En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 13 de diciembre de 2018

La crueldad de abril – Diego Ameixeiras




              Muy buena y breve novela con protagonismos alternativos. El de una mujer loca, de tendencias suicidas y dada a la poesía; el de su hermano y, también, el de una camarera e incluso el del hermano de esta.

              La crueldad de abril, que transcurre en un ambiente social de pobreza, entre vagabundos, parados y bares de mala muerte, parte de un crimen tan aparentemente absurdo como todos los animados por el odio. Absurdo porque ni siquiera el delincuente gana algo distinto de liberar su veneno.

              La conjunción de varios «dejarse llevar» por las emociones, afectos y pasiones suele acabar mal tan pronto como una sola cosa se tuerce. Junta a unas cuantas personas sin oportunidades, ni presente del que sentirse orgullosos ni futuro, y que algo acabe mal es cuestión de tiempo. Es lo que ocurre en esta novela, en la que cada personaje anda movido por su propio interés y todos ellos son más o menos obsesivos, porque cuando la vida no te da ninguna oportunidad, el refugio consiste en centrar la atención en una sola cosa: un amor, las drogas, una meta, un odio, una venganza. Algo que dé sentido al día a día o, alternativamente, evite pensar en él.

              Un crimen tan sórdido que no interesa a nadie, si no es a los pocos, muy pocos, que sienten haber perdido algo en él. Cómo ellos, desde la soledad y sus limitaciones, intentan hacer justicia, es el motor que mueve La crueldad de abril, una crueldad enorme porque la vida, que es quien en realidad dispone en muchas ocasiones, discurre por sus propios cauces.



lunes, 10 de diciembre de 2018

Los corruptores – Jorge Zepeda Petterson





              México.

              La política está podrida por una corrupción que mezcla la economía y la violencia, y en el país campan a sus anchas dos cárteles de narcotraficantes, los Zetas, que además se dedican a otros «negocios» como el secuestro y la extorsión, y el cártel de Sinaloa, dirigido por el Chapo Guzmán. Cárteles que, en paralelo a los negocios ilegales tienen una fachada «legal» que utilizan para blanquear el dinero del crimen, blanqueo que, a su vez, les proporciona una notable influencia política y social.

              Una bella y famosa actriz, Pamela Dosantos, aparece asesinada. Un periodista, por pereza, da por bueno un chivatazo acerca del lugar donde el cuerpo fue encontrado, sin caer en la cuenta de que eso involucra directamente a Salazar, un poderoso miembro del Gobierno. Un Gobierno que, además, se encuentra en plena lucha para recentralizar poder y que, por tanto, tiene enfrente a los gobernadores-caciques fortalecidos por la previa descentralización, un proceso en el que conocemos una parte de la deriva política de México en las últimas décadas.

              El periodista, Tomás, es un tipo separado con una hija joven que inmediatamente se da cuenta del lío en que se metido y comienza a temer por su vida, porque ciertos políticos no ejercen el poder solo con la fuerza de la ley, sino también con la ley de la fuerza. Pero ahí están para ayudarlo sus amigos de la infancia: Mario, un tipo de lo más normalito casado con una mujer que no quiere ningún problema y con un hijo que sabe mucho de informática; Jaime, de familia influyente con la que anda reñido ya sabrán ustedes por qué y que terminó primero en los servicios de inteligencia y, todavía bien relacionado con la DEA y con numerosas personas del mundo de la policía y la seguridad, es una especie de James Bond titular de una empresa de ciberseguridad; y Amelia, inteligente y guapa, la chica por la que todos suspiraban y que desde su puesto de activista ha terminado como cuestionada líder de uno de los principales partidos de oposición. Se hacían llamar «los Azules» porque era el color de los cuadernos que llevaban.

              El interés de Mario por salvar el pescuezo sin renunciar a su vocación periodista que llevaba cierto tiempo adormilada tiene puntos en común con el de Amelia de evitar a México el retorno al autoritarismo. Jaime -cuya vida corre peligro por dedicarse a lo que se dedica- y Mario echan una mano, y en la de este último colabora su hijo, de lo que devienen problemas para la familia.

              La novela narra el proceso de descubrir quién ordenó el asesinato de Pamela Dosantos, lo cual implica saber más sobre ella al tiempo que se serpentea evitando los peligros que acechan por doquier sin que se sepa a ciencia cierta de dónde provienen, porque lo único seguro es que la violencia lo mismo puede proceder de los cárteles del narco como de la corrupción institucionalizada. De cualquiera que vea peligrar su situación, que es lo mismo que decir de casi todos cuando casi nadie está limpio.

              Una buena novela de intriga, con cierta dosis de acción y de violencia, escriba con cierta perspectiva televisiva, que el autor reconoce que en parte se basa en hechos reales, una novela que permite hacerse una idea bastante cabal de cómo «funcionan» algunas cosas cuando la corrupción se adueña de los estados. La ley del más fuerte, cuya aplicación siempre implica algún tipo de violencia o coacción.

              El realismo de las situaciones vinculadas a las circunstancias sociales y al análisis político contrasta con lo peliculero de la figura de Jaime y, de algún modo, con las concesiones a lo sentimental que provoca el reencuentro de los Azules, a lo que pudo ser y no fue, a los enamoramientos pasados y nunca confesados, a las rivalidades que ello implica, a la vuelta atrás que tantas veces se produce a los cuarenta años, etc.

              Una buena y entretenida novela de la que lo peor que puedo decir es que a veces parece transcurrir de modo demasiado lento.


              

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Permafrost – Eva Baltasar





              Escrita originariamente en catalán, Permafrost, primera novela de Eva Baltasar, ha sido mencionada en algunos lugares como una de las grandes novelas de 2018. No sé quién se ha leído tantas como para poder juzgar algo así, pero en mi opinión simplemente es una buena novela, una obra interesante que merece la pena leer, pero que no destaca por encima de otras de gran calidad.

              Escrito en primera persona por una mujer cuya edad parece constante a pesar de los años que transcurren desde el inicio al final, la escasa longitud de los capítulos y la claridad del lenguaje permiten una lectura ágil y rápida. Casi puede leerse de un tirón.

              El «permafrost» es la capa de tierra que permanece siempre congelada en ciertos puntos del planeta, y alude a la fría coraza tras la que se refugia la protagonista, la cual vive en un mundo interior completamente ajeno al exterior, con el que mantiene unos vínculos formales que no acaba de entender, en especial con su madre, una madre que en lo que se cuenta de la novela parece más perturbadora para la protagonista de lo que al leerla resulta; todo lo soporta la innominada protagonista con una suerte de humor que mezcla ironía, resignación y adaptación. Es su mundo interior el que nos cuenta desde las páginas de Permafrost.

              Es así como conocemos a una mujer que quiso estudiar Bellas Artes y acabó estudiando otra cosa, y cuyo objetivo en la vida parece ser leer y dejar pasar el tiempo hasta encontrar el momento adecuado para suicidarse no se sabe muy bien por qué, si no es porque no ha acabado de encontrarse a sí misma y, donde menos se ha encontrado, es donde la esperan su madre o su hermana. Sin embargo, no se trata de una confesión dramática, sino que tiene un permanente punto de humor, como si el suicidio fuera una especie de travesura para escapar de una vida que no resulta dura ni trágica, sino simplemente tan incomprensible que intentar aprehenderla es un aburrimiento.

              Los coqueteos con el suicidio corren paralelos a una intensa pulsión sexual también afectada por cierta desorientación: no se sabe por qué la innominada protagonista va y viene del sexo; si buscando afectividad, solaz o nada en absoluto. Como además es lesbiana en un entorno familiar donde nadie lo es, la sensación de soledad aumenta, porque aunque todos lo aceptan no dejan de experimentar cierta curiosidad hacia ella.

          La historia está bien narrada y resulta interesante, pese al desconcierto que produce la sensación de que quien se dirige al lector a los cuarenta y tantos años es la misma jovenzuela que se fue a estudiar con veinte. ¿Pero una historia para llegar dónde? A un final inesperado, un tanto “jaramesco”, pero telegráfico y a años luz de la fuerza del de Rafael Sánchez Ferlosio.



lunes, 3 de diciembre de 2018

Prime Reading, de Amazon, y La terrible historia de los vibradores asesinos




                                                   

      La terrible historia de los vibradores asesinos puede leerse gratis desde hoy y durante seis meses a través del servicio Prime Reading de Amazon.

          Toda persona suscrita al servicio Prime de Amazon puede leer gratis, a partir de hoy, La terrible historia de los vibradores asesinos. Basta buscarla en Amazon en ebook. Quien esté suscrito a Prime verá que el precio es cero y que le basta ir al lado derecho de la pantalla y darle a «leer gratis».


             Qué sorpresa se van a llevar Ajonio y Claudita. Como se den un banquetazo para celebrarlo puede que se echen un par de kilos al cuerpo. Así Ajonio casi alcanzará los cincuenta y Claudita aumentará el suyo de forma infinitesimal.

          Se publican tantos títulos que dar a conocer cualquiera de ellos es tarea hercúlea, y más para mí, que ni me dedico a la telebasura, ni he escandalizado a nadie, ni tengo otro padrino que mi poco talento, a pesar de lo cual no le fue mal a esta novela de humor, parodia de la novela negra, cuando fue publicada en Mira Editores. Estuvo diez meses entre los cinco libros más vendidos de la Librería Central, fue segunda en humor en FNAC y, tras publicarse en ebook, ha sido Nº 1 de humor en español en Amazon en seis países y top-10 en varios más. Sin embargo, el tiempo pasa y, desde aquella primera edición más de 150.000 novelas se han incorporado al mercado literario en español solo en nuestro país. Unid el resto de mercados en español y los libros ya publicados antes. ¿Resultado? Solo Amazon tiene a la venta varios millones de títulos.

          Mantener una mínima visibilidad en esas condiciones roza lo milagroso. Por eso, la noticia de haber sido seleccionado entre tantos títulos para el casi recién estrenado servicio de Prime Reading, me alegra tanto: Ajonio Trepileto va a llegar a nuevos lectores. Ojalá se diviertan tanto como quienes antes confiaron en él. ¡Gracias de antemano a todos ellos!

          Y, por supuesto, gracias a los muchísimos lectores que ha tenido hasta ahora. Vosotros sois los responsables de que Ajonio disfrute de esta nueva oportunidad.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Traición – Walter Mosley




              Lo más repugnante de la traición es que su víctima no puede defenderse porque no espera el ataque o no que le venga de quien le viene. La traición es siempre cobarde y por tanto es frecuente que el traidor intente ocultarse e incluso que se engañe a sí mismo acerca de sus motivos.

              Joe King Oliver, el protagonista de esta gran novela negra Premio RBA de 2018, fue traicionado por quien quiera que le tendió la trampa que acabó con su carrera como policía de Nueva York. Han pasado diez años y se gana la vida como detective; una vida solitaria en la que solo pone algo de luz una hija a punto de salir de la adolescencia.

              Tras un breve, excelente y duro buceo al pasado a modo de presentación y para comprender a amargura que aún inunda al protagonista, el argumento comienza cuando Joe se ve en situación de trabajar en dos casos al mismo tiempo: uno, un trabajo en sentido estricto, consiste en ayudar a un activista negro conocido por su radicalismo, el cual se encuentra detenido y en riesgo de ser ejecutado por haber matado a dos policías. Otra cosa es a qué se dedicaban esos policías lo cual, enlaza con el segundo caso, que no lo es propiamente porque nadie se lo ha encargado a Joe, sino que surge a partir de una carta de arrepentimiento que Joe recibe y que lo pone en la tesitura de intentar averiguar, diez años después, quién le traicionó y por qué.

              Las dos investigaciones, aunque él no lo sabe al principio, acaban siendo la misma, y en ella busca la ayuda de un delincuente cruel y extravagante pero eficaz, expeditivo y adinerado, que se siente en deuda con Joe: Melquarth Frost.

              La novela es clara, intensa, muy bien escrita, y también dura y desagradable. Pertenece por derecho propio a la esencia del género. Una novela que engrandece el premio que recibe.


viernes, 30 de noviembre de 2018

Recomendaciones literarias





      Sí bueno, lee mis novelas, que yo, como Umbral, he venido aquí a hablar de mi libro. Peeeero, como también puedes leer muchas otras, he aquí diez sugerencias para leer o regalar en las próximas semanas, todas realizadas a partir de las lecturas de este año reseñadas en este mismo blog. Me permito, por primera vez, recomendar alguna saga entera.

      Que ustedes disfruten estas lecturas. Y si las compran en Amazon desde los enlaces que adjunto, el blog lo agradecerá.



Las novelas de MichaelHjorth y Hans Rosenfeldt con el psiquiatra forense Sebastian Bergman como protagonista

A diferencia de la mayoría de las sagas policiacas, casi cada novela es mejor que la anterior. El trabajo a dúo con un muy elevado nivel de autoexigencia de dos guionistas profesionales como son los autores, se nota y mucho. Novelas interesantes, muy bien estructuradas y con una escritura eficaz y limpia. Adictivas.





 

Las novelas de Daniel Pennac con Benjamín Malaussène de protagonista

Menos la última, todas están ya en edición de bolsillo. Cuatro perras para disfrutar de historias originalísimas con un sentido del humor peculiar e intenso en un modesto barrio de París donde lo viejo se disuelve poco a poco en el recuerdo. Novelas que dejan huella.


 




El sueño eterno, de Raymond Chandler

Chandler es el padre de la novela negra, y El sueño eterno su primera novela. Una historia magnífica que dio lugar a una también muy buena película. Con ustedes, el detective Philip Marlowe.



 



Los miserables, de Víctor Hugo

Un tocho sí, pero como decía Eduardo Mendoza hay novelas que, como las montañas, hay que esforzarse en leer para disfrutar luego de una panorámica única e inolvidable.





 

Risa en la oscuridad, de Vladimir Nabokov

Una novela sobre la infidelidad, la manipulación, el egoísmo… Una historia dura escrita con una maestría inigualable.


 




Filek, de Ignacio Martínez de Pisón


Una investigación, que se lee sobre una novela, sobre un personaje anónimo: Filek, un estafador que llegó a España en los años 30 y que acabó convenciendo al mismo Franco de que era capaz de fabricar, a partir de agua, "gasolina sintética". Fenomenal libro que, además, permite conocer mucho de nuestra historia.





Esa puta tan distinguida, Juan Marsé


Uno de los grandes de la literatura española. Una novela entretenida, llena de crítica, mala leche y humor. Una crítica feroz al mundo de la cultura cuando todo vale por dinero.




Vidas minúsculas, Pierre Michon


Una novela corta, de una calidad inmensa, pero que, como la poesía, hace falta leer en el momento adecuado, sin prisas y con ganas de disfrutar de los detalles.



Allegro ma non troppo, de Carlo M. Cipolla


Dos geniales opúsculos en clave de humor a cargo de un gran historiador: el mundo de la pimienta, o por qué cualquier cosa sirve para justificar cualquier otra si el investigador se empeña, y el famoso análisis de la estupidez  y cómo afecta a la vida de las personas a través de las leyes fundamentales de la estupidez humana.




La mirada del observador, de Marc Behm


Publicada en 1980 y reeditada hace poco, una fantástica novela negra, negra negrísima pero muy distinta a todas las demás. Un libro de coleccionistas.

  


lunes, 26 de noviembre de 2018

Naturaleza muerta – Louise Penny




              Hace poco más de un par de años, en la Semana Negra de Gijón se originó una polémica por un par de asuntos. Uno de ellos, la diferencia entre el «hard boiled», que recoge la esencia de la novela negra, y el «enigma», el cual, según Julián Ibáñez, uno de los maestros de la novela negra española, es algo completamente distinto, un asunto de «jarrones venecianos» o, dicho de otro modo, novelas que más tienen que ver con el misterio, la intriga y el concepto de thriller que con la novela negra en sentido estricto, que es que trata del mundo del crimen y a menudo desde la óptica del delincuente. El «enigma», según Ibáñez, ha aprovechado el éxito histórico del «hard boiled» -que se remonta a décadas atrás- para adueñarse del género y acabar expulsando al «hard boiled» incluso de festivales y premios que siempre habían sido de novela negra.

              Bien, pues Naturaleza muerta es una buena novela de «enigma» o, si se quiere, un buen «jarrón veneciano», una suerte de rompecabezas a resolver en paralelo entre el lector y un protagonista –el inspector jefe Armand Gamache-, que solo se ensucia cuando llueve y pisa el barro. Todo en la novela es pensar y atar los cabos que se recolectan solos. Una historia sin realismo alguno, pero contada con la autenticidad suficiente para resultar entretenida. Una novela, también, que he cogido con curiosidad porque había oído hablar bien de la autora, la canadiente Louise Penny.

              Todo sucede en una ficticia localidad canadiense fronteriza y demasiado contradictoria para resultar real: Three Pines. Tan diminuta y recóndita que ni aparece en los mapas, pero a la vez a tiro de piedra de Montreal, con todos los servicios y en la que, donde debería haber explotaciones forestales, agrícolas o ganaderas, lo que hay es una pila de artistas y cazadores.

              Sin embargo, las descripciones que se hacen del lugar consiguen trasladar un tono intimista y acogedor que hacen de Naturaleza muerta la novela ideal para leer en días lluviosos de otoño, y no lo digo en broma. Menos me ha gustado, en cambio, el poco jugo que se saca –apenas se apunta- a los conflictos entre francófonos y angloparlantes; el conflicto se cita como para dejar constancia de su existencia, pero sin que luego se integre en la novela más allá de especificar, en momentos puntuales, en qué idioma habla cada cual.

              La historia comienza con una serie de personajes que mantienen relaciones de amistad más o menos intensa, habitantes de Three Pines, bastantes de ellos ya entrados en años –setenta y más- y otros de edad indeterminada pero que uno acaba situando como cuarentones y cincuentones. Todos viven en paz y aparente armonía, y así sabemos que una de las damas del grupo, Jane Neal, todo bondad, por primera vez se atreve a mostrar un cuadro pintado por ella, un cuadro raro, de los que no se sabe si es una patochada o una genialidad. Ocurre, sin embargo, que un buen día, poco antes de la exposición, Jane aparece muerta. Al parecer, alguien le ha disparado una flecha. La primera hipótesis apunta a que puede tratarse de un accidente de caza, aunque ni el lector más tonto cree que finalmente vaya a ser así.

              El inspector Gamache, que se nos presenta como un tipo experimentado, de vuelta de casi todo y cuyo método  experto consiste en callar, observar y no moverse mucho, activa el «modo esponja» recolectando datos e integrándose en la vida de Three Pines de una forma irreal pero con cierto encanto literario. Los datos, observaciones y deducciones lo conducen por diferentes caminos, unos más acertados que otros, hasta desembocar en el final que, obviamente, me callo. Eso sí, el caballero no actúa solo: tiene un ayudante de una eficacia y lealtad solo comparable a la admiración/fascinación que siente por su superior, y al grupo han unido a una nueva y joven agente, la cual considera el logro todo un avance profesional, pero la chica es tan rematadamente soberbia y tonta que acaba siendo el peor personaje del libro: ni realismo ni verosimilitud.

              El protagonismo, sin embargo, es compartido con algunos de los personajes implicados en el asunto. Todos tienen sus momentos de gloria, aunque destaca una mujer llamada Clara, amiga de la fallecida y fuera de toda sospecha, un personaje relevante que tarda demasiado en definir su personalidad.

              Y en cuanto al final… Los he visto bastante mejores, pero como el objetivo del rompecabezas es pasar el rato, cumple su función.

              Lectura agradable, con la que se pasa un buen rato, que ha recibido varios premios pero que, a mi juicio, está lejos de los mejores.


domingo, 25 de noviembre de 2018

Reflexiones sobre literatura y humor




«¿Dice usted que en mis libros hay humor? El humor es esencial para sobrevivir, y no me refiero a los chistes: a veces el humor se refleja simplemente en una actitud de tolerancia que debe empezar por uno mismo»








miércoles, 21 de noviembre de 2018

Duelo – Eduardo Halfon



              
                            Magnífica novela breve, de tintes autobiográficos, de este autor guatemalteco que hace unos años figuró, con motivo, entre los mejores escritores jóvenes latinoamericanos.

              El protagonista, trasunto del autor, se ha criado en Estados Unidos, donde se exilió siendo niño. La novela comienza cuando el protagonista regresa a Guatemala en busca de sus recuerdos, entre los que se abre paso lo que una vez le contaron sobre un niño de cinco años, Salomón, que murió ahogado en el lago aledaño a la casa donde la familia veraneaba; un niño que hubiera sido tío del protagonista.

              Los recuerdos de toda una vía comienzan a fluir, y el lector conoce a los abuelos polaco y libanés, los campos de concentración del nazismo, el exilio a otro continente, la creación de nuevas familias, los exilios subsiguientes… Tres generaciones de una misma familia a las que la historia lleva a deambular por la geografía de medio planeta. Esto hace que el texto tenga reminiscencias árabes, europeas, latinoamericanas, norteamericanas… Y entre todos esos recuerdos de vez en cuando surge algo, una chispa, que ilumina algo más sobre Salomón. Una vez es un dato, otras un silencio, algunas un reproche o una discusión oía al azar. En medio de tanto drama, ¿qué pasó con Salomón? ¿Por qué a tantos les duele tanto? Al final, cuando el lector lo comprende, el sentimiento es convulso no tanto por la realidad en sí, sino por cómo las vivencias dolorosas de las personas hacen que, al final, la preocupación no sea tanto lo que cada uno ha sufrido sino lo que ha hecho sufrir.

              Una gran lectura.


sábado, 17 de noviembre de 2018

Silencios inconfesables - Michael Hjorth y Hans Rosenfeldt



Serie Sebastian Bergman, 4

        A diferencia de otras tantas sagas, que mueren de éxito, la de Sebastian Bergman mejora a cada nueva entrega, revelando –no me canso de decirlo- un magnífico trabajo de planificación unido a una escritura eficaz y apta para todos. Si los casos y el modo en que se cuentan no bastaran para hacer atractiva la lectura, la organización de la novela y el control de los ritmos, situaciones y tiempos también dan motivos sobrados para disfrutar.
En esa búsqueda de equilibrios, los autores restan protagonismo esta vez a las complejas relaciones entre los personajes de la unidad de homicidios. Por supuesto todo sigue estando ahí, y por supuesto pasan cosas, pero, como digo, en esta ocasión el hilo conductor vuelve a ser el caso concreto: el asesinato de una familia en una pequeña localidad.
No conviene leer la contraportada, pues, contra lo que suele ser habitual, anticipa lo suficiente como para destripar algo que aumentará la tensión del lector en el primer tercio de la novela. Y aunque es cierto que resulta complicado explicar el argumento sin mencionar ese algo, lo voy a intentar.
Como las novelas de esta serie hay que leerlas por orden para poder disfrutar de los misterios que vinculan a los personajes, desde antes de comenzar la primera página de Silencios inconfesables el lector está ya expectante, habida cuenta de cómo terminó la tercera novela de la saga. Qué ocurrió se sabe pronto, como es lógico, y a partir de aquí se abre el caso con los asesinatos que he citado, el desplazamiento de la unidad a la localidad y la búsqueda de datos y testigos, que da ocasión al protagonista, el psiquiatra forense Sebastian Bergman, para lucirse en su especialidad: averiguar las razones profundas de las personas, siempre expuestas con concisión, brillantez y lógica; además, Bergman acaba asumiendo un papel que va más allá de la investigación propiamente dicha y que permite enlazar esta con su propia vida. Unamos que uno de los personajes de la unidad apuntala algunos problemillas que ya dejó entrever en la anterior novela, y la típica novela en la que se alterna la narración en tercera persona con pequeños y esporádicos capítulos que ocurren en la mente del asesino –a quien una vez más los autores nos permiten conocer pero no identificar- y de una de las víctimas, y así es como acabamos devorando en un par de días las alrededor de quinientas páginas de la novela.
Novela negra magistralmente diseñada y muy bien escrita. De las que crean adicción, pero «adicción buena».


martes, 13 de noviembre de 2018

El señor Malaussène – Daniel Pennac




                La cuarta novela de la saga Malaussène, publicada en 1995 es la más larga y, de las cuatro primeras, una de las mejores. ¿Por qué?

                Por el inteligentísimo humor que se mantiene constante a lo largo de toda la obra apoyado en una ironía que a su vez se sustenta en un lenguaje rico y divertido intencionadamente altisonante. Se disfruta con el lenguaje y ánimo del narrador tanto como con las situaciones.

                Por la complejidad de la trama. Es muy complicado sacar adelante a la vez varios asuntillos de la envergadura de misteriosos asesinatos de prostitutas a las que extirpan tatuajes, el salvamento de cierto cine, los cambios de personajes por la desaparición de unos y la aparición de otros, la historia de un viejo matrimonio chiflado por el cine y autor de la Película Única -supuesta obra maestra destinada a ser vista solo una vez- es complicado escribir así por cóm entre todo eso se mezclan otros crímenes y por cómo -no puede ser de otra manera- Malaussène acaba en situación de cargar con ellos, pero no de un modo no repetitivo que imite las anteriores novelas, sino distinto pues en esta ocasión la cosa se debe al empecinamiento de un personaje concreto que… Muy complicado llevar todo eso de modo armonioso, sin que el lector se pierda y manteniendo el humor, y aún más en un contexto con innumerables personajes, idas y venidas en el tiempo e incluso en la posición del narrador. Muy complejo y, sin embargo, qué bien y fácilmente se lee.

                En resumen, porque el conjunto es brillante.

                Por poner un «pero»,  para apreciar esta novela es mejor haberse leído las tres anteriores, lo cual, a su vez, hace que en determinados momentos las abundantes  referencias al pasado, aunque sean sucintas, se hagan innecesarias, dándose además la paradoja que de esas aclaraciones que sobran a los lectores de las tres primeras novelas no parece que sean suficientes para orientar a quien no las hayan leído.

                Si al terminar La pequeña vendedora de prosa decía en este mismo blog que la novela me había parecido la más floja de las tres primeras y eso me hacía pensar en el modo en que a veces los escritores aprovechan el éxito aun a costa de su propia obra, en esta ocasión no puedo decir lo mismo: El señor Malaussène es una gran y divertida novela, con un humor de altísima calidad. Dedicarle una lectura atenta es una magnífica manera de disfrutar.



sábado, 10 de noviembre de 2018

Juego de espejos – Andrea Camilleri




Juego de espejos (Serie Montalbano, 22)



                Solo en esta serie de novelas Andrea Camilleri ha mostrado más creatividad que muchos escritores superventas en toda su vida, y es que casi todas las peripecias de Salvo Montalbano, comisario de Vigàta tienen la complejidad suficiente para dotarlas de su particular dosis de originalidad. Originalidad, dicho sea de paso, que puede quedar oculta por la reiteración de las manías y costumbres de los personajes -es lo que tienen las sagas- así que, atentos a las tramas.

                En la de Juego de Espejos el comisario Montalbano se encuentra con unos nuevos vecinos: un comercial que nunca está en casa y su esposa, una mujer joven y con un físico espectacular y que –como otros personajes similares a los que Camilleri nunca renuncia- tiene una relación peculiar con el sexo, en la que las apariencias suelen no mostrar los motivos.

                La dama en cuestión está encantadísima de conocer a Moltabano, es de lo más cariñosa con él, y Salvo pues… Lo de siempre: debatiéndose entre la tentación y sus sexto, séptimo y octavo sentidos, que le dicen que él ya no está para romper corazones con flechazos como misiles. Entretanto, una bomba explota no se sabe muy bien si ante un local abandonado o en la puerta de la lado, un edificio de viviendas con un vecindario peculiar. El asunto parece cosa de la mafia. Una advertencia por no pagar. ¿Qué puede tener que ver tanto cariño de la vecina con las explosiones? Aparentemente nada, pero de sobras sabemos que alguna relación habrá, y en el tejer y destejer los hilos que conducen al desenlace, hilos que siempre adoptan la forma de personas e intereses que unas veces son económicos y otras emocionales, se pasa la novela.

                Lo típico de Camilleri, pero, reitero, sin repetirse en las tramas, siempre lo bastante complejas para darnos cuenta de que no se limita a vivir de la fama, sino que su cabeza se trabaja los libros y su pluma es capaz de trasmitir esa complejidad con sencillez.          

                Una novela completamente fiel al estilo del autor y del personaje y, como todas las de la saga, estupenda para pasar un buen rato.


sábado, 3 de noviembre de 2018

El día que se perdió la cordura - Javier Castillo




              Un amigo me prestó El día que se perdió la cordura. La leí impulsado por la curiosidad de comprobar la calidad de una novela que había triunfado como autoeditada hasta el punto de ser «fichada» por el mayor grupo editorial y de haber alcanzado unas ventas astronómicas, según la faja: 150.000 ejemplares.

              Y me he encontrado con una novela que tiene una cosa muy buena, excepcional, y dos muy malas, malísimas, horrorosas.

              ¿El balance? La leí en dos días, así que supongo que es bueno, aunque, eso sí, El día que se perdió la cordura solo da para entretenerse, lo cual no es poco pero no basta para situar a esta novela en un nivel digno en cuanto a calidad.

              ¿Qué es eso tan bueno que tiene? El dominio de la curiosidad del lector. Capítulos breves que abren y cierran continuamente interrogantes de los que parece depender la suerte de la historia. Esa es la clave: crear misterios que el lector desea resolver de un modo acuciante y producir la continua sensación de que la solución de tanto enigma está en la página siguiente. Una habilidad que, en cierta medida, recuerda a El código Da Vinci. Los escritores que han querido usar la técnica que hizo famoso entre otros a Dan Brown y han fracasado se cuentan por millares. Javier Castillo, en cambio, ha demostrado una maestría notable, ayudado, solo en parte, porque lo que durante muchas páginas parece solo una novela de misterio acaba rozando, para mantener el suspense, con lo paranormal.

              ¿Cuáles son las dos cosas horrorosas?

              La primera, el pobrísimo lenguaje. No es simple, ni sencillo, ni llano. Es pobre. Demasiadas reiteraciones incluso de expresiones simplísimas. Incluso utiliza mal algún términos.

              La segunda, un ineficaz uso de la gramática que hace sobrar cantidades ingentes de pronombres, artículos y otros términos que no aportan belleza y sí información redundante, aludiendo varias veces a una misma cosa en una sola frase. A pesar de lo cual, en la sección de agradecimientos en autor agradece la edición realizada. Cómo sería antes.

              En definitiva, que por más que la novela se haya vendido tanto sigue arrastrando los peores vicios de la autedición, y justifica el repelús que a tantos lectores y con toda lógica, dadas sus características, nos produce el invento.

              El argumento entrelaza varias historias que se alterna por capítulos: la derivada de la aparición, en Boston, de un caballero que va por la calle desnudo, ensangrentado, y con una cabeza en la mano, situación que ocurre en la década actual; otra, situada en los años noventa del siglo XX, en un pueblecito norteamericano más o menos turístico, en el que se suceden cosas extrañas y aparentemente inexplicables; la del caballero de la cabeza en los momentos previos a su actuación estelar; la de uno de los personajes de la historia de los noventa casi veinte años después y, finalmente, la historia de uno de los psiquiatras que intervienen. No descubro nada si digo lo evidente en todos estos casos: que todas las historias tienen algo en común y terminan convergiendo. Una estructura muy de moda desde hace tiempo.

              Quién ha muerto, quién ha de morir y, sobre todo, el misterioso por qué, son el motor del argumento.

              Ya digo: una novela fantástica para entretenerse, pero pésima para disfrutar de la literatura. En los primeros capítulos esto último me indignó tanto que a punto estuve de dejar de leer, cabreado como una mona, y de mandar el libro al diablo; sin embargo, terminó enganchándome.