En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Yo no soy yo, evidentemente – Gonzalo Torrente Ballester



Una joven investigadora de una universidad americana se dedica a comprobar si existió un escritor llamado Uxío Petro, autor de una Autobiografía, y, en tal caso, si él es o no el autor de otras tres novelas publicadas con nombres diferentes. Claro que también puede ser que la verdadera personalidad fuera la de alguno de aquellos tres, y Uxío Petro fuera una creación más. O puede que todos fueran personas diferentes, o todas fueran creación de otra ignorada.
Para tratar este tema se alternan, en largos capítulos, las elucubraciones de la investigadora, sus relaciones con el viejo y erudito director de la investigación, sus relaciones con el investigador chicano que le ayuda, y las relaciones de éste con un viejo amor platónico en España. Porque hasta España se desplazan para investigar tratando de localizar a las personas que protagonizaron, o inspiraron, algunos pasajes de las novelas investigadas; esto se alterna, digo, con fragmentos de esas mismas novelas, en las que a menudo resulta complicado saber quién es quién. En la primera, por ejemplo, un “nuevo yo” parece surgir de Uxío Petro a partir de cierto shock emocional, un cambio de vida que no impide que, en el fondo, uno siempre siga siendo el mismo.
Ciñéndonos a ese primer “desdoblamiento”, nos encontramos con una novela de altísima calidad, donde de alguna manera el lector se ve enfrentado a lo que antes o después le ocurre a muchas personas: que en ciertas ocasiones, a partir de algún hecho relevante, como reacción o como necesidad, uno deja de comportarse como es y para a comportarse como cree que tiene que ser; y en la medida en que este comportamiento se ve acompañado del éxito, uno tiende a creerse que es como debe ser, y no como verdaderamente es; pero ocurre  que a la larga el yo auténtico siempre acaba imponiéndose, y los éxitos a menudo se sacrifican para poder volver a ser uno mismo.
En los restantes “desdoblamientos”, en cambio, el análisis es más complicado y, a mi juicio, menos interesante. O a mí se me ha hecho más difícil de leer, porque Yo no soy yo, evidentemente, no es una novela de lectura sencilla, aunque sí de una gran calidad. Escrita en el elevado tono, ya otras veces usado por Torrente Ballester, que en otro autor con menos cultura y profundidad hubiera dado de lleno en la pedantería, aquí es muestra unas veces de humor (irónico las más de las ocasiones), otras del desdén solo concebible para quien intelectualmente está por encima del resto (y los personajes de esta novela tienen un ego y una seguridad en sí mismos que no les hace sentirse inferiores a nadie) y, en las más, sirve para ofrecer una panoplia de amplias y profundas reflexiones ante las que un editor de best sellers saldría huyendo. Volviendo al humor, como siempre en Torrente Ballester se basa en las ideas contradictorias o paradójicas, y no en los recursos cómicos tradicionales. En este sentido, Torrente Ballester es muy fiel a sí mismo, lo cual tiene un inconveniente: el considerable parecido entre muchos de sus personajes.
Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999)
En otras novelas el autor lo confesó expresamente, pero en esta no sé si lo hizo. Me refiero a que escribió lo que le vino en gana y como le vino en gana. Supongo que aquí también actuó así, y de ahí, seguramente, la evolución de esta novela que rodea el misterio de esas otras novelas que solo existen aquí, por decirlo de algún modo.  Yvonne, la investigadora que abre la obra, tiene un papel relevante al principio; parece que su confusa relación con su protector (académicamente hablando) va a dar más juego, y más cuando aparece el profesor chicano en medio; luego, sin embargo, Yvonne se difumina, y es el chicano quien adquiere más presencia, a la par que su antigua enamorada adolescente crece como personaje y su historia de amor parece que va a ser la que se adueñe de la novela. Entre tanto, sacados de las novelas de Uxío Petro y de quienes eran o no eran él, aparecen muchos personajes que adquieren una enorme fuerza para luego desaparecer casi sin dejar rastro. Todo ello, además, sin que Torrente Ballester deje de hacer lo que otras veces: dejar la mayoría de las cosas en el terreno de la elucubración, porque lo divertido, parece decirnos entre líneas, no es la verdad, sino el proceso de intentar descubrirla, de jugar con ella, aunque es muy posible que ni siquiera exista.
Como en otras novelas de Torrente Ballester, también aparece tratado indirectamente el asunto de la creación literaria, y no solo por las numerosas alusiones a las ideas preconcebidas sobre cómo deben ser las novelas, alusiones con las que Torrente Ballester se sitúa por encima de las técnicas que uniformizan,  reivindicando de esta forma  la creatividad como paso necesario para la calidad. Los investigadores, en esta novela, buscan a las personas reales en que se inspiran los personajes; y cuando esperan encontrar el personaje que los lleve al autor, encuentran a una persona que a menudo no les lleva a ningún sitio; luego... ¿cuál es la relación del autor con sus personajes? ¿Y la de los personajes con las personas que los inspiran? ¿Y la del autor con estas personas? Y en consecuencia, ¿qué es la inspiración? ¿Algo que está fuera y que el autor reconoce, o algo que está dentro de él? ¿Quizá la inspiración no es más que una excusa? ¿Quizá lo único que busca el autor en la realidad es una excusa para imaginar una nueva realidad novelada y vivirla así a su gusto?


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