En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes




Una buena amiga de Eduardo Mendoza le regaló La terrible historia de los vibradores asesinos. Ignoro si la ha leído o si le hizo algún caso, pero entonces, verano de 2011, me enorgulleció que alguien que lo conocía bien juzgara mi primera novela digna de un lector como él; y aún ahora caigo en la tentación, como podéis ver, de presumir de ello.

Me enorgulleció porque he leído casi toda la obra de Eduardo Mendoza, y cinco de sus novelas dos veces. No hace falta añadir más para que sepáis mi opinión sobre él. Además de las nueve obras reseñadas en el blog, en mis entendederas han dejado huella La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios, El año del diluvio, El último trayecto de Horacio Dos, Gloria o una novela que Mendoza valora mucho más que sus lectores: Mauricio o las elecciones primarias. Variedad de estilos que proclaman una capacidad formidable, con libros mejores y peores, pero todos mejor que buenos.

Si la literatura es un acto de comunicación entre escritor y lector, el Premio Cervantes que le ha sido otorgado hoy a Eduardo Mendoza es también un poco de todos los que hemos disfrutado de su talento. Al fin y al cabo, en cierta medida somos lo que leemos.

Uno de los pocos autores capaces de divertir al lector, incluso de hacerlo reír, desde un nivel literario altísimo. Cada día estoy más convencido de la importancia de unir talento y sonrisa para promover la lectura y el amor a la palabra. Un autor cuyas novelas de humor -ese género al que tan poca importancia se da pese a contar con el Quijote- quizá le den ante muchos una pátina de superficialidad que su obra, en realidad, no tiene.

Felicidades.


lunes, 28 de noviembre de 2016

El pisito - Rafael Azcona



            Antes de ser película en 1959, El pisito fue novela en 1956 porque Rafael Azcona, posiblemente el mejor guionista español, comenzó como escritor. Y se nota que ya llevaba su futuro en la cabeza, porque leer El pisito es como ver una película de la época.

Rafael Azcona (1926-2008)
            Entre las películas de Azcona, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, Belle époque, ¡Ay, Carmela!... Lo mejor. Y El pisito es una novela relevante en un momento donde el humorismo alcanzó cotas tremendas en España, aunque escasamente reconocidas, con Jardiel Poncela, que había muerto pocos años antes, o Miguel Mihura.

            El pisito, que ha alcanzado la «gloria» de tener una edición en Cátedra, es una historia de posguerra en la que Rodolfo, el protagonista, vive realquilado en el piso de una inquilina octogenaria; doña Martina. También realquilado en el mismo piso está Dimas, un callista y descarado embaucador que cae bien por su ingenio y cara dura. Rodolfo tiene un trabajo chapucero con un jefe déspota; y tiene una novia, Petrita, que vive con la abundantísima familia de su hermana, a su vez realquilada junto a otro montón de personas en el piso de un inquilino tullido. La pareja de novios tiene un problema perpetuo: no se pueden casar porque no tienen dónde ir a vivir.

            La vida ha ido pasando, Rodolfo y Petrita son ya cuarentones. La pobreza ha llegado a ser para ella un drama porque le impide desarrollar la vida que ha soñado, y para él una excusa pues no parece tener claro lo que quiere. Hasta que Dimas tiene una idea: la obsesión de la octogenaria porque alguien, a su muerte, cuide de su gato, hace tramar el siguiente plan: Rodolfo se casa con doña Martina y cuando ella muera, él, como viudo, tendrá derecho a seguir ocupando ese piso de renta antigua y así podrá casarse con Petrita.

            Esa simple trama, de la que pronto quedan al tanto todos los afectados, basta para tejer una novela divertidísima en la que reímos con la incredulidad de casi todos ante la idea, con las reacciones indignadas de las dos «novias», con los secundarios, y con Dimas, que en realidad trata de utilizar a Rodolfo para garantizarse un lugar donde vivir. Todo en un ambiente de pobreza, donde el lujo es tener cuatro paredes entre las que estar solo y el gran placer tomar unos calamares.

          La ingenuidad, la sinceridad de las intenciones aplicadas a una situación desesperada alumbra ideas tan disparatadas como la descrita, que crecen y se alimentan de comentarios socarrones unas veces e irónicos otras. Pese a la uniformidad del tono el humor a veces es broma, pero otras es crítica, defensa, consuelo y, sobre todo, un tamiz para que la historia llegue al lector provocándole una sonrisa continua.

            La apariencia de humor «blanco», la «decencia» con los protagonistas se adaptan a la moral oficial, en especial las mujeres, y al ausencia de toda crítica explícita al origen de tanta penuria (los años más duros de la autarquía) hace pensar en qué medida la existencia de censura condicionó el resultado, pero si uno se fija, además de algunas alusiones sexuales algo más que explícitas hay crítica a una sociedad incapaz de dar otra respuesta a las aspiraciones de la gente normal que la picaresca. No hace falta decir nada porque ya está todo dicho: ¿qué puede esperarse de una sociedad donde casi dos décadas después de terminada la guerra que vivieron con 20 años ni quienes tienen un trabajo pueden tener un pisito donde vivir? ¿Qué puede decirse de las circunstancias que han abocado a que algo así sea tan ordinario que mucha gente puede reconocerse en esa penuria? Ese es uno de los méritos humorísticos de esta novela: que dentro de la parodia, de la caricatura todos pueden reconocerse en esa falta de oportunidades que a menudo conduce al disparate.

            El final… Bueno… Más de película de la época que de novela. Pero por algo Azcona llegó a ser guionista.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Dos años en papel y uno en ebook



     La sota de bastos jugando al béisbol ha cumplido dos años. Mira Editores la puso en las librerías el 27 de noviembre de 2014, y hace un año que también está en ebook, en Amazon

     Con los datos más a mano puedo deciros que en este su primer añito en ebook la segunda aventura de Ajonio Trepileto más que ha duplicado lo que La terrible historia de los vibradores asesinos vendió en sus primeros doce meses en ese formato, aunque en 2017 será difícil que pueda igualar el increíble registro de los vibradores en 2016.

     Hace dos años, al publicar La sota de bastos jugando al béisbol, escribí en el blog una reflexión sobre la vida de los libros, cuyo primer párrafo decía: "Los libros, como las personas, tienen su vida..." 




lunes, 21 de noviembre de 2016

Los misterios de Madrid - Antonio Muñoz Molina




            Al pensar en Antonio Muñoz Molina nadie piensa en novelas de humor, pero Los misterios de Madrid lo es. Y, además, magnífica. Una de esas obras que dignifican el humor sin más que recurrir a un personaje caricaturesco acicalado con un lenguaje cuidadísimo y un ritmo pausado y constante que hacen de Lorencito Quesada, el protagonista, un tipo que nada tiene que envidiar a ningún «loco» insigne.

            Lorencito Quesada es un triste dependiente en El Sistema Métrico, en la imaginaria Mágina, trasunto de Úbeda. Lleva toda la vida en ese puesto, pero a la vez es reportero de Singladura, el panfleto local, donde en sus crónicas informa y describe el majestuoso esplendor de las costumbres del lugar. Entre ellas, por ejemplo, las procesiones de Semana Santa. Lorencito es un tipo pudoroso y amante de las buenas costumbres, y siente por el sexo femenino un respeto reverencial muy vinculado con su incapacidad para relacionarse, la cual, a su vez, tiene mucho que ver, aunque él no se dé cuenta, con su inane inocencia y su condición de tímido y convencido meapilas anclado en un pasado inexistente.

            He puesto el ejemplo de la Semana Santa porque la novela comienza cuando uno de los tipos más influyentes de la ciudad hace llamar a Lorencito para informarle de una desgracia y encomendarle la solución: alguien ha robado una de las dos figuras más importantes de la localidad: el Santo Cristo de la Greña, al cual pronto hay que sacar en procesión. Por suerte, el ladrón ha dejado una pista que permite ponerle nombre, porque ha perdido algo: su inconfundible peluquín.

Antonio Muñoz Molina. Úbeda. 1956
            Y así es como Lorencito emprende viaje a Madrid para solucionar tamaño desaguisado con la mayor discreción. Al Madrid de su juventud, del que informaban los lugareños cuando iban de viaje a la capital. El Madrid de los años 60 que aún tenía mucho del pueblo que todos los inmigrantes, estudiantes y viajeros llevaban a él. Sin embargo el Madrid que le recibe es el de los años 90. La respetable pensión donde acudían los viajeros de Mágina es ahora un tugurio repugnante, el sexo florece por las calles poniendo a Lorencito en grave riesgo de tentación, y la ciudad ha adquirido unas dimensiones que sobrepasan la inocencia y el candor de un Lorencito varado en un pasado que sigue creyendo vigente y glorioso. Solo a base de tortas el protagonista va adaptándose a la realidad.

            El proceso de encontrar al Santo Cristo de la Greña hace también de Los Misterios de Madrid una novela de intriga, incluso una novela negra. Y muy bien llevada. Tan bien que la intriga se funde con lo humorístico haciendo una sola cosa. En la novela la ciudad se convierte también en personaje. En algo/alguien que ha cambiado y cambia con cada calle tornándose ora acogedor, ora amenazador. Contado por un narrador que adopta la óptica de Lorencito, con un tono que recuerda al NO-DO, de desastre en desastre y de sinsabor en sinsabor nada le ocurre a Lorencito Quesada que no mueva a la compasión y a la sonrisa, y así el lector sufre por él y se alegra de sus éxitos. De pifia en pifia, de exitillo en exitillo hasta el exitazo final. La historia de un tonto que triunfa a base de honradez y buena intención.

            Una novela maravillosamente escrita que a veces, por ese tono, me ha recordado al Caballo desnudo de José Luis Sampedro. Otro autor magistral que nadie vincula a las novelas de humor.

            Leed Los misterios de Madrid.


           


          Una selección de novelas Antonio Muñoz Molina:

            
  

jueves, 10 de noviembre de 2016

El caso del cadáver sonriente - Paco Piquer Vento




     El caso del cadáver sonriente fue Premio Francisco García Pavón en 2007, lo cual digo de entrada para apuntar que la novela tiene méritos, se nota que el autor escribe con cierto oficio. Se lee fácil, sin más que cuatro o cinco momentos de desconcierto por algún salto al vacío. Sin embargo hago esta advertencia porque a la hora de hacer balance prima la desorientación que he sentido al leerla.

     Desorientación por varios motivos.

     Primero, porque no he acertado a averiguar la pretensión de la novela. Los comienzos apuntan a una historia de humor caricaturesco no solo por la aparición de cadáveres sonrientes y con los pinrreles al aire, sino también por guiños clarísimos en esa dirección, como la elección de los nombres de algunos personajes; por ejemplo, Próspero Galimatías o el apellido Maremoto. También, por qué no, la técnica de asesinato es claramente caricaturesca. Sin embargo, conforme la lectura avanza hay larguísimos pasajes sin rastro de humor, y cuando el lector se da cuenta cree haber ido a parar, desde no sabe dónde, a una novela «seria». Es decir: el humor no está equilibrado, se da en los personajes y no siempre, y menos en las circunstancias; y cuando el humor caricaturesco irrumpe tras mucho tiempo sin noticia de él, parece fuera de lugar.

     Segundo, porque ya avanzado el libro se utiliza la técnica más o menos «cinematográfica» y facilona de mostrar ciertas conversaciones «misteriosas», no se sabe entre quiénes, que unas veces advierten de enigmas y peligros para los protagonistas y otras, desvelando el quiénes, terminan avanzando el final, que cuando llega no sorprende (e incluso la escenita, con el teléfono, está muy vista). Un recurso especialmente negativo en una novela donde el relato en primera persona es la norma.

     Tercero, precisamente, porque domina la narración en primera persona pero de pronto aparecen apartados en tercera. Me ha dado la sensación de que el uso exclusivo de la primera abocaba al autor a problemas  a la hora de suministrar información al lector, y que ha optado por la solución más sencilla aun a costa de crear algo a medio camino entre la «confesión» del personaje y la narración impersonal.

     Cuarto, porque algunos pasajes relevantes están escritos de manera confusa, lo que produce sensación de pérdida, junto a otros que no son en broma y como serios no cuajan, como la anodina reacción de la hija de uno de los «cadáveres sonrientes» ante la noticia de la muerte de su padre. También colabora en esa línea la existencia de algún «cadáver sonriente» irrelevante. De hecho, este modo de hacer llega hasta el título, que habla de cadáver en singular, mostrando así que el segundo fiambre tiene más de ornamento que de alimento de la trama.

     ¿El argumento? Un par de cadáveres aparecen en un restaurante barcelonés. Ambos con los pies desnudos y sonriendo de oreja a oreja. Uno de ellos parece ser el del dueño de una ortopedia. Enseguida aparece husmeando un detective privado que, vaya por Dios, antes fue policía pero salió escaldado tras una injusticia administrativa, el cual trata de investigar en parte porque le apetece y en parte para tocar las narices a quien tiempo atrás se las tocó a él. Aunque, calma, porque como dicen las malas sinopsis al final «nada es como parece», aunque la sorpresa, en realidad, no llega a ser demasiada porque aunque ayude al protagonista a llegar al desenlace, no modifica la previsión que el lector ha hecho de él.

      La parte narrada en primera persona está escrita con el tono caricaturesco del tipo duro que también tiene su corazoncito. En cierta medida me recordaba a Los muertos no tienen amigos, de Luis Gutierrez Maluenda, aunque en esta en tono era más constante gracias a lo cual terminaba siendo más humorístico.

     Por lo demás, una novela que puede resultar del agrado de muchos por recurrir a tópicos  y perfiles comunes en el género negro-burlón, si puedo llamarlo así: desde el título, que comienza por el poco original «El caso de...» hasta el protagonista, poli rebotado con cuitas pendientes con algún antiguo jefe o compañero, un tipo, también, que hizo su buena obra con una prostituta con la que se siente unido por sentimientos confusos que oscilan entre la pena y la solidaridad, sin renunciar al egoísmo, pero luego el roce hace el cariño y no me tengo que dejar llevar pero... Un tipo que, sin alterarse, alterna lo extraordinario de perseguir asesinos y verse en peligro de muerte con lo más cotidiano, como cuidar a su anciana madre. Incluso se recurre con insistencia a contrastes muy evidentes que con el paso del tiempo han ido perdiendo gracia, como encontrar japoneses oriundos de Cataluña y, por tanto, con acepto catalán.

     Una novela entretenida, por momentos divertida, bien escrita en lo que a lenguaje se refiere, pero que se queda a medio camino en demasiadas cosas.  Aceptable para pasar un rato agradable de lectura, sobre todo si sabiendo lo que os acabo de contar os dejáis llevar sin ofrecer resistencia por ese ir y venir entre lo serio y el humor. 




sábado, 5 de noviembre de 2016

Cumpleaños variados



   Pese a sus numerosos antecedentes penales es un buen tipo Ajonio Trepileto. El 5 de noviembre de 2015 las ventas de su primera novela experimentaron un pequeño repunte. Una acumulación nunca antes producida. Y también hace ahora dos años que puede leerse en ebook, tras haber sido publicada en papel en 2011 por Mira Editores.

     Aquel alza de hace un año llegó tras dos meses, octubre y septiembre, ligeramente mejores que los diez precedentes, lo cual me había permitido superar no demasiado holgadamente el objetivo de ventas que me había fijado para ese primer año. El repunte parecía anecdótico, pero en los días siguientes comenzó a repetirse y cada vez con más frecuencia. Enseguida se consolidó y creció. La terrible historia de los vibradores asesinos tomó fuerza en Amazon

Primer Nº 1 en Italia
     Digo que Ajonio es un buen tipo porque trepar tan alto para tenerme contento fue su manera de consolarme. Seguro que me había visto pocho. Es buen tipo, sí. No es mala hierba. Por eso, en un mundillo donde hasta la mayoría de los libros «estrella» no superan los seis meses sin estrellarse, a saber cuánto tiempo le queda por estos andurriales. Sea bastante, poco o nada, por el camino ha hecho sonreír a millares de personas. Con lo achuchada que es a veces la vida no os imagináis lo orgulloso que me siento de algo así, ni lo que me apena recordar entonces que las sonrisas son siempre fugaces. ¿Sabéis? A veces, cuando me pregunto si tanto trabajo y esfuerzo merecen la pena, intento imaginarme todas esas sonrisas juntas.
     El resultado: más de un año entre los primeros libros del top 100 de humor en España, donde llegó a estar quinto; número uno de humor en español en cinco países: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Brasil; número tres en Estados Unidos; e incluso número uno de novela negra en español en Italia, género donde también ha logrado algunos otros «podios». Muchos lectores. Más de los que imaginé jamás. Una barbaridad para un libro sin publicidad que hoy lleva ya cinco años y medio a disposición de quien desee leerlo.


     Así que felicidades, Ajonio. Por tu segundo añito en ebook y por el primero de éxito ininterrumpido en este formato. Y gracias.

     Y sobre todo gracias a los lectores, y en particular a quienes habéis recomendado y seguís recomendando mis novelas. Me alegro de que alguien quiera a un perdedor como Ajonio. Gracias por haberme otorgado vuestra confianza y dedicado vuestro tiempo; y gracias por el peliagudo apostolado: sé qué cara pone el personal cuando se le habla de vibradores asesinos y delincuentes chiflados y redichos. Pero os hacen caso. Confían en vosotros. A la vista está. Muchas, muchas gracias.



jueves, 20 de octubre de 2016

La desaparición - Tim Krabbé



               
                Una joven pareja, Rex y Saskia, atraviesan Francia en coche camino de un destino vacacional. Se detienen a repostar en la gasolinera de un área de servicio, rodeados de carretera y campo. Saskia entra a comprar algo a la tienda y nadie la vuelve a ver jamás.

               No descubro nada. Lo anuncia el título, la contraportada y ocurre en el primer capítulo.

                Encontramos a Rex ocho años después. Su vida ha seguido, qué remedio, pero las dudas sobre qué ocurrió y sobre si Saskia sigue viva condicionan cualquier decisión importante, sobre todo las afectivas. No es que siga enamorado, si es que alguna vez lo estuvo,  de quien o ha muerto o se largó porque quiso, pero duda del efecto que sobre él tendría la reaparición de Saskia. Además, claro, mientras no aparezca no se la quitará de la cabeza y las dudas persistirán.

                Capítulo siguiente: conocemos a un caballero, un modoso profesor que lleva una vida discreta y rutinaria casado y con hijas; un sujeto que a lo largo de la vida se ha encontrado alguna que otra vez en posición de hacer un experimento que no dice mucho a favor de la salud de sus neuronas: ¿existe diferencia entre el bien y el mal? ¿O ambas cosas son meras acciones mecánicas al alcance de una misma persona? ¿Soy igualmente capaz de hacer el bien y el mal? Y si puedo hacer las dos cosas, ¿por qué no las hago?

                Un chiflado que nadie reconoce como tal. Un chiflado que, de inmediato se le deja claro al lector, dará respuesta a lo que le ocurrió a Saskia. ¿Cómo no? La promesa de averiguarlo es el único aliciente para leer una historia en la que se renuncie a explorar la cabeza de Rex y escrita con una prosa que no destaca por nada.
Tim Krabbé. Amsterdam, 1943.

                   En este sentido, La desaparición es el colmo de la simplicidad publicitaria: una chica ha desaparecido de forma increíble al hacer algo que todos hacemos y nadie volvió a verla. ¿No tiene usted curiosidad por saber lo que ocurrió?.


                El autor anticipa todo, así que no hay lugar para la sorpresa, excepto al final. Pero solo por la forma y no por el fondo. Una truculencia que explica el impacto que debió de tener la película que, dice la contraportada, lanzó la novela a la fama. Y es fácil que la película fuera mejor, porque la novela no es gran cosa. Aunque es breve, eso sí. 



jueves, 13 de octubre de 2016

Darío Fo y el humor



"La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos."

Dario Fo

domingo, 9 de octubre de 2016

Leer en el retrete - Henry Miller



                Provocadora diatriba contra la costumbre de leer en el retrete partiendo del mismo fundamento que la mayoría de las opiniones de Miller (su propia percepción del mundo) y realizada con la misma magistral verborrea, plena de humor mordaz, casi violento, con la que atiza sopapos incontestables.

                Hasta tal punto podría ser, por tono y longitud, un fragmento de cualquiera de sus novelas que en este pequeño opúsculo (con qué frecuencia utilizaba Miller esta palabra) también se reconoce el habitual tono de superioridad de su autor, basado en su capacidad para reírse de todo, e inatacable porque, si se ríe, es precisamente por ser consciente de su propia pequeñez. Es esa consciencia la que lo encumbra y lo hace invulnerable.

Henry Miller (1891-1980)
                Pero, como bien dice Enrique de Hériz en el epílogo que ocupa un tercio de este brevísima obra, con la excusa de criticar algo tan aparentemente absurdo Miller se zambulle en una apasionada reflexión sobre la lectura, sobre qué leer y qué no, aunque, a diferencia de otros de sus escritos, apenas se pronuncie más que sobre algunas lecturas que desaconseja. Un libro también para la reflexión, pues Miller constantemente se declaró influenciado por Fulano o por Mengano y el paso del tiempo, parecen decir estas las páginas de Miller, cambia las prioridades porque cambia el mundo. Las reflexiones sobre el canon que Enrique de Hériz hace son clarificadoras.

                En definitiva, una obra con reflexiones discutibles sobre la lectura, pero siempre brillantes y apasionadas, como casi todas las de Miller.
               



lunes, 3 de octubre de 2016

Gracias otra vez




      Se vendió bien en papel (Mira Editores, 2011). En ebook se puede comprar desde noviembre de 2014. Tras un año de ventas electrónicas razonables luego, en los últimos once meses, ha estado sin interrupción entre los más vendidos de humor en Amazon y desde final del verano vendiéndose aún mejor que en los meses anteriores pero algo más atrás en la clasificación al haber irrumpido en ella algunos de los libros más vendidos. Hablo de La terrible historia de los vibradores asesinos. Repito una vez más: sin publicidad, sin presentaciones, sin participar en tertulias, medios de comunicación o actos literarios, y con un número de seguidores en las redes incomparablemente más pequeño que el de lectores. Solo queda el boca a boca para entender cómo cinco años después de su publicación un libro puede encaramarse once meses seguidos a la parte alta de una clasificación cada vez más disputada.

          Durante este tiempo en varias ocasiones ha alcanzado el nº 1 de humor en español en Amazon en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y hasta Brasil. Ha sido top 3 en Estados Unidos y ha estado entre los cinco más leídos en España. Incluso de forma esporádica ha encabezado el top de novela negra en alguno de esos países y en otros ha estado entre los cinco primeros en ese género porque la parodia no está reñida con la intriga ni con el humor. Humor que, como su editor dice, define a esta novela junto a la camuflada crítica a tantas cosas de nuestro día a día. O eso intenté. Hace un año, por estas fechas, no me hubiera creído todo lo ya conseguido.

      Y otra buena noticia: de enero a octubre de La sota de bastos jugando al béisbol (Mira Editores, 2014) se han vendido los mismos ejemplares en ebook que de La terrible historia de los vibradores asesinos se vendieron en todo 2015. Ojalá siga la progresión.

      Como he dicho, no he hecho nada más allá de comentar todo esto en las redes a medida que se ha ido produciendo. Y antes solo escribí. Fue duro y esforzado, pero solo escribí. El resto, por lo tanto, lo han logrado los lectores en connivencia con Ajonio Trepileto, la ciclópea Claudita, Zoé, Danuta, el Pulgas, Poncio, don Ferrán Musmunt Archipiau, Manuel Enrique de Prada Loewe y el resto de personajes.

       Así que, una vez más, GRACIAS, LECTORES.








lunes, 26 de septiembre de 2016

Teniente Bravo - Juan Marsé



     Teniente Bravo es el último de los tres relatos que componen este pequeño gran libro.

     En el primero, Historia de detectives, unos chavales juegan en un descampado en la Barcelona de postguerra, usando un viejo Lincoln abandonado como cuartel general. Uno de ellos, el mayor, ejerce de jefe y envía a los otros a hacer seguimientos. Al regreso, el «jefe» interpreta las informaciones. Un día uno sigue a una mujer joven y otro informa de que siguió a un hombre que a su vez siguió al chaval que seguía a la mujer. La visión de los hechos desde la perspectiva del jefe ofrece una enternecedora forma de trasladar al lector una trágica historia de amor, miedo y supervivencia  por la vía de hacer de todas esas emociones, tan cruciales para quienes las viven, algo tan pequeño que puede ser observado desde fuera como con un microscopio. Una hermosa forma de recordarnos lo débiles y poca cosa que somos.

     El segundo, El fantasma del cine Roxy, es el relato más largo y complejo. Un escritor devenido en guionista crea ante los ojos del lector una película, en provocador debate con el director; entre ellos odio cordial, desprecio mutuo, pero ahí están trabajando juntos. Es la historia de esa creación, pero también conocemos la historia contenida la película, en la cual se trasluce parte del relato previo, así como también, como un fleco suelto que no acaba de encajar, la referencia a la oficina bancaria situada donde estaba el derribado cine Roxy, en la que una empleada se ve asediada por fantasmas que no encuentran acomodo en lo que director y escritor están tramando. Diálogos breves, escenas de la película en la que Marsé nos dice hasta en qué ángulo debemos mirar, perdedores por todas partes, una vida entregada a la nada, observaciones... Varias historias en una sola que crecen de forma armónica y trasladan al lector cómo se puede crear algo hermoso combinando imaginación y sensibilidad.


 
Juan Marsé.
Barcelona, 1933
    Y el tercer relato, Teniente Bravo, es también magistral, pero si el anterior lo es por lo elaborado y complejo –que no quiere decir difícil de leer-, este lo es por la contundencia de su simplicidad. Impresiona cómo de un hecho tan tonto Marsé es capaz de hacer un relato tan real y significativo. Es lo que diferencia a los grandes escritores. La acción transcurre en un campamento militar de Ceuta, poco después del amanecer. Ante la tropa de reclutas en formación bajo el mando de un sargento chusquero, aparece el teniente Bravo, un tipo que se las da de deportista más o menos selecto que ha comprado y hecho traer un viejo potro desvencijado para que los soldados se ejerciten. Y allá se presenta él, aún con sus botas de montar tras haberse ido de madrugada a montar a caballo. Un tipo amable, en apariencia, preocupado por formar a la tropa a su cargo. Avisa a los soldados de que no es sencillo saltar, de que lo van a pasar mal, y como casi ninguno de ellos ha visto jamás un artefacto similar decide demostrar cómo deben saltarlo realizando él el primer salto. Con su primer brinco, llega su primer tortazo. Cómo sigue, lo sabrá quien lea esta breve y fantástica historia de cómo el amor propio puede acabar volviéndose contra sí mismo y arrastrando al pozo hasta a la propia dignidad.



lunes, 19 de septiembre de 2016

La Roma de los Borgia - Guillaume Apollinaire



Acusado de blasfemo y pornográfico, La Roma de los Borgia narra de forma desapasionada, con fingido aire científico y frecuentes intercalaciones para explicar usos y costumbres, una serie de detallados episodios protagonizados por el Papa Alejandro VI y, sobre todo, por sus hijos César y Lucrecia. El nexo entre ellos no es la historia –apenas un leve hilo conductor- sino la sordidez.

El desapasionamiento es un buen recurso para provocar cuando se narran crímenes y torturas horrorosas, y todavía más cuando se aplica a hechos inaceptables en todas las culturas protagonizados, además, por las figuras eclesiásticas encargadas de velar por los valores opuestos. Figuras, también, que por su vida y circunstancias son en sí mismas una contradicción con lo que representan.

¿Y qué tendrá Lucrecia Borgia que, habiendo leído yo tan poca novela histórica, me la encuentro a cada momento? ¿Qué tendrán los Borgia? Lo que tienen, y es lo que explota Apollinaire, es que reúnen todas las condiciones y contradicciones para el escándalo, que en ellos convergen hechos y condiciones siempre polémicos y, si se dan juntos, incompatibles sin prescindir de todo atisbo de moral; y todo con el encanto, para el resto de los mortales, de producirse en la cúspide del poder y la religión. La encarnación de los principios unida a la máxima degeneración y bajeza. Agítese a ver cuándo y cómo explota. Pasen y vean.

Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky,
Guillaume Apollinaire;
Roma, 1880 - París, 1918
Basta la presencia de un Papa para que la religión se haga presente en la novela, aunque nunca se la cite. Y si quien en teoría encarna a Dios traiciona los más elementales valores cristianos, lo espectacular de la contradicción indigna a los incapaces de distinguir lo representado del representante, de ahí la catalogación de blasfema; en cierta medida justificada, claro, porque el autor no es un inocente testigo de nada, sino que se aprovecha de esa confusión para criticar y provocar. La falta de alusión expresa a la religión puede ser una forma de afirmar, con silencios, esa confusión entre lo representado y sus representantes, como si no fuera preciso hablar de dos cosas porque solo hay una. Un Papa asesino, con amantes, con hijos e incestuoso es una de esas ovejas negras y descarriadas que muchos católicos desean olvidar y que también los demás olviden, y que muchos antirreligiosos pretenden recordar y que todos recuerden; en ambos casos, por razones obvias.

Así, en La Roma de los Borgia vemos a un Alejandro VI que ha hecho de la acumulación de poder y riqueza la razón de su vida, junto a los placeres venéreos. Un Papa que no pestañea al ordenar asesinatos para acrecentar su patrimonio o evitar que alguien pueda contar alguna inconveniencia sobre él, por leve que sea; un criminal tan atroz que la gente huye de su lado al galope cuando se dispone a hacer alguna confesión, no sea que luego saberla le cueste la vida; un Papa capaz de dar por bueno el incesto con su propia hija propiciado por otro de sus hijos. También un criminal patrocinador de orgías. Vemos también con mucho protagonismo al celebérrimo César Borgia, un psicópata borracho de poder y egocentrismo, que se sirve de los demás sin escrúpulos y con toda la crueldad, hasta el punto de que no se sabe qué es peor, si acceder a sus deseos o rechazarlos; un criminal torturador que no duda en recurrir al fraticidio, a practicar el incesto con su hermana o a propiciar el de esta y el padre. Y vemos también, aunque con menos presencia, a Lucrecia, una mujer que por un lado se deja llevar y por otro tiene un carácter fuerte, una mujer contradictoria, en apariencia la única con aspiraciones de normalidad, pero que se desenvuelve en ese ambiente sórdido sin perder la compostura.

En conjunto, como ya he dicho al principio, un conglomerado de situaciones atípicas por lo brutales y lo aséptico de la narración, que debe conducir a algún tipo de reflexión acerca de la calaña del ser humano cuando nadie le pone freno.

Una última reflexión, no niego que inspirada en el origen valenciano de los Borgia y en el cenagal de corrupción que ha podrido esa comunidad en las últimas décadas: cuánto tienen los Borgia de nuevos ricos corruptos. En el hacer y en el caer sin que a nadie le importe ni haga nada por evitarlo, como cuando muere una mosca. Y sobre todo en el ser. La tecnología cambia. El ser humano, no. Entonces, como ahora, no hay grandeza en ningún miserable; y nada, ni puestos ni honores, elevan ni hacen mejor a quienes eligen la delincuencia y el crimen movidos por algo tan vil y ruín como la avaricia.



martes, 13 de septiembre de 2016

Próximos superventas - Reflexiones



Un artículo de Karina Sainz Borgo en Voz Pópuli sobre los próximos superventas y un breve cruce de opiniones están en el origen de este también breve comentario sobre los best sellers.

Por llegar a muchos lectores, son libros de fácil digestión, lo cual cuando el autor tiene talento no significa malo sino lo contrario. Otras, en cambio, un autor sin talento consigue dar con la simpleza y temática adecuadas para llegar al corazoncito de mucha gente que solo busca entretenerse, lo cual también tiene un mérito indudable, aunque no me atreva a calificarlo de literario. ¿Mérito psicológico? Lo cierto es que las fórmulas de éxito se repiten, y cada bombazo arrastra una plaga de secuelas.

También, por llegar a tantos lectores, los superventas son importantes, y mucho, para el fomento de la lectura. Es crucial que haya libros de los que mucha gente pueda hablar, que arrastren y generen afición a leer. También permiten fortalecer a las editoriales, lo cual es distinto que apostar por el oligopolio.

Por el modo en que surgen, casi nunca por el boca a boca y casi siempre como consecuencia del dominio del mercado por parte de dos grandes grupos, una pena: ved la lista que sigue y comprobaréis que,sin haber sido publicados aún, muchos títulos ya sabemos que van a estar entre los más vendidos. Son los que tienen la publicidad vía entrevistas en grandes medios y, sobre todo, los que van a parar a esos huecos que los expositores reservan a los libros que esas grandes editoriales digan.

Entre los autores los hay de prestigio, otros con más prestigio mercantil que literario y también algunos cuasi desconocidos encomendados a la fama que su libro ha cosechado en otros países. Todas las obras son novedades, que así funciona el mercado, como si el pasado no existiera pese al gigantesco fondo acumulado, con la excepción de dos de Roberto Bolaño. Y aunque no se dice, no se prevé que algo ya publicado explote este otoño: el boca a boca tiene cada vez menos poder bien porque hay menos lectores, bien porque el número de títulos accesibles se ha diversificado más.

Es importante el tema de los libros más vendidos. Al hablar de literatura tan relevante es lo que se escribe como lo que se lee. Y de que se lea, y de que se lea mucho, y de que los libros satisfagan hoy, depende el futuro de los libros de mañana. Suerte a todos estos inminentes best sellers. Ojalá se vendan mucho, y ojalá merezcan ser leídos.




lunes, 12 de septiembre de 2016

Detalles del boca a boca




     Como no tengo otra explicación (ni presentaciones, ni entrevistas, ni participo en medios de comunicación), digo que los ya diez meses de boom de La terrible historia de los vibradores asesinos en ebook, iniciado más de cuatro años después de su publicación en papel en Mira Editores, se deben al boca a boca.

     Pequeños detalles lo corroboran. Por ejemplo, la creciente cantidad de lectores que, según veo en Amazon, la compran junto a La sota de bastos jugando al béisbol. Nadie compra de golpe dos novelas del mismo autor, por más baratas que sean, si no le han hablado bien de al menos una de ellas.

     Que sigan. Septiembre, vista la marcha, bien pudiera superar los registros previos.

     Gracias a todos los que contáis algo sobre Ajonio Trepileto.








jueves, 8 de septiembre de 2016

Escritores, pensiones y derechos de propiedad intelectual



     Las leyes deben ser iguales para todos, pero no hay una que no recoja excepciones en su aplicación cuando el interés público se ve beneficiado por la desigualdad. Como cuando todo tributa en el IVA al 21% pero los bienes y servicios básicos se excluyen de esa norma general y se les aplican tipos más reducidos o incluso, como ocurre con la sanidad o la educación, quedan exentos. ¿Privilegio para hospitales y colegios frente a fábricas y comercios? No: interés social. Buscad cualquier norma en cualquier ámbito y la igualdad tendrá sus excepciones en beneficio de todos. Solo cuando la excepción no busca el beneficio común puede hablarse de privilegio y carece de justificación.

     En materia de pensiones existe una norma que establece la incompatibilidad entre el cobro de una pensión y la percepción de derechos de propiedad intelectual por parte del autor cuando estos superan cierto límite.

     La consecuencia puede ser que personas eminentes dejen de publicar sus libros e investigaciones para no perder su pensión, pues rarísima vez los derechos de autor alcanzan importes que permitan el lujo de prescindir de otros ingresos.

     Creo que una sociedad debe fomentar la cultura porque es lo que somos y legamos, y también la investigación porque en ella está el futuro, la salud y el bienestar. Por este motivo creo razonable aspirar a que el cobro de pensiones sea compatible con el de derechos de propiedad intelectual, sea cual sea su importe, porque lo que un buen autor o un científico hacen repercute en beneficio de todos y no podemos esperar que los nuevos autores e investigadores sustituyan a los que se jubilan como si fueran obreros de una factoría. La creatividad de cada cual es única y, por tanto, de difícil o imposible sustitución. Nos perjudica que algunos, muchos o pocos, de los Juan Marsé o Mariano Barbacid que tenemos, por citar dos personas eminentes en sus campos y con más de 65 años, dejen de poner a nuestra disposición lo que hay en su cabeza. No pongamos trabas a la creación: en ello nos va un pedazo de nuestra cultura, de nuestra salud y de los medios a nuestro alcance para lograr cualquier meta.

   El lujo nos saldrá barato: poquísimas personas cobran derechos de propiedad intelectual superiores al salario mínimo interprofesional (creo que ese es el límite), y las pensiones que cobren nos las devolverán con creces.

     El debate que hace unos meses vi sobre este tema llegaba tarde, porque la norma no era reciente, pero que yo sepa aún no se ha cambiado por lo que es conveniente insistir en él en estos tiempos donde tantas cosas deben proponerse y negociarse. El debate, por desgracia, se apoyaba demasiado en el insulto y el desprecio. Tanto que según a quién leía no sabía cuál era su objetivo, si solucionar algo o señalar culpables y héroes. Un error, porque la realidad es tan compleja y casuística que igual que no hay norma sin excepciones tampoco la hay sin errores, omisiones y lagunas, y hay que ser constructivo para mejorarlas; un error, también, porque las peticiones y aspiraciones que conducen a mejorar una sociedad deben defenderse desde el respeto y el argumento. Para avanzar juntos hay que convencer, no vencer.

    Por eso espero haber sido capaz de convencer a alguien con estas líneas.