En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



miércoles, 30 de noviembre de 2016

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes




Una buena amiga de Eduardo Mendoza le regaló La terrible historia de los vibradores asesinos. Ignoro si la ha leído o si le hizo algún caso, pero entonces, verano de 2011, me enorgulleció que alguien que lo conocía bien juzgara mi primera novela digna de un lector como él; y aún ahora caigo en la tentación, como podéis ver, de presumir de ello.

Me enorgulleció porque he leído casi toda la obra de Eduardo Mendoza, y cinco de sus novelas dos veces. No hace falta añadir más para que sepáis mi opinión sobre él. Además de las nueve obras reseñadas en el blog, en mis entendederas han dejado huella La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios, El año del diluvio, El último trayecto de Horacio Dos, Gloria o una novela que Mendoza valora mucho más que sus lectores: Mauricio o las elecciones primarias. Variedad de estilos que proclaman una capacidad formidable, con libros mejores y peores, pero todos mejor que buenos.

Si la literatura es un acto de comunicación entre escritor y lector, el Premio Cervantes que le ha sido otorgado hoy a Eduardo Mendoza es también un poco de todos los que hemos disfrutado de su talento. Al fin y al cabo, en cierta medida somos lo que leemos.

Uno de los pocos autores capaces de divertir al lector, incluso de hacerlo reír, desde un nivel literario altísimo. Cada día estoy más convencido de la importancia de unir talento y sonrisa para promover la lectura y el amor a la palabra. Un autor cuyas novelas de humor -ese género al que tan poca importancia se da pese a contar con el Quijote- quizá le den ante muchos una pátina de superficialidad que su obra, en realidad, no tiene.

Felicidades.


lunes, 28 de noviembre de 2016

El pisito - Rafael Azcona



            Antes de ser película en 1959, El pisito fue novela en 1956 porque Rafael Azcona, posiblemente el mejor guionista español, comenzó como escritor. Y se nota que ya llevaba su futuro en la cabeza, porque leer El pisito es como ver una película de la época.

Rafael Azcona (1926-2008)
            Entre las películas de Azcona, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, Belle époque, ¡Ay, Carmela!... Lo mejor. Y El pisito es una novela relevante en un momento donde el humorismo alcanzó cotas tremendas en España, aunque escasamente reconocidas, con Jardiel Poncela, que había muerto pocos años antes, o Miguel Mihura.

            El pisito, que ha alcanzado la «gloria» de tener una edición en Cátedra, es una historia de posguerra en la que Rodolfo, el protagonista, vive realquilado en el piso de una inquilina octogenaria; doña Martina. También realquilado en el mismo piso está Dimas, un callista y descarado embaucador que cae bien por su ingenio y cara dura. Rodolfo tiene un trabajo chapucero con un jefe déspota; y tiene una novia, Petrita, que vive con la abundantísima familia de su hermana, a su vez realquilada junto a otro montón de personas en el piso de un inquilino tullido. La pareja de novios tiene un problema perpetuo: no se pueden casar porque no tienen dónde ir a vivir.

            La vida ha ido pasando, Rodolfo y Petrita son ya cuarentones. La pobreza ha llegado a ser para ella un drama porque le impide desarrollar la vida que ha soñado, y para él una excusa pues no parece tener claro lo que quiere. Hasta que Dimas tiene una idea: la obsesión de la octogenaria porque alguien, a su muerte, cuide de su gato, hace tramar el siguiente plan: Rodolfo se casa con doña Martina y cuando ella muera, él, como viudo, tendrá derecho a seguir ocupando ese piso de renta antigua y así podrá casarse con Petrita.

            Esa simple trama, de la que pronto quedan al tanto todos los afectados, basta para tejer una novela divertidísima en la que reímos con la incredulidad de casi todos ante la idea, con las reacciones indignadas de las dos «novias», con los secundarios, y con Dimas, que en realidad trata de utilizar a Rodolfo para garantizarse un lugar donde vivir. Todo en un ambiente de pobreza, donde el lujo es tener cuatro paredes entre las que estar solo y el gran placer tomar unos calamares.

          La ingenuidad, la sinceridad de las intenciones aplicadas a una situación desesperada alumbra ideas tan disparatadas como la descrita, que crecen y se alimentan de comentarios socarrones unas veces e irónicos otras. Pese a la uniformidad del tono el humor a veces es broma, pero otras es crítica, defensa, consuelo y, sobre todo, un tamiz para que la historia llegue al lector provocándole una sonrisa continua.

            La apariencia de humor «blanco», la «decencia» con los protagonistas se adaptan a la moral oficial, en especial las mujeres, y al ausencia de toda crítica explícita al origen de tanta penuria (los años más duros de la autarquía) hace pensar en qué medida la existencia de censura condicionó el resultado, pero si uno se fija, además de algunas alusiones sexuales algo más que explícitas hay crítica a una sociedad incapaz de dar otra respuesta a las aspiraciones de la gente normal que la picaresca. No hace falta decir nada porque ya está todo dicho: ¿qué puede esperarse de una sociedad donde casi dos décadas después de terminada la guerra que vivieron con 20 años ni quienes tienen un trabajo pueden tener un pisito donde vivir? ¿Qué puede decirse de las circunstancias que han abocado a que algo así sea tan ordinario que mucha gente puede reconocerse en esa penuria? Ese es uno de los méritos humorísticos de esta novela: que dentro de la parodia, de la caricatura todos pueden reconocerse en esa falta de oportunidades que a menudo conduce al disparate.

            El final… Bueno… Más de película de la época que de novela. Pero por algo Azcona llegó a ser guionista.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Dos años en papel y uno en ebook



     La sota de bastos jugando al béisbol ha cumplido dos años. Mira Editores la puso en las librerías el 27 de noviembre de 2014, y hace un año que también está en ebook, en Amazon

     Con los datos más a mano puedo deciros que en este su primer añito en ebook la segunda aventura de Ajonio Trepileto más que ha duplicado lo que La terrible historia de los vibradores asesinos vendió en sus primeros doce meses en ese formato, aunque en 2017 será difícil que pueda igualar el increíble registro de los vibradores en 2016.

     Hace dos años, al publicar La sota de bastos jugando al béisbol, escribí en el blog una reflexión sobre la vida de los libros, cuyo primer párrafo decía: "Los libros, como las personas, tienen su vida..." 




lunes, 21 de noviembre de 2016

Los misterios de Madrid - Antonio Muñoz Molina




            Al pensar en Antonio Muñoz Molina nadie piensa en novelas de humor, pero Los misterios de Madrid lo es. Y, además, magnífica. Una de esas obras que dignifican el humor sin más que recurrir a un personaje caricaturesco acicalado con un lenguaje cuidadísimo y un ritmo pausado y constante que hacen de Lorencito Quesada, el protagonista, un tipo que nada tiene que envidiar a ningún «loco» insigne.

            Lorencito Quesada es un triste dependiente en El Sistema Métrico, en la imaginaria Mágina, trasunto de Úbeda. Lleva toda la vida en ese puesto, pero a la vez es reportero de Singladura, el panfleto local, donde en sus crónicas informa y describe el majestuoso esplendor de las costumbres del lugar. Entre ellas, por ejemplo, las procesiones de Semana Santa. Lorencito es un tipo pudoroso y amante de las buenas costumbres, y siente por el sexo femenino un respeto reverencial muy vinculado con su incapacidad para relacionarse, la cual, a su vez, tiene mucho que ver, aunque él no se dé cuenta, con su inane inocencia y su condición de tímido y convencido meapilas anclado en un pasado inexistente.

            He puesto el ejemplo de la Semana Santa porque la novela comienza cuando uno de los tipos más influyentes de la ciudad hace llamar a Lorencito para informarle de una desgracia y encomendarle la solución: alguien ha robado una de las dos figuras más importantes de la localidad: el Santo Cristo de la Greña, al cual pronto hay que sacar en procesión. Por suerte, el ladrón ha dejado una pista que permite ponerle nombre, porque ha perdido algo: su inconfundible peluquín.

Antonio Muñoz Molina. Úbeda. 1956
            Y así es como Lorencito emprende viaje a Madrid para solucionar tamaño desaguisado con la mayor discreción. Al Madrid de su juventud, del que informaban los lugareños cuando iban de viaje a la capital. El Madrid de los años 60 que aún tenía mucho del pueblo que todos los inmigrantes, estudiantes y viajeros llevaban a él. Sin embargo el Madrid que le recibe es el de los años 90. La respetable pensión donde acudían los viajeros de Mágina es ahora un tugurio repugnante, el sexo florece por las calles poniendo a Lorencito en grave riesgo de tentación, y la ciudad ha adquirido unas dimensiones que sobrepasan la inocencia y el candor de un Lorencito varado en un pasado que sigue creyendo vigente y glorioso. Solo a base de tortas el protagonista va adaptándose a la realidad.

            El proceso de encontrar al Santo Cristo de la Greña hace también de Los Misterios de Madrid una novela de intriga, incluso una novela negra. Y muy bien llevada. Tan bien que la intriga se funde con lo humorístico haciendo una sola cosa. En la novela la ciudad se convierte también en personaje. En algo/alguien que ha cambiado y cambia con cada calle tornándose ora acogedor, ora amenazador. Contado por un narrador que adopta la óptica de Lorencito, con un tono que recuerda al NO-DO, de desastre en desastre y de sinsabor en sinsabor nada le ocurre a Lorencito Quesada que no mueva a la compasión y a la sonrisa, y así el lector sufre por él y se alegra de sus éxitos. De pifia en pifia, de exitillo en exitillo hasta el exitazo final. La historia de un tonto que triunfa a base de honradez y buena intención.

            Una novela maravillosamente escrita que a veces, por ese tono, me ha recordado al Caballo desnudo de José Luis Sampedro. Otro autor magistral que nadie vincula a las novelas de humor.

            Leed Los misterios de Madrid.


           


          Una selección de novelas Antonio Muñoz Molina:

            
  

jueves, 10 de noviembre de 2016

El caso del cadáver sonriente - Paco Piquer Vento




     El caso del cadáver sonriente fue Premio Francisco García Pavón en 2007, lo cual digo de entrada para apuntar que la novela tiene méritos, se nota que el autor escribe con cierto oficio. Se lee fácil, sin más que cuatro o cinco momentos de desconcierto por algún salto al vacío. Sin embargo hago esta advertencia porque a la hora de hacer balance prima la desorientación que he sentido al leerla.

     Desorientación por varios motivos.

     Primero, porque no he acertado a averiguar la pretensión de la novela. Los comienzos apuntan a una historia de humor caricaturesco no solo por la aparición de cadáveres sonrientes y con los pinrreles al aire, sino también por guiños clarísimos en esa dirección, como la elección de los nombres de algunos personajes; por ejemplo, Próspero Galimatías o el apellido Maremoto. También, por qué no, la técnica de asesinato es claramente caricaturesca. Sin embargo, conforme la lectura avanza hay larguísimos pasajes sin rastro de humor, y cuando el lector se da cuenta cree haber ido a parar, desde no sabe dónde, a una novela «seria». Es decir: el humor no está equilibrado, se da en los personajes y no siempre, y menos en las circunstancias; y cuando el humor caricaturesco irrumpe tras mucho tiempo sin noticia de él, parece fuera de lugar.

     Segundo, porque ya avanzado el libro se utiliza la técnica más o menos «cinematográfica» y facilona de mostrar ciertas conversaciones «misteriosas», no se sabe entre quiénes, que unas veces advierten de enigmas y peligros para los protagonistas y otras, desvelando el quiénes, terminan avanzando el final, que cuando llega no sorprende (e incluso la escenita, con el teléfono, está muy vista). Un recurso especialmente negativo en una novela donde el relato en primera persona es la norma.

     Tercero, precisamente, porque domina la narración en primera persona pero de pronto aparecen apartados en tercera. Me ha dado la sensación de que el uso exclusivo de la primera abocaba al autor a problemas  a la hora de suministrar información al lector, y que ha optado por la solución más sencilla aun a costa de crear algo a medio camino entre la «confesión» del personaje y la narración impersonal.

     Cuarto, porque algunos pasajes relevantes están escritos de manera confusa, lo que produce sensación de pérdida, junto a otros que no son en broma y como serios no cuajan, como la anodina reacción de la hija de uno de los «cadáveres sonrientes» ante la noticia de la muerte de su padre. También colabora en esa línea la existencia de algún «cadáver sonriente» irrelevante. De hecho, este modo de hacer llega hasta el título, que habla de cadáver en singular, mostrando así que el segundo fiambre tiene más de ornamento que de alimento de la trama.

     ¿El argumento? Un par de cadáveres aparecen en un restaurante barcelonés. Ambos con los pies desnudos y sonriendo de oreja a oreja. Uno de ellos parece ser el del dueño de una ortopedia. Enseguida aparece husmeando un detective privado que, vaya por Dios, antes fue policía pero salió escaldado tras una injusticia administrativa, el cual trata de investigar en parte porque le apetece y en parte para tocar las narices a quien tiempo atrás se las tocó a él. Aunque, calma, porque como dicen las malas sinopsis al final «nada es como parece», aunque la sorpresa, en realidad, no llega a ser demasiada porque aunque ayude al protagonista a llegar al desenlace, no modifica la previsión que el lector ha hecho de él.

      La parte narrada en primera persona está escrita con el tono caricaturesco del tipo duro que también tiene su corazoncito. En cierta medida me recordaba a Los muertos no tienen amigos, de Luis Gutierrez Maluenda, aunque en esta en tono era más constante gracias a lo cual terminaba siendo más humorístico.

     Por lo demás, una novela que puede resultar del agrado de muchos por recurrir a tópicos  y perfiles comunes en el género negro-burlón, si puedo llamarlo así: desde el título, que comienza por el poco original «El caso de...» hasta el protagonista, poli rebotado con cuitas pendientes con algún antiguo jefe o compañero, un tipo, también, que hizo su buena obra con una prostituta con la que se siente unido por sentimientos confusos que oscilan entre la pena y la solidaridad, sin renunciar al egoísmo, pero luego el roce hace el cariño y no me tengo que dejar llevar pero... Un tipo que, sin alterarse, alterna lo extraordinario de perseguir asesinos y verse en peligro de muerte con lo más cotidiano, como cuidar a su anciana madre. Incluso se recurre con insistencia a contrastes muy evidentes que con el paso del tiempo han ido perdiendo gracia, como encontrar japoneses oriundos de Cataluña y, por tanto, con acepto catalán.

     Una novela entretenida, por momentos divertida, bien escrita en lo que a lenguaje se refiere, pero que se queda a medio camino en demasiadas cosas.  Aceptable para pasar un rato agradable de lectura, sobre todo si sabiendo lo que os acabo de contar os dejáis llevar sin ofrecer resistencia por ese ir y venir entre lo serio y el humor. 




sábado, 5 de noviembre de 2016

Cumpleaños variados



   Pese a sus numerosos antecedentes penales es un buen tipo Ajonio Trepileto. El 5 de noviembre de 2015 las ventas de su primera novela experimentaron un pequeño repunte. Una acumulación nunca antes producida. Y también hace ahora dos años que puede leerse en ebook, tras haber sido publicada en papel en 2011 por Mira Editores.

     Aquel alza de hace un año llegó tras dos meses, octubre y septiembre, ligeramente mejores que los diez precedentes, lo cual me había permitido superar no demasiado holgadamente el objetivo de ventas que me había fijado para ese primer año. El repunte parecía anecdótico, pero en los días siguientes comenzó a repetirse y cada vez con más frecuencia. Enseguida se consolidó y creció. La terrible historia de los vibradores asesinos tomó fuerza en Amazon

Primer Nº 1 en Italia
     Digo que Ajonio es un buen tipo porque trepar tan alto para tenerme contento fue su manera de consolarme. Seguro que me había visto pocho. Es buen tipo, sí. No es mala hierba. Por eso, en un mundillo donde hasta la mayoría de los libros «estrella» no superan los seis meses sin estrellarse, a saber cuánto tiempo le queda por estos andurriales. Sea bastante, poco o nada, por el camino ha hecho sonreír a millares de personas. Con lo achuchada que es a veces la vida no os imagináis lo orgulloso que me siento de algo así, ni lo que me apena recordar entonces que las sonrisas son siempre fugaces. ¿Sabéis? A veces, cuando me pregunto si tanto trabajo y esfuerzo merecen la pena, intento imaginarme todas esas sonrisas juntas.
     El resultado: más de un año entre los primeros libros del top 100 de humor en España, donde llegó a estar quinto; número uno de humor en español en cinco países: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Brasil; número tres en Estados Unidos; e incluso número uno de novela negra en español en Italia, género donde también ha logrado algunos otros «podios». Muchos lectores. Más de los que imaginé jamás. Una barbaridad para un libro sin publicidad que hoy lleva ya cinco años y medio a disposición de quien desee leerlo.


     Así que felicidades, Ajonio. Por tu segundo añito en ebook y por el primero de éxito ininterrumpido en este formato. Y gracias.

     Y sobre todo gracias a los lectores, y en particular a quienes habéis recomendado y seguís recomendando mis novelas. Me alegro de que alguien quiera a un perdedor como Ajonio. Gracias por haberme otorgado vuestra confianza y dedicado vuestro tiempo; y gracias por el peliagudo apostolado: sé qué cara pone el personal cuando se le habla de vibradores asesinos y delincuentes chiflados y redichos. Pero os hacen caso. Confían en vosotros. A la vista está. Muchas, muchas gracias.