En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Mentiras consentidas - Michael Hjorth y Hans Rosenfeldt



               El entusiasmo que he sentido al terminar esta novela no se debe tanto a sus méritos concretos –que los tiene- sino a la increíble la capacidad de los autores para mantener el listón del interés. Increíble este trabajo a dúo donde la profesionalidad y el buen hacer se notan a cada página. ¡Cuánto intercambio de ideas se intuye para depurar los hechos, dotarlos de la complejidad y el interés necesario y evitar cabos sueltos! Si bien, como es obvio, a medida que se suceden las entregas de esta magnífica saga las breves recapitulaciones para refrescar la memoria de los lectores y situar a los que han cometido el error de no leer las novelas en orden –pobrecitos, ellos se lo pierden-, son más frecuentes, por más que sean telegráficas.

              Juzgué las vueltas de tuerca de la quinta novela (Castigos justificados) como un síntoma de agotamiento, por lo que terminé su reseña diciendo: «Habrá que ver si los autores son capaces de capear el problema sin que las novelas pierdan interés o resulten repetitivas. Lo veremos en la sexta entrega». Bueno, pues han sido capaces. De sobras.

              Si en algunas de las novelas de la serie del egoísta, traumatizado y maleducado Sebastian Bergman toma el protagonismo el caso encomendado a la Unidad de Homicidios y en otras lo hacen las relaciones entre los miembros de esa unidad, en Mentiras consentidas las dos cuestiones avanzan de forma casi paralela, y así, junto a la serie de violaciones que se están sucediendo en cierta localidad y que provocan una muerte que justifica la presencia de los personajes, nos encontramos con la espada de Damocles que solo el lector sabe que pende sobre Billy al tiempo que asistimos a otras cuitas menores, pero interesantes, relativas al liderazgo de la unidad –cuestionado por el origen del caso y la jefa de policía que llevaba el asunto- y al modo en que el resto de sus miembros tratan de reorientar sus vidas. El protagonismo se reparte, se hace coral.

              Todo lo cual, por sí solo, bastaba para hacer una novela digna y que no desmereciera de sus predecesoras, pero es el final, brillante, el que sitúa toda la novela y con ella la saga en un nivel de interés que no recuerdo a estas alturas, ¡sexta entrega!, en ninguna otra saga de novela negra o policial, porque junto la suerte más o menos previsible de Billy, el modo en que la resolución del caso de las violaciones se mezcla con el devenir de los protagonistas abriendo varios descomunales interrogantes es magistral.

              Poco antes había leído un desastre de novela, una birria (best seller, para más escarnio) firmada por Camila Läckberg bajo el título de Una jaula de oro, y hacerlo pensé mil veces en cuánto le debía la autora al tirón de la novela nórdica auspiciado por la trilogía de Stieg Larsson, y en cuántos escritores suecos si méritos suficientes no habrán prosperado gracias a él. No es el caso de Michael Hjorth y Hans Rosenfeldt, pareja con méritos sobrados para propiciar ellos solitos ese tirón no solo por cómo saben mantener el interés de los casos y de la vida de los protagonistas, sino también por el modo en que escriben: claro, limpio, directo, conciso, sin recurrir a lugares comunes, con un fuerte dominio de la significación e interpretación de los detalles en la comunicación humana, con un impactante dominio de los tiempos y la estructura, con realismo cuando es posible y, cuando no, dotando de verosimilitud a lo irreal.

              Lo primero que hice tras terminar fue mirar si la siguiente entrega ya había sido publicada.

              Aún no. ¡Snif!




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