En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 15 de enero de 2018

Carlota Fainberg – Antonio Muñoz Molina




          Un emigrante español en Estados Unidos, profesor universitario aspirante a una plaza fija, nos cuenta en primera persona que se ha quedado retenido en el aeropuerto de Pittsburgh a causa de una nevada, cuando se dirigía a Buenos Aires a hacer méritos en un congreso literario. Le agrada la soledad y la busca, y le incomoda la presencia de otras personas, en especial las que no respetan su soledad; pero también, de algún modo, es una persona insegura, como si esa soledad fuera no solo elección sino también defensa, como si la soledad, además, le hiciera consciente de sus limitaciones con los demás.

          Mientras espera, comienza a darle palique otro español: un tipo que recorre el mundo buscando hoteles para comprar, el cual le cuenta su historia y, singularmente, la aventura sexual vivida en un otrora lujoso hotel porteño devenido en templo de la decadencia. Al principio la conversación forzosa –o más bien el soliloquio del desconocido- le resulta molesta al protagonista, pero pronto se deja atrapar por ella.

          ¿Y qué le cuenta el extraño? Su vida y una aventura de apenas un par de días con una mujer. Una aventura que no ha podido olvidar y que ha marcado su vida para siempre, porque, como leí hace tiempo en la contraportada de una novela famosa, a veces unas horas valen por toda una vida.

          Esto es lo principal, lo que más se disfruta por cómo es contado, por las observaciones del protagonista acerca de su interlocutor, por sus reacciones ante él y ante su historia. No concluye aquí la novela. Hay más: el protagonista llega a Buenos Aires, vive una experiencia singular, extraña, que dota a lo sucedido hasta entonces de un sentido diferente (y que permite coquetear con un género al que la novela hasta ese instante no pertenecía), y concluye con su regreso a casa donde le espera una sorpresita que sabrá quien lea esta breve y buena novela, y que termina de situar al narrador en su justo término: más un pobre diablo que un triunfador.

          Este giro al que me refiero es algo más que una forma de resolver la novela. Es situar la memoria de aquello a lo que una vez amamos intensamente -o nos sedujo intensamente- en un plano de irrealidad que lo dota de algo muy real: la permanencia y el modo en que, a través de ella, condiciona para siempre nuestra vida, pues, más que lo que hacemos, somos lo que recordamos.

          Magníficamente escrita, en el tono introspectivo lógico habida cuenta de que el tímido protagonista está haciendo una suerte de confesión y reflexión, hay intercaladas numerosas expresiones en inglés para significar, por una parte, la peculiar integración del personaje en su mundo de acogida y, por otra, cierta conciencia de diferencia tanto en el mundo en el que vive como respecto al mundo del que procede.

           Una lectura breve y de calidad que reivindica, como hace Muñoz Molina al principio, la excelencia y el prestigio de la novela corta.


lunes, 8 de enero de 2018

El invierno más largo – Cecilia Ekbäck



                
                El título original de esta muy buena novela es Wolf winter, Invierno lobo. Si lo vais a leer, recordadlo y lo agradeceréis.

                El invierno más largo transcurre en un lugar remoto de la Suecia del siglo XVIII, lo cual no hace de ella una novela histórica pero sí, por su argumento y el entorno en que se desarrolla, una historia de intriga que combina elementos negros y sobrenaturales en dosis tan equilibradas que no mengua la sensación de realismo, lo cual dice mucho a favor de la autora.

Cecilia Ekbäck
                Está escrita con solidez, creando desde la nada un mundo completo que envuelve al lector; el mundo de unos pocos colonos de origen sueco y finlandés desperdigados en torno a una montaña en cuyos alrededores se han producido a lo largo de los años varias desapariciones. El carácter maligno que parece acompañar a la montaña, unido al anual paso de los lapones, un pueblo recientemente cristianizado sobre el que existen dudas de que haya renunciado a sus creencias (tan vinculadas a la brujería en el imaginario cristiano), se une al aislamiento que implica la llegada del invierno. Un invierno salvaje, durísimo, de noche perpetua, donde el primer reto, pero no el mayor, es ser capaz de acumular las provisiones necesarias para sobrevivir.

                A ese crudo invierno se enfrenta por primera vez en su vida, y desde la inexperiencia, la protagonista de la historia: una mujer, Maija, que en compañía de sus hijas –una pequeña y otra adolescente- y su marido, se han instalado en la vieja granja que abandonó un pariente. El marido, Paavo, regresa a la costa para intentar ganar algo de dinero y, también, huyendo de sus fobias, con lo que las tres mujeres deben afrontar solas un invierno cuya dureza apenas sospechan.

                Algo más afrontan: la muerte de uno de los colonos, no tanto porque les vaya algo en ello como por el irrefrenable apetito de Maija por averiguar la verdad; es decir, quién lo mató. Los obstáculos, las resistencias, los avances en su limitada investigación están repartidos de forma tan hábil que no solo se mantiene el interés hasta el mismo final sino que, a diferencia de otros muchos libros de intriga, no hay ningún burdo intento de jugar al despiste con el lector para poder luego sorprenderlo.


          Pero cuál sea la trama en sí, es lo de menos. Quedaos con que es muy interesante. Lo en verdad importante es que, como en todo buen libro, lo mejor no es el destino sino el trayecto, y Cecilia Ekbäck tiene oficio: la novela avanza de forma lenta pero inexorable a un ritmo constante; lentitud, por otra parte, exigida por el libro; desciende a los detalles necesarios para recrear con realismo un mundo por completo nuevo para el lector, el número de personajes secundarios de interés es notable, especialmente el sacerdote, y en las relaciones entre ellos se vislumbran a partir de pequeños detalles muchas otras historias, anhelos y sentimientos no detallados pero que el lector experimenta con la misma fuerza, o más, que si se relataran. El paso del tiempo, además, hace evolucionar las relaciones entre personajes, lo cual ocurre de un modo tan natural que el lector cree ser un observador privilegiado; especialmente reseñables son las relaciones con el sacerdote, las de Maija con su hija mayor y las de esta última consigo misma en el proceso de pasar de niña a adulta. Como además todos los personajes tienen un pasado y algunos ambiciones, el aislamiento impuesto por el invierno es solo físico; las relaciones entre personajes y la necesidad de conocerlos es el modo que ha encontrado de autora de hacernos viajar unos años en el tiempo, a otras circunstancias y a otros entornos, y todo en medio de la nieve y de un frío que puede ser mortal.

            


martes, 2 de enero de 2018

Allegro ma non troppo - Carlo M. Cipolla




                El italiano Carlo M. Cipolla (1922-2000) es uno de los grandes historiadores del siglo XX. Su especialidad fue la historia económica. Sus trabajos le llevaron a ser catedrático de la universidad norteamericana de Berkeley, y en 1995 recibió el Premio Balzan (que, entre otros, han recibido la madre Teresa de Calcuta, Borges, Jean Piaget o Norberto Bobbio).

                Sin embargo, la mayoría de las personas lo conocen en España por un pequeño librito humorístico o, más bien, inteligentemente humorístico: Allegro ma non troppo, que contiene dos «ensayos» con dos únicos puntos en común: el humor y cómo la estupidez puede servir para justificar cualquier cosa.

                El primero, El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media, es un divertidísimo ejercicio histórico en que el se «demuestra» cómo la pimienta fue tan esencial para la caída del Imperio Romano como para explicar la Edad Media y alumbrar después el Renacimiento. La pimienta o el pimiento, porque la gracia de este pequeño trabajo consiste en demostrar cómo cualquier cosa puede ser explicada desde un punto de vista aparentemente racional. Especialmente divertidas son las numerosas puyas al trabajo poco riguroso de otros historiadores.

                El segundo trabajo es el más conocido: Las leyes fundamentales de la estupidez humana parten de la definición de estúpido como aquella persona cuya acción causa a los demás un perjuicio y a él ningún beneficio o incluso también un perjuicio.

                Sobre la base de que nuestras acciones causan beneficios o perjuicios a los demás y a nosotros mismos, Cipolla hace un análisis económico básico, sumamente divertido, valiéndose de un sencillo gráfico. En él podemos situar a las personas inteligentes, malvadas, ingenuas y estúpidas y, ni que decir tiene, como la economía es cuestión de equilibrios, hasta podemos establecer el ideal de inteligencia, maldad, ingenuidad y estupidez, amén de ver cómo cualquier persona calificada de una de esas maneras tiende a acercarse peligrosamente a alguno de los otros grupos, porque un malvado puede ser inteligente o estúpido, y un inteligente puede ser malvado o ingenuo.

                La conclusión es que la dinámica del mundo está dominada por los estúpidos. La razón es la subestimación de su número y, también, de su potencial destructor. Y es que el estúpido causa daños sin pretenderlo y, lo que es peor, de un modo irracional, por lo que es imposible prever y combatir la estupidez, a diferencia de lo que ocurre con el resto de conductas, que se sabe por qué están animadas. El estúpido es lo peor que le puede pasar a la sociedad, porque siempre resta bienestar al conjunto. Siempre. Algo que no ocurre ni con el malvado (el cual compensa en todo o en parte el daño que causa con el beneficio que obtiene).

               Lo cierto es que tras leer este pequeño divertimento y echar un vistazo a las burradas que hemos vivido en el recién terminado 2017, es imposible no pensar que, en el fondo, Cipolla tiene mucho de razón, y que lo que mueve el mundo, desde la historia de las sociedades hasta la vida de cada uno de nosotros, es más la estupidez que la racionalidad. Pero que la idea nos haga sonreír no significa que sea baladí: ni un solo hecho histórico o personal se explica completamente con los postulados de la teoría económica clásica, ni incluyendo el modelo posterior de las expectativas racionales. El error, la estupidez, condiciona de tal manera la realidad que en modo en que la irracionalidad afecta a la toma de decisiones es ahora un asunto de moda en el análisis económico. Allegro ma non troppo, publicada en 1988, es toda una colleja a la teoría económica de aquella época para advertir «eh, que el camino es este». Aunque para lo que ha de servir si la teoría es cierta... 


viernes, 29 de diciembre de 2017

La muerte es una vieja historia - Hernán Rivera Letelier




                El Tira Gutiérrez es el único detective privado de Antofagasta, profesión a la que accedió tras hacer un curso por correspondencia. Lo suyo es espiar adúlteros, pero la novela se inicia con un encargo singular: descubrir al violador que actúa en el cementerio de la ciudad. Más singular es aún su ayudante, una monja interesada en el asunto porque una amiga suya fue víctima, dice, del violador.

                El detective es, como su ayudante, un mero aficionado. El caso les viene grande y actúan tarde y con ingenuidad, aunque con lógica; la hermana Tegualda es, además, una joven tan consciente de sus votos y creencias como tolerantemente irónica y ácida con las bromas de su jefe, además de voluntariosa y decidida. El Tira Gutiérrez es un hombre ya de cierta edad, comodón, un tanto torpe, sin otra aspiración que llegar a fin de mes y, como tantos, dado a la admiración de las mujeres bellas desde la posición de mero espectador consciente de sus limitaciones como don Juan. A lo sumo, se atreve a hacer alguna que otra observación que la hermana Tegualda contesta con una ironía y contundencia desalentadora, muy divertida.

                El conjunto de timidez, torpeza, buenas intenciones y pocas aspiraciones hace que el lector se encariñe de la pareja, por más que la hermana Tegualda responde tan poco al estereotipo de monja que a veces es demasiado personaje y demasiado poco persona. El tono ligero permite, además, que lo escabroso de ciertos hechos no se adueñe del paisaje. ¿Cómo no va el lector a sonreír cuando el principal sospechoso de violar en un cementerio empieza siendo un «muertito»?

   La novela, breve, divertida, con el humor sutil que rodea siempre el fracaso asumido con desenfado, contiene numerosos localismos que hacen colorido el lenguaje. Está escrita con maestría, con gran equilibrio en los tiempos y en el tono, y con una riqueza de vocabulario y un modo de expresión que demuestran que el chileno Hernán Rivera Letelier es un gran escritor. La muerte es una vieja historia aúna calidad y diversión. 



sábado, 23 de diciembre de 2017

Cuando mi sombra te alcance - Carlos Salem





                La sombra de Carlos Salem me alcanzó cuando leí Camino de ida, y ahí sigo, cobijado ahora a la sombra de Cuando mi sombra te alcance, obra que incluye dos novelas, una larga, Pero sigo siendo el rey, y otra más corta, La loca del pelo verde, que transcurre seis años después y que cierra cuestiones relacionadas con el protagonista de la primera, que no con la trama.

                Pero sigo siendo el rey es una historia magnífica en la que el humor, más vinculado al carácter de los personajes que a las situaciones -y las hay divertidísmas- se mezcla con una especie de melancolía que impregna tanto al protagonista (un detective privado, antiguo policía, un tipo duro ligeramente caricaturesco aún enamorado de una mujer de cuya muerte se culpa) como a los personajes secundarios; entre ellos, el Rey Juan Carlos, que en el momento en el que transcurre la historia aún no es «emérito», el cual aborda la vejez desde el recuerdo de una vida forzosamente extraña y desde la alegre inconsciencia de quien confía en que no hay problema del que no se pueda salir.

                El Rey ha desaparecido. El detective debe encontrarlo. O no, porque ni le apetece ni tiene ganas. Y, cuando lo encuentra, debe protegerlo de los mismos que lo buscan, porque… ¿Por qué lo busca tanta gente? Encontrar respuesta es uno de los motores de una acción, pero el principal es saber si los «buenos» van a caer en las garras de «los malos», y es que durante una buena parte el libro es una especie de «road movie» con elementos que, sin salir del humor, están relacionados con el realismo mágico. Más tarde, con la incorporación de personajes de Camino de ida, la novela inicia sus mejores momentos humorísticos, a la vez que la acción alcanza un sedentarismo en lo más conocido de Madrid que se agradece, porque, al igual que me ocurrió en Camino de ida, hay un momento en el que el temor a que los personajes se pasen la novela de acá para allá se hace presente.

                Fenomenalmente escrito, el autor juega a que sea la inteligencia del lector la que aporte lo necesario para reírse, lo cual enriquece el texto. Quizá no lo enriquece tanto esa división del libro en dos historias, aunque solo sea por lo poco habitual, lo cual se remedia con un prólogo-confesión en el que podemos ponernos en el pellejo de Carlos Salem para entender lo importante que para él es la relación con sus personajes. Para ellos más que un escritor es un padre, y por eso ha querido que su sombra protectora alcance todo lo que debe alcanzar para no dejarlos cojos.

                Digo esto porque la segunda historia, La loca del pelo verde, una sencilla trama al hilo de una denuncia aparentemente tonta, que toma personajes de la primera pero nada del argumento, permite dejar al genial detective, José María Arregui, más o menos en paz consigo mismo. Y, por tanto, con su autor.

                Un gran libro cuya lectura merece la pena, y que me ha hecho pensar, una vez más, en lo poco que se valora la calidad cuando rezuma humor. Y Cuando mi sombra te alcanza rebosa calidad y humor.



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Recomendaciones literarias



De nuevo sin abogado ni nada, he aquí diez recomendaciones literarias. Diez libros que he leído a lo largo de 2017 y he comentado en este blog. Los diez que más me alegro de haber leído.

  Entre todos cuestan un poco menos de 150 euros (en concreto, 147,79 en los enlaces que he puesto). Cualquiera de ellos, y no digamos todos juntos, son un regalo sensacional para cualquier buen lector.

Pulsando sobre el título, la reseña.






























lunes, 11 de diciembre de 2017

Qué está pasando en Cataluña – Eduardo Mendoza




Vistos los sopapos que Eduardo Mendoza está recibiendo en las redes a cuenta de esta breve obra, tengo la sensación de que hay más personas interesadas en que se les dé la razón que en tenerla. Lo digo porque Mendoza no intenta tomar partido, sino que realiza una serie de reflexiones que poco tienen que ver con las más frecuentes en los últimos tiempos: ni habla de la evolución de las cosas desde la Transición ni, como otros, se remonta al siglo XIX para hacer recapitulación del origen del nacionalismo.

Lo que Eduardo Mendoza hace en estas páginas es algo probablemente más útil y, por tanto, más importante en estos momentos, pero también más difícil de digerir porque apela a la conciencia de cada cual y obliga al examen de conciencia y a la rectificación de lo que cada uno hacemos mal. Mendoza analiza, sin ánimo exhaustivo, la idiosincrasia catalana en lo que él entiende que afecta a cuanto está ocurriendo. Inevitablemente, también la del resto de España queda reflejada al menos en lo que a su relación con Cataluña se refiere.

El resultado disgustará a quienes buscan justificaciones para la causa por la que se han inclinado, e incitará a la reflexión de los pocos interesados en comprender antes de opinar.

Un libro que tiene una parte inquietante además de lo que ya de por sí inquieta la conciencia de que cada uno tenemos nuestra parte de culpa y, por tanto, tarea pendiente: la idiosincrasia es, en gran medida, fruto de los miedos, fracasos y complejos más traumáticos, la mayor parte de los cuales traen por causa situaciones históricas que, sin que nos demos cuenta, perviven en nuestro comportamiento décadas o siglos después. El resultado: todas las personas llevamos dentro una semilla de todo lo malo acumulado por la historia, semilla que, cuando se dan las circunstancias propicias, puede germinar arrasando lo que de bueno hayamos sido capaces de crear. El reconocimiento de esa herencia cultural que nada tiene que ver con expresiones artísticas y sí con un modo de ser a su vez consecuencia de un modo de vivir en comunidad, de los méritos y deméritos, de la asunción de clichés y estereotipos, de si el resto nos admira o se burla de nosotros, y de tantas otras cosas, es también una cura de humildad que obliga a reconocer la subjetividad de toda visión. Las sociedades, como las personas, tienen sus traumas y complejos, que son los responsables, en última instancia, de la deriva que esas mismas sociedades toman. En esa deriva influyen, a su vez, otras sociedades con sus propios traumas y complejos. El devenir de las relaciones entre las personas y entre las sociedades viene determinado por los miedos y complejos y, particularmente, por los que afectan a sus relaciones. Por supuesto que las sociedades, como las personas, rara vez son conscientes de ellos.

Una obra breve, muy distinta a cuanto he leído sobre Cataluña en los últimos tiempos, probablemente porque esta obra, más que ninguna otra, intenta, como he dicho antes, comprender. Solo comprender. No tomar partido. Es importante tenerlo claro, porque nadie sale en este retrato tan guapo como se cree.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

Confesiones amorosas (más o menos)



Creo que la primera novela de Camilleri protagonizada por Salvo Montalbano se publicó en España en 2003. Aún tardó unos años en alcanzar aquí la fama que en Italia había logrado poco antes, ya septuagenario. Yo lo conocí en 2005, con La temporada de caza, maravillosa novelita editada por Booket que nada tenía que ver con el comisario de Vigàta. La encontré una tarde, curioseando en una librería en Zaragoza, sin haber oído jamás el nombre del autor. Si existen los flechazos literarios, este fue certero. De Camilleri admiro el cariño que vierte hacia sus personajes y el modo en que lo transmite.

Desde entonces he leído treinta y tres libros suyos (unos pocos, más de una vez) y he escrito dos novelas cuya estructura y tono están influenciados por La Ópera de Vigàta, una de las obras de Camilleri que más me han gustado. Quienes las han leído dicen que es lo mejor que he escrito. No sé si aciertan, pero me lo pasé en grande y las tengo en gran estima; si no las he publicado a cualquier precio es, precisamente, porque en la valoración que hago de ellas merecen una suerte que no está en mi mano alcanzar.

En resumen: que lo mío con Camilleri es largo e intenso.

Pero en toda apasionada relación de amor lector-autor siempre hay aspiraciones frustradas. No me refiero a los libros no leídos, que son proyecto y esperanza y no fracaso, sino a los libros imposibles de localizar. Mi cuenta pendiente con Camilleri ha sido La desaparición de Pató.

Supe de esa novela en una de mis primeras conversaciones sobre don Andrea. Alguien había leído la historia de Pató y la ensalzó. Desde entonces he pasado años detrás de ese libro. Más que agotado y descatalogado, se diría muerto y olvidado. Imposible encontrarlo. Ni en papel, ni en ebook, ni en señales de humo. Nada. En ningún sitio. De ninguna de las maneras. He pasado más de una década sin resultado. Nunca me ha ocurrido algo semejante con ningún otro libro. La desaparición de Pató no solo era un título, sino una triste realidad: no había manera de dar con el puñetero Pató. Se había esfumado como si nunca hubiera sido escrito.

Mi única esperanza era que Destino -que publicó la novela en 2002, cuando Camilleri era todavía más desconocido en España de lo que he apuntado al principio- la reeditara. O que la volviera a publicar quien fuera. No ha sucedido. Aún.

                Pero si cuento esta historia de amor no es para quejarme y ver si alguien me consuela, sino porque ha tenido final feliz.

Al amigo que hace años me habló de este libro se lo había prestado otro amigo común cuya biblioteca alcanza tal volumen que no es aconsejable irse a vivir al piso de abajo. Este último amigo, además, presta tal volumen de novelas que tiene otra especie de «biblioteca flotante» de mano en mano dentro de un amplio grupo de amigos; la mayoría de los ejemplares regresan a casa al cabo de unos años (y en similar periplo anda, por cierto, mi ejemplar de La ópera de Vigáta), pero otros se pierden por el camino. La desaparición de Pató parecía haberse consumado, literalmente, en casa de alguien indeterminado. Sin embargo, no era así. El otro día Pató asomó la nariz en las catacumbas de la biblioteca de mi amigo, y él, acordándose de las veces que he llorado por este amor no correspondido, se apresuró a prestarme su ejemplar, con lo cual, además, el vino que estábamos bebiendo paso a saber todavía mejor.
La aparecida
Desaparición de Pató

Aquí tengo ya a Pató, a mi lado. Aparecida su desaparición, espero ya el momento de leer su historia, que no será cualquiera sino cuando tenga tiempo suficiente para disfrutarla sin otras cosas en la cabeza. Pronto, porque se aproximan días de descanso.

Estáis invitados a la boda. O sea, a leer la reseña que pondré aquí mismo.








lunes, 4 de diciembre de 2017

Pon un pobre en tu mesa y otro en tu biblioteca





      Circulan hoy los hashtags #AmoLaNavidad y #OdioLaNavidad. Me reservo la opinión. En cambio, la de Ajonio es evidente. El hombre, como esos pobres que Berlanga puso a la mesa de los ricos en Plácidoestá encantado porque cada año en Navidad acuden a él nuevos lectores que lo invitan a su biblioteca. Tan agradecido queda el pobrecillo, siempre tan solo y olvidado en su asquero… digoooo en su destartalado sex shop, que en agradecimiento nunca roba nada a sus anfitriones, si no es un montón de sonrisas y unas cuantas carcajadas.

          Así que aquí lo tenéis, ya ataviado con sus mejores galas para honrar a quienes vayan a acogerlo estos días en sus bibliotecas.

          Que no os pase nada esta Navidad.



lunes, 27 de noviembre de 2017

El club de los mentirosos – Mary Karr



El club de los mentirosos es una autobiografía novelada que toma su título del grupillo de amigos que se reúnen en un bar de barrio de Texas en los años 60. En esas reuniones, el padre de la protagonista, una niña de siete años, cuenta trolas mayúsculas. ¿Por qué toma el título de ahí? Porque es en esos momentos, en medio de tantos embustes, cuando la niña se siente más auténtica, se siente una más en la pequeña sociedad en la que vive, se vuelve maravillosamente "normal" porque por un instante abandona la vida caótica que sufre a causa de su madre, una mujer con numerosos traumas, impulsiva, depresiva, alcohólica y muchas cosas más que hacen de ella un personaje tan tormentoso como atractivo y al que, a diferencia de lo que ocurre con la protagonista-narradora, solo vamos conociendo muy poco a poco hasta, al final del libro, comprenderla por completo.

Pero ese "club" da título al libro porque a su vez es trasunto de  esa existencia extravagante  y en extremo dura que obliga a la protagonista  a "mentir"; es decir, a fingir ante los demás y sobre todo ante sí misma para intentar vivir con una normalidad que ni disfruta ni siente; finge para ser una más, ante el resto y ante ella misma, para no sentirse excluida, para poder amar a sus padres como supone que ocurre en una familia normal, para huir de la falta de oportunidades, de los dramas cotidianos, de la soledad, del dolor, de la incomprensión... Pero si todo eso está ahí y a pesar de ello o precisamente por ello finge, ¿no es entonces la vida una farsa? Y qué angustia, qué duro y triste vivir una vida que no es real. De ahí el título, que se comprende a la perfección gracias un final potente, duro, emotivo y buenísimo; un final que hace maravilloso un gran libro que su autora escribió para contar la verdad y poder dejar de disimular ante sí misma. El club de los mentirosos lo formamos todos cuando no nos atrevemos a reconocer la verdad porque nos duele o da miedo. El club de los mentirosos es algo más que una autobiografía novelada: es una liberación.

La historia es dramática, Mary Karr entra en detalles sórdidos y de dureza extrema. Conviene recordarlo porque está tan bien escrito, con tanta sinceridad, fuerza, claridad y habilidad que a pesar de lo que cuenta a veces parece un libro de humor. Un gran libro de humor. Con este libro he soltado más carcajadas de las que recuerdo haber soltado con ningún otro, y no porque la autora haya pretendido ser graciosa, sino porque la vida ofrece contrastes y casualidades que, vistos desde fuera, mueven a la risa y, vistos desde el recuerdo, facilitan la comprensión y la reconciliación con uno mismo.

Este libro no es solo un acto de liberación individual, también lo es colectivo, familiar. Admitir la verdad es catártico. Las víctimas de la mentira eran todos los miembros de la familia: la madre, el padre y las dos hijas: la narradora y su hermana mayor, forzada a los diez años a una madurez precoz. Todos ellos eran víctimas de vivir como la sociedad no perdona y trataban de hacerlo como si fueran lo que no eran. ¿Por qué? Porque afrontar la verdad se les hacía demasiado duro y porque vivir en la mentira tiene un efecto contagioso: quien vive en ell, fuerza a quienes le rodean a hacerlo también aunque no se den cuenta.

    El club de los mentirosos no es también un homenaje a la madre de Mary Karr, sino una gran muestra de amor que no dudo que a toda la familia dolió, pero que al final alivió.

El libro fue publicado en Estado Unidos en 1995, pero aquí no ha llegado hasta ahora, editado por Periférica y Errata Naturae, también responsables del "descubrimiento" para España de otro grandísimo libro sobre la figura de la madre: Tú no eres como otras madres.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Leer es muy barato



  
     Que los libros son caros es un lugar común para justificar la falta de lectura. Por eso me permito escribir este articulillo reduciendo el precio de varios libros a un "precio por hora", para que hacernos una idea aproximada de si en verdad leer es o no caro.

     He considerado que el lector medio de un libro medio puede leer cuarenta páginas por hora, y que todas las páginas tienen más o menos la misma extensión y sencillez o complejidad. Hubiera preferido disponer del número de palabras que del de páginas, pero no creo que otras cifras desvirtúen el resultado. De todos modos, si quieres poner objeciones te ofrezco un par: una novela puede multiplicar o dividir su número de páginas sin más que maquetarla de un modo u otro, y no es lo mismo leer a Dan Brown que las elucubraciones de Kant. Bien. Vale. Por eso apelo a la comprensión sobre la necesaria simplificación, porque si simplificación es la estadística, imaginad esta improvisación.

     El número de páginas lo he sacado de la web de La Casa del Libro y los precios son de Amazon.

     He elegido libros conocidos "caros", es decir, en edición "no de bolsillo" (entre los cuales me he permitido incluir uno de los míos, porque he sentido curiosidad por ver sus cifras). Una horita de lectura sale, de media, a 1,82 euros, y a solo 94 céntimos si estos libros se leen en formato electrónico. Si los libros elegidos hubieran sido de bolsillo, el coste por hora sería poco más de la mitad. 

     Si un libro lo lees dos veces a lo largo de tu vida, también esas cifras se dividen por dos. Como también lo hacen si lo lee alguien más en tu casa o se lo dejas a algún amigo. Mi ejemplar de Patria lo han leído cinco personas, así que compartir tiempo con Fernando Aramburu ha salido por estos lares a menos de 27 céntimos la hora. Decirlo casi produce vergüenza.

     Echad cuentas y comparad cuánto cuesta una hora en un bar, en un restaurante, ante una programación televisiva de pago, en un concierto y... ¿Y a que no? ¿A que leer no es caro? A ver quién defiende que leer es caro.
     
     Aquí dejo en enlace a Amazon de los libros que he citado para que puedas comprobar el precio:



lunes, 20 de noviembre de 2017

Secretos imperfectos - Michael Hjorth y Hans Rosenfeldt




                               Escribir a dúo es tan complicado que suele estar abocado al fracaso en la mayoría de las ocasiones, pero, cuando las cosas se hacen bien, como en el caso de este libro, el éxito no suele andar lejos.

                Secretos imperfectos no es un novelón por nada que tenga que ver con el modo de expresión, pero sí una novela de trama cuidadosamente elaborada y de personajes también mimados por los autores. El objetivo, a la vista de lo que los propios autores señalan, no era solo escribir una novela de éxito sino también iniciar una saga de éxito, la del psiquiatra criminal Sebastian Bergman. Van camino de lograrlo.

                El motivo es lo equilibrado e interesante de los dos mundos que corren paralelos y el modo en que se mantiene el interés alternando las narraciones de cada mundo de forma que la dosificación de información no resulte forzada. El primer mundo es el del caso a resolver. El segundo, la presentación de los personajes principales, mundo, a su vez, dividido entre el de «la gente normal» y el de Sebastian Bergman.

                Este personaje está claramente inspirado en la caterva de gruñones desagradables que tiene por más famoso representante a un personaje televisivo: el doctor House. Bergman, que arrastra un pasado traumático en lo familiar tanto con sus padres como con su esposa y su hija, está solo en el mundo, pero si es patológicamente egoísta e incluso tiene un notable punto maligno, no se debe tanto a ese pasado como a algo que no es posible determinar, pero que se reduce a «Bergman es así». Estos personajes son muy agradecidos lo mismo para la literatura que para el cine o la televisión, pues no hay escena donde no puedan lucirse insultando, humillando o tocando las narices al más pintado. Es más: cuanto menos motivo haya para hacerlo, más atrae que lo hagan. Unamos a eso que al caballero, sin ser un Adonis pues ya tiene unos añitos, sobrepeso y una figura anodina, se le da muy bien la seducción y dispara a todo lo que se pone a tiro, y con este panorama comprenderemos la vidilla que da Bergman a cada página donde aparece y las aventuras de sus compañeros de historia para desenvolverse con normalidad en el caos que Bergman genera. Además, claro está, el «loco» debe tener una pizca de genialidad para ser soportable pues, de otro modo, todos lo mandarían al diablo y allí se terminaría la historia.

                ¿Y de qué trata esta novela?

                Del asesinato de un adolescente en la ciudad sueca de Vasteras. Un asesinato que parece una cosa y acaba siendo otra sin que la evolución resulte artificiosa, porque son los datos que van obteniendo los investigadores los que hacen evolucionar las cosas de forma constante a lo largo de la novela en un proceso en que el lector, como un investigador más, va reconstruyendo la realidad con los fragmentos de información que van llegando, y haciendo elucubraciones y cometiendo errores similares a los que terminan cometiendo los personajes. De esta forma evolucionamos desde un comienzo interesante a un final buenísimo, pasando por algunas páginas en las que se tiene la sensación de que todo está estancado, lo cual posiblemente sea un mérito, porque eso es también lo que sienten los personajes.

                No voy a comentar la trama en sí, porque anticipar cualquier cosa de lo que sí o de lo que no puede hacer perder interés en esta novela, y en ella el qué tiene una importancia superior a la habitual por lo que he dicho al principio sobre el cómo. Solo diré que, en consonancia con la profesión del protagonista, son claves para la evolución de la investigación las reflexiones acerca del modo de actuar de las personas, reflexiones todas ellas certeras y sencillas, lo que las dota de un realismo innegable y ayudan a que el lector se meta en la historia, porque son tantas las cosas que no sabemos que sabemos... 

          Una lectura interesante, entretenida, sin alardes psicológicos más allá de las reflexiones del protagonista sobre la motivación de las personas, una novela en la que no se nota la frescura del genio, pero sí los resultados de un trabajo concienzudo y bien hecho con un fin principal: crear un producto literario comercialmente digno.

Nota: he leído la primera edición, en Planeta. Un tocho de más de quinientas páginas. Veo en Amazon que a partir del nueve de enero de 2018 estará en edición de bolsillo en Booket por 9,45 euros. De esta última pongo el enlace.




miércoles, 15 de noviembre de 2017

Qué vergüenza - Paulina Flores




Qué vergüenza es el título del primero de los nueve magníficos relatos que componen esta obra de Paulina Flores (Chile, 1988).

                Los ocho primeros son de una extensión similar; el último, casi una novela breve. Pero todos tienen algo en común aparte de la maestría con que están escritos y de ofrecer desenlaces inesperados que dotan de un significado nuevo, y más profundo, a lo leído hasta entonces: no encontramos historias con principio y final, sino «cortes» en la vida de las personas que se bastan para convertirse en una historia con principio y fin inmensa en otra más amplia de la cual traen y a la cual aportan un significado que explica unas veces el principio y otras el final. Historias breves que explican otras más largas, solo indirectamente conocidas a través de la lectura, que a su vez permiten comprender mejor lo que leemos.

                Esa forma de escribir dota a cada relato de una sensación de movimiento: o va a pasar o acaba de pasar algo y, por tanto, los personajes se encuentran en la tesitura de decidir qué hacer, o cómo abordar, o cómo soportar, aunque nunca acaba de pasar todo porque la vida solo es sentir.

                A cada página encontramos personajes vulnerables obligados a buscar su propia fortaleza, aunque a veces no pueda consistir más que en un «aprender a soportar». A cada página, también, encontramos historias llenas de sinsabores, miedos y fracasos, historias duras pero no desagradables porque están contadas desde la comprensión y una fina ternura que se mezcla con una ironía muy sutil, la de quien ofrece una sonrisa de comprensión ante la incapacidad del ser humano para llegar a ser lo que le gustaría ser. En ese sentido, el título del libro, por más que sea el del primer relato, es significativo: qué vergüenza. Qué vergüenza dan tantas cosas. Qué vergüenza verte en según qué situaciones, ante según qué actos, qué íntima vergüenza, siempre, no ser capaz de más.

                Una lectura enriquecedora cuyo único problema es el de todos los libros de relatos: que siempre hay alguno que se apodera del resto en el recuerdo del lector, aunque quizá la gracia de estos libros sea precisamente esta: ver qué se nos queda en la memoria, aunque lo mismo puede anclarse en ella por los méritos de quien lo escribió que por cómo las vivencias propias condicionan lo que nos impacta.