En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 27 de junio de 2013

Entre dos aguas – Rosa Ribas




    A la comisaria de Franckurt Cornelia Weber-Tejedor me la “presentó” un amigo tan aficionado a este género que hace muchos años que ha dejado de ser un aficionado para ser un experto. Entre dos aguas es la primera novela de esta policía hija de padre alemán y madre española emigrada en los años sesenta. Aunque, para mí, es la segunda, porque me fue presentada a través de Con anuncio.

    Y eso ha condicionado la lectura de Entre dos aguas (creo que para bien), porque al interés de la historia he unido el de buscar la confirmación de aquellas cuestiones que había deducido, con mayor o menor acierto, al leer Con anuncio.

    Cornelia es una comisaria ya madurita, cuyo marido anda por Australia en moto, tratando de encontrarse a sí mismo (extravagancia lo bastante notable como para sentir cierta compasión por la esposa, sola y trabajando sin parar). Cornelia lleva una vida volcada en el trabajo, sin apenas tiempo para sí misma ni para la vida social, tiene una madre que sigue teniendo mucho de la pueblerina que emigró, un padre con un perfil bastante plano, un compañero de trabajo que ha pasado de inseparable a misterioso, malas relaciones laborales con un colega, relaciones pragmáticas con un superior al que respeta más que teme, y es también una comisaria que acaba de enrolar en el equipo a un policía de buen ver; aunque el muchacho, a consecuencia de no saber dónde se mete, acaba compadreando más de lo previsto con el “colega enemigo”. También mantiene una relación de complicidad, aunque estrictamente profesional, con el forense. Y, lo que parece más importante, Cornelia tiene ciertas dudas acerca de si es alemana, española o qué, aunque a todos los efectos se considere alemana.

    Y esas dudas se ponen de manifiesto en esta historia, porque el muerto que aparece en el río es miembro de la colonia española, e incluso conocido por su madre. Por una parte Cornelia debe hacer su trabajo como comisaria alemana, y por otra la colonia española no deja de considerar oportuno que la investigación la realice “uno de los suyos”. De ahí la necesidad de afirmarse; aunque esa misma afirmación, por otra parte, es complicada cuando su madre sigue siendo más española que la tortilla de patata, y a través de ella Cornelia ha comprendido (o al menos tolerado) buena parte de las costumbres hispanas inexplicables bajo una óptica germana.

    Así, a la tensión propia del esclarecimiento de un crimen, se une cierta tensión “social” derivada del deseo del colectivo español de no verse salpicado ni señalado por el delito.

    El devenir de la investigación conduce a algunas alusiones a episodios ambientados en la guerra civil y en la postguerra, trauma que para los emigrantes españoles no evolucionó igual que para quienes permanecieron en España por la sencilla razón de que el emigrante no podía ver con sus propios ojos cómo cambiaban las cosas y cómo evolucionaba la "memoria social". Y la trama de la novela se complica con la presencia, más o menos inquietante, de un sobrino del finado que es un permanente sospechoso (y no desvelo si justificadamente o no).

  Paralelamente, aparece en otro “caso hispano”. El de una muchacha ecuatoriana empleada del servicio doméstico de un tipo influyente, que de buenas a primeras desaparece. No sé muy bien qué papel juega esta trama en la novela: si darle mayor extensión, mayor realismo porque la policía suele conducir a la vez varias investigaciones, si tratar de complicar la previsión del desenlace o el desenlace mismo, o si pretende, simplemente, oxigenar la investigación del caso principal para hacer más ligera la lectura. No es un recurso novedoso, y en Entre dos aguas está bien resuelto, porque queda integrado y los saltos de un tema a otro le dan agilidad.

    Una duda me queda: cuáles son las dos aguas entre las que navega la protagonista. Si al principio parece una referencia al río donde aparece el muerto, enseguida se ve que hay muchas dobles corrientes que atrapan a la comisaria, situada entre las aguas de la colonia española y la sociedad alemana, situada también entre el agua de un caso y otro, en medio de dos colaboradores cuya relación tiene su aquel, e incluso enfrentada a una disyuntiva personal mientras su vida siga como está sin que su marido se moleste en hacer otra cosa que corretear por Australia.

    Una lectura agradable y entretenida, que conviene seguir en las restantes entregas de la serie.


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