En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



sábado, 19 de noviembre de 2011

Sabré cada uno de tus secretos – Valérie Tasso


Cuando de algo se dice que es difícilmente clasificable a menudo se tiene la impresión de estar en presencia de algo que merece la pena conocer, pero no siempre tiene que ser así, y este libro es un buen ejemplo: no pasando su lectura de simple entretenimiento, resulta complicado catalogarlo. A falta de una clasificación que ayude a situarnos, no queda otra que contar su argumento y por qué digo lo que digo.

El asunto parte de una “corporación” que parece sacada de una de esas series de dibujos animados con las que flipan los niños más pequeños: una corporación dedicada, nada menos, que a seleccionar en secreto gobernantes para todos los países del mundo, altos directivos, responsables de todo tipo, etc, etc, etc. Vamos, que uno necesita un presidente de los Estados Unidos y se lo encarga a esta corporación como quien pide una pizza por teléfono. En resumen: los verdaderos amos del mundo. Al frente de esa corporación hay un presidente perfectamente misterioso, en la mejor tradición de este tipo de "películas": nadie lo conoce ni sabe qué cara tiene, excepto su ayudante. Luego hay una directora general y cuatro “jefes de departamento”: de selección de personal, comercial, financiero...

Cada uno de esos importantísimos tipos tiene algo que ocultar en esta vida. Y ese algo, en al menos tres ocasiones tiene que ver con el sexo (tema estelar en otros libros de esta autora). El misterioso presidente no solo consigue enterarse de todos esos pecadillos, sino que además piensa que sería estupendo que todos conocieran las debilidades de los demás, que ninguno tuviera secretos para el resto. El argumento es que esa comunidad de miserias reforzaría el funcionamiento del grupo, haciendo de ellos un verdadero equipo. Reforzar lazos, en suma, con cuerdas mugrientas.

Si bien la idea de que la falta de secretos puede cohesionar puede ser interesante, el desarrollo se queda en nada, pues los personajes son tan extremos y tópicos que casi mueven a la risa.

Con estos mimbres, la historia discurre por cauces previsibles: primero, se informa al lector de los secretos de cada cual y, segundo y a la par, se va mostrando que el avispado presidente está al tanto de todos los inconfesables chismes, para de esta forma hacer temer y esperar el momento que debe ser el cénit: la reunión en la que todos sabrán las miserias de todos. ¿Cómo reaccionarán los pobrecicos, con lo malos malísimos que son y lo creído que se lo tienen?

Llegado este previsible punto, sucede algo igualmente previsible: el presidente también tiene sus secretillos. Aquí podría haber acabado el libro, pero supongo que siendo ese discurrir tan predecible y el resultado hasta ese momento tan pobre, la autora quiso hacer una pirueta. Y la hace dando un final a la reunión que arrastra consecuencias que deben afectar al corazoncito del lector. Pero como ese final tampoco debió parecerle muy interesante, en las páginas finales hay una pirueta sobre la pirueta. Y si con ella pensaba sorprender al lector, estupendo, pero a mí más me ha defraudado que sorprendido, porque esa pirueta final es un recurso tan facilón como todo lo demás.

En resumen: un amasijo de ideas y situaciones que no resultan ni originales, ni realistas ni remotamente creíbles, que siempre hacen pensar al lector que está ante una pantomima. En realidad, una novela de aventuras que más sería para chavales poco exigentes que para adultos, si no fuera porque algunos de los "secretos" no son aptos para todos los públicos.


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