En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 3 de junio de 2013

Que se levanten los muertos – Fred Vargas



              Son varias las personas que me han hablado muy bien de Fred Vargas, y reconozco que me gustó Fluye el Sena, como también reconozco que esperaba otra cosa de Que se levanten los muertos. No digo que sea un mal libro o que no sea entretenido, pero sí que está mucho más cerca de la novela juvenil (por más que haya muertos de por medio), que de la negra.
                Hay varios motivos. El primero, que los protagonistas son una caterva de locos muy poco convincente: uno, un prehistoriador algo misántropo; otro, algo más normal, experto en historia medieval; y, por último, un chiflado que solo piensa en la Primera Guerra Mundial, y lo hace con el entusiasmo de un forofo. Cada uno de ellos se horroriza de los gustos de los otros dos, como si en lugar de estudiosos fueran fanáticos; los tres están en la treintena; los tres son inmaduros como adolescentes; todos están casi con una mano delante y otra detrás, sin trabajo, (“con el agua al cuello”, repiten sin cesar) y los tres se van a vivir al el mismo caserón de un buen barrio parisino que alquilan por cuatro chavos a cambio de hacer reformas por su cuenta (ese tipo de cosas que solo ocurren en las novelas). Cada uno ocupa una planta, y, en el cuarto piso, se instala un tío del medievalista, que resulta ser un policía corrupto retirado.
                Con este planteamiento, se diría que la Historia va a jugar un papel en la novela, pero quien crea que los conocimientos de los personajes sirven para algo se llevará una decepción. Las relaciones que llegan a establecerse entre Historia y presente son irrelevantes, y de tan bajo nivel que lo mismo hubieran servido químicos que historiadores: si uno se pone, cualquier idea “brillante” puede ser inspirada por cualquier cosa.
                El segundo motivo es lo enrevesado de la trama, lo retorcidos que son “los malos”. Demasiado para no resultar, más que irreal, fantasioso. Además, aunque el realismo es un valor deseable en todo caso, aunque la realidad es un límite que el autor solo debe respetar si le da la gana hacerlo, en esta obra la irrealidad no sirve para que los personajes den lo mejor de sí mismos, ni para opinar o enseñar o descubrir nada al lector; solo  sirve para provocar su curiosidad por el desenlace. En Que se levanten los muertos la irrealidad de los hechos no es un apoyo sino un fin, una secuencia de piruetas en plan “más difícil todavía” que entretiene mucho y enriquece poco. En resumen, un muy buen libro para pasar el rato, pero nada más.
                ¿Y cuál es el argumento? Los tres mosqueteros citados y el policía corrupto, que ve pasar los días rascándose las narices, tienen por vecina a una cantante de ópera ya retirada. Y esta buena mujer descubre un día que alguien, vaya usted a saber quién, ha ido por la noche y ha plantado un haya en su jardín.  La extravagancia, sin embargo, tiene su aquel, porque a ver quién es el guapo que no siente curiosidad; no es los gamberros suelan elegir entre romper retrovisores y plantar hayas, ¿verdad? ¿Qué puede pretender quien hace algo así? Hay, además, otra vecina, una señora guapetona que acaba de entrar en los cuarenta y que regenta un restaurante cercano. Y todos viven contentos y felices hasta que un buen día la cantante desaparece. A encontrarla dedican el resto de personajes sus esfuerzos.


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