En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 18 de julio de 2016

El cuento de la isla desconocida - José Saramago




     Brevísimo relato sobre un hombre que acude al Rey para solicitar un barco con el cual partir en busca de una isla desconocida. El hombre se topa con multitud de trabas burocráticas y con la arbitrariedad final del monarca, obstáculos que representan la opresión del poder sobre la libertad individual, aquello que nos condiciona desde fuera sin intervención de nuestra voluntad. Luego, acompañado por la mujer de la limpieza de palacio (esta sí, elegida voluntariamente), pretende hacerse a la mar en busca de esa isla desconocida que nadie sabe dónde está porque para eso es desconocida; isla desconocida que viene a representar lo que somos: isla porque vivimos aislados en nuestra propia individualidad, y desconocida porque no somos capaces de comprender nuestra propia vida; somos, para nosotros mismos, un interrogante cuya respuesta solo podemos encontrar en el único lugar donde podemos echar raíces: en nosotros mismos, en esa isla desconocida.

     Un relato corto, muy corto, pero que invita a una reflexión profunda sobre los temas que he apuntado.

     Y no me extiendo más, o será más larga la reseña que el relato. 


José Saramago (1922-2010)



lunes, 18 de noviembre de 2013

Yo no soy yo, evidentemente – Gonzalo Torrente Ballester



Una joven investigadora de una universidad americana se dedica a comprobar si existió un escritor llamado Uxío Petro, autor de una Autobiografía, y, en tal caso, si él es o no el autor de otras tres novelas publicadas con nombres diferentes. Claro que también puede ser que la verdadera personalidad fuera la de alguno de aquellos tres, y Uxío Petro fuera una creación más. O puede que todos fueran personas diferentes, o todas fueran creación de otra ignorada.
Para tratar este tema se alternan, en largos capítulos, las elucubraciones de la investigadora, sus relaciones con el viejo y erudito director de la investigación, sus relaciones con el investigador chicano que le ayuda, y las relaciones de éste con un viejo amor platónico en España. Porque hasta España se desplazan para investigar tratando de localizar a las personas que protagonizaron, o inspiraron, algunos pasajes de las novelas investigadas; esto se alterna, digo, con fragmentos de esas mismas novelas, en las que a menudo resulta complicado saber quién es quién. En la primera, por ejemplo, un “nuevo yo” parece surgir de Uxío Petro a partir de cierto shock emocional, un cambio de vida que no impide que, en el fondo, uno siempre siga siendo el mismo.
Ciñéndonos a ese primer “desdoblamiento”, nos encontramos con una novela de altísima calidad, donde de alguna manera el lector se ve enfrentado a lo que antes o después le ocurre a muchas personas: que en ciertas ocasiones, a partir de algún hecho relevante, como reacción o como necesidad, uno deja de comportarse como es y para a comportarse como cree que tiene que ser; y en la medida en que este comportamiento se ve acompañado del éxito, uno tiende a creerse que es como debe ser, y no como verdaderamente es; pero ocurre  que a la larga el yo auténtico siempre acaba imponiéndose, y los éxitos a menudo se sacrifican para poder volver a ser uno mismo.
En los restantes “desdoblamientos”, en cambio, el análisis es más complicado y, a mi juicio, menos interesante. O a mí se me ha hecho más difícil de leer, porque Yo no soy yo, evidentemente, no es una novela de lectura sencilla, aunque sí de una gran calidad. Escrita en el elevado tono, ya otras veces usado por Torrente Ballester, que en otro autor con menos cultura y profundidad hubiera dado de lleno en la pedantería, aquí es muestra unas veces de humor (irónico las más de las ocasiones), otras del desdén solo concebible para quien intelectualmente está por encima del resto (y los personajes de esta novela tienen un ego y una seguridad en sí mismos que no les hace sentirse inferiores a nadie) y, en las más, sirve para ofrecer una panoplia de amplias y profundas reflexiones ante las que un editor de best sellers saldría huyendo. Volviendo al humor, como siempre en Torrente Ballester se basa en las ideas contradictorias o paradójicas, y no en los recursos cómicos tradicionales. En este sentido, Torrente Ballester es muy fiel a sí mismo, lo cual tiene un inconveniente: el considerable parecido entre muchos de sus personajes.
Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999)
En otras novelas el autor lo confesó expresamente, pero en esta no sé si lo hizo. Me refiero a que escribió lo que le vino en gana y como le vino en gana. Supongo que aquí también actuó así, y de ahí, seguramente, la evolución de esta novela que rodea el misterio de esas otras novelas que solo existen aquí, por decirlo de algún modo.  Yvonne, la investigadora que abre la obra, tiene un papel relevante al principio; parece que su confusa relación con su protector (académicamente hablando) va a dar más juego, y más cuando aparece el profesor chicano en medio; luego, sin embargo, Yvonne se difumina, y es el chicano quien adquiere más presencia, a la par que su antigua enamorada adolescente crece como personaje y su historia de amor parece que va a ser la que se adueñe de la novela. Entre tanto, sacados de las novelas de Uxío Petro y de quienes eran o no eran él, aparecen muchos personajes que adquieren una enorme fuerza para luego desaparecer casi sin dejar rastro. Todo ello, además, sin que Torrente Ballester deje de hacer lo que otras veces: dejar la mayoría de las cosas en el terreno de la elucubración, porque lo divertido, parece decirnos entre líneas, no es la verdad, sino el proceso de intentar descubrirla, de jugar con ella, aunque es muy posible que ni siquiera exista.
Como en otras novelas de Torrente Ballester, también aparece tratado indirectamente el asunto de la creación literaria, y no solo por las numerosas alusiones a las ideas preconcebidas sobre cómo deben ser las novelas, alusiones con las que Torrente Ballester se sitúa por encima de las técnicas que uniformizan,  reivindicando de esta forma  la creatividad como paso necesario para la calidad. Los investigadores, en esta novela, buscan a las personas reales en que se inspiran los personajes; y cuando esperan encontrar el personaje que los lleve al autor, encuentran a una persona que a menudo no les lleva a ningún sitio; luego... ¿cuál es la relación del autor con sus personajes? ¿Y la de los personajes con las personas que los inspiran? ¿Y la del autor con estas personas? Y en consecuencia, ¿qué es la inspiración? ¿Algo que está fuera y que el autor reconoce, o algo que está dentro de él? ¿Quizá la inspiración no es más que una excusa? ¿Quizá lo único que busca el autor en la realidad es una excusa para imaginar una nueva realidad novelada y vivirla así a su gusto?


lunes, 5 de marzo de 2012

Letra muerta - Juan José Millás




            Lo mío con Juan José Millás es una relación de amor odio: si he leído trece o catorce de sus libros es porque me gusta, porque escribe bien, porque su dominio del lenguaje y la expresión deja por los suelos la simpleza de la mayoría de autores de best sellers, porque siempre se pregunta al menos una cosa más que el resto, porque sostiene un enfoque muy peculiar sobre la vida, pero... Pero no acabo de encontrar “la gran” novela de Juan José Millás, la novela por la que deba ser recordado. Y no será por no haberla buscado.

            Desde luego, esa novela no será Letra muerta, una de sus primera obras (1984). En concreto, la quinta.

            El título hace honor al contenido. La historia parece una prueba, un experimento a medio gas o un juego. Me ha trasladado la sensación de “esto es lo que sabe escribir el autor cuando no está especialmente inspirado”.

            Que nadie busque en esta novela sino un rastro de los particulares mundos de Millás. En Letra muerta no sucede nada especialmente raro, si no es una trama de la que no cabe esperar nada concreto porque nada en concreto se sugiere que pueda pasar: un tipo, aspirante a terrorista, se infiltra como lego en una orden religiosa para combatir el sistema desde dentro, aunque, cachis en la mar, hace tiempo que ha perdido el contacto con su organización. Y ahí anda el tío, en una orden religiosa como un náufrago en una isla desierta. Y así como Robinson debía apañárselas con un entorno salvaje, para Turis, que así se llama el personaje, el entorno es la orden, el superior, el ecónomo, un tal Seisdedos, y un adolescente que anda por ahí. Sobre ellos tiene que apuntalar su vida y sobrevivir. El final, aunque relativamente sorprendente, carece de fuerza. Entre medio, poca cosa, sino es el proceso por el cual el protagonista va integrándose sin darse cuenta en la vida religiosa.

            A pesar de lo disparatado de las pretensiones del personaje, el autor ni construye una novela de humor, ni una parodia. Se limita a hacer una novela “realista”. Es decir, todo lo realista que puede ser algo con ese argumento, que no es mucho porque el desatino le resta credibilidad; y a la vez no es un desatino tan ilógico que aplicándole las reglas del sentido común se obtenga un resultado original. El resultado es pobre. Al menos en comparación con otras novelas del mismo autor.



lunes, 6 de febrero de 2012

Quizá nos lleve el viento al infinito - Gonzalo Torrente Ballester





Si hay una cosa que me gusta de Torrente Ballester es que escribió lo que le dio la gana cuando le dio la gana. Ya lo dije, creo recordar, al comentar otro libro suyo: si fuera un autor novel, hoy en día se las vería y desearía para publicar en una editorial grande, porque nada más alejado de las fórmulas industrializadas del éxito comercial que los textos de Torrente Ballester.

Jugando en tono paródico con la guerra fría y las películas de espías, el protagonista (no conocido por otro nombre que “el Maestro cuyos pasos se pierden en la niebla”) es un tipo sin origen conocido, y con una rara habilidad: es capaz de adoptar el cuerpo de cualquier otro ser vivo, usurpando su personalidad y hasta sus recuerdos. Más que para espiar no se sabe a quién porque juega a todas las bandas, parece utilizar esa facultad para infiltrarse en todas partes hasta la cocina, al fin de divertirse promoviendo su propia persecución. El perseguido adoptando el papel de perseguidor de sí mismo.

En esas, se enamora de una espía soviética, Irina Tchernova, a quien confiesa su secreto,  aunque a ella le cueste asimilar que un día su enamorado tiene la apariencia de Fulano y al siguiente la de Mengano.

Irina, más pronto que tarde, desaparece, y el protagonista se dedica a buscarla en torno al lío espía montado acerca de si pasa a Berlín Este o no la esposa de un científico dado a la fuga, sobre la que se sospecha que lleva todos los secretos de su marido en la memoria.

No es tan sencillo, sin embargo, localizar a Irina, pues interfiere Eva Gradner (o como ustedes la quieran llamar, pues se le cambia el nombre con mucha frecuencia), una “enviada plenipotenciaria” de los Estados Unidos que, en realidad, no es más que un robot mucho más perfeccionado que aquel otro llamado James Bond que en algún rincón está oxidándose. Eva no solo es guapa y no hace ascos al sexo, sino que carece de sentimientos y tiene una inteligencia que de vez en cuanto se aturulla con lo ilógico. Sin embargo, ha sido capaz de encontrar el rastro del protagonista no por medio de prodigios tecnológicos, sino a través de algo tan perruno como el olor.

En definitiva, el Maestro cuyas huellas se pierden en la niebla debe localizar a Irina y sortear a la vez a Eva, siempre a punto de localizarlo. Lo curioso es, además, que cuando encuentra a Irina el protagonista tiene que seguir buscándola, porque tampoco ella es lo que parece.

El principio de la novela es un tanto confuso: no se sabe si el protagonista va o viene, ni quedan explicados con claridad sus procesos de “metamorfosis” ni a qué juega, pero poco a poco la lectura va cogiendo ritmo y así sigue conforme se acerca el final.

El humor está presente desde la primera a la última página no solo por lo disparatado de las capacidades del protagonista, o por el comportamiento del resto (en especial, de Eva), sino por la constante parodia de las novelas y películas de espionaje, y por la forma de expresarse, a veces algo pedante, del narrador-protagonista. Torrente Ballester a menudo se recrea haciendo juegos de ideas expresadas de forma un tanto ampulosa, lo que contribuye a hacer del protagonista un tipo verdaderamente paródico. Quizá porque, en realidad, el verdadero Maestro no es aquel cuyas huellas se pierden en la niebla, sino el autor.


domingo, 23 de octubre de 2011

Un grito de amor desde el centro del mundo - Kyoichi Katayama








Una de las formas de captar la atención del lector es anticiparle un final truculento. Algo que despierte su curiosidad morbosa. Es lo que sucede en este libro, cuando las primeras páginas anuncian la muerte de la chica de la historia: una adolescente. Y para darle más morbillo quien cuenta la historia es otro adolescente: su novio.

El resto cuenta la historia del romance y la enfermedad, engordando el contenido con una vieja y algo macabra historia de amor del abuelo del protagonista, historia que enlaza con el final, supuestamente poético, dado a las cenizas de la chica.

Dice la contraportada que es un libro muy leído, y me lo creo, pero no porque sea bueno sino porque es morboso. No es que haga de la enfermedad un espectáculo, pero sí lo hace –aunque con cierta elegancia- del dolor y la forma en que las personas se enfrentan a la propia muerte y a la de los seres queridos.

En resumidas cuentas, no me ha gustado. Demasiado sentimentaloide. El tema de la muerte es universal, y lo mismo da para genialidades que para vulgaridades; igual que otros temas eternos, como el amor. Pero escribir bien sobre la muerte es muy, muy, muy complicado, y el autor no lo consigue. Si alguien quiere saber algo de qué se siente ante ella, de la mezcla sentimientos que provoca, tiene lecturas mucho mejores. ¿Alguna recomendación? Historia de los siete ahorcados, de Andreyev, que leí hace poco y he comentado en este mismo blog O el magnífico prólogo de El Final del Ave Fénix, de Marta Querol, editado en Aladena.


sábado, 21 de mayo de 2011

La princesa durmiente va a la escuela - Gonzalo Torrente Ballester




Canuto, Rey de Minimuslandia, monarquía parlamentaria, está sometido al dictado del Chambelán y del Presidente del Gobierno. Un buen día descubre la existencia de la Princesa Durmiente. ¡Medio milenio modorra en el bosque encantado! Y él, sabiéndose destinado a despertarla, se apresta a ello. Hasta aquí, la primera parte.

En la segunda vemos cómo surge el debate de qué hacer con la Princesa una vez despierta o, mejor dicho, de cómo “educarla” para superar los 500 años que han transcurrido desde que se durmió. Diversos intereses, todos egoístas, confluyen en este punto, y una serie de personajes se adueñan en ese momento de la trama, destacando entre ellos el profesor Rhodesius. Buena parte de ellos mezcla sus vanidad e intereses científicos con cierto sentido hedonista de la vida.

Finalmente, en la tercera parte, se cuenta lo sucedido tras el despertar de la Princesa.

Hasta aquí, sucintamente, el argumento y lo más simple de la estructura. Pero la historia no es el fin, sino el pretexto para una serie de diálogos brillantes, de razonamientos, de cruces de caminos que son los que dan sentido a una novela en la que el humor –las más de las veces irónico, aunque con mucha sutileza- y la sensualidad –o más bien el sexo sugerido y el reprimido- están presentes en todo el texto, poniendo de relieve que lo que mueve la historia siempre son, al final, las aspiraciones de las personas manipuladas con mejor o peor fortuna por quienes pueden manipular en función de sus respectivos y a menudo mezquinos intereses.

La novela es buena, divertida, intensa, con vocabulario rico y, en cierta medida, bastante más “erudita” que la media. La mezcla de realidad y absurdo ofrece un contraste que no deja indiferente. Sin embargo, algunas faltas pueden señalarse: no sé si la segunda parte es demasiado larga, como advierte el propio autor en el prólogo, pero sí que en ciertos momentos existe confusión en torno a los objetivos de unos y otros y al por qué se hacen las cosas (no porque esté mal planteado, sino porque los objetivos llegan a perderse de vista). También es cierto que me ha importado poco, porque en el fondo uno se lo pasa bien en todo momento.

Lo curioso es que con su “desestructurada estructura” y su discurrir confuso, hoy la mayoría de los editores no harían ni caso a una novela que como el propio autor indica no ha seguido otra planificación que el sentarse a escribir según le iba apeteciendo. Una novela que sólo fue editada cuando ya Torrente Ballester era un autor consagrado. Gracias a eso podemos leerla ahora.

En resumen: buena novela, llena de humor y de ingenio, pero no “hecha en serie”, sino con “fallos” de diseño (lo entrecomillo porque los fallos no los concibo en el arte sino en la producción en serie) que harán las delicias de quienes, además de ser lectores, tengan alguna inquietud por cómo escribir o dejar de hacerlo, y que a mí me lleva a la misma conclusión que sugiere el prólogo de este libro: para ser un best seller seguramente es indispensable seguir ciertas pautas, pero para ser un gran escritor, no hay más pauta que hacer lo que a uno le venga en gana.