En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 27 de enero de 2022

Brujerías – Terry Pratchett

 



Serie Mundodisco, 8


Excelente versión plena de humor de esos cuentos donde un usurpador se carga al rey (quien en este caso tampoco es precisamente una bella persona), crimen a consecuencia del cual el joven heredero, un bebé también en la lista del usurpador para ser pasado a cuchillo, es protegido en el último momento por un alma caritativa que lo birla y lo envía al quinto pino (o al sexto a ser posible) para que crezca en paz a la espera de que el destino haga efectivos los derechos sucesorios de la criatura.

La peculiaridad, en este caso, es que el niño queda al cuidado de unos actores que deambulan por el reino –una renacuajada que apenas sale en los mapas- formando una compañía ambulante. También ocurre que la guapísima hada madrina del bebé no es tal, sino, a modo de hadas madrinas sobrevenidas, una tríada de brujas bastante feorras que, por lo demás, son buena gente, aunque muy quisquillosas para cuanto tiene que ver con sus asuntillos, especialmente la más anciana, que desprecia la tradición por la que se pirra la más joven.

          El jovenzuelo, «bendecido» por los dones de sus madrinas, se convierte en un actor fabuloso. El usurpador, por su parte, tiene unos problemas de conciencia solo comparables al problema de estar casado con la harpía que tiene por esposa; de tantas penas no lo consuela su bufón, un tipo harto de su profesión y que, dada su soledad, es propenso a enamorarse de cualquiera que repare en su existencia, incluso aunque tenga la atractiva silueta de palo pocho de escoba, el pelo como el esparto y un aliento como para poner en fuga a un buitre.

Brujerías es una divertidísima parodia de todos los mitos sobre las brujas de cuento, al tiempo que se pitorrea sobre el sentimiento de culpa, el de venganza y hasta del amor. Una novela donde, además, no se ve por dónde va a salir el autor hasta bien avanzada la obra, cuando se inicia uno de esos largos y espectaculares finales en los que Terry Pratchett mete poco a poco al lector sin que éste se entere hasta que, de pronto, se da cuenta de que lleva ya un montón de páginas arrastrado por el desenlace.

          Merece la pena su lectura.


lunes, 24 de enero de 2022

Cucarachas – Jo Nesbo

 



Me dijeron que Jo Nesbo era muy bueno y que Murciélago, la primera novela de la saga del policía alcoholíco noruego Harry Hole, era la peor de la saga. Ciertamente, Cucarachas es mucho mejor, capta la atención de modo constante y el devenir de los hechos es fabuloso: el autor va espolvoreando pequeños detalles que solo al final cobran un sentido.

La acción comienza con el asesinato el embajador noruego en Tailandia. Y allá envían a Harry Hole, tras el éxito que el hombre había obtenido en la aventura de Murciélago, en la confianza de que no cometa demasiados estropicios y eche tierra rápidamente sobre un asuntillo que puede tener trascendencia política. Ni que decir tiene que no es así y que el hombre acaba viviendo peripecias sin fin en el peculiar y asfixiante ambiente de Bangkok, una ciudad que en el momento en que se sitúa la historia (finales de los 90 del siglo XX) es la capital mundial del turismo sexual y, en particular, la meca de los pedófilos.

La novela va al grano, con un ritmo muy bueno y captando de modo permanente la atención del lector. Buenísima literatura de consumo salvo en las páginas finales. ¿Por qué? Primero, porque la intriga respecto al quién desaparece por llegar un punto en el que el lector descubre al culpable por eliminación, y lo descubre antes de que se lo descubra el autor (malo); y, segundo, porque tras ese momento la novela de intriga se convierte en una peliculera (en el peor sentido) novela de acción siempre tan cerca del límite de lo verosímil (más bien unos cuantos pasos más allá) que, tras lo bueno que había sido el 85% de la novela, queda un regustillo un poco decepcionante.

Pero, globalmente, una lectura sin pretensiones literarias con la que disfrutar del placer de leer por leer. 




jueves, 20 de enero de 2022

Las aventuras del valeroso soldado Schwejk – Jaroslav Hasek

 



          Las aventuras del valeroso soldado Schwejk es una obra inconclusa que es, además de una gran novela de humor, una de las grandes novelas de la literatura checa y un fuerte alegato antibelicista y antimilitarista.

El sinsentido de la guerra y correlativo sinsentido de unos ejércitos que, hasta la Primera Guerra Mundial (el escenario de esta novela) estaban concebidos para combatir al modo tradicional, esto es, ejército contra ejército en frentes de batalla a ver quién es más bruto o más listo, el sinsentido de todo eso, digo, lo denuncia el autor a través de cientos de páginas donde los personajes deambulan de acá para allá, como el ganado que no puede marchar más allá del cercado, sin otro criterio que las órdenes confusas y no explicadas de ir, estar, volver, rectificar... Todo sin que nunca pase nada más que el tiempo; es decir, la vida que va quedando atrás sin hacer nada con ella. Unas vidas por completo a disposición de una causa, la causa, que nadie entiende y de la que los militares que rodean al protagonista ni siquiera son capaces de comprender el modo en que han de defenderla; de ignorancia en ignorancia se desemboca, por fin, en un principio fácilmente comprensible: hay que actuar porque  «si no matas, te matan»; un principio útil para seguir vivo pero no demasiado risueño para justificar la existencia y la propia muerte. Sin embargo, la novela, hasta donde escribió su autor, no conduce al protagonista a la batalla, sino que la acción permanece en los larguísimos prolegómenos del reclutamiento, la retaguardia, el viaje al frente… Y, entre medio, los personajes con los que se topa Schwejk o, más bien los que se topan con él: un montón de militares, desde soldados a oficiales, cada uno de los cuales tiene sus peculiaridades y rarezas, exacerbadas por una situación que no controlan y que pueden sufrir o hacer sufrir a otros en función de su posición en la cadena de mando y de las bombas que les caen a la cabeza. Dicho de otro modo, la novela cuenta un larguísimo soportarse unos a otros sin que nadie pueda disponer de sí mismo, aunque sí, algunos, de los demás.

Aunque la peculiaridad de la novela y su constante fuente de humor radica en lo pintoresco de su protagonista: Schwejk es un majadero de tal calibre que su existencia, en condiciones normales, lo reduciría a la inútil condición de curiosidad zoológica, cuando no a la más común de muerto de hambre. Y, sin embargo, durante una parte de la novela el sinsentido de la guerra es tan absoluto que el lector duda si tamaño mentecato no es, en realidad, el más listo de todos. De hecho, al convencimiento de su simpleza llega uno a través de las escasas ocasiones en que el narrador renuncia a contar hechos y alude a las insensatas intenciones de Schwejk.

Si Sancho Panza sacaba de quicio a don Quijote contando refranes que unas veces atinados y otras no, Schwejk desespera a todos los personajes (y al final también al lector) contando, ante cada minúscula situación, la anécdota de alguien a quien una vez conoció o del que una vez escuchó hablar, al que le sucedió tal o cual disparate que viene o no a cuento pero que hacen de Schwejk un pelmazo antológico. Además, es un tipo tan conformado que es capaz de agradecer una tortura porque siempre encuentra motivo para decir que hay cosas mucho peores, como que te torturen en un calabozo más frío o húmedo. El resultado, al principio, es el de un personaje que parece tomarse todo a pitorreo cuando todos se toman todo en serio, porque se supone que una guerra es una cosa muy seria, lo cual lo conduce a Schwejk una situación de superioridad emocional desquiciante para el resto. Conforme avanzan las páginas uno comprende, ya lo he dicho, que no es que se tome nada a pitorreo, sino que, simplemente, es así de tonto.

Y cada tonto literario suele precisar un contrapeso sensato. El teniente Lukasch, de quien Schwejk es ayudante la mayor parte de la obra, cubre ese puesto con paciencia infinita. Su presencia es constante a partir de cierto momento, aunque poco llegamos a saber de él aparte de que es un tipo que se limita a soportar el destino y a Schwejk (si es que para él ambos no son lo mismo) con una flema digna de elogio.

Junto al antibelicismo de la obra es posible encontrar también cierta crítica a los nacionalismos (o a algún  nacionalismo, porque Hasek fue nacionalista, además de bolchevique y sé cuántas cosas más), plasmada en la nefasta opinión que cada nacionalidad tiene de la otra (incluso aunque sea aliada) y en el modo en que tener una o otra establece jerarquías en las que los checos son siempre los últimos en ese revoltijo que fue el imperio austrohúngaro..

La novela está inconclusa, porque Jaroslav Hasek tuvo a bien morirse el 3 de enero de 1923, a los treinta y nueve años. Probablemente el sentido de la obra no hubiera cambiado mucho de haberse publicado las seis partes previstas (solo hay cuatro de ellas), aunque el final podría haber dado más fuerza en función de la opción que se eligiera sobre la suerte de Schwejk. Es lógico prever que al menos una de esas partes se hubiera desarrollado en el combate, pero hasta de eso se acabó librando el valeroso soldado Schwejk.

Una novela crítica, inteligente, bien escrita y con mucho humor que merece la pena leer, pero a la que hay que acercarse con unos días con tiempo libre, porque es más larga de lo que parece.




lunes, 17 de enero de 2022

Pirómides – Terry Pratchett

 


Serie Mundodisco, 7


Un motivo para leer un montón de libros de Terry Pratchett es que su Mundodisco siempre sorprende sin necesidad de forzar el relato. Para Pratchet el más difícil todavía siempre parece un más fácil aún, probablemente porque nunca renuncia a los orígenes más comunes de la afición a la lectura: los cuentos, leyendas e historias de fama universal, siempre de algún modo presentes. 

Si uno lee más o menos en orden estas obras, advierte que el papel de la magia, protagonista en las primeras, evoluciona a marco en las siguientes. Es lo que ocurre en Pirómides, donde lo sobrenatural juega un papel secundario tras un objetivo principal: el humor negro, porque si algo tiene esta novela es humor muy, muy bueno y muy, muy negro a cuenta del peculiar modo de morirse y no morirse de faraones, dioses y señores que pasaban por allí.

Pero el humor negro no es la única fuente de humor en Pirómides, donde la parodia del antiguo Egipto es constante. El heredero al trono es un buen chaval que ha cursado brillantemente estudios de asesino en esa bella y fragante ciudad que es, ejem, Ankh-Morpork. De vuelta a su reino se encuentra con que, tras el fallecimiento de su padre -el faraón-, el sumo sacerdote, llamado Dios (con un sospecho parecido al Dios cristiano) ha dispuesto enterrar al finado en una pirámide colosal que hay que construir a toda prisa. No obstante, hay varios problemillas: al difunto no le hace ninguna gracia que lo encierren en semejante celdón; los arquitectos no saben muy bien lo que llevan entre manos; las pirámides acumulan esas extrañas energías que se producen en el Mundodisco y que casi siempre acaban regulín y, para colmo, cuando el nuevo faraón dice «blanco», Dios, delante de sus barbas, indica que ha querido decir «negro», de modo que siempre se acaba imponiendo la voluntad de Dios.

El reino, además, es un churro interpuesto entre dos países que no se declaran la guerra precisamente por existir ese churro en medio. Pero los países y los churros geográficos, ya se sabe, aparecen, desaparecen, se envuelven sobre sí mismos… Todas esas cosillas raras que suceden cuando de modo que suena verdaderamente convincente (y que es uno de los rasgos de Pratchett) te cuentan un montón de tonterías con tal verosimilitud que los ajetreos del tiempo y el espacio te parecen tan normales como para disfrutar, sin ninguna reserva, hasta de las más disparatas consecuencias. ¡Lo que se divierte uno!

Otra magnífica obra plena de fantasía, ingenio, imaginación, humor negro y crítica a las relaciones de poder.





jueves, 13 de enero de 2022

De qué hablo cuando hablo de correr – Haruki Murakami

 



Soy un lector muy poco indicado para hablar de esta obra. Mi falta de imparcialidad se debe a que me ha puesto los dientes más largos que a una morsa. ¿Por qué? Porque refleja mi ideal de vida: vivir entregado a la literatura y al deporte sin otra aspiración, en ambos casos, que hacerlo cada vez mejor dentro de mis posibilidades.


          Dicho lo cual queda claro qué cuenta este libro escrito en 2005, cuando Murakami tenía 56 años. Una obra de poco más de doscientas páginas con una serie de reflexiones hechas en esa época y cronológicamente ordenadas acerca del hecho de correr: causas, objetivos, implicaciones, simbología, utilidad… Todo lo cual se mezcla, lógicamente, con la profesión del autor: escritor.

          Hacer deporte, y hacerlo con objetivos claros (en su caso, correr un matarón al año y hacer también un triatlón) exige ser organizado, sacrificado, constante y disciplinado, todo lo cual exige a su vez algo más complicado: conocerse a uno mismo. Quienes alguna vez hemos acometido alguna empresa (física o mental) que requiere años de esfuerzo diario intenso y absorbente sabemos, aunque no seamos Murakami, de la importancia de todo ello y de la diferencia, que atinadamente apunta el autor, entre el (inevitable) dolor y el (evitable) sufrimiento. Del mismo modo que el maratón, por duro y agotador que resulte, se disfruta gracias al entrenamiento, todo en la vida se disfruta en proporción a lo que cuesta, y a veces aún se disfruta más consiguiéndolo que después de haberlo conseguido. Al mismo tiempo, enfrentarse a los propios límites no solo permite alcanzar las más altas cotas de las que uno es capaz, sino que reporta la paz que proviene del trabajo bien hecho y de la tranquilidad de conciencia.

          Murakami habla de todo eso con su lenguaje llano y de ideas claras, directas y aparentemente sencillas, aunque se trate de una sencillez engañosa, ya que la mayor dificultad que afrontan las personas es tener claras sus prioridades y actuar en consecuencia. Poca gente hay capaz de vivir así. Prima el autoengaño. De hecho, cuando una persona se pone una meta y no la alcanza es frecuente que justifique su fracaso con mil excusas distintas de la propia culpa. Sin embargo, esa es la principal causa del fracaso, si no la única, cuando lo que se persigue es, simplemente, dar lo mejor de uno mismo en un aspecto concreto. Este libro habla de que lo que a casi todo el mundo le falta: autoexigencia, que implica sacrificar cosas y, entre ellas, casi siempre, gran parte de la vida social. Lo cual hace concluir que las metas se consiguen no solo con la constancia y el esfuerzo, sino, antes, teniendo claras las prioridades. Murakami las tiene clarísimas.





lunes, 10 de enero de 2022

Mi idolatrado hijo Sisí – Miguel Delibes

 



Mira que es buena esta novela que Miguel Delibes publicó con 33 años, pero cuánto he tardado a decidirme a leerla entre otras cosas porque el título me resultaba poco atrayente. Sin embargo, una vez leída, reconozco que no puede se más adecuado, aunque el «mi» hace pensar en una narración en primera persona, cuando no es así.

La obra cuenta la historia, entre 1917 y 1938, de Cecilio Rubes, un muy acomodado empresario con un comercio de materiales de baño. Cuando la novela comienza Celicio Rubes (siempre se le denomina con nombre y apellido como para poner distancia entre el personaje y el lector) está en mitad de la treintena, casado con la «sosa» hija de un gris funcionario elevada, por obra y gracia del matrimonio, de estatus social hasta el que Cecilio Rubes cree tener, aunque en realidad tiene más dinero que méritos o renombre. Cecilio, aparte de una gran opinión sobre sí mismo, tiene también una joven amante de apenas veinte años y entonces llega también, aunque no lo esperaba, un hijo, también bautizado Cecilio pero al que llaman Sisí.

Frente a a la familia Rubes vive un matrimonio más o menos de su misma edad, cuyo primer hijo nace casi a la vez que Sisí. Luego vienen más. Una tropa frente a Sisí, hijo único.

La historia, magníficamente escrita, con una claridad expositiva y una eficacia en el uso del lenguaje admirable, puede tomarse como un análisis del papel del padre: Cecilio Rubes es un hombre permisivo porque es demasiado perezoso para ser otra cosa; de resultas, Sisí es pronto un muchacho consentido, mimado hasta desembocar en una personalidad despótica, caprichosa e irresponsable que al final de la novela acaba chocando con la realidad de la vida: la guerra y el frío que hace fuera de la familia. El padre, en gran medida responsable, por pereza y egoísmo, del devenir de su hijo, ni es consciente de la realidad ni tiene ganas de serlo: siempre encuentra justificación para todos y cada uno de los actos de su hijo, mientras la madre, ninguneada por el padre y afrentada constantemente por el hijo no sabe qué hacer más allá de romancear. Frente a ellos, el matrimonio Sendín, los vecinos parecen padres mucho más responsables, que crían a los hijos con mano firme y que, por comparación a la vista de los resultados, parecen mejores padres, aunque al final de la novela se comprueba que la firmeza a veces solo oculta ceguera, y que ésta, según cuál sea su origen, puede desembocar más que en la educación de los hijos en su doma para hacer de ellos fanáticos seguidores de cualquier cosa.

La novela, sumamente interesante por lo que cuenta, lo es también por el entorno: desde el principio, al final de la Primera Guerra Mundial, con la Revolución Rusa planeando sobre la política europea, a la crisis económica posterior y al inicio de la Guerra Civil. Publicar este libro en 1953, hablando de la guerra, no dejaba de ser arriesgado, y no solo porque la personalidad de Cecilio Rubes –un hombre que a fin de cuentas solo trata de disfrutar de la vida- nunca llega a entender la violencia, sino porque el final de la novela –que, aunque es conocido mejor no señalo por si alguien lo ignora- muestra la sinrazón de la violencia y ha justificado que Mi idolatrado hijo Sisí sea considerada un alegato antibélico. Esta osadía refuerza el valor de la novela y la figura de Miguel Delibes como un escritor comprometido con la dignidad del ser humano.

Por eso el final de la novela me ha traído a la cabeza otra, breve, muy posterior: Sabor a chocolate, de José Carlos Carmona, también un delicado pero contundente alegato antibélico. Aunque Mi idolatrado hijo Sisí es muy anterior a este ejemplo, seguramente Delibes no fue pionero en el modo en que tras una lectura dulce y apacible el lector queda conmocionado, pero lo que sí es cierto es que pocos habrán alcanzado su calidad.

Una lectura que te hace reflexionar sobre los propios errores, sobre las limitaciones, sobre el alcance de la propia responsabilidad como ciudadano y como padre y, también, sobre la conciencia de nuestra fragilidad. Una lectura que te hace ser mejor aunque deje un poso de tristeza. 


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jueves, 6 de enero de 2022

Jezabel – Irène Némirovsky

 



Apostaría a que Irène Némirovsky tiene, en términos relativos respecto a la media de los libros, más lectoras que lectores, porque, si algún papel juega la idiosincrasia de los sexos en la elección de las lecturas, las protagonistas de sus novelas son claras deudoras de ella.

Jezabel, que según dice la sinopsis está en parte basada en la madre de la autora, comienza con el juicio a una mujer por el asesinato de un muchacho de veinte años. En el juicio, en el que la acusada admite todas las culpas, se ofrecen una serie de datos que para el lector suponen el planteamiento del caso y el correlativo deseo de saber más de él. Después la acción da un salto atrás en el tiempo para explicar qué ocurrió… Y algo más: una guinda final solo para lectores atentos. Por eso me permito recomendar que esa primera parte, la del juicio, sea leída con atención, sobre todo respecto a quién es quién y qué llega a saber y no el jurado.

          Jezabel es una novela sobre Gladys Eysenach, una viuda joven y hermosa cuya personalidad encaja en algunos previsibles «cánones» de comportamiento para quienes comparten su condición. Es decir, conocemos a una mujer normal. O todo lo normal que se puede ser cuando se es joven, bella y rica. Por lo demás, Gladys se siente a gusto con su juventud y belleza, pero, insegura como es, necesita contrastar constantemente esas virtudes de un modo que además le resulta particularmente agradable: logrando la admiración de los hombres e incluso conquistándolos. Sin embargo, a medida que pasan las páginas y con ella los años de Gladys, el gusto por su propia juventud va tornando en temor a la vejez, y el placer de la conquista se transforma en angustia por lo que representaría la soledad. El placer se transforma en necesidad. Del gusto, a la adicción. De este modo, la personalidad de Gladys, que inicialmente aparece normal, se va deteriorando de modo patológico hasta desarrollar comportamientos insólitos, duros y es dudoso si más tristes que repugnantes. 

          Y al final de la novela, cuando todo está explicado y sabemos por qué murió el joven, el lector atento aún se sorprenderá con una cosa más: determinado silencio de Gladys ante el tribunal -producido en las primeras páginas, de ahí que antes haya demandado atención al leerlas- en torno a la única verdad que no llega a salir a la luz en el juicio la arrastra a una degradación que va mucho más allá de la culpa y de la que solo ella será consciente, más prisionera de sí misma que de cualquier condena que pueda recibir. Imposible no sentir por ella tanta pena como compasión y prevención.

          Una historia que va de menos a más. Merece la pena leerla, como casi todo lo de Irène Némirovsky.



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lunes, 3 de enero de 2022

La temporada de caza – Andrea Camilleri

 



En 2005 Booket publicó en edición de bolsillo La temporada de caza, de Andrea Camilleri, un autor tan desconocido en España entonces que en la breve biografía de la primera página ni siquiera se mencionaba al comisario Salvo Montalbano, del que ya se habían publicado en Italia más de una docena de novelas; tan desconocido era que el libro que veis en la foto aguantó en las estanterías de La Casa del Libro en Zaragoza hasta finales de 2007, cuando me topé con él y supe así de la existencia de su autor. Lo leí en 2008. Trece años después he leído más de cincuenta libros de Camilleri, algunos dos veces, como La temporada de caza, que releí los dos últimos días de noviembre de 2021 y que, felizmente, tras más de una década descatalogado vuelve a estar a la venta a partir del 16 de febrero, de nuevo en Booket. A ver si este reseña anima a algún lector a conocerla.

Fechada su escritura en 1990 y publicada en 1992, cuando el autor tenía 67 años, La temporada de caza es la novela con la que arrancó de verdad la historia literaria de Andrea Camilleri. Antes solo había publicado dos novelas –El curso de las cosas (1978) y Un hilo de luz (1980). En 1994 Camilleri publicó en Italia la primera novela de Salvo Montalbano. Y su éxito sigue hasta ahora, más allá de su muerte.

Si la lectura de La temporada de caza desembocó en la orgía lectora que he mencionado es porque contiene lo mejor de Camilleri: es una novela breve, ágil, divertida, con personajes humanos abiertamente apegados a sus vicios y defectos, a la pequeñez de la que ni el más elevado puede escapar, y en la que constantemente se aprecia el cariño del autor por sus personajes. Esto último es muy importante y atrayente. ¿Cómo no va a ser atractivo presenciar una genuina relación de amor? También tenemos todo el universo de Vigáta, todas las categorías sociales y morales de personajes –nobles, plebeyos, ricos, pobres, ambiciosos, generosos, honrados, malechores…- que posteriormente poblaron las novelas de Camilleri, y además nos traslada a una época –finales del siglo XIX- en la que las cosas aún eran como habían sido siempre pero comenzaban a ser de una manera más cercana a como son en la actualidad, un largo periodo de tránsito en la que unas cosas están muriendo y otras naciendo con un montón de personajes en cada  territorio intentando conservar unos y forzar el cambio otros. Tampoco falta la permanente constancia de la diferencia de oportunidades entre ricos y pobres, hasta el punto de que estos últimos, sabedores de que por defecto son sospechosos y casi culpables si alguna vez pueden escapar a su suerte, se vez forzados a crear mentiras que justifiquen realidades cuyo origen honrado es tan real como imposible de probar Y, como es natural, siempre, en todos los estamentos, encontramos a personas dispuestas a dejarse llevar por el corazón y el amor de todo tipo antes que por las conveniencias y las convenciones sociales. El conjunto, un relato a la vez tierno y humorístico incluso cuando el trasfondo es duro; un relato que, siempre, transmite alguna idea.



Vigáta. Finales del siglo XIX. El marqués Filippo, prohombre en Vigàta, vive entregado a sus dos aficiones: charlar con los amigos en el círculo de nobles (en el que, por falta de nobles, ya es admitida otra gente) y darle alegrías al cuerpo (alimenticias y de las otras). Estas últimas tienen horripilado al cura del lugar, que no sabe qué hacer ni qué tramar con ayuda de ciertas damas para que la realidad sea más pudorosa. El marqués tiene una hermosa hija y un hijo bastante tonto, por no decir inútil perdido; el chaval anda enamorado de una cabra, pero al ser varón al menos sirve como heredero; y más vale, porque engendrarlo fue un suplicio debido al escaso fervor, por así decir, que la marquesa ponía en el empeño. Pero el destino es cruel, y el pobre muchacho fallece de forma tan tonta como él, lo que pone al marqués en la tesitura de engendrar un nuevo hijo, lo cual procura hacer en las agradecidas carnes de Trisìna, una muchacha casada con un servidor del marqués al que el asuntillo de los cuernos no le importa demasiado. Pero las historias de Camilleri son historias corales, historias de historias, y además de la vida del marqués conocemos bastantes otras: las de sus servidores, la de Trisìna y su esposo, la de algunas damas de Vigàta, la de la hija del marqués, la de su esposa y, también, la de un caballero con cuya llegada a Vigàta da comienzo la historia, un tipo que llega y abre una farmacia.

Las historias de unos y otros se cruzan y entrecruzan y, sabedores de que así es la vida, hay personas que intentan dar sus puntadas en ese tejido para intentar que el resultado les favorezca. Lo más extraño de toda la novela es el final: previsible en cuanto a las razones de ciertos sucesos, e imprevisible en cuanto a sus motivaciones. 

Leí esta novela cuando de nada conocía a Camilleri y, después, cincuenta suyas más. Y lo que me queda. Juzgad si recomiendo leerla o no.



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jueves, 30 de diciembre de 2021

Crimen en la hierba – Frédéric Dard

 



No es muy conocido en España Frédéric Dard (1921-2000). Pocas obras suyas hay traducidas y esta, publicada en su día por Bruguera, está descatalogada.  

Crimen en la hierba es una novela breve, muy directa, que parece una película de la mejor época del cine negro. 

La historia comienza en Francia, en la Costa Azul, donde el protagonista veranea en solitario tras la enésima ruptura con su pareja de siempre. Allí conoce por azar a Marjorie, una inglesa por la que siente un flechazo tan irresistible (¿o será que las crisis de pareja propician las huidas hacia delante?) que a los pocos días se ha largado a Edimburgo siguiéndole los pasos. Aunque, claro, hay un problemilla: un marido celosete que no deja a su esposa ni a sol ni a sombra.

Siendo una novela negra, y más a la vista del título, no descubro nada si digo que tras el peregrinaje se acaba vertiendo sangre. Ahora bien, como ya hizo Dard en El montacargas, la cuestión no es quién ha sido, ni si lo van a descubrir, ni por qué lo ha hecho. La cuestión, brillantemente dibujada, es otra. ¿Cuál? La que el lector sabrá si lee esta novela que va dando giros hasta un final sorprendente que no renuncia a una sorpresa adicional en la página final.

Entretenida, bien organizada e interesante. Parece haber sido escrita para ser llevada al cine.




lunes, 27 de diciembre de 2021

El hijo del chófer - Jordi Amat

 



El hijo del chófer es Alfons Quintà (1943-2016), periodista que sacó a la luz el caso Banca Catalana, pionero de El País en Cataluña y diseñador y organizador de TV3 en los que fueron los mejores años profesionales de quien el autor define como una persona maligna debido a sus complejos y a su brutal forma de ser.

La figura de Quintá está, a ojos del autor, marcada por el abandono de su padre, que dejaba solos en casa a madre e hijo para salir corriendo en busca de la felicidad con la amante que tenía no sé dónde y, también, aprovechando que tenía coche por su trabajo como comercial, para hacer de chófer de Josep Pla y su círculo. Esto último permitió al Alfons Quintá niño y adolescente conocer a un montón de gente y saber dónde llamar para obtener información. Sus fuentes, sobre todo al comienzo de su carrera, eran muchas y buenas.

La historia narra la peripecia vital de Quintá, íntimamente vinculada a la transición en Cataluña. Quintá fue un hombre cuya indudable capacidad periodística y organizativa se vio primero lastrada y pronto arruinada por su patológico modo de ser (brutal, mal educado, egocéntrico, caprichoso, inmoral y caótico), por la utilización de su profesión como instrumento de venganza hacia quien culpara (bastante irracionalmente) de haberlo dejado en la estacada y, finalmente, por la volatilización de su prestigio al ponerse a sueldo de aquellos a quienes previamente había criticado (¿o combatido?): cuando el silencio de un periodista se puede comprar, su prestigio desaparece.

Este retrato del ascenso y caída un hombre que, aunque puede llegar a ser brillante, está como un cencerro, sirve a Jordi Amat para hacer también un recorrido por la transición en Cataluña y, en particular, por la oscura y compleja figura de Jordi Pujol, mucho más clave en la vida de Quintá de lo que Quintá, pese a sus odios desaforados, fue en la de Pujol.

Alfons Quintá se suicidó en 2016, con 73 años, tras asesinar a la única mujer que, tras abandonarlo como todas las anteriores, había vuelto con él.

Una lectura amena y enriquecedora, aunque, por lo que cuenta, desagradable y dura.



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jueves, 23 de diciembre de 2021

Tres habitaciones en Manhattan – George Simenon

 


 

              Menudo descubrimiento, el famosísimo George Simenon, a través de estas tres novelas publicadas al alimón por Anagrama y Acantilado (las reseñas de las otras dos, El fondo de la botella y Maigret duda, son las inmediatamente anteriores a esta). Confieso que tanta fama y el hecho de haber escrito nada menos que dos centenares de novelas me hacía temer, antes de leerlo, que su literatura era fast food. Buen fast food, pero fast food. Me equivocaba. Como esas otras dos novelas recién publicadas en Anagrama-Acantilado, Tres habitaciones en Manhattan tiene un nivel literario elevado, una prosa concisa, clara, directa, poderosa, y una nítida estructura que de puro bien hecha resulta elegante y que conduce al lector del principio al fin de la novela sin trompicones ni esos falsos llanos que tan largos y vacuos se hacen a veces. Se trata de una obra donde la pulsión lectora es constante y deriva de la fuerza de los personajes.

              Nueva York. Años cuarenta del siglo XX. De noche, en un bar de mala muerte, coindicen un hombre y una mujer tan empapados de soledad que acaban conversando y marchándose juntos con la naturalidad con la que el suicida improvisado se tira al vacío. El lector asiste primero a los balbuceos de esa relación incipiente, simbolizados en la anónima habitación que llegan a compartir en un hotel. Después conoce a los demonios del protagonista masculino, famoso actor francés llegado a Estados Unidos huyendo del pasado; y los conoce cuando la pareja se traslada al cuchitril donde él vive. Es la segunda habitación. La incógnita, hasta ese momento, es la mujer, la protagonista femenina, cuya historia se termina de conocer cuando acaban yendo a la habitación en la que ella había vivido hasta aquella noche en la que se encontraron. Y después, el desenlace.

              Una historia de soledad, desesperación, egoísmo, generosidad y exorcismo de los demonios de cada cual. Una gran y breve obra que, como las otras dos antes reseñadas en este mismo blog, se puede leer en un día.

 


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Tres habitaciones en Manhattan en Todos tus libros

(A la fecha de esta reseña el libro no está dado de alta en Todos tus libros)


lunes, 20 de diciembre de 2021

Maigret duda – George Simenon

 


             

              A pesar de haber leído bastante novela negra en los últimos años, de tener amigos expertos en la materia a los que veo con frecuencia y hasta de haber participado en varios programas de radio sobre el género, reconozco mi falta: hasta ahora no había leído ningún libro de George Simenon. Solo uno, breve, sobre él. Ya he corregido la falta: El otro día cayó El fondo de la botella (1948) y al día siguiente tuve el placer de conocer a Jules Maigret, que andaba el hombre por París en 1968, cuando está firmada la novela, husmeando yo diría que en esta casita de la calle Marigny, junto al Palacio del Eliseo.

           

              Maigret ha recibido una carta en un elegante papel avisando de la próxima comisión de un crimen. ¿Avisa el asesino, que es así de educado, u otra persona? Lo primero que hace Maigret es averiguar de dónde ha podido salir la carta y, una vez lo hace, se topa con una familia poderosa, adinerada y peculiar: un abogado, timorato y debilucho, experto en derecho marítimo y obsesionado con las eximentes penales por enajenación mental; su esposa, una dama soberbia que es la que pone el abolengo y la mala uva en la familia; la secretaria del abogado, una elegante muchacha con una facilidad prodigiosa para decir la verdad de modo directo y sin atisbo de vergüenza; los ayudantes del abogado, los hijos, el servicio, los parientes… Un revoltijo donde casi todo el mundo tiene algo que reprochar al resto y donde la policía no puede hacer nada por falta de crimen.

              Hasta que el crimen se produce, claro. Y entonces ahí está Maigret, en una novela negra de salón donde la identidad del criminal es un acertijo para el lector.

              Los primeros dos tercios de la novela permiten al protagonista y al lector conocer el ambiente del lujoso apartamento de la calle Marigny, donde las pulsiones de cada cual tensan una convivencia en la que la sensualidad también juega un papel importante. La última parte no hace falta que cuente de qué trata.

              El oficio de Simenon se nota constantemente, como si lo que estuviera uno leyendo fuera el resultado de una primorosa factoría literaria: una novela muy bien escrita, muy bien estructurada, que avanza de modo firme y sin rodeos haciendo que la lectura sea amena y rápida. Si alguna reflexión induce Maigret duda, hay que sacarla de los hechos narrados, no de las inexistentes reflexiones del autor. Una novela, también, de la dimensión exacta para ser leída en un solo día.

              Merece la pena acercarse a Simenon.

 

 

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(A 20-11-2021 no está disponible en Todos tus libros)



jueves, 16 de diciembre de 2021

El fondo de la botella – George Simenon

 


 

              1948. Arizona. Frontera con México.

              En territorio de Estados Unidos, a una treintena de kilómetros de Nogales, localidad divida en dos por la frontera, cierto número de matrimonios de rancheros que viven una vida opulenta esperan con expectación la llegada de las lluvias en el lado mexicano, en las montañas. El agua correrá ladera abajo de un país a otro y convertirá el río Santa Cruz, habitualmente una rambla seca o medio seca, en un caudal imposible de traspasar. Ellos quedarán aislados durante unos días, pero el agua llenará de pasto las montañas.

              P. M. uno de los rancheros, un abogado de origen humilde que tras trabajar duro se casó con una rica propietaria, como habitante de la zona tiene fácil acceso al paso fronterizo de Nogales: los guardias conocen a P. M. y le dejan ir y venir sin pedirle el permiso de paso cuando, de vez en cuando, tras tomar unas copas se permite darse un revolcón de pago en el lado mexicano. El día en que comienza la historia P. M. regresa a tiempo de cruzar el río. Al llegar a casa su esposa aún no ha llegado: sigue en una de las interminables pachangas que montan los vecinos; encuentros que pueden durar horas y horas e incluso días, porque, aparte de hablar y beber, ¿qué va a hacer uno  en su posición? Y más cuando comienza a llover y, fuera de casa, la única diversión es acercarse al río y ver la crecida.

              Pero quien ha llegado, y P. M. no esperaba es su hermano menor, con el que hace siglos que no mantiene relación. El hermano es un hombre que tuvo las mismas pocas oportunidades que él, pero, así como P. M. supo prosperar, Donald, que así se llama su hermano, se limitó a fracasar en todo y, para colmo, acabó en la cárcel, de donde se ha fugado.

              A partir de aquí, se abre un ambiente de suspense en torno a qué va a suceder: ¿identificará alguien a Donald, al que es imposible ocultar? ¿Querrá y podrá P. M. echarle una mano en su huida? Aunque lo más importante no son las decisiones, sino las cuestiones que suscitan: ¿Hasta qué punto obligan los lazos familiares? ¿Hasta qué punto la necesidad o la carestía justifica el chantaje? ¿Hasta qué punto debe sentirse culpable el que está mejor que otro? ¿Cómo debes sentirte cuando disfrutas de un bienestar que no te has ganado tú por completo? ¿Qué es y cómo se demuestra el amor fraternal? ¿Y el amor entre cónyuges?

              No voy a contar más, porque no es cuestión de destripar la obra, pero de todo esto trata El fondo de la botella, y lo que sucede lo sabrá quien lea una novela que no necesita más que un día para ser leída y en la que –meritoriamente- se respira un ambiente áspero y desagradable desde la primera línea porque lo requiere la historia.

 

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(A 29-11-2021 no aparece disponible en Todos tus libros)




lunes, 13 de diciembre de 2021

Un bello misterio – Louise Penny

 


 

              No puede decirse que las novelas de Louise Penny sean muy realistas, pero sí que tienen la necesaria verosimilitud para disfrutar con ellas. O, dicho de otro modo, Un bello misterio es una muy buena obra de ficción construida con materiales alejados del mundo real.

              Hay dos «misterios» que se apuntan ya en las primeras líneas de la novela. El primero, el «bello» que da título a la novela, es la música y, por la parte que ocupa a esta novela, el punto inicial del canto gregoriano; la «clave» desconocida a partir de la cual se desarrolló. El segundo misterio, también bello aunque no tanto, es cómo una comunidad de monjes –con voto de silencio- escapada de Europa a causa de la Inquisición pudo largarse a Canadá, construir sin que nadie lo supiera un monasterio recóndito y llegar hasta el siglo XXI sin que ni el Vaticano ni el gato tuviera noticia de su existencia, al tiempo que conservaban entre sus muros el canto gregoriano más puro del mundo.

              Y el tercer misterio, bastante más feorro que bello, es quién ha apiolado a uno de los veinticuatro monjes que viven y cantan en el monasterio. Y allá se va Gamache, con su ayudante el inspector Beauvoir, a desarrollar una novela negra no sé si llamar «de salón», de «iglesia» o «de saca capitular».


              Como es de prever, la acción consiste en ir hablando con unos y otros para que cada uno hable de sí mismo y de los otros, a la búsqueda de información, contradicciones y silencios significativos. Así es como Gamache y Beauvoir van sacando a la luz las rencillas y diferencias de una comunidad que, pese a sus esfuerzos y a lo espiritual de sus cánticos, sigue siendo demasiado humana. La organización monástica es también un factor atrayente en la narración, y también lo es que una de las pistas que inmediatamente encuentran los investigadores apunte a un misterio secular relacionado con la música. Unan ustedes a ello mucho canto gregoriano y que el inspector Beauvoir mantiene un idilio con la hija de su jefe y no sabe cómo decírselo, que ambos aún pagan las consecuencias del soponcio lleno de tiros que vivieron en Enterrad a los muertos y que, para colmo, cuando nadie lo esperaba aparece el jefazo de ambos con intenciones nada pacíficas, más bien cizañeras, que parecen traer por causa una intervención de Gamache que posiblemente Penny haya contado en alguna de las novelas de la saga no traducidas al español (que yo sepa, la segunda, tercera y cuarta).

              El resultado es una novela sumamente interesante, escrita con solvencia aunque sin florituras, que capta la atención del lector de tal manera que a pesar de sus 494 páginas se lee rápidamente. Una lectura muy otoñal e invernal. O, al menos, a mí me gusta leer a Louise Penny cuando comienza el frío. Será por sus ambientes.

              Así que ya sabéis: a disfrutar con los asesinatos en los conventos, que son un clásico. Que se lo digan a Umberto Eco con El nombre de la rosa o a P. D. James con Muerte en el seminario.

 

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jueves, 9 de diciembre de 2021

Vida de Gérard Fulmard – Jean Echenoz

 



Mientras leía esta novela puse en Instagram algo así como «Echenoz que no es Echenoz, pero sí», sabia reflexión, ejem, que anticipaba la impresión final: Vida de Gérard Fulmard es una novela sorprendente en comparación con las otras tres obras que había leído de Echenoz.

Vida de Gérad Fulmard es una lúcida novela de humor que demuestra que el humorismo no está reñido con la elegancia. Gérard es un inútil que, tras ser echado de su trabajo como asistente de vuelo se recicla como detective privado pese a tener menos capacidad y disposición que experiencia, y su experiencia es nula. De tamaño imbécil echa mano el entorno de unos personajes de vida más que bien acomodada que pululan en la cúspide de un partido político minoritario, renacuajo y que no pinta nada, creado en torno a la figura de un hombre ya mayor y en retirada, que ha hecho del partido un cortijo donde él reina en espíritu, su esposa corta el bacalao y aún queda por ver qué reservará el porvenir a la guapetona hija de ambos. Pero, como pasa en cualquier asociación, muchos de los que en ella se meten lo hacen por ambición, y todo partidete, hasta el de esta novela, tiene sus facciones y, dentro de cada una de ellas, su lucha de intereses.

Y esto es lo que cuenta la novela: las andanzas de unos y otros y, en medio, el inútil de Fulmard. 

Es una historia corta, de capítulos breves que se leen bien. Más cerca del telegrama que del romance, y con un sentido del humor que a mí particularmente me agrada mucho, basado en cómo los hechos esperados e inesperados, pero no por ello menos cotidianos o previsibles, van despojando al personal de la importancia que cada uno cree tener hasta reducirlo a su verdadera dimensión. Reducci´n de vanidades o aniquilación de solemnidades. Llámenlo ustedes como quieran. Un humor basado, también, en la cortedad de miras de creer que todos los que están conmigo tienen mis mismos intereses. Los que aquí confluyen son la vanidad, el poder, la ambición, pero también el sexo y la obsesión, y como cada uno tira para un lado, los equilibrios que en un momento dado han reunido y sostenido armónicamente todos esos intereses acaban saltando según evoluciona la vida y las páginas.

Una gran y breve lectura.



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lunes, 6 de diciembre de 2021

Pnin – Vladimir Nabokov



«La más deliciosa de las novelas de Nabokov», pone la sinopsis en boca de G. M. Hyde. La más humorística que he leído hasta ahora, desde luego.

Pnin es un exiliado ruso que se gana la vida como profesor en Estados Unidos. No es que el caballero tenga muchos entusiastas entre alumnos y colegas, aunque no por falta de profesionalidad sino porque, simplemente, hay cosas que interesan y otras que no, y él, qué le va a hacer, se ocupa de una de las segundas. Desde su aspecto físico a su vida solitaria y llena de estrecheces, todo ayuda a ofrecer una imagen de Pnin ridícula a ojos de los demás: un hombre poco apreciado, separado de una esposa que solo recurre a él para aprovecharse y abusar de su buena disposición, dedicado a una tarea que nadie valora y que vive o malvive como puede recibiendo, como mejor trato, la condescendencia de los demás. Sin embargo, Pnin no se arredra y sigue con su vida, con esa vida, lo cual hace de él un personaje también ridículo a ojos del lector, hasta desembocar en un final, cuando las cosas se le tuercen hasta situarlo fuera del cobijo de toda condescendencia, en el que emerge su dignidad de un modo que nos recuerda que la dignidad no tiene nada que ver con la ambición.

Una buena lectura, entretenida, quizá no tan profunda como muchas otras de Nabokov, pero más profunda que cualquier noveleja de las que infectan las librerías, y  escrita de ese modo a un tiempo natural, impecable, implacable y elegante que caracteriza a Nabokov y que resulta inalcanzable para el resto de los mortales.




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jueves, 2 de diciembre de 2021

Comimos y bebimos – Ignacio Peyró

 



              Tras leer Ya sentarás la cabeza no dudé en comprar y leer Comimos y bebimos –publicado dos o tres años antes- cuyo subtítulo, «Notas de comida y vida», no hace más que reforzar lo que el título anuncia. Como me habían avisado, sabía que iba a encontrar algo parecido a Ya sentarás la cabeza, y así ha sido, aunque hay notables diferencias: permanece y se intensifica el amor al papeo y la loa de todo buen plato, pero no aparecen ni a los postres las anécdotas profesionales ni las reflexiones a la buena de Dios; cuanto se dice en Comimos y bebimos tiene algo que ver con la pitanza.

              Para degustar este libro hace falta ser buen lector y tener buen apetito. Peyró habla de la comida con un lenguaje rico (también en el sentido de sabroso) y elevado, pero con el tono de quien sabe que está ensalzando hasta los cielos algo de lo que en última instancia todo el mundo puede prescindir y, si no queda otro remedio, cambiar por un mal bocadillo, de lo que resulta un texto que acerca tanto al humor como una buena comida.

              A capítulo por mes (porque cada época tiene sus peculiaridades gastronómicas), Peyró habla de las cuitas de quien tiene un paladar más excelso que abundante su bolsillo, realiza agudas observaciones sobre lo que ciertas comidas y bebidas representan en la sociedad (la de veces que he recordado sus palabras sobre el vino blanco) y de vez en cuando se deja llevar alegremente por la euforia de un magnífico sabor para revolotear entre elegía y poesía sin perder nunca el humor.

              El resultado, un libro que se lee como se saborea una magnífica comida.



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lunes, 29 de noviembre de 2021

El mal de Corcira – Lorenzo Silva

 


 

              Dentro de la saga de Rubén Bevilacqua, El mal de Corcira es, posiblemente, la novela más ambiciosa. En lo literario va más allá que las anteriores –de evolución casi siempre lineal- al confrontar presente y pasado de varios personajes junto a importantes saltos en el tiempo que no afectan al fondo; por otra parte, dentro del género negro supera la voluntaria limitación de otras novelas de la saga, que se ceñían al procedimiento policial para mostrar el máximo realismo; El mal de Corcira, en cambio, apuesta por mezclar equívocos –aunque también realistas- que implican pasos adelante y atrás de modo que la intriga crece con intensidad sin quedar reñida con el realismo; y, por fin, las circunstancias de la víctima le permite a Silva avanzar en otro frente, el más relevante y ambicioso en esta novela: el social. De modo tangencial pero importante se trata la homosexualidad de modo normalizado, pero, sobre todo, se aborda la existencia de ETA haciendo un repaso –a través de los recuerdos del protagonista- muy interesante de vivencias y procedimientos que muestran el grado de entrega y sacrificio que exige la lucha contra el terrorismo.

Este último aspecto es el que ha caracterizado la novela ante el público y casi con toda seguridad abordarlo era el objetivo de Lorenzo Silva. En algunos sitios se ha afirmado o insinuado que esta novela pretendió aprovechar el éxito de Patria, que habría abierto la veda del tema. No sé si es así, pero da igual porque no sería ningún crimen sino algo bastante lógico, comercialmente hablando, y dada la relevancia del tema tampoco puede decirse que sea propiedad de nadie. En cualquier caso, ambas obras solo tienen en común –además de ETA al fondo- que seguramente su publicación hubiera sido imposible, o al menos muy polémica, antes del fin de la violencia etarra.

Por lo demás, cualquier otro paralelismo resulta cuestionable o, directamente, absurdo. El mal de Corcira es deudor de su protagonista, por lo que no puede sino abordar la cuestión desde su óptica: la de un guardia civil directamente involucrado en la lucha contra el terrorismo que, además, cuenta la historia en primera persona. El resultado es muy interesante, pero, lógicamente, es más un retrato corporativo que social; cualquier visión, lo mismo la de la Guardia Civil que la de los terroristas o la sociedad, se hace a través de los ojos del protagonista.

¿Puede ser que Silva haya querido dar una visión más amplia que la que podía proporcionarle el personaje y haya expresado a través de él sus propias opiniones? Puede ser. Que la visión sea más la del escritor que la del personaje justificaría la sensación que he tenido de que Bevilacqua cuenta las cosas «desde fuera» y con cierta rigidez, con atrevimiento, pero con los recuerdos de 1992 encorsetados en la realidad de 2019 o 2020. Es la única crítica que se me ocurre hacer.

Yendo ya al argumento en sentido estricto, la cosa comienza con el asesinato en Formentera de un caballero que resulta ser un antiguo etarra, lo cual, por si las moscas, provoca la intervención de la unidad de Bevilacqua y desencadena los recuerdos que se van intercalando con el presente.

              Así vemos los procedimientos de investigación actuales frente a los procedimientos (de información) de los años 90. Dos mundos muy distintos detallados hasta producir una intensa sensación de realismo y que resultan apasionantes, sobre todo los segundos. El lector tiene ante sí en todo momento tres zanahorias: el interés que suscita el crimen concreto investigado, los modos de actuación en la lucha contra el terrorismo en los años 90 y, por fin, qué diablos le sucedió o dejó de suceder a Bevilacqua entonces, asunto pendiente desde el inicio de la saga. No defrauda.

              Como se ve, hay varias lecturas posibles de este libro, y todas compatibles. Por un lado, es una novela negra o policial y como tal puede leerse. Por otra, tiene un componente histórico muy atractivo para todos los que hemos vivido los años del terrorismo (de hecho, varios episodios y personajes son de inspiración claramente identificable) y, finalmente, tiene una lectura social (o política, pensarán algunos) por el posicionamiento de Bevilacqua o del autor a través de su personaje.

              Las dos primeras lecturas son interesantísimas y meritorias y la tercera, no siéndolo menos, es la que más división de opiniones ofrecerá. A mí me pareció valiente, pero un amigo «benemérito» me dijo que era un libro «demasiado equidistante». A saber. Lo que sí es, es una postura con sentido común y que intenta no dejarse llevar por las emociones. Quizá sea eso lo que lo hace más raro.

              Leedlo.


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sábado, 27 de noviembre de 2021

Damas y caballeros, pasen y lean. Selección de lecturas.

 

Damas y caballeros, pasen y lean:

 

Para lo que ustedes gusten, he aquí, de entre las reseñadas este año en este blog, una selección de diecisiete lecturas que me siento particularmente contento de haber hecho. Desde cada imagen puede accederse a la reseña.

 

Que ustedes lo lean bien.