En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 1 de agosto de 2019

Tres maneras de inducir un coma – Alba Carballal




              
              Desde que supe de este libro tuve varios motivos para leerlo. El primero, agradecer la osadía de una autora joven de estrenarse con un género tan complicado como el humor. El segundo, la atracción de un humor que se anunciaba como inteligente, y lo es. Y el tercero, y aún más personal, las comparaciones con Eduardo Mendoza e incluso, en boca de algún conocido, con mis propias novelas, lo cual a su vez me producía dos incentivos: el primero, zambullirme en un género, el de los fracasados calamitosos, que me encanta; y el segundo, más vinculado al seguimiento de la novela que a su lectura, la curiosidad por ver cómo afectaba la comparación a la marcha de la obra, porque comparar a alguien con autores de las dimensiones de Mendoza suele tener un efecto contraproducente: el lector no evita hacer la comparación y el comparado siempre sale perdiendo porque su estilo y su particular forma de hacer las cosas lo alejan de la referencia por la que se le juzga. Alba Carballal, por ejemplo, y a pesar de que hay guiños evidentes a Eduardo Mendoza incluso en los nombres de los personajes, no recurre al absurdo ni a la caricatura con la intensidad de Mendoza, ni integra el lenguaje en el humor de la misma manera, por más que lo utilice muy bien; es, además, un lenguaje cuidado y rico, aunque no tan exuberante como el de Mendoza. Por desgracia, la comparación acaba haciéndose, aunque el listón de cada autor solo deba ser él mismo. Digo por desgracia porque establecer comparaciones con celebridades tiene el peligro, una vez pasado el efecto publicitario, de transformar a gente de mérito en teloneros. Así que al leer esta novela olvidad toda comparación y centraos, sin más, en ella. La disfrutaréis.

              En Tres maneras de inducir un coma el lector es a la vez confidente y cotilla. Confidente, cuando el protagonista, Federico, se dirige a él en primera persona; y cotilla, cuando lee los divertidos sermones marujescos que una persona sin identificar le dirige a otra de las protagonistas: Natalia, antes Eduardo, una transexual madura de físico espectacular que ha encomendado a Federico una peculiar tarea: hacerse amigo de su padre, un millonetis famosete apellidado Mendoza, para averiguar si pretende o no desheredarla.

              El resultado es una divertida mezcla que resulta inevitable atribuir –otra cosa es acertar en la conjetura- a fuentes de inspiración bien conocidas, porque así como el protagonista –un auténtico inútil con una elevada opinión de sí mismo- recuerda a algunos de los personajes más divertidos de la literatura, ciertos entornos lo hacen a las comedias españolas de las últimas décadas que reservan a un papel ingenioso a la convivencia entre caricatura, tradición y transgresión.

              Como suele ocurrir en las novelas protagonizadas por fracasados, quienes aparentemente se encuentran en la situación opuesta pronto demuestran no ser tan distintos. El éxito y el fracaso no solo no hace más o menos intrínsecamente cutre a nadie, sino a menudo el éxito da ocasión para exhibir la propia necedad. Es lo ocurre en esta novela, en la que el famoso millonetis solo se distingue de la plebe en la cantidad de dinero que maneja; lo mismo sucede con Natalia, mucho menos selecta de como ella misma se presenta. El contraste entre lo que la gente cree ser y la realidad que ve el lector da mucho juego en la literatura de humor.

              La novela es buena, de calidad, aunque con dos partes a efectos de ritmo: las primeras páginas, ágiles y llamativas, desembocan en un tránsito que se me ha hecho algo largo (no sé si por culpa mía o del libro) con idas y venidas del protagonista que no hacen surgir demasiadas preguntas en el lector, como el que pasea sin rumbo, hasta el último tercio de la novela, o quizá un poquito más, donde el ritmo vuelve a subir y a arrastrarte hasta un final interesante y divertido, aunque no inesperado.

          Una buena lectura.

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