En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



martes, 25 de julio de 2017

Sobre gustos no hay nada escrito - Veit Heinichen



Abandoné a Proteo Laurenti, el personaje de Heinichen, hace ya más de tres años. Lo he retomado ahora, con Sobre gustos no hay nada escrito, la séptima entrega de la saga.

El balance: regular. Se nota la profesionalidad del autor, no sobra nada y solo falta una cosa: chispa. Es lo que tienen las sagas: el éxito las impulsa a crecer y acaban muriendo de él cuando no dan más de sí.

Parece ser, además, que Proteo Laurenti ha sido llevado a la pantalla, lo cual quizá explique lo televisivo de esta novela, en la que el protagonista aparece relativamente poco y donde hay una continua alternancia de escenas en torno a varios personajes, historias parciales que acaban confluyendo al final a modo de previsible apoteosis, cada una de las cuales tiene un interés diferente y aporta un punto de tensión en cada momento: la historia de la periodista etíope llamada a desvelar parte del follón y cuya integridad corre constante peligro va pareja a de la de uno de los delincuentes de poca monta pero todo un pimpollo de buen ver y buen vivir que, a su vez, está relacionado por algo más que por los «negocios» con un capitoste del empresariado local vinculado a la extrema derecha, el cual a su vez aporta el «peligro latente», la maldad intrínseca y cierta dosis de ese «cutre-glamour» que tanto vende por lo que atrae el dinero por sí solo y cuando se presencia demuestra que no hace menos imbécil a quien lo tiene. Unamos también el pintoresco toque de «glamour» del café más selecto del mundo y cierto misterio personal que viene de la época de las colonias y que amenaza con descubrir a uno de los personajes su pasado remoto, y tendremos todos los puntos de interés junto a varias historias menores que sirven para enlazar las principales; entre estas secundarias, las de Laurenti y la caterva de infidelidades que conocemos a lo largo de la novela.

Como es tradición en las largas series de novelas, al protagonista, familiares, compañeros y/o amigos, debe ocurrirle alguna que otra cosilla en el plano personal (amores, desamores y tentaciones, preferiblemente) y profesional (problemas, accidentes...) para mantener el lazo afectivo con el lector provocando su inquietud o su solidaridad. Sin embargo, en esta novela da la sensación de que el mismo ir a su aire que hace a Laurenti inmune a todos los peligros profesionales (operativos y administrativos) lo aleja del lector, al que le acaba importando relativamente poco la suerte del clan; en esta sensación también influye la «compensación» de culpas, pues si todo el mundo hace a todo el mundo lo mismo, no hay víctima con la que simpatizar ni ofensor a quien rechazar.

Trieste y su historia, como siempre, están en el centro del pastel, quizá esta vez con algunas referencias que merecen mejores explicaciones, pues no todo el mundo ha estado allí.

Una novela bien escrita, con solvencia y profesionalidad, lo cual se agradece a la vista de tantos bodrios como pueblan las librerías, pero nada más.


miércoles, 12 de julio de 2017

Cuatro Bastardos





          Permitidme un poco de autobombo: la revista cultural argentina Cuatro Bastardos me ha hecho una entrevista en su sección 4B íntimo. Aprovecho para darles las gracias por la entrevista y por su más que generoso titular. Aquí os dejo el enlace:











martes, 4 de julio de 2017

Pura anarquía - Woody Allen




          El título de esta colección de relatos responde más o menos al contenido. Son anárquicos porque carecen de conexión entre ellos, muestran diferentes tipos de humor y alternan relatos brillantes con otros ramplones, pero he dicho más o menos porque tienen puntos comunes: casi todos giran en torno al mundo del espectáculo y sus protagonistas son perdedores catastróficos, calamitosos, pasto de burlas y sometidos al abuso del mundo entero.

          Reconozco que los dos primeros relatos me han entusiasmado porque en ellos reconocí un hacer que gustará a todos los lectores de mis novelas de Ajonio Trepileto: con un lenguaje que se integra en el humor y que permite vivir como real lo evidentemente grotesco, se nos cuentan dos historias rocambolescas tan sencillas de imaginar que el absurdo no mengua el realismo; quizá eso me generó unas expectativas que el resto de  relatos no ha cumplido, pues en ellos cambia el sentido del humor con cierto dominio de un absurdo que en muchos momentos no acaba de cuajar quizá porque irrumpe cuando nadie se lo espera (como también pasa en algunas películas de Allen), con lo que la gracia más hay que buscarla en el efecto disruptivo que en el absurdo propiamente dicho, que no juega con el efecto de las palabras ni con la relación formal entre las apariencias y las posibilidades; también hay en alguno de estos relatos cierta sobreactuación para incondicionales, y otros en los que el abuso del lenguaje, en exceso rococó, le hace perder efecto, situación que también se da cuando se hilan uno tras otro tantos disparates que se pierde pie con una realidad a la que anclarlos para lograr un contraste que haga reír. 

          El conjunto es un gran libro de humor, en el que lo importante es más que cómo que el qué; en el cual quien busque un efecto chocante en los finales se llevará más de una decepción. Un gran libro de humor, digo, pero irregular. Con una mejor selección, podría haber sido brillante.

          En cualquier caso, perece la pena y hace soltar alguna carcajada, lo cual, en literatura, es muy difícil.