En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 19 de septiembre de 2013

El caso del mayordomo asesinado – Marco Malvaldi



            Quizá porque vendan más las etiquetas de “novela negra  o de “novela policíaca”, El caso del mayordomo asesinado no figura como novela de humor, aunque está más cerca del humor que del misterio.
            Estamos en Italia, a finales del XIX. Un barón ha invitado a su castillo a un bigotudo que ha adquirido fama tras publicar un libro de cocina, y a otro caballero que hace fotografías. A la mañana siguiente el mayordomo aparece muerto “en extrañas circunstancias”. O sea, en la bodega y cerrado desde dentro; las primeras hipótesis apuntan al vulgar soponcio; las segundas, al envenenamiento. Y, para colmo, alguien dispara contra el barón. La resolución del caso cae en manos del comisario que, en la recién creada Italia, ejerce un poder que cuestiona la nobleza, aunque el cocinero bigotón tiene un protagonismo no menor.
            Ya dice mucho del espíritu de la novela que el mayordomo no sea el asesino, como mandan los cánones, sino el asesinado. Hasta el título "El caso de..." es un guiño a una determinada forma de literatura. Además, el planteamiento enlaza con los clásicos de Agatha Christie, al ofrecer desde el principio un catálogo cerrado de posibles criminales y al ir tomando las cosas giros inesperados a partir de pequeños detalles.  O giro, más bien,  porque el autor deja discurrir las sospechas por donde la lógica indica, para luego, en la “reunión” final (también un “clásico”) desentrañar el misterio. Como digo, todo "muy Christie”.
            Pero ya he dicho también que la novela es de humor mucho más que de intriga. A ello contribuyen  unos cuantos personajes, como los hijos del barón (incompetente poeta frustrado uno y experimentado cliente de burdeles el otro), las consideraciones del autor acerca de todos ellos y de las diferentes situaciones y, sobre todo, el ir y venir del propio autor, que entra y sale de la narración, se distancia o se acerca del lector según le viene en gana, y así como unas veces la distancia es máxima (como cuando leemos el diario del cocinero bigotón), en otras el propio autor se acerca tanto que se permite recordarnos que no debemos tomarnos las cosas muy en serio porque aquello solo es una novela. Deja así claro que el argumento es lo de menos, y que el objetivo es pasarlo bien, divertirse y reírse un poco
            Y divertida, la novela es divertida; y entretenida, es entretenida, pero a mi juicio le falta chispa. Hay, al comienzo, una suerte de presentación de los personajes donde aparecen demasiado difusos y, por tanto, confusos, y no aporta mucho porque hay que esperar a que el discurrir de la novela les vaya dando forma (a unos con más fortuna que a otros). Luego, el ir y venir del autor va en perjuicio de la continuidad, y tanto se acerca y se aleja de la historia que al final es el lector quien termina alejado, más como espectador de las piruetas del autor que como partícipe de un acto de comunicación. A aumentar esta sensación contribuye la constante alternancia de lo “serio” y lo jocoso. Y aquí radica el principal problema: si el autor deja claro que no hay que tomarse en serio la historia, si esta tampoco es que sea el colmo del misterio sino más bien una  inocente parodia, si sitúa al lector como mero espectador de una confesada mascarada, cabría esperar que el humor apareciera de forma contundente, porque no queda otra si uno quiera hacer algo bueno. Pero el humor aparece a saltos, con presencia progresiva, y también su tono carece de continuidad, lo cual  tiene efectos fatales: el ingenio y la ironía a menudo se ven interferidos por notas de humor grueso y demasiado facilón. Para colmo, ingenio e ironía podrían afilarse más.
            En definitiva, una novela que toma prestado, para hacer humor, una serie de “clásicos” (los más evidentes, la ambientación a lo Agatha Christie y la figura del mayordomo no como criminal sino como víctima), pero como no lo desarrolla y se limita a hacer un humor discontinuo alrededor, el resultado parece poco trabajado.

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