En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

viernes, 22 de mayo de 2020

El Ángel – Sandrone Dazieri





(Colomba Caselli y Dante Torre, 2)


               
                Las críticas de la solapa (que ya se sabe que no suelen ser independientes) son desmesuradamente buenas, un ejemplo de exageración que en nada beneficia a una novela que por sí sola consigue lo que pretende: entretener al lector enganchándolo con una trama compleja donde el discurrir de los acontecimientos no deja un momento de tranquilidad, pues ni uno solo de sus breves capítulos se cierra sin dejar en el aire lo que parece el interrogante definitivo. Es decir, un buen thriller, que peca, eso sí, de incurrir en numerosos «más difícil todavía», pero lo hace de modo que cuanto se pierde en realismo y verosimilitud se gana en emoción. Siendo fast food, no es una hamburguechuela solitaria y chuchurrida, sino uno hamburguesón bien gordo y rebosante de ingredientes.

                Los protagonistas, la comisaria Colomba Caselli y el brillante y claustrofóbico lunático Dante Torre, son los mismos que los de No está solo, y parte de la trama de aquélla se traslada a esta nueva entrega, jugando a crear, junto al caso concreto de cada novela, una historia a largo plazo que ayude en la venta de los libros, como ocurre (con mayor brillantez) en la saga de Sebastian Bergman, firmada por Michael Horjth y Hans Rosenfeldt.

                La novela comienza con un supuesto atentado islamista en el tren de alta velocidad Milán-Roma. A Colomba la habían enviado pensando que solo había un muertecillo de lo más normal, pero el vagón de clase club aparecen todos gaseados. Lógicamente, el caso queda fuera de sus competencias, y «lógicamente», en la lógica de este tipo de novelas, Colomba se empeña en hacer la guerra por su cuenta, para lo que vuelve a apoyarse en un Dante Torre que, en un periquete, es capaz de encontrar una aguja entre un millón de pajares. Cómo no, los procedimientos de Colomba se vuelven contra ella, laboralmente hablando, para dar más emoción al asunto y dejar a los héroes solos ante el peligro, y conducen de nuevo a los dos protagonistas a la clandestinidad, bien que apoyados por los tres agentes que dependen de la comisaria y, sobre todo, por un guapetón del que, para disgusto de Dante, Colomba se siente atraída.

                Ocurre que todo es más complejo de lo que parece, y que el «ángel de la muerte» que da título a la novela sí tiene sexo y, para colmo, unas habilidades que ríete tú de James Bond y cuanto malo haya pululado alrededor del agente 007. No lo cito por citar: al igual que en la primera novela (No está solo), las historias de la guerra fría y los misterios de esa época que tanto juego han dado en las novelas de espionaje reaparecen aquí. Y, con ellos, el maniqueísmo de los malos muy malos y los buenos muy buenos.

                Para dar algo más de color, en lugar de pasarse la novela dando tumbos por Roma, Colomba y Dante también acaban en Milán, Venecia y Alemania. Los «decorados» son a menudo conocidos, lo cual, aunque no deje de ser un fácil truco para hacer sentir bien al lector, se agradece.

                Y el final, movidito, en plan película de acción, y sorprendente. Quizá, incluso, demasiado sorprendente, aunque, a la vista de cuanto he dicho, quizá no tanto, pues más tiene que ver con el efectismo que con la verosimilitud, y no digamos ya con el realismo.

                Volviendo al principio, dentro del fast food literario, una buena comilona.



lunes, 11 de mayo de 2020

Mal tiempo - P. G. Wodehouse





El honorable Galahad Threepwood ha decidido publicar sus memorias. Dado su pasado disoluto, el evento supone una amenaza para los más escabrosos secretos de la alta sociedad inglesa y un fantástico negocio para su editor, el cual, por cierto, ha accedido a contratar a un apuesto joven de buena posición, pero tan inútil que apenas le da una responsabilidad mete la pata hasta el garganchón. El editor lo despide, a pesar de que el pobre joven, pese a su riqueza, vive atribulado pues es prisionero de un secreto: si no mantiene un empleo durante cierto tiempo le será negada la mano de su amada.

Galahad Threepwood vive retirado en el castillo de Blandings, típico escenario de Wodehouse, a cuyo frente está, como cabeza de la casa, su hermano, Lord Threepwood, un viejo algo mochales obsesionado por el cuidado de un cerdo con el que aspira a repetir triunfo en el concurso anual de ganado; hay que proteger al bicho de todo mal y, en especial, del sabotaje del dueño de la finca vecina, que tiene otro gorrino en concurso y mantiene con los Threepwood, desde tiempo inmemorial, una relación de amor y odio no del todo secundada por las nuevas generaciones.

En Blandings se presenta también el sobrino de Lord Threepwood y Galahad, un muchacho inocentón, no muy agraciado y patológicamente celoso, que anuncia la inmediata presencia de la que va a ser su esposa, una joven ajena a la nobleza, quien, por este hecho, despierta la oposición de su futura suegra y de la tía del futuro marido, y la indiferencia o complicidad de otros cuantos. Ocurre, además, que la muchacha tuvo un romance con el inútil de la editorial, el cual ha aparecido en Blandings, tras perder su trabajo, metamorfoseado en secretario de Lord Threepwood.

Y, a partir de aquí, una comedia de enredo donde los amoríos de unos y otros se confunden y entre medio la publicación o no de las memorias es objetivo de unos o condición de otros para posicionarse a favor o en contra de lo que quiera que en cada momento suceda. Una comedia de «humor inglés», si puede llamarse así al que surge de personajes que, desde una natural excentricidad, se comportan con la «normalidad» que cabe atribuir a su condición sin que el resto parezcan sorprendidos.

Una buena novela de ese genio del humor literario que fue Pelham Grenville Wodehouse.





miércoles, 6 de mayo de 2020

Black, black, black – Marta Sanz




               
                Peculiar novela con un dúo protagonista: Arturo Zarzo, detective privado, cuarentón, divorciado y gay, y su exesposa, Paula, una inspectora de hacienda coja.

                La obra se estructura en tres partes: la primera, los diálogos telefónicos nocturnos entre ambos personajes, con un pique continuo porque ni Paula puede dejar de herir a Zarco por cómo y por qué la abandonó, ni él puede evitar jugar con ella para sentirse todavía de interés para alguien; en esta primera parte Zarco narra su torpe investigación del ya antiguo asesinato de una geriatra casada con un inmigrante de origen árabe; las pesquisas lo han llevado a conocer a buena parte del vecindario de la finada, entre el que ha encontrado a un muchacho, Olmo, por el que ha perdido la cabeza. En la segunda parte leemos los diarios de una de las vecinas, la madre de Olmo,que parecen echar bastante luz sobre los hechos y añaden otros muchos sorprendentes. Y, la tercera, es un nuevo diálogo, con la diferencia de que es ahora Paula quien cuenta a Zarco su improvisada investigación.

                A favor de la novela, la originalidad del planteamiento y de la exposición; también la brillantez con que en ciertos momentos se expone lo cotidiano a través de largas retahílas de detalles, observaciones o comparaciones. Hay también una constante pátina de humor debida al modo en que los personajes son condescendientes consigo mismos. Y, en contra, precisamente, cierto abuso de esas secuencias de ideas, a veces redundantes, que cuando no son brillantes no aportan nada más que sensación de estar leyendo un mal e interminable malabarismo; también se produce cierta confusión debida a la abundancia de personajes y a los distintos planos -realidad, visiones subjetivas, fantasías- con los que son presentados; conviene leer atento y con la memoria despierta.

                El conjunto, interesante.


viernes, 1 de mayo de 2020

El ojo de jade – Diane Wei Liang





(Trilogía negra de Pekín, 1)


                Comencé a leer esta novela a principios de marzo, cuando, covid-19 mediante, empezábamos hablar de China con frecuencia y no precisamente para bien. Las medidas que entonces habían tomado en Wuhan daban cierto miedo. Sin embargo, todavía nadie las pedía en Europa (de hecho, hace unos días repasé la prensa de principios de marzo y hasta el gato estaba en otras cosas) aunque ahora son legión los que dicen que hasta el más tonto lo veía venir. Por desgracia, ninguna de esas mentes preclaras es capaz de explicar qué esta pasando hoy, porque, como dijo en una reciente entrevista Eduardo Mendoza refiriéndose a la complejidad de la situación, «solo los tontos saben lo que ha pasado»; lo cual, unido a la eterna subestimación del número de idiotas que advierte Carlo M. Cipolla, provoca ahora este ejército de gente capaz de predecir el pasado sin aportar soluciones y sí exasperación. Dicho de otro modo, comencé a leer esta novela cuando comenzaban los primeros miedos, llegaban las primeras incertidumbres y carecíamos de toda certeza, y la terminé cuando la única certeza era la falta de colaboración entre debían colaborar y una enfermedad que afectaba a todo el planeta y para la que solo se había encontrado un medicamento: la ruina y miseria de millones de seres humanos.

                En resumen: no leí El ojo de jade con el mejor ánimo, lo cual ha podido influir en la pobre impresión que he sacado de esta novela publicada en España por primera vez en 2007, y reeditada, junto a las otras dos novelas que conforman la Trilogía de Pekín, en un único volumen en 2017.

                La protagonista, Mei, es una muchacha joven que ha dejado su trabajo como empleada pública en asuntos de interior; dado cómo es el régimen chino, ha dejado un muy buen empleo con buen salario y prebendas anexas. No sabemos por qué lo ha hecho, pero sí que en el Pekín naciente al capitalismo de estado ha decidido establecerse como detective privado. Sus dotes para la tarea parecen, en cambio, limitadas. Mei tiene una hermana famosa, una estrella televisiva casada con un nuevo rico, la cual además ejerce de nueva rica de mundo; y Mei tiene también una madre, ya mayor y retirada, que las sacó adelante a las dos; de su padre, Mei recuerda especialmente la triste despedida que solo se explica porque él estaba, políticamente, donde no debía, lo cual hace suscitar la duda (cuya aclaración puede ser delicada) de dónde estaban políticamente su madre y su entorno.

                Un amigo de la madre de Mei le hace un encargo, su primer caso: averiguar el paradero de una pieza milenaria de la dinastía Han que, a su entender, ha ido a parar al mercado negro.

                A partir de este extraño encargo hecho por alguien a quien poco se le ha perdido en el asunto, se desarrolla una «investigación» demasiado simplona como para dotarla de la verosimilitud necesaria. Una investigación que lleva a Mei a descubrir, también, secretos familiares que explican mucho de su propia vida.

                La trama me ha parecido un poco desastrosa,  ya que Mei no debe buscar nada porque todo le sale al camino, aunque igual es por haber leído la novela a trompicones. El lenguaje, normal. Lo más interesante, el reflejo de una sociedad desconocida para los occidentales y en un momento en que también es una gran desconocida para los propios chinos, porque no era lo que había sido y todavía no  llegaba a ser lo que es ahora, tan solo una década después, y mucho menos lo que va a ser de ser dentro de poco.



sábado, 25 de abril de 2020

Un sábado con los amigos - Andrea Camilleri





                Hasta en la época de confinamiento en que he leído esta novela es posible pasar un sábado con los amigos, aunque sea a través de videoconferencia. Pero, confinados o no, lo que no resulta aconsejable es pasar un sábado con los amigos como del que «disfrutan» los personajes de Camilleri.

                Un sábado con los amigos es una de esas novelas en las que Camilleri renuncia al humor -aunque no por completo al que deriva de la exposición de las debilidades humanas- para centrarse en una «historia de historias» peculiar, porque más que entrelazarse -que se entrelazan- las de diferentes personas, el tejido está formado por la historia de los personajes en diferentes momentos de su vida, desde la infancia a la edad adulta, para desembocar en el sábado por la noche en que sucede lo que sucede porque hace treinta o cuarenta años que llevan sucediendo ciertas cosas.

                El estilo de Camilleri -agilidad, muchos diálogos, alguna mujer hermosa no muy pacata- es reconocible en todo momento. No lo es tanto el devenir de la historia porque la profusión de personajes, las idas y venidas en el tiempo, y las cambiantes relaciones entre ellos a lo largo de los años embarullan un poco el seguimiento, aunque al final todo es diáfano. Y, como siempre, Camilleri tiene algo que contar.

                ¿El argumento?

                Un grupo de niños y jóvenes que se conocen en el colegio y la universidad han llegado a la vida adulta. En el pasado unos formaron pareja con otros; algunas se rompieron y se formaron otras nuevas de modo que «la esposa de mi amigo fue mi novia», «la que fue amante de mi esposo ahora está casada con mi amigo y exnovio» y… Cosillas así. Cosillas que provocan un aluvión de secretos derivados de las vivencias pasadas que se comparten no con las parejas actuales, sino con las que ya no lo son pero siguen pululando cerca. Unamos que, además, si de jóvenes los intereses de unos y otros suelen diferir poco, unos años más tarde han podido evolucionar de modos completamente distintos.

                Ya lo dijo Neruda: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». 

               ¿O sí, y precisamente por eso...?



jueves, 23 de abril de 2020

Día del libro





     Hoy es el día del libro más raro que se recuerda: las puertas cerradas de las librerías separan a los libros de sus lectores.

     Sin embargo, incluso así hay modos de acercarse a ellos. El otro día, por ejemplo, compré un cheque regalo en www.todostuslibros.com. Una vez en esa web, vas a Apoya a tu librería, eliges un importe y la librería que desees de entre todas las asociadas (seguro que en tu ciudad hay alguna) y, además de ayudarle a pasar el trago de este largo tiempo sin ingresos, cuando volvamos a la normalidad podrás canjear el vale por libros. Y, seamos sinceros, ¿a que será un gustazo entrar en la librería y llevarte unos cuantos libros sin pagar?

     Bueno, sí, lo habrás pagado por adelantado, pero la sensación será parecida. ¿O no?

     Eso, si te haces un autorregalo. Porque también puedes regalar el cheque.

     Hay millones de libros para elegir, así que puedes tener pereza, pero no excusa. A mí me gustaría que eligieras cualquiera de los míos, editados por Mira Editores (aunque si lees en ebook puedes conseguirlos ahora mismito y aprovechar el primero está gratis hasta mayo en Amazon si tienes Prime), pero seré bueno y comprensivo si lees otro. Por ejemplo, de los reseñados en este blog.

     Pasa y échales un vistazo. Estás invitado.


miércoles, 22 de abril de 2020

Que nadie duerma – Juan José Millás





                «Nessum dorma» (Que nadie duerma) es un aria de Turandot, la inclusa ópera de Puccini estrenada hace casi un siglo en Teatro de la Scala de Milán. La ópera cuenta la historia de la princesa china Turandot, quien sometía a sus pretendientes a una cruel prueba: quien consiguiera resolver los tres misterios que les planteaba, obtendría su mano; quien no lo consiguiera, lo pagaría con la muerte. Un argumento inspirado en una historia persa del siglo XII.

                Lucía, la protagonista de la novela, no tiene tanto genio. Es una informática en paro reciclada en taxista y algo obsesionada con los pájaros, que ve en todas partes. Se ha enamorado perdida e instantáneamente de un vecino al solo ha visto una vez, el cual, para colmo, se ha largado a vivir a otro sitio. El vecino era un actor que escuchaba con frecuencia Turandot. Sus sones llegaban a Lucía a través de los conductos de aireación del baño. Solo escuchada así era para ella soportable la ópera, lo cual, obviamente, es una señal, un dedazo de los dioses señalando al vecino.

                Como tantos personajes de Millás, Lucía se pone en manos del destino: ¿qué mejor manera de conseguir el amor de su vida que ser taxista? Basta ir de acá para allá llevando a unos y a otros para que algún día quien se suba en el taxi sea él. Y ella estará escuchando Turandot, inevitablemente Nessum dorma, y seguro que en la famosísima interpretación de Luciano Pavarotti. Y entonces…

                Y entonces serán felices y comerán perdices. Pero, mientras tanto, Lucía debe recorrer Madrid arriba y abajo, que es también Pekín en su imaginación y hasta en los mapas que lleva en el coche, de modo que su deambular por la vida lo es también por un mundo de ensueño en el que la realidad se mezcla con la fantasía hasta que de la fantasía volvemos a la realidad a través de personajes secundarios que pasan por el taxi provocando efectos sorprendentes y un final más inesperado aún.

                En resumen: una novela de Millás, que es tanto como hablar de un enorme dominio del lenguaje, de un tono a un tiempo profundo, informal e irónico, con mezclas tan extravagantes que cabe hablar de un «humor serio» no sé si pretendido pero inevitable, con personajes de personalidad múltiple (¿o desdoblada?) que transitan, trastabillando con un punto de chifladura, por la invisible línea que separa la realidad de la fantasía. Cada una de sus personalidades se encuentra a cada uno de los lados de esa línea. Y ya se sabe lo que pasa cuando se avanza: que al mirar hacia delante todo se confunde en el horizonte. Y hacia allá, hacia esa confusión, avanzan sin vacilar los protagonistas de Millás.



domingo, 19 de abril de 2020

Para que no te pierdas en el barrio – Patrick Modiano





                Jean Daragane, un escritor no muy sociable, concierta una cita con el hombre que le telefonea diciendo haber encontrado su agenda de direcciones. El hombre acude acompañado de una mujer. A partir de este suceso trivial, la pareja, cada uno por su lado, establece contacto con Daragane sin que de entrada queden claros los motivos. Aunque, sean cuales sean, da igual, porque ese ir y venir de oscuros intereses de poca monta provoca en Daragane la necesidad de recordar, de modo que la novela termina siendo, en gran parte, los recuerdos del niño que fue abandonado por su madre en manos de una mujer joven que vivía en una misteriosa casa donde no paraba de entrar y salir gente a desahoras, una mujer cuyo nombre Daragane repite como conjurando a los dioses para que le permitan encontrarla, desentrañar los misterios que la envolvían y… Y resolver, ¿qué? Algo a un tiempo esperado y sorprendente.

                Para que no te pierdas en el barrio, como haciendo honor a su nombre, da un repaso amplio por un montón de calles, callejas y plazuelas parisinas que nada dirán a quien no las conozca, más allá de lo que sus nombres puedan evocar. Escrita con un lenguaje cuidadoso, certero, introspectivo y sobrio, se lee con facilidad, pero con lentitud, porque es una de esas novelas más para reflexionar con el protagonista que para dejarse llevar por una acción que es a un tiempo tan lenta como quien se queda parado pensando, y tan veloz como rápidos sean sus pensamientos.

                Una de esas novelas breves que, por transmitir sensaciones profundas, cuesta mucho escribir.





martes, 14 de abril de 2020

Vestido de novia – Pierre Lamaitre





                Me habían hablado muy bien de Pierre Lamaitre, y, si he de juzgar por este, el primer libro suyo que leo, con motivo: Vestido de novia es un thriller extraordinario, solo al alcance de quien domina el oficio, porque la historia que nos cuenta hubiera acabado en desastre literario casi en tantos casos como escritores hubieran pretendido escribirla, pero Lamaitre ha sido capaz de sortear los peligros a base de un trabajo meticuloso, concienzudo y plasmado metódicamente, sin que sobre nada y -esto es lo más meritorio- sin que falte nada; y es que con demasiados pocos detalles la historia hubiera sido un empastre, y, con demasiados, un tostón.

                La historia tiene cuatro partes.

                La primera, donde conocemos a la protagonista y la seguimos desde dentro de su cerebro en la travesía más escabrosa de su vida, es la más larga debido a la intensidad de las emociones, la violencia, el progresivo deterioro y el ambiente claustrofóbico -de una persona encerrada en su propio cerebro-. Lo peor de esta primera parte no es su contenido, sino el temor del lector a que todo el libro siga igual de denso y agobiante.

                Pero no.

                Cada vez que una parte termina y comienza la siguiente el giro es tan brusco, espectacular y llamativo que poco le falta al lector para detenerse y aplaudir.

                Es complicado, mucho, hablar de estas siguientes partes sin reventar la historia, y aunque todo buen libro resiste cualquier spoiler, no todos los lectores son lo bastante buenos para soportarlos, así que solo diré que en la segunda parte se produce a la vez algo que todo lo aclara y todo lo complica, que la tercera parece un «nudo» y la cuarta el «desenlace». Lo que sucede, por si no ha quedado claro, es que las montañas rusas son más suavecitas que esta novela: en ellas sabes lo que te espera tras los tramos «sencillos». Vestido de novia es como viajar sobre una montaña rusa en la que no presientes la llegada de los descensos y las curvas.

                Un novelón escrito con un lenguaje conciso y un envidiable dominio del panorama de la narración.




jueves, 9 de abril de 2020

Recuerdos durmientes – Patrick Modiano




       Pocas veces me he encontrado con una sinopsis que refleje tan bien el contenido de un libro:

       "París, años sesenta. Un chico solitario mantiene una serie de encuentros sucesivos y a veces fugaces con seis mujeres enigmáticas: Mireille Ourousov, Geneviève Dallame, Madeleine Péraud, Madame Hubersen, Martine Hayward y una joven cuyo nombre no llegamos a conocer. Algunas de ellas son viejas conocidas que han aparecido en otros libros del autor. El escenario, como tantas veces en la obra de Modiano, vuelve a ser un París entre la realidad, la memoria y el ensueño, cuyas calles se convierten en itinerarios de un mapa mental. Aparecen hoteles, cafés y apartamentos, la afición al espiritismo, ciertas lecturas que dejan huella y también un cadáver y una huida. Porque una de esas mujeres ha matado a un hombre, parece que de forma accidental. A algunas de ellas el joven protagonista las reencontrará años después: a una la verá llevando de la mano a un niño, su hijo; otra reaparecerá con una cicatriz atravesándole la frente... Todos estos encuentros y reencuentros son evocados, cincuenta años más tarde, por el hombre maduro en el que se ha convertido ese joven, por el narrador que convoca el huidizo pasado y a seis mujeres envueltas en el misterio que en mayor o menor medida le marcaron para el resto de su vida. Este es el primer libro que Patrick Modiano publica tras ganar el Premio Nobel, y supone una nueva vuelta de tuerca a su magnético universo literario. Una narración breve, insinuante, ambigua, hecha de pinceladas y silencios, sobre lo que pervive en la memoria y lo que queda en el olvido."

No hay mucho más que añadir, fuera del ambiente introspectivo que hace del libro un recuerdo -o un intento de recuerdo- compartido entre el narrador y el lector. Una memoria fragmentada, pero a la vez lúcida e intensa que alcanza a detalles demasiado precisos para ser realista sin que por ello pierda un ápice de verosimilitud. Se diría que a la memoria del narrador llegan los pormenores precisos para hacer del pasado un rompecabezas que atrae resolver. Sin embargo, ese reto no alcanza a una de las preguntas que no deja de hacerse el lector: por qué el narrador es como es, por qué es tan desapegado de las personas, por qué ha huido siempre de ellas aunque de alguna manera también las ha ido buscando, por qué ese ir y venir entre la soledad y los contactos fugaces.

Relatos durmientes está escrito con una precisión asombrosa, tanto en la estructura -qué profundas sensaciones se transmiten en tan pocas páginas- como en el dominio del lenguaje que le permite transmitir información a través de las sensaciones que crea con él, haciendo que las palabras digan mucho más de lo que aporta su significado.



sábado, 28 de marzo de 2020

La brigada de Anne Capestan – Sophie Hénaff





                ¿A que alguna vez has fantaseado con recluir, dentro de un ámbito en el que te dejen en paz y solo se relacionen entre ellos, a todos los idiotas, inútiles, caraduras, vagos y gilipollas que a tu pesar te rodean?

                La policía francesa ha decidido hacerlo, creando, en un piso destartalado, una comisaría íntegramente formada por lo mejor de cada casa. Al frente han colocado a Anne Capestan, una comisaria de éxito venido abajo, algo atolondrada y con tendencia a perder el control en ciertas situaciones, la cual ha hundido su carrera tras haber disparado una bala de más.

                ¿Qué casos encomiendan a tan singular unidad? Los que ellos elijan entre los chorrocientos que se pudren sin resolver después de no sé cuántos años.

                Y de entre todos esos muertos, ¿cuáles eligen? Los muertos que tienen, literalmente, un muerto. Son los dos casos más graves. Al menos en eso tienen criterio.

                Lo que no tienen son demasiadas facultades para investigar, porque son más un cúmulo de personas almacenadas que una unidad formalmente reconocida, lo cual obliga a Anne a pedir ciertos favores y, también, a intentar nadar entre las agitadas aguas de los jefes que una vez la estimaron o respetaron y ahora, sobre todo algunos, cuando no la desprecian se mofan o, simplemente, la evitan.

                La comisaría calamidad está compuesta con cuarenta o cincuenta personas, la mayor parte de las cuales ni se molestan en llegar a poner los pies en ella. En el resto, hay un poco de todo, desde un agente gafe  del que todos huyen hasta un ex de asuntos internos y una policía, escritora de éxito, que, aburrida, se ha reincorporado al cuerpo acompañada por su perro.

                Con estos mimbres, y sin otra posibilidad de investigación que examinar las pruebas que se realizaron en el año de Maricastaña e interrogar a quien se les ocurra, aunque la acción es formalmente seria es imposible no hablar del humor que impregna cada línea y que aparece constantemente de modo natural, en algunas ocasiones sutil, y solo alguna vez algo forzado. A ello contribuye el lenguaje fluido, sin malabarismos, conciso y claro.

                Como en otras muchas historias negras, casos en apariencia independientes tienen puntos en común. Lo que nadie esperaba (¿o alguno sí?) es que, además de desentrañarlos, la calamitosa brigada de Anne Capestan, sin medios y con tanto bicho raro, fuera capaz de descubrir, también, por qué nadie los había llegado a resolver jamás.

               Sophie Hénaff, una escritora con una biografía peculiar, ha firmado una novela de lo más agradable y entretenida.



miércoles, 25 de marzo de 2020

El carrusel de las confusiones – Andrea Camilleri




(Serie Montalbano, 27)


                Vigàta. Dos mujeres jóvenes que trabajan en sucursales bancarias son narcotizadas y abandonadas poco después sin haber sufrido daño alguno. Por otra parte, la mafia parece haber incendiado la tienda de un comerciante que se ha negado a pagar el pizzo. No hay rastro del hombre ni de su novia, aunque nadie ha denunciado su desaparición. Pueden haber huido. O puede que las causas del incendio sean otras y ellos, simplemente, estén por ahí.

                Con un comienzo más lento que en las novelas inmediatamente anteriores, así arranca El carrusel de las confusiones, título deudor de las situaciones que parecen una cosa y son otra, o una tercera, y que acaban desembocando -tras la ya acostumbrada relación de dos casos en principio independientes- en un cúmulo de perversiones, obsesiones y maldades de las que nada más puedo decir sin destripar la novela.

                Como buen guionista que fue, Camilleri da entrada, entre las víctimas de los sucesos de esta novela, a personas pertenecientes al mundo de Montalbano (en este caso, una sobrina de Enzo, el dueño de la trattoria), con la finalidad de acentuar los vínculos emocionales entre el lector y la historia. A cambio, y para evitar reiteraciones, se permite dejar de lado a algún otro de los personajes habituales.

                Dice Camilleri, al final, que este es uno de los pocos casos de Montalbano fruto exclusivo de su imaginación y que no trae por causa alguna noticia. Quizá por eso los diálogos no son tan fluidos como en otras entregas de la saga sino algo más densos, y hay un poco de espacio para explicaciones y alguna descripción. Pero solo un poco, ¿eh?, que Camilleri es Camilleri.


miércoles, 18 de marzo de 2020

La mujer como elemento indispensable para la respiración – Enrique Jardiel Poncela



              
              Refrito de cuentos cortos, conferencias, intervenciones radiofónicas y máximas, todo amontonado sin otro criterio que su común alusión (salvo alguna excepción) a las relaciones entre hombres y mujeres.

              Y si batiburrillo es el contenido, también su calidad es dispar. Dentro del frenético y divertido tono, casi siempre de arenga, es permanente el sentido del humor vinculado unas veces a lo absurdo (aprovechando juegos de palabras) y otras a la explotación de tópicos. Lo que son esporádicos son los grandes chispazos de ingenio, pues cabe suponer que muchas de estas «obras» fueron improvisadas para atender las obligaciones de Jardiel, de modo que, dentro del elevado tono humorístico, son escasos e irregulares los momentos verdaderamente brillantes.

              La mayoría de los escritos datan de los años 20 del siglo XX. Es conveniente advertirlo porque desde la mirada actual muchas de las chanzas sobre la mujer no harían de Jardiel más que leña para la hoguera. Sin embargo, situado en su contexto es posible advertir que si estas obras, escritos y discursos tuvieron entonces tanta gracia y éxito de público no se debió al masoquismo de la mitad de la población y a la irresponsabilidad de la otra mitad sino a que supo explotar un cambio social entonces aún tímido, pero ya visible. Y es que los cambios son territorio para un humor… que queda rápidamente desfasado tan pronto como el cambio se consuma y consolida y deja de sorprender a nadie.

              A pesar de lo cual, sí se pueden disfrutar interesantes pinceladas que se adentran en algo aún más permanente que el tópico, como es la idiosincrasia de cada sexo.


domingo, 8 de marzo de 2020

Muerte en el seminario - P. D. James





                Una muy buena novela negra escrita con capítulos cortos y ritmo tan constante que acaba impulsando la lentitud de la acción, escrita con una prosa clara, concisa y sin altibajos, aunque también sin alardes.

                El escenario, que tan importante es en algunas novelas de este género, es magnífico: un pequeño seminario recóndito, situado junto al mar, en la costa este inglesa, a poca distancia de acantilados de arena que se desvanecen a tal velocidad, debido al embate del mar, que las construcciones –como el propio seminario- que hace un centenar de años apenas lo divisaban, están a pocas décadas de ser engullidas por las aguas.

                La historia comienza con el hallazgo de un cadáver. Todo apunta a que ha sido un accidente, pero la presión del padre del fallecido hace que el comisario de la policía metropolitana de Londres Adam Dalgliesh, que iba a pasar unos días de asueto por la zona, acabe alojado en el seminario, donde veraneó siendo un chiquillo, y en él se encuentre con las complicaciones que sabrá quien lea la novela, aunque todo el mundo puede suponer de qué cariz son.

                De este modo Muerte en el seminario se plantea al modo que hizo célebre alguna de las novelas de Agatha Christie: un colectivo cerrado y encerrado de personas, una de las cuales es un criminal, con lo cual el lector disfruta de la doble tensión de averiguar la identidad del delincuente y del constante susto de no saber si el personaje que cada momento ocupa las líneas es un malvado a punto de descubrir al lector su maldad o un inocente a punto de marcharse al otro barrio.

                La novela avanza alternando cuatro acontecimientos relevantes con un montón de interrogatorios, y está escrita de tal modo que el lector tiene la sensación de ser un observador más de las conversaciones. Los datos se van acumulando, unos conducen a otros en un puzzle que el lector construye a la vez que los protagonistas, lo cual tiene bastante mérito. O, dicho de otro modo, la autora no se guarda descaradamente datos en la manga forzando al lector a seguir leyendo para ver cuándo la autora se digna dárselos –penoso y frecuentísimo recurso-, sino que la información fluye de los personajes de modo tan natural que P. D. James consigue que sean estos, con sus comprensibles errores y omisiones los hacen crecer el interés de modo espontáneo.

                Como en las buenas novelas negras, solo al final se resuelven las cosas. Dicho lo cual, sí cabe hacer una crítica: el final del final es lo único forzado, porque una vez resuelto «el caso», el resto de incógnitas se despejan de modo demasiado facilón. Tampoco me ha gustado mucho la escenificación del final.

                Esta es, creo, la undécima novela protagonizada por el comisario Adam Dalgliesh. No he leído ninguna otra. Ni falta me ha hecho para seguir perfectamente la novela.



sábado, 29 de febrero de 2020

La idea de Europa – George Steiner





                Prologado por Mario Vargas Llosa y con introducción de Rob Riemen, La idea de Europa es un librito que reproduce la conferencia que George Steiner dio en el Nexus Institute. Y el contenido gira exactamente en torno al título: qué es Europa y hacia dónde va.

                Lo primero lo examina Steiner a partir de cuatro datos, alguno de los cuales podrá parecer frívolo, pero, explicados de modo adecuado, aclaran mucho sobre la idiosincrasia europea: el modo en que los europeos (no así el mundo anglosajón, con lo que significa por oposición) habla y «arregla el mundo» en bares y cafés, la existencia de un paisaje «caminable» que ha permitido cruzar Europa a pie lo mismo a viajeros que a aventureros, pueblos y ejércitos, la costumbre de poner a las calles y plazas el nombre de personas eminentes vinculadas a la cultura y al pensamiento (a diferencia, también, del mundo anglosajón, con lo que igualmente significa por oposición), y un origen doble y contradictorio: Atenas y Jerusalén, la racionalidad del pensamiento y la irracionalidad de la fe.

                Un quinto elemento que define la identidad europea, pero lo cito aparte porque enlaza con la pesimista conclusión de Steiner: la tendencia a la autodestrucción, el convencimiento íntimo de que Europa tiene fecha de caducidad, lo cual Steiner explica a partir de mucho de lo que concluye de las observaciones de los cuatro puntos anteriores.

                Brillante conferencia rebosante de sentido común y profunda cultura que merece la pena leer y guardar en el recuerdo y en la biblioteca.


lunes, 24 de febrero de 2020

El salón magenta – Mário de Carvalho




              A poco que se rasca en el mundo literario, de la pintura y del arte en general, aparecen a puñados «artistas» que solo lo son en el arte de camelar un público lo bastante indiferente ante su arte como para molestarse en averiguar la verdad; «artistas» que viven por y para que se les reconozca la condición de artistas aunque su obra sea escasa y de tal mediocridad que más podría hablarse «de uno que escribe» o «de uno que pinta» que de escritores o pintores.

              El protagonista de El salón magenta es un cineasta, aunque como refunfuña en cierta ocasión, hace siglos que ascendió a director de cine. En realidad, la vida ha pasado ante sus barbas sin que haya hecho otra cosa que dar a entender que es un artista, aunque su producción ha sido mínima y mala. Y en ello sigue, diciendo estar elaborando un guion –un escrito muerto de risa- para hacer creer a todos que sigue en la brecha.

              Como está con los bolsillos vacíos, el día en que unos atracadores le dan una paliza que exige hasta escayola en una pierna no le queda más remedio que ir a la casa que su hermana mayor para dejarse cuidar. Su hermana, una profesora universitaria recientemente jubilada, tiene una casita cerca de una laguna, en una pequeña localidad portuguesa, y allí se instala el gran Miguel Gustavo Dias.

              El salón magenta recorre de modo intimista y reflexivo la vida de su protagonista a través de sus recuerdos y de la forzosa contemplación de la vida de su hermana, lo cual le permite analizar su comportamiento respecto a ella y, de paso, al lector le permite situarla.

              Postrado en un sillón, son dos los recuerdos que nublan la mente de Miguel Gustavo: la estafa a que ha sometido a todos, incluido él mismo, acerca de su valía y vocación, y sus relaciones con las mujeres. Muchas han pasado por su vida, casi todas de usar y tirar (en lo que era una actitud recíproca) excepto una. Aquella que más lo trató a él como «de usar y tirar», la que recibía a sus amigos en un salón magenta, aquella de la que se separó y de la que nunca más supo hasta conocer su muerte.

              En la inconsciente evaluación de su vida, el análisis de los recuerdos y la relación con su hermana ponen de manifiesto el ruin egoísmo de Miguel Gustavo. Egoísmo doblemente mezquino por carecer de excusas, ya que aprovecharse de él ni siquiera le ha permitido hacer una sola cosa digna de elogio. Ha tenido facilidades y no ha conseguido más que engañarse a sí mismo y encontrar, al final del camino, la triste realidad que ya el engaño no oculta a casi nadie, si no es que los que quedan engañados en realidad no están fingiendo por piedad; y, con esa terrible realidad que va apareciendo a medida que los engañados desaparecen y quedan atrás con el correr de los años, llega la penuria y el viejo consuelo del alcohol.

              Mientras, su hermana, cuya vida en apariencia ha sido gris, vulgar, mediocre, sin otras alegría ni penas que las profesionales y domésticas –entre las que figura un hijo que la engaña-, una persona de segunda a los ojos de su hermano, se va elevando poco a poco, según pasan las páginas, como un referente vital, como alguien que ha sabido qué hacer con su vida y ha sabido conducirla para, a pesar de las dificultades, saber vivir y salir adelante con la conciencia tranquila, que no es lo mismo que vivir alegre o triste. Frente al egoísmo y egocentrismo del protagonista, un hombre vano que ha pretendido ser lo que no es, se alza la discreta generosidad y afecto de una mujer decidida a ser lo que es, capaz de convertir una vida corriente en un admirable e inconsciente ejercicio de sabiduría y elegancia.