En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 27 de febrero de 2014

Un giro decisivo – Andrea Camilleri



Un giro decisivo (Serie Montalbano, 10)

                Resulta complicado no ser repetitivo al comentar las novelas del comisario Salvo Montalbano, porque son obras repetitivas. Eso no quiere decir que sean malas o aburridas; al contrario, si las voy leyendo es porque con ellas se pasa un buen rato, porque apetece reencontrarte con personajes con los que lo has pasado bien.

                En esta ocasión el comisario sale un buen día a nadar y, mientras hace el muerto, se encuentra con otro que lo hace mucho mejor y que tiene una poderosa razón para ello. Además, los peces y otros animalitos de la zona se han pegado un banquetazo a su costa. Todo apunta a que el cadáver lleva en el agua tanto tiempo que va a ser complicado saber de dónde proviene.

                Los que sí se sabe de dónde provienen son los inmigrantes que llegan a la zona, como pueden, en una patera. Por una casualidad el comisario presencia el desembarco controlado por aquellos de sus colegas dedicados a tales temas, y así es como Montalbano tiene ocasión de atrapar a un niño tan aterrorizado que trata de escapar incluso de su madre. Pero algo hay en la mirada de ese niño, y en la actitud hacia la madre que lo reclama, que siembra la inquietud en el comisario.

                Lo que ocurre a partir de ese niño atemorizado y del cadáver a la deriva,  es que las cosas, pese a ser en apariencia independientes, comienzan a enmarañarse. Para lo cual Camilleri utiliza sus recursos habituales; esto, sin duda, lo peor, porque el lector que llega a la décima entrega de una serie, creo yo que va buscando los personajes más que sus trucos, y estos son demasiado insistentes: la inconsciencia de Montalbano, que actúa siempre con su cuenta sin pensar ni en el riesgo ni en la ley, las afortunadas casualidades, e incluso (aunque esta vez no de forma decisiva) la siempre preclara memoria de los más viejos del lugar.

                No es infrecuente en Camilleri que el crimen que abre la novela quede de inmediato en un segundo plano, de forma que tras él el lector se reencuentre con el mundo de Vigàta. Es lo que ocurre aquí. Esta forma de escribir hace que uno se zampe la tercera parte de la novela sin darse cuenta, y sin que haya pasado nada. Porque a los amigos primero se los saluda, y luego ya hace uno lo que tiene que hacer; y a estas alturas el lector y Montalbano son ya íntimos.

                Hay, eso sí, un intento fallido de Camilleri no sé si de tensar la parte emocional, o de hacer una crítica política poco larvada. Me refiero a que la actitud de los responsables políticos de interior ha hecho que Montalbano, sin verse afectado por ninguna decisión concreta, haya decidido presentar su dimisión por una cuestión de principios. Son el tipo de recursos que quizá generan cierta tensión en el lector cuando la novela está recién salida, cuando la undécima todavía no existe, pero cuando van ya una veintena no hace falta pensar un segundo para saber que estamos ante un amago, por lo que ningún lector se toma en serio la dimisión (como tampoco, en realidad, los personajes) y, como efecto colateral, posiblemente tampoco se toma muy en serio la crítica implícita.

                Sea como sea, a medida que pasan las novelas el mundo de Vigàta se va haciendo más útil para su autor y, por tanto, más conocido para el lector. Camilleri echa mano o no de los personajes según le interesa. En este caso, es Ingrid la que reaparece. Augello queda en segundo plano –como casi siempre- pero dejando ver un cambio de vida, Fazio hace lo que se espera de él (y alguna cosa no es la primera vez que la hace) y la catástrofe llamada Catarella en esta ocasión destaca especialmente por sus ataques al diccionario.

              Y termino con una alusión al humor. El genio del comisario, tan vehemente, exagerado y despreocupado respecto a sí mismo siempre hace sonreír, pero hay que admitir que estas novelas comienzan a combinar lo estrictamente policiaco como lo cómico en el sentido más clásico del término: que Cataré se pase la novela sin ser capaz de abrir una puerta sin golpearla con estrépito contra la pared, o que haya un policía en la comisaría que lo mismo es capaz de surtir a Montalbano de unas gafas para miopes que de unas botas para pescar (amén de mil cosas más entre medio, como si en su despacho tuviera un bazar) parece sacado de una película de los Hermanos Marx, aunque no cabe duda de que es una seña distintiva del mundo de Montabano. Probablemente esa mezcla sea parte de la receta de su éxito.



2 comentarios:

  1. Llevas toda la razón en lo que comentas al principio, pero tiene ese no sé qué, que te atrapa y sigues leyendo.
    Yo creo que voy por la entrega 15-16 y seguiré leyendo, pues me encantan las historias de salvo y todos los personajes que le rodean. Y lo mejor, siempre me imagina a Andrea escribiendo y se me dibuja una sonrisa.

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  2. Yo también tengo claro que acabaré leyendo todas ;-)

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