En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.




lunes, 16 de enero de 2017

Reflexiones sobre literatura y humor,




"En Francia no se toma en serio a los escritores que se lo pasan bien, y, sin embargo, es curioso que la novela moderna surgiera con Rabelais y Cervantes, que hicieron novelas cómicas”

Frederic Beigbeder. Revista Nuestro tiempo.


jueves, 12 de enero de 2017

La asesina ilustrada – Enrique Vila-Matas



          ¿Imaginan ustedes un libro cuya lectura causara la muerte? La idea fue de Unamuno, y Enrique Vila-Matas trató de desarrollarla aunque, como los lectores procuramos sobrevivir a lo que leemos, debió circunscribir las muertes a lo acontecido en las páginas. Páginas que me han permitido conocer a a su autor, de quien, mea culpa, no había leído nada hasta ahora.

          Publicada en 1977, cuando Vila-Matas tenía 29 años, muestra un dominio de la situación apabullante y la inteligencia despierta y retorcida se nota a cada línea. Por fortuna para los despistados la novela es corta, porque de otro modo seguirla resultaría complicado debido a sus idas y venidas, que hacen que, por ejemplo, un personaje del presente rememore un momento en el que tuvo un sueño donde tras ocurrir esto y lo otro soñó que soñaba no sé qué otra cosa… Y luego despierta del sueño que soñaba, del otro, se acaba el recuerdo y el lector se queda con la sensación de acabar de bajar de una montaña rusa.

Enrique Vila-Matas
Barcelona. 1948
          La novela, compuesta por una serie de fragmentos independientes pero que forman una unidad, comienza con el hallazgo de un cadáver, el de un escritor que tiene a su lado la novela «La asesina ilustrada». Pero el buen hombre tenía mucho que ocultar, y otro escritor que durante años lo investigó hasta descubrir y hacerle confesar, teme a la muerte de un modo perturbador, como si supiera que la muerte le ha de avisar de su llegada. De contar la historia de este segundo escritor se ocupan las notas de Ana Cañizal, mujer joven que lo conoce con ocasión de tener que escribir un prólogo a la autobiografía del autor, y que de paso conoce también a la joven y misteriosa esposa, autora de «La asesina ilustrada», brevísima novela que aparece y desaparece provocando efectos inquietantes acerca de si no provocará su lectura lo que ideó Unamuno,  además de hacer dudar de hasta qué punto la autora está al tanto del poder de su obra y hasta qué punto lo utiliza. ¿Y qué es lo magnético? ¿La novela? ¿Su autora, capaz incluso se seducir a la Ana? ¿La muerte?

          Un acierto, también dar a la novela el mismo título que a la «novela de la que trata la novela», para aumentar así la tensión y confusión del lector.

          En resumen: un lío considerable que se sigue bien si se lee con atención y que provoca lo que es de suponer que el autor pretendía: un clima de misterio y asfixia donde el lector siempre duda de dónde se encuentra y a cada momento se siente muerto, si no de lectura, sí de curiosidad e inquietud.

          Tras varias ediciones en diversas editoriales, la novela puede comprarse ahora dentro del volumen En un lugar solitario, que recoge los primeros escritos del autor.



          

viernes, 6 de enero de 2017

El baile - Irène Némirovsky



                No hace mucho leí un artículo según el cual, así de tajante era, el rechazo es la peor experiencia por la que puede pasar el ser humano. El rechazo provoca heridas que jamás cicatrizan, que dejan para siempre ofendida la propia dignidad y, por supuesto, aniquila sin posibilidad de resurrección la confianza del rechazado hacia la otra parte. La división que causa el rechazo es eterna. El sentimiento es tanto más destructivo cuanta mayor es la implicación previa del rechazado en aquello de lo que es sacado a patadas o ignorado como si no existiera; y aún más si existe relación emocional -amistad, pareja, familia- con quien lo maltrata. En ocasiones, además, el maltrato es doble porque el maltratador, consciente de su actuación, para disimular, fortalecer su posición o lavar su imagen se dedica a ocultar la realidad al resto, e incluso llega hablar bien en público de aquel a quien en privado maltrata -como esos maltratadores que hablan flores de sus parejas maltradadas y afirman amarlas-, y así logra fama de generoso angelito mientras al rechazado puede caerle, sin ninguna culpa, la de desagradecido, soberbio o pobre imbécil. El maltratado acaba por no tener otra salida que marcharse.

                Cualquiera que haya pasado por algo así, sabe que no exagero.

                El baile, de Irène Némirovsky, que estos días he leído por segunda vez, es una maravillosa y durísima novela corta, muy corta, que basa su dureza en la idea del rechazo. De ahí la reflexión anterior.

Irène Némirovsky 1903-1942
                La protagonista es una mujer, esposa de un financiero judío inesperadamente millonario tras una operación especulativa. Rosine y su marido, el señor Kampf, son «nuevos ricos» en el sentido más humano de la expresión: tras una vida de estrecheces, esfuerzos y sacrificios soñando con la prosperidad, una vez alcanzada necesitan culminarla de la única manera que se les pasa por la cabeza: siendo aceptados como iguales por aquellos a quienes llevan años deseando parecerse. Para conseguirlo de modo que nadie -especialmente ellos mismos- tenga ninguna duda sobre la contundencia y legitimidad del logro, no tienen mejor ocurrencia que organizar un baile donde no falte de nada, en la mansión que han comprado, y al que invitan a cuantos consideran del estatus adecuado. También invitan a una peculiar pariente, más bien pobretona, resentida y envidiosa, con la «feliz» idea de que sus cotilleos trasladen al resto de la familia el esplendor alcanzado por los Kampf, haciendo bueno el cínico y acomplejado dicho de que las cosas buenas que nadie envidia, no son tan buenas.

                Llegado el día, la sociedad a la que los Kampf aspiran a pertenecer les da la espalda. El rechazo es absoluto. De ahí la terrible dureza del final, porque nada hay más doloroso que el rechazo y los Kampf se enfrentan a él sin nada, sin absolutamente nada que pueda consolarlos. Ahí radica la extrema dureza del rechazo: si tiene excusa, no es rechazo; y si no la hay, la única causa posible de la situación es uno mismo, convertido, sin palabras, como un indeseable a quien más vale no acercarse ni dirigir la palabra. Sin embargo, lo que el lector sabe y el matrimonio Kampf ignora es que ese rechazo no es posible saber si es real o no -seguramente no, o no tan radicalmente-, sino que su apariencia, que ellos tienen por cierta, ha sido causada por algo que ni se les pasa por la cabeza y que deviene en mayúsculo acto de crueldad precisamente por la extrema dureza psicológica que implica el rechazo.

                Esa crueldad ha sido tramada por la hija del matrimonio, una adolescente tímida y resentida que es tratada por su madre con una mezcla de desprecio y displicencia, porque Antoinette, que así se llama la hija, es vista por su madre todavía como una parvulita de ideas infantiles, mientras que Antoinette ya se ve a sí misma como una mujer adulta; unamos que el ansia de Rosine por culminar sus sueños le hace ser especialmente egoísta en esos momentos y no pensar más que en ellos, y completaremos ese retrato inicial causante de que, al principio de la novela, el lector sienta antipatía hacia Rosine, en ese momento un personaje acomplejado y odioso insensible ante la vulnerabilidad de su propia hija; sin embargo, y este es otro de los méritos del libro, la evolución de los acontecimientos transforma a la víctima en verdugo y al verdugo en víctima con una desproporción tal entre «crimen» y «pena» que no cabe hablar de justicia, sino de crueldad y de una injusticia más, y mucho peor, que se acumula a la anterior, haciendo buena la idea de que lo que se siembra se recoge multiplicado.

                Un libro corto, duro y tan simple y claro en su planteamiento que es imposible no detenerse a reflexionar sin sacar ideas claras.



sábado, 31 de diciembre de 2016

Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes (Edición de Andrés Trepiello)





Mi señor don Quijote, flor, nata y espejo de la caballería andante:



                En estas fechas en que hemos conmemorado el cuarto centenario del triste fallecimiento del traductor de vuestras nunca vistas y ejemplares fazañas (a quien, para mis adentros, tengo tan cercano a Cide Hamete Benengeli como una castaña a sí misma) he tornado a seguir la estela de vuesa merced, la del birrio... brioso Rocinante, la de vuestro escudero Sancho y la de su jumento, contándome de nuevo en el infinito de vuestros admiradores, alegre caterva cuyo buen sentido tanto cabe ensalzar cuando con admirada devoción sigue punto por punto vuestros insignes pasos como cuestionar cuando se la ve celebrando los de vuestro simple y parlanchín escudero.

                Pero aunque esto es así, quisiera comenzar esta misiva humillándome a vuestros pies -que aunque no muy limpios, pues las aventuras andantescas no permiten diarias abluciones, son cimiento del valor y la honestidad que en vuestro pecho anidan- para pediros perdón por haber faltado a mi cita con vuesa merced en 2015 para festejar el cuarto centenario de vuestra tercera salida; celebración que hubiera sido, como quien dice, entre amigos, que tengo el honor de sentirme tal de vuesa merced, ya que prebostes y capitostes se reservaban para la conmemoración, el presente y ya desfallecido año, de la muerte del traductor de las vuestras esforzadas y nunca bien ponderadas aventuras. Acháquese mi falta no al desdén ni a las cotidianas ocupaciones que egoístamente muchos califican de inexcusables, ni tampoco a despiste inadmisible, sino a las muchas y diversas cuitas, desgracias y trabajos que me han impedido acompañaros antes, pues, como sabéis, el mundo rebosa desvaríos y malandrines. Y aunque sé de tan buena tinta como es aquella en la que están impresas vuestras aventuras que es vuestra natural condición la de amparar doncellas, socorrer viudas y auxiliar a los menesterosos y que sin vacilar un instante hubierais acudido en mi socorro siquiera fuera para regalarme el consuelo de vuestra compañía y vuestras justas razones -ya que la fuerza de vuestro valeroso brazo tenía poco que hacer con mis desdichas-, no recurrí a ellas por entender que en el ancho mundo hay miserias y dolores bastantes como para que, conmigo o sin mí, no os faltasen ciento que remediar.

                Pero este año, os decía, por fin he tornado a seguiros como en tantas otras ocasiones, admirado y suspenso ante vuestra bravura y gallardía. Y una vez disfrutado tan gran honor he querido dar cuenta de él estampando aquí estas letras precisamente al finalizar el último día del último mes de este célebre 2016, a punto de que el cuarto centenario del fallecimiento del traductor de vuestra verdadera historia quede atrás, para significar, en este momento fronterizo donde los oportunistas de las celebraciones ya casi os han olvidado, que vuesa merced trota ya, a lomos de Rocinante, por los albores de vuestra quinta centuria triunfal, que yo, pobre de mí, no llegaré a ver ni mediada.

          Os he seguido de nuevo, os decía, pero no por el camino de las anteriores ocasiones, marcado por el eminente y ya finado admirador vuestro Martín de Riquer, a quien recuerdo con gran contento por el sumo placer de tantas veces haberos seguido por él guiado, sino por el novísimo trazado por Andrés Trapiello, que ha tenido a bien narrar vuestras aventuras adaptando el lenguaje de vuestro sin par y dorado siglo al de estos asendereados tiempos.


              
                No osaré reseñar aquí, mi señor don Quijote, ni una sola de vuestras aventuras, ni me atreveré a ponderar lo que ya antes tantos cantaron con mejor plectro. Sí diré, en cambio, que el trabajo del señor Trapiello es de notable mérito y digno de atención, y más en este mundo donde tanto literatillo y academiquillo de medio pelo se arrima al calor de vuestra fama y de cualquier otra aprovechándose de que la estupidez hace creer al vulgo que el expuesto a la luz refulge como si fuera él quien ilumina.

                El trabajo del señor Trapiello, trocando adargas por escudos y haciendo cuero del cordobán, permite leer vuestras aventuras sin precisar una sola nota a pie de página para aclarar vocablos, aunque los lectores menos avezados hubieran agradecido el espolvoreo de alguna para contextualizar costumbres y detectar ironías sobre cómo la intencionada grandiloncuencia de Cide Hamene Benengeli y de su traductor ponen en su justo término los libros de caballerías; advertencias, todas ellas, que ayudarían no poco a quienes para acercarse por primera vez a vuesa merced elijan el trapiellense camino. 

                De mí sé decir que he leído con deleite, que aunque al principio percibía los cambios pronto me olvidé de ellos, y que quizá el flamante atavío léxico permite al lector actual percibir mejor las diferencias de estilo entre la primera y la segunda parte o, lo que es lo mismo, entre vuestras dos primeras y vuestra tercera salida. El camino del señor Trapiello es bueno, a mi humilde juicio, para que quien todavía no ha tenido la satisfacción de seguir los pasos de vuesa merced pueda hacerlo sin resquemores sobre su propia capacidad, lo cual no es contradictorio con lo expresado en el anterior punto. 


                El señor Trapiello os ha traído a nuestra época sin sacaros de vuestro áureo siglo, pero estando yo acostumbrado a viajar hasta la vuestra con todo el equipaje cada vez que os he seguido, lo que más extraño se me ha hecho ha sido veros aquí sin que hayáis dejado de estar allí. Mérito de Trapiello o cosa de esos encantadores a quien vuesa merced tan bien conoce. 

                Mi señor don Quijote, Caballero de la Triste Figura por otro nombre conocido como el de Los Leones, grandeza y guía de caballeros andantes, espero que tenga a bien concertar con este vuestro rendido admirador una nueva cita en un no muy lejano futuro, si es que los cielos me dan fuerza para alcanzarlo, que de cierto sé que vuesa merced las tiene de sobra para acudir a citas dentro de un milenio, pues vuestra fama es inmortal.

                Con extremado agradecimiento por la merced de haberme permitido compartir de nuevo tantas horas con el más gallardo y valeroso caballero andante que vieron los siglos, me despido de vuesa merced con cuantas muestras de deferencia y afecto sea menester y aun con tres o cuatro más, pues comparto vuestra opinión de que en esos asuntos más vale carta de más que de menos, poniéndome de nuevo a vuestros polvorientos pies con la súplica de que, dejándome partir en buena hora, me ponga vuesa merced a los pies de su señora, la sin par y fermosa entre las fermosas doña Dulcinea del Toboso, a quien así podrá adorar a mi través sin temor de que intente yo facerle desaguisado alguno.

                      Vale.

                

jueves, 22 de diciembre de 2016

Las felicitaciones navideñas me gustan poco...



                Las conductas dicen quiénes somos; los gestos -que tan poco tiempo y esfuerzo cuestan aunque vengan en cascada- cómo deseamos ser vistos. Cuando pretendemos que los segundos sustituyan a las primeras, mal. Las felicitaciones navideñas me gustan poco porque tienen demasiado de gesto y porque a menudo pretenden disimular la inexistencia de una conducta coherente con ellas. Los buenos deseos navideños con frecuencia solo encierran una petición -«recuerda que existo», «piensa que no paso de ti»- o, sin ningún propósito de enmienda, hacerse perdonar algo evitando dar la cara. Muchas personas, también, envían sus felicitaciones navideñas a quienes nunca envían otra cosa, por temor a que separarse de esa tradición afecte a su propia imagen.

                Pero los buenos deseos sinceros están más vinculados al dar que al pedir. Quizá por eso –aunque alguna vez me dejo arrastrar por el «protocolo social»- soy tan poco dado a las felicitaciones navideñas: porque si no tengo nada que dar, cerca estoy de pedir. 

                De ahí que las únicas que sí me gusta hacer son para dar las gracias. Esta es una de ellas.

                Gracias a todos los lectores, sobre todo a los que han llegado este año, porque cuando hace ya más de cinco Mira Editores publicó mi primera novela no imaginaba que en 2016 sus nuevos lectores se contarían por miles en un formato que entonces estaba dando sus primeros pasos. Los lectores me habéis dado vuestro tiempo y confianza, y aunque deseo haberos correspondido a través de las aventuras de Ajonio, que tanto trabajo me llevaron y que en tantos vericuetos me han metido, quiero aprovechar esta ocasión, como he intentado hacer en todas las que he tenido, para daros las gracias. Al pensar en vosotros para mí es más fácil tener una feliz Navidad, y ojalá que Ajonio os haya permitido disfrutar de unas horas de lectura también felices.

                De parte de Ajonio, de Claudita, de Zoé, de Danuta, de Poncio, del Pulgas... y mía, claro, gracias, feliz Navidad y feliz año nuevo.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

El IVA de los libros electrónicos



                Aunque sin fecha, ayer se anunció la bajada del IVA en los libros electrónicos. Del 21% al 4%. Noticia bien recibida por todos los que se pronunciaron, pero no olvidemos que siempre que algo cambia hay quienes se sienten beneficiados y perjudicados.

                En la teoría de la Hacienda Pública el IVA grava la capacidad económica puesta de manifiesto a través del acto de consumir. Y como es lógico que a mismo consumo, misma tributación, cuando lo que se compra es una narración la tributación debe ser la misma con independencia del formato, salvo que éste ponga de manifiesto una capacidad económica superior. No es el caso de las narraciones en formato electrónico, sistemáticamente más baratas que en papel. Más allá de esta teoría, la diferencia de tipos a un mismo consumo en función de su formato es una forma más o menos disimulada de proteccionismo hacia unos sectores de actividad en detrimento de otros, lo cual, como toda opción política, tiene defensores y detractores.

                Cuando la rebaja de tipos anunciada sea una realidad, el resultado efectivo estará en algún punto intermedio entre estos dos extremos:

                -Primero: que no varíen los precios de venta al público de los libros electrónicos, en cuyo caso los únicos beneficiados de la rebaja serán los participantes en el proceso de creación y comercialización del ebook: editores, plataformas y los paupérrimos autores verán aumentado su trozo de pastel en un 16,34%. El formato será más rentable y habrá más personas interesadas en potenciarlo.

                -Segundo: que toda la bajada se traslade al precio. Cada ebook costará al público un 14,05% menos. Los lectores serán los más beneficiados. Pero también beneficiará a los autores y editores de ebooks y a las plataformas, pues a menor precio venderán más unidades pese a que no habrán rebajado lo que ellos cobran por cada una. Perjudicados: los productos sustitutivos. Es decir, los libros en papel y con ellos las editoriales que no compiten en el mundo del ebook por falta de interés o capacidad y, sobre todo, los libreros.

                Conclusión: un notable impulso al formato electrónico.

Una rebaja lógica desde el punto de vista de la teoría, motivada, dice la noticia, por el deseo de la UE de impulsar el comercio electrónico por considerar que debe impulsarse lo que apunta hacia el futuro. Y el futuro del libro, como el de casi todo, pasa por lo electrónico. Ya se sabía que el cambio de formato que a la música o al cine le costó una complicada década al libro le iba costar una generación o dos. El camino es muy lento, pero sin pausa. La música y el cine han sabido adaptarse, siguen ahí y ya no se habla de la crisis de las discográficas; han sobrevivido modificando radicalmente sus medios de distribución. Cómo evolucionará la distribución del libro y si eso favorecerá o no una concentración empobrecedora de la literatura, es una buena pregunta.



martes, 6 de diciembre de 2016

Palillos chinos - Angélica Morales




Me resulta complicado hablar en pocas palabras de Palillos chinos. Una historia de historias contadas desde prismas cambiantes que nos hacen ver a los personajes tanto desde fuera como desde dentro.  Todos comparten, o más bien sufren,cierta insatisfacción vital. Incluso quienes aparentemente han alcanzado el éxito ven orientados sus pasos hacia no saben muy bien dónde en busca de no saben bien qué ni por qué. Encontramos al famoso escritor de best sellers, a agentes artísticos que sobre todo se venden a sí mismos, a un chico chino que nada tiene que ver con China aparte de sus rasgos, a una inmigrante china encerrada en sí misma no solo por ella misma, a una pareja de guardias civiles lesbianas donde la fidelidad es solo cosa de una, a una anciana que ha decidido ser actriz a las órdenes de Alex de la Iglesia, a un poeta cubano, a cubanos que no son poetas aunque a alguna mujer se lo parecen, críticos literarios, escritores de medio pelo y escritoras premiadas, adolecentes que comercian con sexo y sentimientos, mujeres ancianas, mujeres maduras que les cuesta aceptar que lo son y en el proceso huyen a ninguna parte y a todos los brazos... Un cruce de historias centradas en Huesca –sobre todo-, Zaragoza y Madrid, donde conocemos escenarios como un restaurante chino idéntico a tantos otros hasta en el nombre -como para simbolizar que todo intento de destacar está condenado al fracaso-, donde visitamos residencias geriátricas, el paraninfo de la Universidad de Zaragoza, el parque de Huesca con su casita de Blancanieves, hoteles o un piso de estudiantes. Los españoles, lo mismo que los inmigrantes que pueblan esta historia, parecen añorar no se sabe si un destino soñado o un paraíso perdido, y lo hacen con las armas que tienen a mano: las decisiones del día a día, a menudo impulsivas, cuando no alentadas con esa «desesperación durmiente» que late en todo ser humano y que se empeña en susurrarle al oído que, por más que se esfuerce, no va a encontrar solución definitiva a sus dudas, lo que hace  de muchas decisiones meras huidas, muchas de ellas a la compañía en la cama y fuera de ella.

Angélica Morales
                No voy a hacer un esbozo de las principales historias que se entrecruzan. Es mejor que el lector se enfrente directamente ellas y averigüe o intuya él solito qué mueve a cada cual en cada una. Si tuviera que apostar, diría que es la búsqueda del afecto unas veces y otras de algo que se le parece en sus efectos aunque sea distinto: el reconocimiento por parte de otras personas. Y en esa búsqueda, la confusión entre lo emocional, lo afectivo, lo sexual e incluso lo profesional acaba de desorientar, pero no tanto como para que las personas no se sigan buscando entre sí como si no hubiera solución más allá del grupo. Quizá eso es lo más bonito: ver cómo siempre, sean cuales sean nuestras circunstancias, todo el mundo anda igual de desorientado aunque todos, al final, actúen de modo similar, como las hormigas de la portada realizada por José Manuel Ubé.

                Pensad en todo lo anterior antes de que la forma del libro os despiste. Una mezcla entre el diálogo y el verso libre que entraña cierto peligro por la generalizada falta de costumbre de leer poesía; esa falta que hace que tantas personas se detengan al final de cada verso como si hubiera una coma o un punto. Angélica Morales, intencionadamente, no se ha prodigado en los signos de puntuación, dejando margen al lector, como en una versión teatralizada, para que exprese las ideas a su propio ritmo. De ahí que el resultado sea muy distinto según sea lea con un ánimo u otro: para disfrutar de Palillos chinos hace falta leer con la calma del que quiere disfrutar del paisaje, más que con la prisa de quien quiere que le cuenten una historia.

                Os dejo un vídeo de la presentación en la Librerías Anónima de Huesca, a la que tuve la suerte de poder asistir hace más o menos un año. Id al minuto 21 y escuchad el fragmento de un minuto leído por Angélica: resume lo que es Palillos chinos mucho mejor que todas mis palabras.







miércoles, 30 de noviembre de 2016

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes




Una buena amiga de Eduardo Mendoza le regaló La terrible historia de los vibradores asesinos. Ignoro si la ha leído o si le hizo algún caso, pero entonces, verano de 2011, me enorgulleció que alguien que lo conocía bien juzgara mi primera novela digna de un lector como él; y aún ahora caigo en la tentación, como podéis ver, de presumir de ello.

Me enorgulleció porque he leído casi toda la obra de Eduardo Mendoza, y cinco de sus novelas dos veces. No hace falta añadir más para que sepáis mi opinión sobre él. Además de las nueve obras reseñadas en el blog, en mis entendederas han dejado huella La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios, El año del diluvio, El último trayecto de Horacio Dos, Gloria o una novela que Mendoza valora mucho más que sus lectores: Mauricio o las elecciones primarias. Variedad de estilos que proclaman una capacidad formidable, con libros mejores y peores, pero todos mejor que buenos.

Si la literatura es un acto de comunicación entre escritor y lector, el Premio Cervantes que le ha sido otorgado hoy a Eduardo Mendoza es también un poco de todos los que hemos disfrutado de su talento. Al fin y al cabo, en cierta medida somos lo que leemos.

Uno de los pocos autores capaces de divertir al lector, incluso de hacerlo reír, desde un nivel literario altísimo. Cada día estoy más convencido de la importancia de unir talento y sonrisa para promover la lectura y el amor a la palabra. Un autor cuyas novelas de humor -ese género al que tan poca importancia se da pese a contar con el Quijote- quizá le den ante muchos una pátina de superficialidad que su obra, en realidad, no tiene.

Felicidades.


lunes, 28 de noviembre de 2016

El pisito - Rafael Azcona



            Antes de ser película en 1959, El pisito fue novela en 1956 porque Rafael Azcona, posiblemente el mejor guionista español, comenzó como escritor. Y se nota que ya llevaba su futuro en la cabeza, porque leer El pisito es como ver una película de la época.

Rafael Azcona (1926-2008)
            Entre las películas de Azcona, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, Belle époque, ¡Ay, Carmela!... Lo mejor. Y El pisito es una novela relevante en un momento donde el humorismo alcanzó cotas tremendas en España, aunque escasamente reconocidas, con Jardiel Poncela, que había muerto pocos años antes, o Miguel Mihura.

            El pisito, que ha alcanzado la «gloria» de tener una edición en Cátedra, es una historia de posguerra en la que Rodolfo, el protagonista, vive realquilado en el piso de una inquilina octogenaria; doña Martina. También realquilado en el mismo piso está Dimas, un callista y descarado embaucador que cae bien por su ingenio y cara dura. Rodolfo tiene un trabajo chapucero con un jefe déspota; y tiene una novia, Petrita, que vive con la abundantísima familia de su hermana, a su vez realquilada junto a otro montón de personas en el piso de un inquilino tullido. La pareja de novios tiene un problema perpetuo: no se pueden casar porque no tienen dónde ir a vivir.

            La vida ha ido pasando, Rodolfo y Petrita son ya cuarentones. La pobreza ha llegado a ser para ella un drama porque le impide desarrollar la vida que ha soñado, y para él una excusa pues no parece tener claro lo que quiere. Hasta que Dimas tiene una idea: la obsesión de la octogenaria porque alguien, a su muerte, cuide de su gato, hace tramar el siguiente plan: Rodolfo se casa con doña Martina y cuando ella muera, él, como viudo, tendrá derecho a seguir ocupando ese piso de renta antigua y así podrá casarse con Petrita.

            Esa simple trama, de la que pronto quedan al tanto todos los afectados, basta para tejer una novela divertidísima en la que reímos con la incredulidad de casi todos ante la idea, con las reacciones indignadas de las dos «novias», con los secundarios, y con Dimas, que en realidad trata de utilizar a Rodolfo para garantizarse un lugar donde vivir. Todo en un ambiente de pobreza, donde el lujo es tener cuatro paredes entre las que estar solo y el gran placer tomar unos calamares.

          La ingenuidad, la sinceridad de las intenciones aplicadas a una situación desesperada alumbra ideas tan disparatadas como la descrita, que crecen y se alimentan de comentarios socarrones unas veces e irónicos otras. Pese a la uniformidad del tono el humor a veces es broma, pero otras es crítica, defensa, consuelo y, sobre todo, un tamiz para que la historia llegue al lector provocándole una sonrisa continua.

            La apariencia de humor «blanco», la «decencia» con los protagonistas se adaptan a la moral oficial, en especial las mujeres, y al ausencia de toda crítica explícita al origen de tanta penuria (los años más duros de la autarquía) hace pensar en qué medida la existencia de censura condicionó el resultado, pero si uno se fija, además de algunas alusiones sexuales algo más que explícitas hay crítica a una sociedad incapaz de dar otra respuesta a las aspiraciones de la gente normal que la picaresca. No hace falta decir nada porque ya está todo dicho: ¿qué puede esperarse de una sociedad donde casi dos décadas después de terminada la guerra que vivieron con 20 años ni quienes tienen un trabajo pueden tener un pisito donde vivir? ¿Qué puede decirse de las circunstancias que han abocado a que algo así sea tan ordinario que mucha gente puede reconocerse en esa penuria? Ese es uno de los méritos humorísticos de esta novela: que dentro de la parodia, de la caricatura todos pueden reconocerse en esa falta de oportunidades que a menudo conduce al disparate.

            El final… Bueno… Más de película de la época que de novela. Pero por algo Azcona llegó a ser guionista.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Dos años en papel y uno en ebook



     La sota de bastos jugando al béisbol ha cumplido dos años. Mira Editores la puso en las librerías el 27 de noviembre de 2014, y hace un año que también está en ebook, en Amazon

     Con los datos más a mano puedo deciros que en este su primer añito en ebook la segunda aventura de Ajonio Trepileto más que ha duplicado lo que La terrible historia de los vibradores asesinos vendió en sus primeros doce meses en ese formato, aunque en 2017 será difícil que pueda igualar el increíble registro de los vibradores en 2016.

     Hace dos años, al publicar La sota de bastos jugando al béisbol, escribí en el blog una reflexión sobre la vida de los libros, cuyo primer párrafo decía: "Los libros, como las personas, tienen su vida..." 




lunes, 21 de noviembre de 2016

Los misterios de Madrid - Antonio Muñoz Molina




            Al pensar en Antonio Muñoz Molina nadie piensa en novelas de humor, pero Los misterios de Madrid lo es. Y, además, magnífica. Una de esas obras que dignifican el humor sin más que recurrir a un personaje caricaturesco acicalado con un lenguaje cuidadísimo y un ritmo pausado y constante que hacen de Lorencito Quesada, el protagonista, un tipo que nada tiene que envidiar a ningún «loco» insigne.

            Lorencito Quesada es un triste dependiente en El Sistema Métrico, en la imaginaria Mágina, trasunto de Úbeda. Lleva toda la vida en ese puesto, pero a la vez es reportero de Singladura, el panfleto local, donde en sus crónicas informa y describe el majestuoso esplendor de las costumbres del lugar. Entre ellas, por ejemplo, las procesiones de Semana Santa. Lorencito es un tipo pudoroso y amante de las buenas costumbres, y siente por el sexo femenino un respeto reverencial muy vinculado con su incapacidad para relacionarse, la cual, a su vez, tiene mucho que ver, aunque él no se dé cuenta, con su inane inocencia y su condición de tímido y convencido meapilas anclado en un pasado inexistente.

            He puesto el ejemplo de la Semana Santa porque la novela comienza cuando uno de los tipos más influyentes de la ciudad hace llamar a Lorencito para informarle de una desgracia y encomendarle la solución: alguien ha robado una de las dos figuras más importantes de la localidad: el Santo Cristo de la Greña, al cual pronto hay que sacar en procesión. Por suerte, el ladrón ha dejado una pista que permite ponerle nombre, porque ha perdido algo: su inconfundible peluquín.

Antonio Muñoz Molina. Úbeda. 1956
            Y así es como Lorencito emprende viaje a Madrid para solucionar tamaño desaguisado con la mayor discreción. Al Madrid de su juventud, del que informaban los lugareños cuando iban de viaje a la capital. El Madrid de los años 60 que aún tenía mucho del pueblo que todos los inmigrantes, estudiantes y viajeros llevaban a él. Sin embargo el Madrid que le recibe es el de los años 90. La respetable pensión donde acudían los viajeros de Mágina es ahora un tugurio repugnante, el sexo florece por las calles poniendo a Lorencito en grave riesgo de tentación, y la ciudad ha adquirido unas dimensiones que sobrepasan la inocencia y el candor de un Lorencito varado en un pasado que sigue creyendo vigente y glorioso. Solo a base de tortas el protagonista va adaptándose a la realidad.

            El proceso de encontrar al Santo Cristo de la Greña hace también de Los Misterios de Madrid una novela de intriga, incluso una novela negra. Y muy bien llevada. Tan bien que la intriga se funde con lo humorístico haciendo una sola cosa. En la novela la ciudad se convierte también en personaje. En algo/alguien que ha cambiado y cambia con cada calle tornándose ora acogedor, ora amenazador. Contado por un narrador que adopta la óptica de Lorencito, con un tono que recuerda al NO-DO, de desastre en desastre y de sinsabor en sinsabor nada le ocurre a Lorencito Quesada que no mueva a la compasión y a la sonrisa, y así el lector sufre por él y se alegra de sus éxitos. De pifia en pifia, de exitillo en exitillo hasta el exitazo final. La historia de un tonto que triunfa a base de honradez y buena intención.

            Una novela maravillosamente escrita que a veces, por ese tono, me ha recordado al Caballo desnudo de José Luis Sampedro. Otro autor magistral que nadie vincula a las novelas de humor.

            Leed Los misterios de Madrid.


           


          Una selección de novelas Antonio Muñoz Molina:

            
  

jueves, 10 de noviembre de 2016

El caso del cadáver sonriente - Paco Piquer Vento




     El caso del cadáver sonriente fue Premio Francisco García Pavón en 2007, lo cual digo de entrada para apuntar que la novela tiene méritos, se nota que el autor escribe con cierto oficio. Se lee fácil, sin más que cuatro o cinco momentos de desconcierto por algún salto al vacío. Sin embargo hago esta advertencia porque a la hora de hacer balance prima la desorientación que he sentido al leerla.

     Desorientación por varios motivos.

     Primero, porque no he acertado a averiguar la pretensión de la novela. Los comienzos apuntan a una historia de humor caricaturesco no solo por la aparición de cadáveres sonrientes y con los pinrreles al aire, sino también por guiños clarísimos en esa dirección, como la elección de los nombres de algunos personajes; por ejemplo, Próspero Galimatías o el apellido Maremoto. También, por qué no, la técnica de asesinato es claramente caricaturesca. Sin embargo, conforme la lectura avanza hay larguísimos pasajes sin rastro de humor, y cuando el lector se da cuenta cree haber ido a parar, desde no sabe dónde, a una novela «seria». Es decir: el humor no está equilibrado, se da en los personajes y no siempre, y menos en las circunstancias; y cuando el humor caricaturesco irrumpe tras mucho tiempo sin noticia de él, parece fuera de lugar.

     Segundo, porque ya avanzado el libro se utiliza la técnica más o menos «cinematográfica» y facilona de mostrar ciertas conversaciones «misteriosas», no se sabe entre quiénes, que unas veces advierten de enigmas y peligros para los protagonistas y otras, desvelando el quiénes, terminan avanzando el final, que cuando llega no sorprende (e incluso la escenita, con el teléfono, está muy vista). Un recurso especialmente negativo en una novela donde el relato en primera persona es la norma.

     Tercero, precisamente, porque domina la narración en primera persona pero de pronto aparecen apartados en tercera. Me ha dado la sensación de que el uso exclusivo de la primera abocaba al autor a problemas  a la hora de suministrar información al lector, y que ha optado por la solución más sencilla aun a costa de crear algo a medio camino entre la «confesión» del personaje y la narración impersonal.

     Cuarto, porque algunos pasajes relevantes están escritos de manera confusa, lo que produce sensación de pérdida, junto a otros que no son en broma y como serios no cuajan, como la anodina reacción de la hija de uno de los «cadáveres sonrientes» ante la noticia de la muerte de su padre. También colabora en esa línea la existencia de algún «cadáver sonriente» irrelevante. De hecho, este modo de hacer llega hasta el título, que habla de cadáver en singular, mostrando así que el segundo fiambre tiene más de ornamento que de alimento de la trama.

     ¿El argumento? Un par de cadáveres aparecen en un restaurante barcelonés. Ambos con los pies desnudos y sonriendo de oreja a oreja. Uno de ellos parece ser el del dueño de una ortopedia. Enseguida aparece husmeando un detective privado que, vaya por Dios, antes fue policía pero salió escaldado tras una injusticia administrativa, el cual trata de investigar en parte porque le apetece y en parte para tocar las narices a quien tiempo atrás se las tocó a él. Aunque, calma, porque como dicen las malas sinopsis al final «nada es como parece», aunque la sorpresa, en realidad, no llega a ser demasiada porque aunque ayude al protagonista a llegar al desenlace, no modifica la previsión que el lector ha hecho de él.

      La parte narrada en primera persona está escrita con el tono caricaturesco del tipo duro que también tiene su corazoncito. En cierta medida me recordaba a Los muertos no tienen amigos, de Luis Gutierrez Maluenda, aunque en esta en tono era más constante gracias a lo cual terminaba siendo más humorístico.

     Por lo demás, una novela que puede resultar del agrado de muchos por recurrir a tópicos  y perfiles comunes en el género negro-burlón, si puedo llamarlo así: desde el título, que comienza por el poco original «El caso de...» hasta el protagonista, poli rebotado con cuitas pendientes con algún antiguo jefe o compañero, un tipo, también, que hizo su buena obra con una prostituta con la que se siente unido por sentimientos confusos que oscilan entre la pena y la solidaridad, sin renunciar al egoísmo, pero luego el roce hace el cariño y no me tengo que dejar llevar pero... Un tipo que, sin alterarse, alterna lo extraordinario de perseguir asesinos y verse en peligro de muerte con lo más cotidiano, como cuidar a su anciana madre. Incluso se recurre con insistencia a contrastes muy evidentes que con el paso del tiempo han ido perdiendo gracia, como encontrar japoneses oriundos de Cataluña y, por tanto, con acepto catalán.

     Una novela entretenida, por momentos divertida, bien escrita en lo que a lenguaje se refiere, pero que se queda a medio camino en demasiadas cosas.  Aceptable para pasar un rato agradable de lectura, sobre todo si sabiendo lo que os acabo de contar os dejáis llevar sin ofrecer resistencia por ese ir y venir entre lo serio y el humor. 




sábado, 5 de noviembre de 2016

Cumpleaños variados



   Pese a sus numerosos antecedentes penales es un buen tipo Ajonio Trepileto. El 5 de noviembre de 2015 las ventas de su primera novela experimentaron un pequeño repunte. Una acumulación nunca antes producida. Y también hace ahora dos años que puede leerse en ebook, tras haber sido publicada en papel en 2011 por Mira Editores.

     Aquel alza de hace un año llegó tras dos meses, octubre y septiembre, ligeramente mejores que los diez precedentes, lo cual me había permitido superar no demasiado holgadamente el objetivo de ventas que me había fijado para ese primer año. El repunte parecía anecdótico, pero en los días siguientes comenzó a repetirse y cada vez con más frecuencia. Enseguida se consolidó y creció. La terrible historia de los vibradores asesinos tomó fuerza en Amazon

Primer Nº 1 en Italia
     Digo que Ajonio es un buen tipo porque trepar tan alto para tenerme contento fue su manera de consolarme. Seguro que me había visto pocho. Es buen tipo, sí. No es mala hierba. Por eso, en un mundillo donde hasta la mayoría de los libros «estrella» no superan los seis meses sin estrellarse, a saber cuánto tiempo le queda por estos andurriales. Sea bastante, poco o nada, por el camino ha hecho sonreír a millares de personas. Con lo achuchada que es a veces la vida no os imagináis lo orgulloso que me siento de algo así, ni lo que me apena recordar entonces que las sonrisas son siempre fugaces. ¿Sabéis? A veces, cuando me pregunto si tanto trabajo y esfuerzo merecen la pena, intento imaginarme todas esas sonrisas juntas.
     El resultado: más de un año entre los primeros libros del top 100 de humor en España, donde llegó a estar quinto; número uno de humor en español en cinco países: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Brasil; número tres en Estados Unidos; e incluso número uno de novela negra en español en Italia, género donde también ha logrado algunos otros «podios». Muchos lectores. Más de los que imaginé jamás. Una barbaridad para un libro sin publicidad que hoy lleva ya cinco años y medio a disposición de quien desee leerlo.


     Así que felicidades, Ajonio. Por tu segundo añito en ebook y por el primero de éxito ininterrumpido en este formato. Y gracias.

     Y sobre todo gracias a los lectores, y en particular a quienes habéis recomendado y seguís recomendando mis novelas. Me alegro de que alguien quiera a un perdedor como Ajonio. Gracias por haberme otorgado vuestra confianza y dedicado vuestro tiempo; y gracias por el peliagudo apostolado: sé qué cara pone el personal cuando se le habla de vibradores asesinos y delincuentes chiflados y redichos. Pero os hacen caso. Confían en vosotros. A la vista está. Muchas, muchas gracias.



jueves, 20 de octubre de 2016

La desaparición - Tim Krabbé



               
                Una joven pareja, Rex y Saskia, atraviesan Francia en coche camino de un destino vacacional. Se detienen a repostar en la gasolinera de un área de servicio, rodeados de carretera y campo. Saskia entra a comprar algo a la tienda y nadie la vuelve a ver jamás.

               No descubro nada. Lo anuncia el título, la contraportada y ocurre en el primer capítulo.

                Encontramos a Rex ocho años después. Su vida ha seguido, qué remedio, pero las dudas sobre qué ocurrió y sobre si Saskia sigue viva condicionan cualquier decisión importante, sobre todo las afectivas. No es que siga enamorado, si es que alguna vez lo estuvo,  de quien o ha muerto o se largó porque quiso, pero duda del efecto que sobre él tendría la reaparición de Saskia. Además, claro, mientras no aparezca no se la quitará de la cabeza y las dudas persistirán.

                Capítulo siguiente: conocemos a un caballero, un modoso profesor que lleva una vida discreta y rutinaria casado y con hijas; un sujeto que a lo largo de la vida se ha encontrado alguna que otra vez en posición de hacer un experimento que no dice mucho a favor de la salud de sus neuronas: ¿existe diferencia entre el bien y el mal? ¿O ambas cosas son meras acciones mecánicas al alcance de una misma persona? ¿Soy igualmente capaz de hacer el bien y el mal? Y si puedo hacer las dos cosas, ¿por qué no las hago?

                Un chiflado que nadie reconoce como tal. Un chiflado que, de inmediato se le deja claro al lector, dará respuesta a lo que le ocurrió a Saskia. ¿Cómo no? La promesa de averiguarlo es el único aliciente para leer una historia en la que se renuncie a explorar la cabeza de Rex y escrita con una prosa que no destaca por nada.
Tim Krabbé. Amsterdam, 1943.

                   En este sentido, La desaparición es el colmo de la simplicidad publicitaria: una chica ha desaparecido de forma increíble al hacer algo que todos hacemos y nadie volvió a verla. ¿No tiene usted curiosidad por saber lo que ocurrió?.


                El autor anticipa todo, así que no hay lugar para la sorpresa, excepto al final. Pero solo por la forma y no por el fondo. Una truculencia que explica el impacto que debió de tener la película que, dice la contraportada, lanzó la novela a la fama. Y es fácil que la película fuera mejor, porque la novela no es gran cosa. Aunque es breve, eso sí.