En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 2 de septiembre de 2013

La excursión a Tindari – Andrea Camilleri



La excursión a Tindari (Serie Montalbano, 7)


                Un joven aparece asesinado a las puertas de su casa. Poco después, un hombre denuncia la desaparición de sus ancianos padres, los cuales vivían en el mismo edificio que el hombre asesinado. Aparentemente se trata de dos casos distintos, solo unidos por la casualidad. Pero además, las familias mafiosas que se reparten el negocio en la zona están en crisis, debido a la pujanza de nuevos grupos mafiosos con todavía menos escrúpulos, hasta el punto de que un nonagenario ha tenido que asumir el mando de una de ellas.
                Al primer crimen la policía no le da demasiada importancia, al atribuirlo implícitamente a un ajuste de cuentas mafioso o vinculado a asuntos turbios, por lo que se toman la investigación con calma. Tampoco se toman muy en serio la desaparición de los dos vejetes, pensando que pronto aparecerán. Pero lo cierto es que las cosas se acaban complicando, porque los ancianos, que nunca salían de casa y eran una pareja solitaria y antipática, fueron vistos haciendo una excursión a Tindari, en autobús, y llegaron a emprender el camino de regreso.
                Cómo se relacionan ambos casos y cómo se resuelve la cosa, dejo que lo sepa quien lea la novela, aunque sí me permito decir que las elucubraciones del comisario están, en algún punto, bastante traídas por los pelos. Aparte de eso la vida personal del comisario Montalbano juega, como siempre, un papel relevante como marco de la historia, porque estas novelas, además del caso concreto del que cada una trata, se han ido convirtiendo poco a poco en un periódico reencuentro con un conocido que nos da ocasión de ver cómo han evolucionado sus rarezas. Ahora Montalbano está a punto de ser un cincuentón, y su vida sigue tan desorganizada como siempre, quedando situado al borde del caos o de la soledad. Reaparece algún personaje –la guapa nórdica de La forma del agua, para la que no pasan los años- creo que más por dejar espacio a una “chica guapa” en la novela que porque aporte algo sustancioso y, también, porque el sexo que Camilleri introduce en estas novelas se basa en escenas donde con toda naturalidad los personajes se ponen al borde de todo sin que pase nada, naturalidad, por cierto, que mengua todo erotismo; a la vez, el cúmulo de secundarios ejerce su papel permitiendo al autor introducir, a través de ellos, gran parte del humor que hay en la novela: los suaves gags se corresponden casi siempre con la torpeza de Catarella y con malos entendidos; fuera de eso, no hay otro humor que el espíritu más o menos risueño (e irreal) con que Montalbano se toma la vida y, en particular, su trabajo y los peligros que asume, así como la aversión a todo tipo de compromiso afectivo más o menos formal, que ya resulta repetitivo y en alguna ocasión casi sobreactuado. Pero es lo que ocurre con las “sagas”, que o el personaje es un pirado cuya personalidad cambia a cada momento (con lo que es complicado ganar la fidelidad del lector, además de en exceso irreal), o se cae en la reiteración, con el riesgo de desembocar en el aburrimiento y en la falta de motivación. Quizá para solucionar esto en entregas futuras (que todavía no he leído), Camilleri cambia en esta novela al jefe superior, cuya opinión sobre la comisaría de Vigàta es perfectamente mejorable. Esto le permite abrir nuevos horizontes en el entorno, aunque en esta ocasión el asunto da poco juego, más allá del típico recurso del policía que no solo debe luchar contra “los malos” sino también contra jefes entre incompetentes y sabelotodos.
                Una novela, en resumen, que se lee bien, que es divertida y que entretiene, como las anteriores, aunque produce cierta sensación de acomodo, como si Camilleri, más que evolucionar al personaje, lo hubiera estirado.

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