En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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domingo, 8 de marzo de 2020

Muerte en el seminario - P. D. James





                Una muy buena novela negra escrita con capítulos cortos y ritmo tan constante que acaba impulsando la lentitud de la acción, escrita con una prosa clara, concisa y sin altibajos, aunque también sin alardes.

                El escenario, que tan importante es en algunas novelas de este género, es magnífico: un pequeño seminario recóndito, situado junto al mar, en la costa este inglesa, a poca distancia de acantilados de arena que se desvanecen a tal velocidad, debido al embate del mar, que las construcciones –como el propio seminario- que hace un centenar de años apenas lo divisaban, están a pocas décadas de ser engullidas por las aguas.

                La historia comienza con el hallazgo de un cadáver. Todo apunta a que ha sido un accidente, pero la presión del padre del fallecido hace que el comisario de la policía metropolitana de Londres Adam Dalgliesh, que iba a pasar unos días de asueto por la zona, acabe alojado en el seminario, donde veraneó siendo un chiquillo, y en él se encuentre con las complicaciones que sabrá quien lea la novela, aunque todo el mundo puede suponer de qué cariz son.

                De este modo Muerte en el seminario se plantea al modo que hizo célebre alguna de las novelas de Agatha Christie: un colectivo cerrado y encerrado de personas, una de las cuales es un criminal, con lo cual el lector disfruta de la doble tensión de averiguar la identidad del delincuente y del constante susto de no saber si el personaje que cada momento ocupa las líneas es un malvado a punto de descubrir al lector su maldad o un inocente a punto de marcharse al otro barrio.

                La novela avanza alternando cuatro acontecimientos relevantes con un montón de interrogatorios, y está escrita de tal modo que el lector tiene la sensación de ser un observador más de las conversaciones. Los datos se van acumulando, unos conducen a otros en un puzzle que el lector construye a la vez que los protagonistas, lo cual tiene bastante mérito. O, dicho de otro modo, la autora no se guarda descaradamente datos en la manga forzando al lector a seguir leyendo para ver cuándo la autora se digna dárselos –penoso y frecuentísimo recurso-, sino que la información fluye de los personajes de modo tan natural que P. D. James consigue que sean estos, con sus comprensibles errores y omisiones los hacen crecer el interés de modo espontáneo.

                Como en las buenas novelas negras, solo al final se resuelven las cosas. Dicho lo cual, sí cabe hacer una crítica: el final del final es lo único forzado, porque una vez resuelto «el caso», el resto de incógnitas se despejan de modo demasiado facilón. Tampoco me ha gustado mucho la escenificación del final.

                Esta es, creo, la undécima novela protagonizada por el comisario Adam Dalgliesh. No he leído ninguna otra. Ni falta me ha hecho para seguir perfectamente la novela.



lunes, 26 de agosto de 2013

Trampas – Ed McBain



                 Ed McBain es uno de los seudónimos de Evan Hunter y, Trampas y el resto de novelas de la Comisaría 87, el filón del que se nutrieron los guionistas de Canción triste de Hill Street, aunque nunca lo reconocieran.
                De hecho, Trampas es una novela muy cinematográfica, o más bien televisiva, sin otro protagonista que el conjunto de historias que se entrecruzan en el tiempo, de forma que cada vez que se cuenta algo de alguna es para abrir una incógnita o aventurar una solución, dejando al lector constantemente con la miel en los labios, hasta que las cosas terminan resolviéndose y cayendo por su propio peso.
No son, con alguna excepción, crímenes complicados, y se acaban resolviendo de forma rápida, a menudo auxiliados por la casualidad. Tampoco los policías son investigadores brillantes, sino personas que se limitan a seguir el “manual de procedimiento”. McBain pasa, dice el prólogo y la solapa del libro, por uno de los mejores escritores sobre el mundo real de la policía.
Los hechos ocurren la víspera de todos los santos. Un cadáver que va a pareciendo a trozos, y que parece ser el de un mago de tres al cuarto, cuya desaparición ha denunciado su esposa tras una actuación; unos niños, que van asaltando licorerías y matando a los tenderos; o una policía guapa, traumatizada por una agresión, que se ve obligada a actuar de cebo de un asesino en serie, con gran riesgo, haciéndose pasar por prostituta. Y todo ello como parte de la vida en la ciudad (indeterinada), donde nadie es amigo de nadie y cada uno defiende lo suyo.
Una historia que transcurre de forma tranquila, pero sin pausa, donde los acontecimientos se suceden en un orden lógico y sin llegar a precipitarse: cada cosa llega cuando tiene que llegar. El resultado, mayor dosis de realidad, aunque quizá eso no acabe de convencer a los devoradores de las “fórmulas best seller”.


Evan Hunter (Ed McBain)
1926-2005



lunes, 18 de marzo de 2013

Balkan Blues - Petros Márkaris



     Balkan Blues es un conjunto de relatos cuyo reclamo fundamental es el comisario Kostas Jaritos, que protagoniza el primero. Aunque, en honor a la verdad, la “estrategia de investigación” en ese relato es tan obvia que la tardanza de los personajes en pensar en ella produce la impresión de estar ante un relato fallido. Llegados a ese punto puede el lector olvidarse de Jaritos, que solo vuelve a aparecer, al final, haciendo un ínfimo “cameo”
     Pero aunque el gancho sea el primer relato, lo mejor de este volumen son los siguientes. También son los más duros. Todos reflejan, y de ahí el título, la crueldad, la violencia y las vejaciones a que se enfrentan los emigrantes, los que llegan a un país, en este caso Grecia, porque nada tienen, y donde son tratados como parias, especialmente los albaneses. A pesar de la situación actual, Grecia vivió cierto periodo de prosperidad en los años de la “burbuja”, animada allí la construcción por la celebración de los Juegos Olímpicos; a eso cabe unir la situación fronteriza con los Balcanes, una zona asolada por la guerra y la miseria. Desde las violentas disputas por un trozo de pan hasta la prostitución forzosa, todo tiene cabida en Balkan Blues. Un recuerdo más de lo que provoca el egoísmo de todos y cada uno de los miembros de una sociedad, y de la forma en que las sociedades ricas miran hacia otro lado para seguir manteniendo la conciencia tranquila.

viernes, 16 de noviembre de 2012

El final del Ave Fénix, en bolsillo



    Acaba de salir a la venta la primera edición de bolsillo de El final del Ave Fénix, novela de la que guardo un excelente recuerdo por lo buena que es y porque me sirvió para conocer a su autora, que más tarde tuvo a bien presentar de La terrible historia de los vibradores asesinos en Valencia y Teruel.

    Me molesto en ponerlo en el blog porque El final del Ave Fénix es una gran novela cuyas peripecias dan para otra novela. Siendo “ópera prima”, fue finalista del Premio Planeta en 2007, pero esa condición, lo que son las cosas, le cerró más puertas de las que le abrió. Vio la luz por primera vez en la editorial Centurione, que ni de lejos estuvo a la altura de las circunstancias, por decirlo de una forma piadosa, pese a lo cual llegó a tener una considerable difusión. Una segunda edición vio la luz poco después, en la editorial Aladena, que tampoco pudo, quiso o supo explotar esta gran historia. Harta ya de tanta perdiz mareada, la autora, aun a riesgo de sepultar de por vida las posibilidades editoriales de la novela, sacó una tercera edición, esa vez en ebook. Hacerlo así, ella y en ebook, constituía y constituye para muchos una especie de «pecado mortal literario». Sin embargo el pecado desembocó en virtud, porque tras unos primeros meses de rumbo incierto, el boca a boca llevó a El final del Ave Fénix al número uno absoluto de ventas en Amazon a lo largo de varias semanas, que es tanto como decir el número uno absoluto en ebook en este país, pues Amazon pasa por ser la plataforma con más ventas. Así se fijó en ella Ediciones B, que hizo volar de nuevo al Ave Fénix en una cuarta edición, en ebook, y que ahora lanza de nuevo El final del Ave Fénix en papel, en bolsillo, a un precio más que asequible: menos de diez euros por una novela de medio millar de buenas páginas entre las que se cuenta un prólogo inolvidable. Una novela que, más allá de lo mucho y bueno que cuentan sus páginas, es ya una historia en sí misma.

    Y es que, titule como titule mi amiga Marta, el Ave Fénix no tiene final. 




miércoles, 18 de abril de 2012

Las guerras de Elena - Marta Querol


 
          Cuando en la primera página una madre tirada en mitad de la calle abraza a su hija junto al cuerpo, abatido de un balazo, del hombre al que amó, y cuando en la segunda página, a finales de los años 60, esa misma mujer, acompañada de un detective con una cámara de fotos, irrumpe en el dormitorio conyugal sorprendiendo a su esposo con otra mujer, una novela promete emociones fuertes. Y Las guerras de Elena, segunda novela de Marta Querol (B de Books), que sale hoy a la venta, cumple esa promesa.

          Tengo la suerte de ser amigo de la autora, lo cual me ha permitido conocer la novela antes de su publicación y hacer hoy esta “reseña primicia” (¡la primera primicia de este blog!). La hago tras haber leído la novela dos veces, que no es lo más frecuente, pero eso me permite comentarla de forma más profunda y fundamentada. Y me alegra poder hacerlo, tras haber seguido desde el primer instante las peripecias de El final del Ave Fénix, novela, dicho sea de paso, que pese al título no conoce final, pues tras superar dos ediciones moribundas desde el principio a causa de dos editoriales no mucho más pimpantes, ha alcanzado el número 1 de ventas en Amazon, en el mejor estilo del auténtico Ave Fénix. Por algo será.

          Decía en el primer párrafo que la novela ofrece emociones fuertes, y así es. Pero lo hace entrecruzando dos líneas: una  va suavemente de más a menos y la otra en sentido inverso, de forma que el interés se mantiene en todo lo alto, evolucionando de un motivo a otro, hasta alcanzar un final adictivo y vertiginoso.

          La primera línea se basa en la tensión emocional, en los descalabros personales y familiares producidos por una separación traumática en lo personal, traumática en lo social (a finales de los 60 apenas había parejas separadas) y con una hija de por medio. La hostilidad entre los cónyuges y entre las dos mujeres es brutal, pero no pueden enviarse al diablo y olvidarse mutuamente por culpa de Lucía, la niña, convertida en pelele de todos: Elena, una madre autoritaria, a veces despectiva, volcada en su trabajo y a la vez obsesionada con que “la querida” no robe a Lucía lo que algún día “debe” heredar; Carlos, el padre, un tipo campechano, trabajador, pero también ingenuo, manipulable y en ocasiones algo calzonazos; y Verónica, “la otra”, una putilla de tres al cuarto que buscó a Carlos para salir de la pobreza y que ve en la niña la rival en la disputa del patrimonio del hombre.

          Y algo más cruza los caminos de Carlos y Elena: sus trabajos al frente de sendas fábricas del mismo sector.

Portada de
la primera edición digital
          Con estos antecedentes, “las guerras” son constantes, aunque debemos situarnos en la época para comprender batallas y actitudes: la nueva pareja apenas puede mostrarse en público porque no están casados, Elena no quiere que su hija tenga el más mínimo contacto con “esa mujer”, Carlos quiere integrar a su hija en su “normalidad” tan anormal en los 60 y primeros 70, Verónica quiere ganarse al padre a través de una niña a la que aspira a desplumar, la niña es un bicho raro entre los demás niños, y crece entre la angustia y la soledad, no encontrando refugio más que en sí misma. Cada visita, cada coincidencia, es una ocasión para la disputa, y no digamos ya eventos como la primera comunión de la pobre Lucía.

          Pero la novela es realista, no crea tensiones gratuitas ni forzadas, se limita a reflejar las inevitables en una situación así. Estas tensiones, como es lógico, van menguando con el paso de los años. De ahí que haya hablado de esa suave línea de más a menos, lo cual no significa que el interés decrezca, porque cuando las tensiones emocionales van menguando a medida también que Lucía va creciendo y teniendo criterio propio, toma el relevo la otra línea, la que evoluciona de menos a más, sosteniendo el interés de la novela; una línea vinculada al misterio y la acción: Elena acude a una feria comercial en el extranjero. Allí conoce a un misterioso hombre, Djamel: lo más parecido a un hombre perfecto que ha encontrado nunca. Y, para colmo de dicha y turbación, tan lejos de su país que poco puede temer del “qué dirán”.

          Así es como la novela entra en la fase en que Elena, de alguna manera, como todo el mundo haría en su pellejo, “rehace” su vida. Lo entrecomillo porque no cambia su vida cotidiana, sino sus prioridades. Lucía,  y Carlos y Verónica, que hasta ese momento eran su razón de ser y de odiar, ceden paso a Djamel y a todos los sueños y posibilidades que su sola existencia sugiere.

          El misterioso y atractivo Djamel tampoco es inmune a Elena, y es capaz de aparecer y desaparecer de su vida cuando y donde ella menos lo espera. Llegamos así de Valencia, donde se desarrolla la novela, a Beirut, donde Elena acude a una feria, MOFITEX, en el hotel Holiday Inn, en busca de la clientela precisa para salvar las inversiones hechas en su empresa.

          Los sucesos de Beirut, que coinciden con el fin de la “Suiza de Oriente Medio,” marcan un punto y aparte en la conducta de la protagonista hacia Djamel: desaparecen medias tintas, dudas y recelos. Y por lo que a la trama respecta, abren definitivamente la puerta al misterio. Ojo ahora, porque llegados a este punto es complicado no querer acabar la novela de un tirón.

          Qué pasa después, lo sabrá quien la lea. Me permito decir solamente que en los personajes, como con las personas, las apariencias engañan. Y no digo más, porque el lector averiguará todo en el intenso y frenético final.

          Pero aunque no desvele el desenlace, sí voy a hablar sobre él, porque la línea de la tensión emocional se alza de súbito a causa de ciertos hechos, y la expectación, de pronto, sube hasta el infinito al dispararse a la par la línea de acción y misterio: tramas e intrigas se suceden a ritmo vertiginoso, mezcladas con el misterio, y solo seguidas por la posibilidad de ser descubiertas y hacer saltar todo en pedazos.

          Quienes gustan de finales en los que es imposible dejar de leer, no olvidarán fácilmente Las guerras de Elena.

          Y termino haciendo alusión a otras cuatro cuestiones relevantes:

          La primera, los personajes: resulta sencillísimo calarlos, de bien caracterizados. Merece la pena fijarse en los secundarios: Lorenzo, Dolores, Gerard, Juani, Gonzalo, Boro... Retratados en dos pinceladas como si los conociéramos de toda la vida. Algunos, como Dolores, son antológicos: la mezcla de ironía y mala leche que destila en sus frases son para enmarcar. Varios los conocemos ya de El final del Ave Fénix, aunque no es preciso haber leído una novela antes de leer la otra.

          La segunda, el personaje de Lucía. Es fundamental pese a su pasividad. Como niña que es, nada puede hacer para influir en unos adultos desquiciados y dominantes, pero, a la vez, el mundo de esos adultos gira en torno a ella, lo que la transforma en el armazón de toda la novela: nada de lo que se cuenta tendría sentido si ella no existiera.

          La tercera, el ambiente: Valencia, el mundillo de pequeños empresarios que saben lo que llevan entre manos y trabajan de sol a sol, un mundillo con problemas económicos en las empresas, pero sin penurias personales, donde florecen los “pequeños placeres burgueses” como tener un apartamento en la playa, un buen coche, un buen piso o asistenta en casa en una época donde cualquiera de esas cosas otorgaba cierto estatus social; gente, en definitiva, capaz de conseguir, sudando la gota gorda, aquello a lo que tantos españolitos aspiraban.

          Y la cuarta y última, el contexto: la sociedad mojigata, los meapilas, la tentación oculta,  la indefensión de la mujer, la forma en que el decoro cede ante la conveniencia, la apertura, la homosexualidad escondida, los sucesos políticos nacionales e internacionales... En definitiva, la forma en que el ser humano se adapta a cada tiempo concreto, aunque él mismo los va creando sin llegar a cambiar nunca su propia esencia.

          Una gran lectura que no dudo acabará llegando a miles de lectores.




 

sábado, 15 de octubre de 2011

En un rincón del alma – Antonia J. Corrales



Antigua edición de Aladena

Cada libro tiene un momento para ser leído, y aunque hay muchas ocasiones para leer historias como En un rincón del alma, hay que tener la paciencia de aguardarlas. Solo así se podrá disfrutar completamente de su lectura.

Y es que este libro hay que leerlo con calma, sosiego y silencio, con el espíritu de quien se apresta a escuchar la confesión de un amigo y, a la vez, a quedarse a solas consigo mismo, porque no hay vida ajena que no haga reflexionar sobre la propia.

El libro es la confesión de una vida. Pero de una vida con sabor más amargo que dulce: un cúmulo de alegrías y sinsabores, de ambiciones insatisfechas, de sueños incumplidos, de incomprensiones y previsiones equivocadas.

Nueva edición, en Vergara, de Ediciones B
La historia, en forma de carta-relato dirigida a una madre, tiene mucho de reivindicación y excusa. De reivindicación de la protagonista, de su propia personalidad, de explicación de por qué es como es, y de excusa por sus actos incomprendidos. Pero aunque la tendencia natural siempre es suponer que el incomprendido es “el bueno” y quienes no comprenden “los malos”, las cosas en realidad no son tan fáciles: a veces el incomprendido no hace nada para sí mismo, si no es esperar a que alguien le comprenda o repare en él; y no se plantea que el resto del mundo también tiene bastante con salir adelante. La protagonista responde en parte a este perfil: confiesa haber llevado una vida que no la ha satisfecho (incluso cuando reconoce momentos de felicidad, lo hace de forma que parecen accidentales), pero poco o nada ha hecho para remediarlo, si no es acumular fuerzas (o males) durante años  para al fin emprender el viaje liberador que justifica la carta.



Pero más allá de una historia de encuentros o desencuentros, se filtran en la historia presagios que de alguna manera hacen pensar en la predeterminación, lo que excluye la existencia de buenos y malos, de comprensión e incomprensión, y acaba adueñándose de la novela la idea de la fatalidad, del destino, lo que permite que el final sea un cierre completo, sin resquicios, que transmite cierta paz espiritual: si ha pasado lo que tenía que pasar, ¿para qué buscar culpables, responsables o, simplemente, causantes?

Lo que más sorprende es la contagiosa la serenidad con que se expresa la protagonista. No reclama, ni culpabiliza, simplemente expone (lo cual nada tiene que ver con la objetividad, porque nadie pueda analizar su propia vida objetivamente), dando al libro un tono de reflexión e introspección brillante.

Un libro para pensar sobre la vida, sobre las metas no alcanzadas, sobre si sabemos lo que queremos, sobre si sirve de algo saberlo, escrito con precisión, que se lee muy rápidamente, que incorpora una bonita historia y que está tan bien escrito que, como he dicho, contagia el ánimo de la narradora. En resumen: muy recomendable.