En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 1 de marzo de 2012

Trainspotting – Irvine Welsh



Según la traductora, el “trainspotting” (quedarse mirando un tren para identificar sus características y presumir de entendido) es considerado el más bajo de los hobbys. Algo así como nuestra versión del “quien no tiene que hacer, con el culo mata moscas” (o con el rabo, dependiendo del lugar). Y eso es lo que les pasa a los protagonistas: personas en torno a los veinticinco años, con un pasado no muy boyante y ningún futuro en el horizonte, que se dedican a ver pasar los días en compañía de la heroína (fundamentalmente) y de cuanto son capaces de echarse al cuerpo.

La historia es realmente buena por lo que permite intuir y por cómo lo cuenta. Respecto a lo primero, en lugar de pontificar expresa o tácitamente sobre las drogas, se limita a contar la vida de unos cuantos drogadictos sin escatimar alusiones a episodios verdaderamente sórdidos. La degradación, la miseria, la marginación, la enfermedad e incluso la muerte, conviven con toda naturalidad en un mundo donde nadie piensa en el futuro, posiblemente porque no lo hay; sin embargo, la forma de narrar tiene –ya que no los personajes- una alegría y un humor que hacen la historia muy atractiva. Las situaciones divertidas son, pese al entorno, numerosas.

Droga mediante, cualquiera se transforma en un individuo sin otra aspiración que la de sobrevivir con las justas lealtades, transformándose, con toda naturalidad, en ladrón, psicópata o fantasma de sí mismo. La violencia gratuita está a la orden del día, pues es, me temo, la única forma que muchos tienen de canalizar su miedo y sus frustraciones. Trainspotting es, desde luego, una maravilla dejando constancia de personalidades aniquiladas por la falta de futuro y de recursos económicos, morales e intelectuales. Y casi todos los personajes, de una manera u otra caen bien, porque todos son perdedores. Todos.

Al principio, sólo al principio, puede tener comparación con alguna de las novelillas de Bret Easton Ellis. Pero es un error: no hay puntos comunes más allá de la drogacción de los protagonistas; y no porque uno aluda siempre a gente podrida de dinero y Trainspotting se centre en pobres diablos que malviven trapicheando y estafando en el subsidio de desempleo, sino porque Trainspotting es un novelón como una catedral donde los protagonistas, además de hacer cosas “escandalosas”, piensan y sienten.

Todos los personajes cuentan la historia en primera persona; lo cual a veces produce un poco de confusión, porque no se sabe muy bien quién empieza a hablar en cada momento. Por otra parte, como se definen casi exclusivamente por sus hechos, hay una tropa de secundarios en la que a veces es fácil confundir a unos con otros, sin que por suerte eso afecte a la historia.

El lenguaje es, como corresponde a los personajes, muy limitado y jalonado constantemente de muletillas y términos en “jerga”. Además todo es “puto”, “jodido”, etcétera. Y así debe ser.

El final es, sin duda, de lo mejorcito, porque muestra la única manera que de verdad existe de romper con las drogas: romper con todo. Otra cosa es si quienes lo intentan (incluidos los personajes de esta novela) consiguen hacerlo o no. El marco de la intentona (el “golpe de su vida”, en el que se echan cándidamente en brazos de un traficante experimentado), es una clara muestra de dónde han estado en todo momento los protagonistas, y de hasta dónde pueden llegar procediendo de donde proceden.

Debería ser de lectura obligatoria.


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