Hay melodías que no necesitan ser acompañas ni de una sola imagen para evocar algo divertido y disparatado.
En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.
jueves, 28 de junio de 2012
lunes, 25 de junio de 2012
Almacándida – Damián Torrijos
Excelente encrucijada donde conviven modos y personajes
del presente y el pasado, el cuento y la
novela, el más allá y lo terreno, la ironía y el absurdo, donde el lenguaje
utilizado forma parte del humor tanto o más que lo que se cuenta.
Politus
fue un bebé abandonado a las puertas de un convento. En él ha sido criado y no
conoce mundo. La novela comienza cuando Politus es reclamado por quien
dice ser su padre: el duque, que a punto de marcharse al otro barrio quiere
conocer a su retoño ya veinteañero. Antes de su marcha, el abad previene a
Politus contra el principal peligro del mundo: la mujer.
El
planteamiento de soltar a un inadaptado en la civilización no es original, pero
sí la forma en que se hace en esta novela: lo que al principio parecen estampas
de hace unos siglos, de pronto se transforman en imágenes de la sociedad
moderna, provocando una suerte de engaño que obliga al lector a hacer un
esfuerzo constante por situar la historia e imaginarse el paisaje; esfuerzo que
se agradece, porque uno se mete más en la narración y en su extraño ambiente. A
ello colaboran figuras anacrónicas, como el escudero o la iluminación con
velas, que pocas páginas después se mezclan con furgoneta, televisión y focos.
La participación del mismísimo Pedro Botero, así como la festiva colaboración
del ánima del duque, dan a la historia el toque de irrealidad preciso para no
esperar sino lo que le venga en gana al autor, que se lo debió de pasar en grande escribiendo.
El lector, a este respecto, es mejor que
no trate de anticipar nada: que se deje llevar, como en un parque de
atracciones, y no se arrepentirá.
Ni que
decir tiene que la confusión nacida de tanta mezcla es uno de los méritos del
libro, quizá el principal, y a ello colabora el lenguaje: a medio camino entre
el tono “antiguo”, el de la “loa amanerada” -paródica- y el de la ironía. El
vocabulario es más que notable (aunque alguna expresión está un tanto traída
por los pelos) y mucho más rico y trabajado que la mayoría de las novelas.
Aunque
no se diga, la acción transcurre en Huesca y su entorno, alrededor de la fiesta
de San Lorenzo. ¿Y en qué consiste la trama? En narrar las tribulaciones de
Politus, víctima de cuantos porrazos físicos y espirituales pueda recibir un
ser humano en vida, e incluso más allá. Él asume el papel de ingenuo, víctima
propiciatoria para cuantas desdichas quepa imaginar; su escudero asume el papel
de protector necesario para no ver enterrado a Politus a las primeras de
cambio; aparece también Modesto, un rufián al frente de un espectáculo que
permite enlazar la historia con la tradición picaresca; y el ánima del duque es
uno de esos vejetes simpáticos que tanto juego dan en las novelas con su sola
presencia, aunque en este caso su participación es bastante activa.
Situaciones
divertidas apoyadas en la fantasía y en un lenguaje trabajado y divertido. En
resumen: literatura de humor en todo el sentido de la palabra.
jueves, 21 de junio de 2012
Ebook vs papel 2
Es curioso: tanto como se habla ahora de si los lectores van a leer en papel o en formato electrónico, y hace ya mucho que la otra parte de la ecuación, los escritores, abandonaron el papel. De hecho los manuscritos son ya una reliquia. Y aunque el escritor gana en comodidad, algo se pierde: con el fin de los manuscritos desaparecen documentos fundamentales para comprender el modo de escribir de los grandes autores.
Cosillas del lenguaje
Supongo que mucha gente lo conoce, porque es un correo que circula por ahí. A mí me lo ha enviado un amigo. Y, ya de paso, quien lo lea que reflexione sobre por qué las curiosidades ponen de buen humor.
Curiosidad gramatical del
idioma español
El vocablo
reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que
viceversa. En el término centrifugados todas las
letras son diferentes y ninguna se repite. En aristocráticos, cada letra
aparece dos veces.
En la palabra
barrabrava, una letra aparece una sola
vez, otra aparece dos veces, otra tres veces y
la cuarta cuatro veces.
El vocablo
cinco tiene a su vez cinco letras,
coincidencia que no se registra en ningún otro número.
El término corrección tiene dos letras dobles.
Las palabras ecuatorianos y aeronáuticos poseen las mismas letras, pero en diferente orden.
Con 23 letras, se ha establecido que la palabra
electroencefalografista es la más extensa de
todas las aprobadas por la Real Academia Española de la Lengua.
El término
estuve contiene cuatro letras consecutivas por orden alfabético:
stuv.
Con nueve letras,
menstrual es el vocablo más largo con solo dos
sílabas.
Mil es el único número que no
tiene ni o ni e.
La palabra pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en
nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del
acento y el punto sobre la i.
La palabra euforia tiene las cinco
vocales y sólo dos consonantes.
La palabra argentino solo puede ser
transformada en ignorante (¡¡¡¡por suerte, el calificativo no es aplicable a la
totalidad de los nativos!!!!)
Entre
los matices que distinguen a la lengua española figuran en un sitio relevante
las curiosidades. Pongo de muestra un caso de acentuación. Aquí se trata de una
oración en la cual todas sus palabras - nueve en total - llevan tilde. Ahí les
va: «Tomás pidió públicamente perdón,
disculpándose después muchísimo más íntimamente». A lo mejor una
construcción forzada, pero no deja de ser interesante.
La palabra oía
tiene tres sílabas en tres letras.
El término arte es masculino en
singular y femenino en plural.
lunes, 18 de junio de 2012
La captura de Macalé – Andrea Camilleri
Uno de los mejores libros que he leído de Camilleri. Y ya he leído muchos. La acción se sitúa a mitad de los años 30 del siglo XX, en Italia, Sicilia, en la imaginaria ciudad de Vigàta. El fascismo se ha adueñado de la vida pública, se rinde culto a Mussolini, e Italia está invadiendo Etiopía (entonces conocida como Abisinia). La ciudad de Macalé acaba de ser tomada.
Michilino, un renacuajo de tan corta edad que nada entiende de la vida, va a empezar a ir al colegio. Su padre es nombrado jefe de los fascistas locales, y Michilino crece educado en la veneración a Jesusito y a Mussolini y en el odio al pecado y al comunismo. Su credulidad, ingenuidad y falta de experiencia lo convierten en un peligro andante, y también le hacen distorsionar una realidad doméstica que dista mucho de ser ejemplar: ni su padre, ni su joven madre, ni el sacerdote, ni su primer profesor están muy al día en el cumplimiento del sexto mandamiento. La tentación de la carne está presente en cada página.
Camilleri trenza una historia buenísima pero a la vez enormemente dura, donde lo que de humorístico brota de las insensateces del fascismo y de las debilidades y la ingenuidad de unos y otros, queda compensado con la crueldad con que unos hombres se imponen a otros, y, sobre todo, con algo tremendamente perturbador: cómo el ser humano puede manipularse hasta el extremo de convertir la inocencia de un niño en fuente de intensa violencia; cómo puede haber personas para las que la violencia es una forma de encontrar la paz espiritual.
Una excelente novela que deja un regusto amargo, aunque eso es lo que pretende. Una novela cuyo final, además, es marcadamente simbólico. Una novela de las que, antes o después, uno vuelve a leer.
jueves, 14 de junio de 2012
Cantando bajo la lluvia
Una nueva entrada para "Música y humor". Una conocida canción que pone de buen humor (más si se oye que si se ve la película). Por cierto, pobre del que nunca haya estado tan contento como para empaparse bajo la lluvia.
lunes, 11 de junio de 2012
A cada uno su propia muerte – Veit Heinichen
Voy a comenzar por lo más evidente: no me gusta el título. Y no porque
recuerde a las novelas de bolsillo del oeste, sino porque resulta demasiado
duro para una novela en la que el protagonista, el comisario Proteo Laurenti,
sufre tribulaciones tan familiares y domésticas que la contundencia de
la trama mengua notablemente. Proteo acaba persiguiendo a los malos robando tiempo a los encuentros
y celebraciones familiares, y cuando uno anda dejando a su octogenaria madre
comiendo a dos carrillos para interrogar ahora a uno y luego a otro, tampoco
cabe esperar la épica que promete el título.
De la novela, tres cosas llaman la atención:
La primera, el protagonista: pocos “policías de novela” hay que vivan
con sus hijos y su esposa, ejerzan de padres de familia y anden con la parentela
por medio. En este caso, además, se produce un efecto que no me convence: hay
un completo desdoblamiento de entornos y la novela discurre, en realidad, en
dos mundos diferentes. Lo normal es que la vida personal del protagonista sea
un apoyo, una excusa para tomar aire, pero aquí se entremezcla demasiado, sin
aportar demasiado, y haciendo perder el hilo en algunas ocasiones.
La localización: Trieste. En Italia, pero a tiro de piedra de Croacia y
Eslovenia, conformando un escenario multinacional. Una ciudad, además, pequeña,
lo que da un toque “casero” a toda intervención policial.
Y, por último, la trama: no deja de ser original mezclar asuntos de
corrupción relativamente atípicos con temas de tráfico de personas.
Consecuencia, en realidad, de la convergencia de delincuentes polifacéticos.
Dicho esto, la novela me ha parecido bastante mejorable. He aquí los
motivos:
-Hay un intento de enlazar un crimen actual con un crimen pasado. Se
trata de una especie de “gancho” para seducir al lector muy utilizado (me estoy
acordando de Craig Russell), pero está mal trabajado y no consigue lo que se
propone. Primero porque el crimen antiguo no despierta demasiada curiosidad (la
única duda, y floja, es si fue un crimen o no), y porque la forma en que se
resuelve es un tanto traída por los pelos.
-El crimen presente con el que se abre la novela se cierra con un
decepcionante episodio donde el lector tiene la sensación de que le están
tomado el pelo: donde no acaban llegando los personajes, acaba llegando el
autor.
-El resto de misterios se desentrañan en base a suposiciones que el
autor viene a confirmar desde su posición “todopoderosa”, y, para colmo, hay
una escena final de acción muy poco solvente. Hasta algo ridícula (me refiero a
un “fallo” policial que ni el más tonto cometería, lo cual revela falta
de imaginación para dar salida a las cosas).
-Otro recurso típico, y más en la novela italiana, es el de tener a un
corrupto dentro. Pero aquí también es un recurso fallido. Y no descubro nada al
decirlo, porque cuando el asunto se plantea queda resuelto de inmediato: se
sabe qué y quién, y antes no se plantea el asunto. La única duda que incentiva
a lector es posterior, y afecta a la posibilidad de que haya más corruptos.
-Si bien Proteo y su entorno quedan razonablemente retratados, “los
malos” parecen de otro planeta. Son mucho más planos e intercambiables. Demasiado "robotizados".
En definitiva, una historia entretenida, pero que los personajes no
alcanzan a solucionar sin la intervención omnipresente del autor.
Y termino con un comentario que si no lo digo reviento: pocas portadas
he visto tan desafortunadas: entre el título y el predominio del gris, no
anuncia lo que hay, y encima acaba dando aire de funeral a una novela cuya
gracia es lo campechano del protagonista y su entorno. Una novela, eso sí,
manifiestamente mejorable.
lunes, 4 de junio de 2012
La detective miope - Rosa Ribas
Original
novela de intriga que no deja indiferente por el brutal contraste del tono
humorístico (que suena amargo) y los personajes más o menos raros, con el afán
de venganza que motiva la acción: la protagonista, una detective privada,
quiere localizar a quienes asesinaron a su esposo (Mosso en Barcelona) y a su
hija de corta edad.
Para
localizar a los asesinos, y aquí radica la originalidad, no tira de ningún
hilo, sino que parte de una noticia leída en una revista: entre cualesquiera
dos personas del mundo no hay más que media docena de “escalones”. Es decir,
entre quien lee esto y, por poner un ejemplo, Barack Obama, no se interponen más
de seis personas. Es posible, claro. Todo el mundo conoce a alguien que conoce
a no sé quién que conoce a otro que tiene un primo que una vez tuvo contacto,
pongamos, con el Rey, el cual conoce a Obama. Más complicado es, claro está,
que haya solo seis escalones entre perfectos desconocidos. En este caso, seis
escalones entre la detective y quien asesinó a su familia.
Pero
con esa idea (en boga últimamente gracias a las redes sociales), la
protagonista, en medio de una creciente miopía, al salir de la clínica donde ha
estado internada tras el trauma consigue trabajo de detective en una agencia
modesta, y se apresta a tratar seis casos, los que le lleguen, traten de lo que
traten y afecten a quien afecten, confiada en que a su fin habrá dado con los asesinos.
Esto
da ocasión a la autora de trenzar varias historias diferentes, que nada tienen que ver entre sí, al menos en apariencia, aprovechando que cada persona tiene su vida
pero ninguna es completamente independiente del resto. Así vemos al padre
preocupado por los despistes contables de su hijo, o el trabajador que se
ausenta del trabajo y que se cree heredero de la monarquía de Hawaii.
Si
al final se cumple lo de los seis escalones, que lo juzgue el lector. Para mí
es lo de menos en una novela cuyo planteamiento es tan original como
inquietante la mezcla de humor y tragedia.
lunes, 28 de mayo de 2012
La venganza de la Valquiria – Craig Russell
Quinta novela de la serie “Jan Fabel” y, de las cinco, la mejor. Entre los motivos comienzo por las cosas que, por suerte, faltan:
-Por fin el autor ha escrito una novela sin repetir una exhaustiva biografía de su personaje. La ha hecho breve, sin que resulte cargante y sin interferir en la novela.
-También se agradece la falta la alusión in extenso a las novelas precedentes. En especial no saca a pasear al fantasma de Vitrenko, lo cual da un aire nuevo a la novela, porque el asunto parecía el cuento de nunca acabar.
-Abandona la truculencia gratuita. Solo hay un crimen con mayúsculo ensañamiento, pero el autor no se recrea en él como en otras ocasiones.
Lo que no falta, cómo no, son los asesinos en serie. Y, en concreto, dos: unos asesinatos cometidos una década atrás que quedaron sin resolver, y unos nuevos asesinatos de quien dice ser el primer asesino, conocido popularmente como el Ángel de Sankt Pauli. ¿Alguien da más? Jan Fabel en disposición de aclarar el presente y el pasado. Ni que decir tiene que los muertos son de diversas extracciones sociales aunque, y esto sí es novedad, parecen tener alguna cosilla en común. Como siempre las muertes son repartidas adecuadamente: el autor va dejando un reguero de cadáveres que el lector, cual Pulgarcito, sigue en busca de la solución final, pues la mera expectativa de un nuevo crimen opera como aliciente para seguir leyendo.
Repite el autor también la técnica de usar personajes “peliculeros”, en plan “asesino perfecto” al que el héroe Fabel deberá batir desde la honestidad y la tenacidad. No suele ser algo que me guste porque es un recurso facilón y que resta todo realismo. En este caso la cosa comienza con un antiguo proyecto de la Stasi, en la extinta República Democrática Alemana: “fabricar” una suerte de encantadoras asesinas sin alma; muchachas hermosas manipuladas para infiltrarse fácilmente en Occidente sin perder su adicción a la causa.
Y esto enlaza con otro recurso facilón que no utiliza el autor por primera vez ni es precisamente original: traer al presente misterios del pasado, para dar al caso resonancias “épicas”.
Encontramos además otras cosillas frecuentes en la novela negra y de acción: alguien del mundo de la prensa compitiendo con el protagonista por alcanzar la verdad (e interfiriendo), una chica guapa y distante acompañando al héroe de la novela , y una escena al final con mucha acción, a modo de momento culminante.
Por último, encontramos otra técnica repetida respecto a las anteriores novelas de la serie: tal superabundancia de personajes que obliga a leer con cierta premura para no perder el hilo y que, sobre todo, permite desorientar al lector y hacer el final lo más sorprendente posible: con tanta tropa dando vueltas alrededor del asunto, que vaya usted a saber quién es el asesino.
El conjunto, como se ve y ya he dicho al comentar las anteriores novelas de la saga, Russell echa mano de recursos muy manidos para captar la atención, recursos muchos de ellos de inspiración cinematográfica, como cortar escenas en momentos decisivos para hacer seguir leyendo, pero Craig Russell es un profesional del asunto y lo hace con maestría y solvencia, logrando despertar en la misma medida el interés del lector por la historia que por la suerte de los personajes, haciendo que Jan Fabel sea en realidad un instrumento para saciar la curiosidad del lector hacia un pasado y unas personas de las que sabe lo suficiente como para desear saber todo su presente.
Muy entretenido.
sábado, 26 de mayo de 2012
Un año vibrando
Hoy hace un año que salió a la venta La terrible historia de los vibradores asesinos (Mira Editores, colección Sueños de tinta). Entonces no tenía ni idea de si "la historia de la terrible historia" sería terrible o agradable. Hoy no me puedo quejar: fue uno de los libros más firmados en la Feria del Libro de Huesca el año pasado, según dijo la prensa, ha estado alrededor de diez meses (que se dice pronto) en la lista de los cinco libros más vendidos de la Librería Central de Zaragoza, alcanzó el segundo puesto en la lista de humor de FNAC, la prensa ha hablado muy bien de la novela, y además he tenido la ocasión de conocer a un montón de personas: la sensación cuando alguien desconocido se acerca a ti (en persona, en Facebook o de cualquier manera) para agradecerte el buen rato que le has hecho pasar, me sigue impresionando.
A ver qué depara el futuro.
lunes, 21 de mayo de 2012
Sakamura, Corrales y los muertos rientes – Pablo Tusset
He aquí un libro que va
mejorando conforme pasan las páginas, pero sin pasarse. Al principio el tipo de
humor resulta demasiado simplón y repetitivo: los protagonistas son demasiado
tópicos y las gracietas poco ingeniosas y reiterativas. Luego, como digo, la
cosa mejora. Mejora cuando se avanza en los hechos. La primera aparición de la
reina Eusebia, por ejemplo, es realmente divertida.
Tras Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, En el nombre del cerdo no fue lo que muchos deseábamos (más cruasán),
sino una novela seria que conforme
pasa el tiempo me va pareciendo mejor, que muestra la variedad de registros de un
autor que, por desgracia, ha podido quedar encasillado por el éxito de su
primera novela. Por tal éxito quizá se esperaba más "cruasán" con la
segunda, y por eso quizá En el nombre
del cerdo, siendo tan distinto, no tuvo la misma repercusión. Por eso también
queda la duda de si este libro es lo que le apetecía escribir al autor o lo que
le convenía a la editorial. Mal resultado, en cualquier caso, porque como humor
está muy por debajo de Lo mejor que le
puede pasar a un cruasán. Da la sensación de que el autor ha pensado que
para ganarse la vida escribiendo precisa hacer lo que se le demanda: humor. El
problema es que no se ha matado. Parece un libro "de trámite", en el
que, por si acaso suela la flauta del éxito, deja abierta la puerta a una saga.
El humor del “cruasán” es
mucho más inteligente. En este libro, en cambio, la trama tiene su punto de
originalidad por lo disparatada, pero carece de toda complejidad. Los
disparates son divertidos por lo exagerados más que por lo sibilinos. El humor
es demasiado facilón, hasta el punto de apoyarse a menudo en todos y cada uno
de los tópicos habidos y por haber. Por último, el apego a la realidad más
inmediata (caricaturización de periodistas y políticos famosos) hará que pasado
poco tiempo la historia resulte menos comprensible, muchas de las alusiones
perderán actualidad y, por tanto, gracia.
En resumen: entretenido y
nada más. Alguna pulla gorda (menos mal) y diez mil chorradillas inofensivas
que al menos a veces hacen sonreír. Lo peor, la parte del principio: un
evidente "remake" de Torrente hasta en el dibujo de la portada, lo cual
produce una frustrante sensación de falta de imaginación. Nadie puede negarle,
eso sí, la inspiración para determinados disparates concretos. Y eso,
precisamente, es una de las pocas cosas que salvan el libro.
jueves, 17 de mayo de 2012
Con retraso, feliz cumpleaños
No me he dado cuenta, pero
este mes, el día 7, este blog cumplió su
primer añito. Jovenzuelo que es el chiquitín. Por alguna razón no son
muchos los comentarios de quienes lo visitáis, pero el número de visitas y
visitantes no ha dejado de crecer desde el primer día, aunque con sendos
parones en el verano (julio) y Navidad. Sois muchos, y como digo cada día más,
los que llegáis hasta aquí rastreando alguna de las novelas que han encontrado
hueco en este blog, o alguno de los otros artículos. Un año comentando libros, con especial énfasis en los de humor, y
un año dando cuenta de las peripecias de La
terrible historia de los vibradores asesinos. Peripecias, estoy seguro, que
todavía no han terminado.
Gracias a todos.
martes, 15 de mayo de 2012
Dos minutos de Carlos Fuentes
Acaba de salir la noticia de la muerte de uno de los grandes: Carlos Fuentes. En algo menos de tres minutos, algunas confidencias acerca de su posición ante la escritura de boca del propio autor de Gringo viejo.
Literatura de humor y libros de humor
Quienes de vez en cuando escribimos literatura de humor nos topamos con un problemilla desconocido para el resto de los mortales: las clasificaciones de las librerías no distinguen entre literatura de humor y libros de humor. Y así, como cualquiera puede comprobar en Amazon, FNAC o donde se le antoje, ocurre que bajo el epígrafe “humor” Cervantes o Quevedo, u otros más recientes como Sharpe, Wodehouse o Mendoza, por citar autores consagrados, conviven con creaciones humorísticas que nada tienen que ver con la literatura, por más que estén impresas o puedan llegar a ser muy divertidas. Una mezcla comprensible por razones de exposición, pero que en nada beneficia al humor como género literario.
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lunes, 14 de mayo de 2012
Ensayo sobre la ceguera – José Saramago
Me leí este libro en
cuatro días. Dadas sus dimensiones, eso significa que me gustó. Y mucho. Es una
historia singular, de las que se recuerdan muchos años después
de haberla leído.
Posiblemente lo mejor es
el principio, el primer tercio o la primera mitad; la historia es, hasta ese momento, tan dura que deprime. Luego no sé si porque hay un ligero cambio de tono, o
porque ya estás acostumbrado, todo se hace más llevadero.
Sin embargo, más que
pensar en el libro en sí, me ha dado por hacerlo de este libro y de otros que
he leído del mismo autor: Las
intermitencias de la muerte y El
evangelio según Jesucristo. Me centro en “la ceguera” y “la muerte” porque
los paralelismos son mayores. En ambos casos hay cosas geniales y otras que me
han dejado con la miel en los labios.
Los dos casos parten de
una estructura común: plantear un hecho
insólito (la ausencia de muerte o una epidemia de ceguera) que afecta a alguno de los sentimientos
básicos de las personas (el miedo a la muerte o el miedo a la ceguera); a continuación, a ese hecho insólito se le
aplica la lógica más absoluta para construir un mundo “lógico” sustentado en un
hecho ilógico. Con eso se consigue sacar a relucir los verdaderos valores
del ser humano –buenos y malos, y, entre ellos, fundamentalmente, el afán de
supervivencia-. Sin embargo, tanto con un libro como con el otro siempre he pensado que
estos temas dan para más, que cualquiera de ellos podría justificar no “un
libro excelente” sino “el libro” sobre el ser humano. Me viene a la cabeza
ahora mismo –igual me estoy pasando- que Saramago, haciendo esto, no ha sido
original (y hay más antecedentes): el Quijote es exactamente lo mismo: la razón
enfrentada a lo irracional, con motivo de lo cual salen a flote cuanto de bueno
y de malo hay en las personas (aunque el Quijote sea más divertido y a al vez profundo),
si bien, obviamente, las sutilezas no pueden ser las mismas cuando a los
personajes –como hace Saramago- se les enfrenta a situaciones tan extremas.
Pero en ambos libros
–“ceguera” y “muerte”- la historia pronto toma una deriva que la aleja de su
origen para centrarse, poco a poco, en una especie de “trama” que a veces, por
sus tintes casi cómicos –sobre todo
en el caso de “la muerte”- da una impronta muy personal pero, a la vez,
contradictoria con el comienzo... salvo que se tenga una visión del ser humano
como un bicho esencialmente ridículo, obsesionado consigo mismo hasta el punto
de no advertir su infinita pequeñez.
En todo caso, que la
historia apunta al ser humano queda demostrado porque ni aparece un solo nombre
en toda la historia, ni de personas ni de lugares.
En cuanto al final... sin
duda era el más sencillo y el único no aterrador o no totalmente
desesperanzador. Otro final, además, hubiera dado la impresión de dejar todo a
medias, salvo que hubiera sido apocalíptico.
En todo caso, un clásico moderno.
En todo caso, un clásico moderno.
viernes, 11 de mayo de 2012
Vargas Llosa, el ebook, y la literatura banal
Mario Vargas Llosa ha expresado
su temor de que el ebook conduzca a la banalización de la literatura. Entre
las reacciones he visto la mesurada de algún escritor que afirma, y con razón,
que lo importante es el contenido y no el formato (aunque sin entrar a analizar
si están relacionados), y otras, como la de algún otro escritor que se
autodefine más por el formato y los procedimientos de venta que por sus
contenidos y que ha aprovechado la ocasión para mofarse de uno de los más
importantes intelectuales vivos, revelando, de paso, su propia estatura
intelectual.
Al hilo de esto escribo este artículo, porque sin negar al formato
electrónico su incuestionable futuro, Vargas
Llosa no habla por hablar: la historia ha demostrado que el formato influye en lo que se publica.
Y mucho.
La idea es simple, y se basa en dos premisas: el formato no es una cuestión literaria, sino
tecnológica y, por tanto, afecta a los usos empresariales. La segunda: cada nuevo formato ha supuesto un
abaratamiento en los procesos de producción.
Cada nuevo adelanto (y abaratamiento) en el formato ha permitido sacar
a la luz cosas en ese momento consideradas “menores” (por eso no se habían
publicado), aunque algunas de ellas hayan acabado luego consagradas (lo cual espero
que consuele a Vargas Llosa). Veamos
un par de ejemplos.
Uno de los efectos de las nuevas técnicas de encuadernación fue la
aparición de libros de bolsillo, que permitieron literatura como la de Marcial Lafuente Estefanía o Corín Tellado. Da la razón a Vargas Llosa que esta literatura
generalmente haya sido calificada de “menor” y sus autores hayan sido excluidos
de la literatura “oficial”; aunque cuando Corín Tellado falleció, Vargas
Llosa le dedicó un elogioso artículo, considerando injusto el tratamiento que
se le había dispensado.
El siguiente ejemplo es verificable en la web del INE: cuando los
costes de impresión eran elevados (pensemos, por ejemplo, cuando había que
componer el texto letra a letra) una edición requería un mínimo de ejemplares
para ser rentable, o precios muy elevados. Con las nuevas técnicas ese mínimo se redujo. Por eso las tiradas medias no han dejado de descender
en los últimos años, hasta situarse en poco más del millar de ejemplares en
España. ¿Pero entonces se han vendido menos libros? No, porque por aquello de
los usos empresariales que citaba, se ha
ampliado hasta el infinito el número de títulos publicados, ya que resulta más fácil vender los primeros cien
ejemplares de cualquier obra que el segundo centenar. A los datos me remito:
hemos dejado atrás años con 24.000 novelas publicadas. ¡24.000! Casi 66 al día,
casi 3 a la hora día y noche día tras día. Y 80.000 títulos en 12 meses, si
tenemos en cuenta todas las publicaciones. Es razonable pensar que el listón
para seleccionar 24.000 novelas está más bajo que cuando se publicaban 6.000.
Luego la calidad media, seguramente, ha menguado, dando de nuevo la razón a Vargas Llosa.
En consecuencia, ¿por qué el
formato ebook no va a acentuar el proceso, dado que sus costes de producción
son todavía más reducidos? Apenas hay costes variables porque el papel, la impresión, el almacenaje, el
transporte y hasta buena parte de la distribución minorista desparecen. Solo
quedan costes fijos, que son muy
pocos: corrección (y no siempre), una mínima maquetación y alojo. Lo lógico,
por tanto, es que se agudice el proceso:
que se publiquen todavía más títulos
(aunque va a ser mucho más complicado hacer las estadísticas, debido a la
floreciente autoedición digital), que de
cada uno se vendan cantidades irrisorias, y que el nivel medio de la literatura
publicada caiga todavía más.
Por último, a medida que el ebook vaya creciendo irán cayendo las
librerías tradicionales. En consecuencia, la
difusión masiva quedará reservada a las obras que decidan las empresas
propietarias de los pocos escaparates virtuales relevantes. Las empresas, y
no es criticable, se guían por criterios empresariales, entre los que imitar el
éxito es el más eficaz, aunque eso estrangule la creatividad del escritor y
silencie al que no se pliega a las modas. Esto ya ocurre, pero se va a
acentuar. Un motivo más para dar la razón a Vargas Llosa.
Ya sé que el tema levanta pasiones y muchas reacciones de todo blanco o
negro. Sin embargo la realidad siempre combina
distintos tonos de gris: por supuesto, seguirán existiendo obras maestras,
por supuesto seguirán existiendo grandes autores, y, por supuesto, el ebook
dará voz a magníficos escritores que de otra manera no la hubieran tenido. Vargas Llosa reconoce esta idea en su crítica a la cultura actual, e incluso da nombres (aunque sus
más críticos lo omitan). Sin embargo, en general será más complicado localizar
y difundir la calidad en el maremagnum que se avecina. En definitiva, Vargas Llosa, me temo, tiene razones
para decir lo que dice.
jueves, 10 de mayo de 2012
The Blues Brothers
Hace mucho que no ponía nada en este apartado del blog. ¿A que esta música pone de buen humor? Todo el mundo necesita alguien a quien amar.
domingo, 6 de mayo de 2012
Un pequeño inconveniente – Mark Haddon
Un pequeño inconveniente tiene un pequeño inconveniente: le sobran la mitad
de sus casi seiscientas páginas. ¿La razón? Lo que cuenta es bien poco.
George se acaba de jubilar, y descubre que su esposa le pone
una buena cornamenta. La pareja tiene dos hijos, ambos independizados: Jamie,
un homosexual inmaduro, y Katie, separada, con un hijo y con un pronto
considerable, que acaba de anunciar que se casa con Ray, un tipo relativamente
bien situado pero algo quisquilloso –aunque sin pasarse- al que no se sabe muy
bien por qué todos ven con muy malos ojos.
![]() |
| Mark Haddon (1962) |
Parece, sin embargo, que todo debería ser una excusa para
relatar el proceso de George, algo nada divertido, al menos en teoría: primero
parece hipocondría, luego trauma por la cornamenta, y, más tarde, una clara
demencia senil que, al final, se queda en lo que se queda, confirmando que la
novela se limita a una sarta de situaciones más o menos típicas y tópicas
salpicadas por alguna que otra idea expresada en frases aisladas que revelan
una profundidad de pensamiento no usada en el conjunto del texto. Da la
sensación de que los males de George solo han sido utilizados para conmover el
corazoncito del lector.
Con lo facilona que es de leer, con lo simplona que
resulta esta novela, y lo que se me ha atragantado.
jueves, 3 de mayo de 2012
El niño del pijama de rayas – John Boyne
Si hubiera de apostar, diría que El niño del pijama de rayas es uno de esos superventas que puede sobrevivir en el tiempo. ¿Por qué?
-Por su sencillez. No hay nada difícil de entender. Está contado desde la perspectiva de un niño y, por tanto, sin dobleces. Consigue mantener además dos cosas muy complicadas: el mismo tono de principio a fin y la sencillez a la que me refería. El esfuerzo preciso para que una cosa se pueda leer sin trabajo puede ser nulo (como cuando uno escribe simplezas) o enorme. Creo que este libro está más cercano al segundo caso, porque es simple, pero se nota trabajado. A título de ejemplo, hay algunos detalles de psicología infantil bastante buenos, como la tendencia a referirse a las cosas importantes usando siempre, exactamente, las mismas palabras.
-Porque obliga al lector a participar. ¿Cómo? Identificando aquello que Bruno, el protagonista, no llega a captar más que en su envoltorio: desde personajes a lugares y contextos históricos. Es el lector quien acaba completando lo que Bruno ve sin comprender.
-Porque en torno al Holocausto hay muchas miradas –literariamente hablando- desde el punto de vista de las víctimas. Pero hay muchas menos desde el punto de vista de los alemanes de a pie que, sin comerlo ni beberlo, se encontraron con la tragedia a las puertas de su casa, y a menudo sin la posibilidad de elegir ser o no verdugos.
-Porque adoptar la visión de un niño es un acierto. La de un adulto no hubiera podido ser igual de limpia e imparcial: un adulto alemán si no era culpable por acción, se hubiera sentido culpable por omisión (y ahí está el origen de todos los problemas que a este respecto todavía arrastra Alemania).
-Porque demostrando la radical igualdad de las personas, muestra de forma inequívoca que el salvaje que todos llevamos dentro puede transformar cualquier cosa en un infierno.
-Porque demuestra que la violencia llega, incluso, a quienes la ejecutan. ¿O es que la vida de la familia del comandante, por más repugnante que se considere, era envidiable? Quien ejercita la violencia no está escapando a ella, por más atenuada que le llegue.
-Porque obliga a darse cuenta de que la violencia extrema no es algo que “les sucede a otros”. Las carnicerías parten siempre de cuatro mentes perturbadas, pero quienes las ejecutan –y tenemos muestras muy cercanas en el tiempo- son siempre cientos y miles de personas manipuladas que hasta entonces habían llevado una vida normal, respetable, vulgar... ¿Quién puede decir que nunca será manipulado y utilizado? ¿Quién puede asegurar cómo reaccionará cuando ya nada está en sus manos?
-Porque además de todo lo dicho, el autor se permite el lujo de jugar con el lector dejándole atisbar un final que... acaba siendo otro. Un final que, por sus características, contribuye a reforzar el impacto del libro.
-Porque creo que también es una lectura para niños (a partir de los once, doce, trece años...) a condición de que tengan conocimientos suficientes sobre esa época. No todo ha de ser Bob Esponja. A un niño no hay por qué ocultarle que la gente normal es una bestia domesticada. Es la vida. No se trata de atemorizarlo, pero sí de que no viva en la inopia. Muchos veíamos reportajes de la II Guerra Mundial a esas edades y no nos ha pasado nada... excepto que al impresionarnos reforzaban nuestra conciencia sobre las cosas y nuestra curiosidad. Si uno no conoce el horror, puede llegar a pensar que no existe, lo cual es la forma más rápida de llegar a él.
Que este libro sea un superventas es también reseñable, porque nadie podrá decir que el autor ha buscado una fórmula de éxito al uso, más allá de lo “sensiblero” o no que pueda juzgarse el tener a niños por protagonistas de una tragedia. Tampoco usa recursos trillados, como el de generar artificialmente intrigas enlazadas para forzar el “enganche” del lector. No precisa de esas técnicas rudimentarios porque el enlace de las cosas está en la propia historia.
Por todo esto vuelvo al principio: si algún best seller hay llamado a sobrevivir a los usos del mercado editorial, bien pude ser El niño del pijama de rayas.
domingo, 29 de abril de 2012
Zonas húmedas – Charlotte Roche
Uno lee la contraportada y parece que este libro sea mejor que el Quijote. Pero me temo que no. El tono del primer capítulo es bastante común entre los escritores europeos "jóvenes y de éxito" de los cuales, por cierto, hay a patadas. He leído otros libros de este tipo y... En fin, son desenfadados, ágiles... pero se quedan en entretenidos, y se parecen todos mucho. El "secreto" parece consistir en hablar de sexo con la misma naturalidad con que uno admite haber comido arroz o macarrones. Y no solo de sexo en sentido estricto, claro: el "secreto" es hacer natural lo sórdido. O, como en este caso, ir un poco más allá: en lugar de limitarse a aceptar la normal existencia de lo sórdido, se lo equipara al resto.
El contenido del primer capítulo es una "amena" disertación sobre el atribulado culo de la protagonista. Un culo problemático (hasta con almorranas en forma de coliflor y algo piloso) pero también multidisciplinar. Sobre tan peculiar cimiento, se construye el resto.
El tono desenfadado da cierto toque humorístico, quizá inevitable, porque supongo que ni Shakespeare hubiera podido escribir una tragedia a partir de unas almorranas u otras cosillas similares.
Pero independientemente del tono hay quien califica este libro de erótico, aunque de erótico solo tiene, por decir algo, que la protagonista-narradora se pasa el día hablando de sus bajos, lo cual tampoco es como para seducir a ningún bípedo, habida cuenta de la flora y fauna que cría la damisela.
La narradora-protagonista, con 18 añitos y un trauma familiar a cuestas, ingresa en el hospital para tratar su asendereado trasero. Apenas nadie va a visitarla, y hace buenas migas con un enfermero. Aprovecha la soledad y la necesidad de escapar del dolor para pasar revista a sus traumas y aficiones, a cual más asquerosa: hay pasajes que revuelven las tripas al más pintado. Volviendo al principio, leo en alguna crítica que es una novela “transgresora”. Pues estupendo, pero de la transgresión a la calidad hay un largo trecho.
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