En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



sábado, 21 de mayo de 2011

La princesa durmiente va a la escuela - Gonzalo Torrente Ballester




Canuto, Rey de Minimuslandia, monarquía parlamentaria, está sometido al dictado del Chambelán y del Presidente del Gobierno. Un buen día descubre la existencia de la Princesa Durmiente. ¡Medio milenio modorra en el bosque encantado! Y él, sabiéndose destinado a despertarla, se apresta a ello. Hasta aquí, la primera parte.

En la segunda vemos cómo surge el debate de qué hacer con la Princesa una vez despierta o, mejor dicho, de cómo “educarla” para superar los 500 años que han transcurrido desde que se durmió. Diversos intereses, todos egoístas, confluyen en este punto, y una serie de personajes se adueñan en ese momento de la trama, destacando entre ellos el profesor Rhodesius. Buena parte de ellos mezcla sus vanidad e intereses científicos con cierto sentido hedonista de la vida.

Finalmente, en la tercera parte, se cuenta lo sucedido tras el despertar de la Princesa.

Hasta aquí, sucintamente, el argumento y lo más simple de la estructura. Pero la historia no es el fin, sino el pretexto para una serie de diálogos brillantes, de razonamientos, de cruces de caminos que son los que dan sentido a una novela en la que el humor –las más de las veces irónico, aunque con mucha sutileza- y la sensualidad –o más bien el sexo sugerido y el reprimido- están presentes en todo el texto, poniendo de relieve que lo que mueve la historia siempre son, al final, las aspiraciones de las personas manipuladas con mejor o peor fortuna por quienes pueden manipular en función de sus respectivos y a menudo mezquinos intereses.

La novela es buena, divertida, intensa, con vocabulario rico y, en cierta medida, bastante más “erudita” que la media. La mezcla de realidad y absurdo ofrece un contraste que no deja indiferente. Sin embargo, algunas faltas pueden señalarse: no sé si la segunda parte es demasiado larga, como advierte el propio autor en el prólogo, pero sí que en ciertos momentos existe confusión en torno a los objetivos de unos y otros y al por qué se hacen las cosas (no porque esté mal planteado, sino porque los objetivos llegan a perderse de vista). También es cierto que me ha importado poco, porque en el fondo uno se lo pasa bien en todo momento.

Lo curioso es que con su “desestructurada estructura” y su discurrir confuso, hoy la mayoría de los editores no harían ni caso a una novela que como el propio autor indica no ha seguido otra planificación que el sentarse a escribir según le iba apeteciendo. Una novela que sólo fue editada cuando ya Torrente Ballester era un autor consagrado. Gracias a eso podemos leerla ahora.

En resumen: buena novela, llena de humor y de ingenio, pero no “hecha en serie”, sino con “fallos” de diseño (lo entrecomillo porque los fallos no los concibo en el arte sino en la producción en serie) que harán las delicias de quienes, además de ser lectores, tengan alguna inquietud por cómo escribir o dejar de hacerlo, y que a mí me lleva a la misma conclusión que sugiere el prólogo de este libro: para ser un best seller seguramente es indispensable seguir ciertas pautas, pero para ser un gran escritor, no hay más pauta que hacer lo que a uno le venga en gana.



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