempre hacen pensar al lector que está ante una pantomima. En realidad, una novela de aventuras que más sería para chavales poco exigentes que para adultos, si no fuera porque algunos de los "secretos" no son aptos para todos los públicos.


martes, 15 de noviembre de 2011

El lector – Schlink Bernhard


Magnífica novela, muy introspectiva, sobre las razones individuales y colectivas del ser humano.

La historia comienza cuando el narrador es un quinceañero que se ve seducido por una conductora de tranvía que le dobla en edad. Se trata de una mujer aparentemente normal, sin muchas aspiraciones, incluso algo cansada de la vida, que quiere y se deja querer, e impone a su joven amante una curiosa obligación: leerle libros en voz alta.

Nadie daría un céntimo por una relación tan dispar, y lo cierto es que esta historia termina (no voy a anticipar cómo) y con ella la primera parte de la historia.

En la segunda los dos personajes se vuelven a reencontrar: el joven es ya un estudiante de derecho, y asiste a un juicio sobre crímenes cometidos por el nazismo. Ella está sentada en el banquillo de los acusados.

Y es a partir de este momento en que comienza lo mejor de la historia: las razones pequeñas de las razones grandes, la culpa individual y la culpa colectiva, las miserias que a veces mueven a las personas, la dignidad personal, la colectiva, lo que uno piensa de sí mismo y lo que piensan los demás... Un conjunto de hechos y reflexiones que merece la pena leer y que conduce, al final, a sentir lástima del ser humano.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Jorge Luis Borges


Mucho se cita a Borges, así que nada mejor que recordar de nuevo que hay por Youtube un montón de entrevistas interesentísimas.


La caza de la perdiz roja - Miguel Delibes


      Breve relato inserto en el mismo volumen de que “Viejas historias de Castilla la Vieja”, de Alianza Editorial. Alterna las reflexiones del autor con una conversación -durante un día de caza- entre el propio autor y un lugareño iletrado: Juan Gualberto. Breve y brillante. Baste decir que nunca he tenido una gran opinión de la actitud de los cazadores y este libro me la ha cambiado sino totalmente, si en gran medida. Me refiero, claro, a los cazadores como los que conversan en las páginas, que nada tienen que ver, me temo, con la inmensa mayoría de los actuales. Un libro que ayuda a comprender el por qué de muchas cosas: las razones de la caza y, también, que el cazador “puro”, cuando caza, aprende a conocerse a sí mismo y sus límites. Cuando el cazador “de antes” vuelve de un día de caza, sea o no de vacío, sabe más sobre sí mismo. Por eso le gusta ir a cazar. Para salir a su propio encuentro. Claro que de esos cazadores, según se adivina en el propio texto, deben de quedar tantos como perdices rojas fuera de los cotos: ninguno. Un libro que también muestra otras cosas: el abuso de unos hombres sobre otros, el abuso de la ciudad sobre el campo, y la aniquilación a la que conduce el egoísmo de quien creyendo equivocadamente que la felicidad está en el resultado y no en el camino, se empeña en tomar atajos que acaban destruyendo los caminos que transitaban quienes sabían ser felices.


jueves, 10 de noviembre de 2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Viejas historias de Castilla la Vieja - Miguel Delibes


     Miguel Delibes es mucho más que un excelente escritor. Es un historiador de la España rural del siglo XX, sobre todo de sus primeros dos tercios, y es indispensable leerlo para conocer de dónde hemos salido, pues en este país casi nadie puede remontarse un par de generaciones sin encontrar sus orígenes en un pueblo. 

       Y Delibes hace novela e historia en esta ocasión contando, brevemente, los recuerdos del muchacho de pueblo que un día se fue a la ciudad para volver 48 años después. Un libro corto, breve, claro, directo, en el que se recuperan palabras y conceptos inexistentes para los urbanitas, porque como las cosas tienen su nombre las cosas hacen el lenguaje, y donde esas cosas no están ese lenguaje desaparece, y cuando desaparece el lenguaje tras desaparecer las cosas, desaparece también el recuerdo de esas cosas, y es cuando definitivamente dejan de existir. Recuperamos a través de Delibes el lenguaje de nuestros abuelos, además de su memoria y, lo que es más difícil de transmitir, los valores e intereses que los movían. Valores e intereses que hoy pueden parecer extraños, pero lo cierto es que en todas partes hubo, por ejemplo, un momento en que “matar al matacán” (una liebre resabiada), fue algo importante para muchas personas. Hoy, en cambio, atropellamos animales sin detenernos a mirar de qué especie son. Y aunque lo mirásemos, apenas sabríamos ponerles nombre. 

       Termino para no hacer este comentario más largo que la historia: hay otra cosa digna de mención: la forma en que los lugares –con sus árboles, sus rocas, sus grietas- se asocian a las cosas para formar los recuerdos, hasta el punto de que borrar del mapa un lugar puede casi equivaler a borrar de la memoria lo que en él ocurrió. 

         Corto, bueno y útil. No sólo entretiene. Hace aprender. Merece la pena.


sábado, 5 de noviembre de 2011

Las amantes - Elfriede Jelinek





    Hace unos años intenté leer un libro de Elfriede Jelinek y no pude con él, quizá porque no era el momento, o quizá porque no era el tipo de libro que esperaba. Las amantes, en cambio, lo he leído relativamente rápido. 

    La primera sensación, sin embargo, es desagradable. Y no porque respetar ciertas reglas gramaticales no sea del agrado de la autora, sino porque todo expide un tufo demasiado radical: el ser humano reducido a la condición de animal de granja, la animalización y simplificación de las ambiciones, la presentación de la mujer como un ser sin voluntad ni cabeza explotado por el hombre (también un ser sin cabeza pero con la ventaja de ser más bruto). 

    Sin embargo, conforme avanza la historia los personajes se humanizan un poco (dejan de ser títeres de mente plana y se les pone una mente rugosa) y hasta parece que la autora siente una lejana simpatía por ellos. Para entonces el lector también la siente (o, más bien, simpatía por Paula y cierta antipatía por Brigitte y todos los hombres de la novela). 

    La historia, en resumidas cuentas, es la siguiente: Brigitte, que se gana la vida cosiendo sujetadores en una cadena de producción, aspira a ser ama de casa tras casarse con un tipo que tiene un gran futuro por delante: tener su propio negocio como electricista. Paula, jovencilla que aspira a estudiar confección, decide mandar todo a paseo (o sea, la confección) para poder ser amita de casa casándose con un guapo trozo de carne con una minga colgando y un hígado que ahogar en alcohol (que es más o menos la visión que la autora tiene de buena parte de los hombres de la historia). Ambas, para cazar a sus respectivos objetivos, deciden quedarse embarazadas. 

    El final es, sin duda, lo mejor, porque hace reflexionar sobre de qué depende la vida: de todo menos de uno mismo (en especial, parece decir la autora, la vida de las mujeres) Y eso es así porque siendo parecidos los orígenes, las circunstancias y las aspiraciones, las dos protagonistas de la historia van a tener destinos enormemente diferentes simplemente porque entre sus respectivas parejas hay diferencias... más o menos pequeñas.




jueves, 3 de noviembre de 2011

Eduardo Mendoza


En Youtube, además de música e infinidad de tonterías, hay auténticas joyas. Por ejemplo, numerosas entrevistas, un género clásico pero cada vez menos seguido, aunque una entrevista a fondo sea siempre una magnífica forma de aprender. Hay muchas a escritores, por ejemplo esta a Eduardo Mendoza, un escritor polifacético e imprescindible.


martes, 1 de noviembre de 2011

El legado del rey Tsongor – Laurent Gaudé




Esta novela, premio Goncourt des Lycéens 2002, y finalista del Premio Goncourt, es una historia entre lo mítico y lo fantástico con una doble finalidad: demostrar que nada tenemos por más ricos que seamos, y que el mundo más se mueve por los sentimientos que por la racionalidad.

Después de haber levantado un imperio a sangre y fuego, el rey Tsongor lleva unos añitos de calma chicha y se dispone a protagonizar la fiesta de su vida con ocasión de la boda de su hija Samilia con el príncipe Kuame. Pero la cosa se tuerce, como ya esa mañana presiente Katabolonga, el fiel servidor de Tsongor que antes fue el último enemigo del último pueblo conquistado y juró matar a su conquistador (para sorpresa de todos, pese a la amenaza, Tsongor lo había retenido a su lado como recordatorio de todo el mal que había hecho, dándole licencia para apiolarlo cuando el destino lo tuviera a bien).

Las cosas se ponen feas cuando, en la mejor tradición de los amantes de Teruel, justo antes de que llegue Kuama aparece Sango Kerim al frente de un ejército. Se trata del antiguo viejo compañero de juegos de los hijos del rey, a quien Samilia hizo un juramento de amor que ya no recuerda, y que tiene por tontería infantil. Sango era el único que recordaba esa alocada promesa, y alimentado por ella se había pirado a hacer fortuna.

Como ni Sango Kerim ni Kuame van a renunciar a Samilia, la cosa amenaza con ponerse fea. Y más todavía cuando la princesa resulta ser, en ese punto de la novela, tan insulsa que ni siquiera interviene para exponer sus pensamientos más básicos. Las idas y venidas posteriores sobre sus sentimientos son, me temo, de una debilidad tremenda. Es un personaje clave, porque es el origen de todos los males, pero a la vez es un personaje demasiado “parado” para sostener la novela. A mi juicio, es el punto más débil. Con otra Samilia la novela mejoraría mucho.

Vista la que se avecina, el rey Tsongor cree que la única manera de solucionar el desaguisado es quitarse de en medio, y así lo hace, pero sin estar dispuesto a entrar en el país de los muertos hasta que su hijo menor complete la extraña misión que le encomienda, tras la cual el fiel Katabolonga deberá ponerle una monedita entre los dientes para pagar su pasaje al fin definitivo. Y así se pasa el hombre la novela: con los dos pies en el vestíbulo del otro barrio y la mirada en este; es así como el rey muerto se comunica con Katabolonga para expresar su sufrimiento.

El sacrificio de Tsongor no tiene éxito y, como es de esperar, Sango Kerim y su ejército la emprenden a palos con el ejército de Kuame. Los hijos de Tsongor se dividen entre ambos bandos.

Las batallas son contadas sin fuerza, parecen casi una mala película de los años 50 o 60. Se recurre al “truco” de inventar batallones fantásticos que transforman la acción en una historia de ficción: desde los mascadores de no sé qué droga (que pelean así embrutecidos) hasta quienes lo hacen travestidos y a mordiscos. La guerra se prolonga, porque cuando pelea el orgullo contra el orgullo nadie puede salir ganador, y sí todos perdedores. La pelea prosigue incluso cuando ya no hay motivo. Al final, cuando la batalla termina por falta de motivos para continuarla, el deseo de venganza pervive y aniquila cuanto queda, porque cuando los argumentos desaparecen el embrutecimiento pervive, y el ser humano no es más que un animal iracundo.
Una novela más sobre las consecuencias del orgullo que sobre sus razones, y sobre las sinrazones a que nos puede conducir.

Una novela de capítulos cortos con la que pasar un buen rato, pero a mi juicio completamente prescindible.