En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 12 de enero de 2012

Libertalia – Teresa Sopeña


Una de las consecuencias que para mí ha tenido La terrible historia de los vibradores asesinos ha sido hacerme interesar por la obra de los autores que la han reseñado. ¿Quiénes son esas personas? ¿Cómo escriben? Teresa Sopeña fue la primera en hacer una reseña, y Libertalia el primero de sus libros que he leído. No será el último.

Libertalia cuenta la historia de un hombre de madre hindú y padre... ¿quién es el padre? Ahí está el motor de la historia (que no la razón de ser): el protagonista, buscando sus orígenes, contacta con un viejo pirata que espera el fin de sus días en la costa de Nueva Inglaterra. Mucho y contradictorio se ha escrito sobre ese pirata, Thomas Tew, y sobre el hombre que el protagonista cree que es su padre, el capitán Misson, del que ni siquiera sabe a ciencia cierta si existió. El protagonista, Agag, se ve obligado a navegar en ese mundo de incertidumbres alternando su propia narración con la recopilada en un escrito facilitado por Tew.

De esta forma la historia se mueve sin brusquedades en el tiempo, de una generación a otra, y en el espacio, desde la costa norte de América a la caribeña, y sobre todo por las africanas, arábigas e indias.

Pero la historia es mucho más que una historia de viajes en busca de una persona o un dato, porque aquellos que son “investigados” por Agag no se limitaron a llevar una existencia más o menos aventurera (lo cual hubiera bastado para sostener una buena novela de “intriga histórica”) sino que persiguieron algo más: el sueño de la libertad. Averiguar qué fue de ese sueño acaba siendo el principal propósito del protagonista: al fin y al cabo, la mejor manera de conocer a un padre no es ponerle nombre y apellido, sino saber qué hizo, qué soñó y a qué aspiró. Por eso Libertalia es mucho más que una novela “de aventuras”.

La historia está muy bien apoyada en breves y concisas explicaciones de los cambios históricos del momento: los albores del colonialismo. Una época en la que los intereses económicos se aprovecharon del deseo de libertad de la población: si los viajes se fletaban por motivos económicos, quienes se marchaban de colonos a uno u otro lugar lo hacían en busca de una libertad religiosa de la que no gozaban en sus lugares de origen, o de la libertad que otorga la prosperidad económica. En medio de todo ello surgió la piratería, que también sirvió a los intereses económicos de ciertos países, y que, también, sirvió a los piratas como atajo hacia una rápida aunque dura prosperidad que se les negaba allá donde otros estaban labrando la suya; si muchos colonos eran, en cierta manera, los proscritos de sus lugares de origen, los piratas bien podían sentirse los proscritos entre los proscritos.

Su actividad de violenta rapiña los situaba “extramuros” de la moral (otra cosa son los intereses económicos que apañaron cierta tutela jurídica) y, además, en un entorno, el mar, donde no podía aplicarse otra ley que la del más fuerte. En ese sentido los piratas eran libres, aunque más por haber escapado de la civilización que por serlo realmente. De ahí que la vinculación entre piratería y libertad (elevada después a la condición de mito por el romanticismo) haya dado excusa a la autora para crear un libro que es casi una fábula, en la que quienes tienen la libertad que otorga la violencia impune, en realidad no dejan de soñar con la verdadera libertad: una libertad que se basa (bien lo sabe quien ejerce la violencia) en la igualdad, pues no puede haber libertad sin igualdad.

Por todo lo cual, una historia que tiene su parte de misterio, su parte de acción, y su parte aventurera, acaban resultando además conmovedora por situar el anhelo de utopía precisamente en quienes, por actuar por medio de la violencia, son sus primeras víctimas.

No puedo evitar terminar sin referirme al magnífico final: hay “piruetas literarias” que no son más que ajustar las cosas a martillazos, y otras que vienen como anillo al dedo. El final de Libertalia es un ejemplo de lo segundo y, por tanto, de ingenio y saber hacer: no solo es un canto a la libertad, sino también una reivindicación de la fantasía y la imaginación como forma de ejercer la libertad. Porque cuando la libertad adopta la forma de creatividad, ni siquiera debe respetar los límites de la realidad. Es complicado terminar esta novela sin sufrir la tentación de comenzar a escribir... para sentirse libre.

En definitiva, quien quiera pasar unas cuantas horas de buena literatura sabiendo que va a hacer algo más que entretenerse, que no dude en leer esta novela: Libertalia.





2 comentarios:

  1. Muchas gracias, Miguel, por tu estupenda reseña. Fíjate que después de leerla casi me han entrado ganas de releer otra vez "Libertalia" y eso que ya la he leído por lo menos doce o quince veces...
    Lo dicho y un gran beso,
    Teresa

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