En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 7 de abril de 2014

La mujer loca - Juan José Millás



Juan José Millás es un grandísimo escritor. Uno de los mejores que hay ahora mismo en España. Y reconforta leer a los autores fieles a sí mismos, que no se ligan a modas ni a modos. Lo digo porque, una vez más, Millás juega con la confusión entre el fondo y la forma, entre significantes y significados, entre el mundo real y el imaginario, dudando además sobre el origen de este último: ¿la Libertad? ¿La locura? ¿La creatividad?

La mujer loca es, como otras de sus novelas, una duda sobre cómo enfrentarse a la realidad, si es que la realidad existe; planteando la cuestión de si es posible afrontar la realidad a través de la falsedad; y si la propia falsedad, así usada, no se transforma en realidad, haciendo entonces imposible que la realidad sea falsa... o inevitable que toda realidad lo sea.

Todo esto lo consigue con una novela con un triple planteamiento, en la que Millás es a la vez personaje y autor, hablando unas veces en primera persona (pocas) y otras en tercera. La primera pata de esta novela es la existencia de Emérita, una mujer que a consecuencia de una negligencia médica vive atada a una cama, una mujer que ha decidido morir; el personaje Millás acude a su casa, que resulta ser el piso donde se independizó de su familia (“misterio” de atractivo innegable), de la mano de la asociación Derecho a Morir Dignamente. La segunda pata es la muchacha que ha alquilado una habitación en esa misma casa (porque el marido de la enferma necesita dinero); Julia, se llama, y trabaja en una pescadería donde su jefe ha estudiado filología; y por eso lo admira, porque Julia tiene chispazos de locura que se traducen en su relación con las palabras y las frases: se le “aparecen” y hablan con ella, de forma que el lenguaje interfiere en la realidad a través de Julia, que a su vez hace pensar y sume en una preocupada perplejidad al Millás-personaje. Y la tercera pata es el propio Millás-personaje, que acude a una consulta a psicoanalizarse, y allí, en manos de una psiquiatra octogenaria, se enfrenta a dudas que a menudo no tiene la valentía de querer disipar.

Aunque la novela es de una notable complejidad para lo que suele uno encontrarse en los expositores de las librerías, el dominio de Millás se nota en la claridad con que se expresan las ideas, en el orden sistemático con que están expuestas y en la rapidez con que es capaz de definir –en apenas una frase- cualquier estado de ánimo. Esto hace que la novela se siga bien, lo cual no quiere decir que sea de lectura ligera, porque obliga a pensar para entender todo. De alguna manera recuerda la regla de Moravia de "máxima complejidad, máxima claridad".

El personaje más acabado es el Millás-personaje, es el más humano, el más osado y a la vez vulnerable y apocado. Aunque sea aparentemente el más normal, es también el más retorcido porque es el más reflexivo y el que más domina el lenguaje, hasta el punto de estar atrapado en unas redes que otros no son capaces ni de sentir, o como en el caso de Julia perciben equivocadamente. Un personaje desdoblado en el Millás de acá y el Millás de allá, el Millás que es y el Millás que Millás podría ser.

Juan José Millás
Las tres patas no evolucionan a la par. Lo que en un principio parece una novela sobre Julia, evoluciona a ser una novela sobre Emérita (y, por tanto, sobre la eutanasia), pero desemboca claramente en una novela sobre Millás. ¿Sobre el verdadero o sobre el falso? Sobre los dos, porque no hay uno sin otro, porque la única diferencia entre ambos son sus dudas y sus certezas. Y ese es el gran mérito de la novela, el planteamiento de cómo interactuan la objetividad y la subjetividad, lo “real” y lo “falso”, de cómo no podemos aprehender una realidad en la que, sin embargo, estamos forzados a vivir y de la que formamos parte, y de cómo de esa manera podemos llegar a dudar incluso de quién somos nosotros mismos.

En todas las páginas de La mujer loca encontramos un fino sentido del humor. Nadie daría un céntimo por la salud mental de Julia, pero su locura es inofensiva y por momentos graciosa. ¿Cómo no sonreír ante quien entabla conversación con la inexistente palabra Pobrema, o a quien siente temor por un mundo plagado de sustantivos? Hay cierto humor amargo, muy amargo, en Emérita.  A veces es un humor duro, cruel. Pero, sobre todo, hay humor en Millás. Pero no porque el Millás-autor se ría de sí mismo, ni porque lo haga el Millás-personaje; el humor, en este caso, deriva de la forma en que Millás ve a Millás; observándose a sí mismo con la curiosidad con un entomólogo examina un insecto, se pasma, se sorprende, se alegra y se avergüenza al verse, al exponerse ante el lector, ante quien no tiende a justificarse, sino a explicarse. 

Volviendo al principio, una novela de Millás muy de Millás, y una de las mejores. Un lujo de autor del que he leído ya una docena de novelas, aunque, por desgracia, hace tanto tiempo que en este blog, hasta hoy, solo había una de ellas, la última que había leído, y no precisamente la mejor.





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