En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 2 de enero de 2014

El pecho – Philip Roth



                Un profesor universitario de treinta y tantos años sufre una noche una mutación que le hace despertarse, en un hospital, convertido en un gigantesco pecho femenino que aunque puede oír y hablar, no puede ver. Algo deudor de La Matamorfosis de Kafka, como en el propio texto se apunta indirectamente, pero mucho más grotesco porque si Gregor Samsa se convierte en un insecto, en algo que existe, David Kepesh, el protagonista de esta novela, se transforma en algo difícilmente concebible. Dentro del dramatismo, no deja de ser divertida, porque el propio protagonista (está escrita en primera persona) si bien está lejos de reírse de sí mismo no se toma el asunto a la desesperada, sino que intenta razonar, y si algo lo angustia al principio no es tanto la tragedia como lo absurdo de la situación
                El mundo de Kepesh, que arrastra un divorcio que alguna huella le ha dejado, se va a ver  reducido al doctor –que viene a ser una especie de dios porque solo con él aborda las causas y soluciones del problema-, la enfermera que lo atiende, su novia, Claire, y su padre. Y, por supuesto, siempre está consigo mismo, hasta el hartazgo.
                Superado el shock inicial, su primera preocupación es la de sentirse permanentemente observado, grabado en un circuito cerrado de televisión no se sabe si para estudiarlo o para observarlo como en un circo. Es una forma, sin duda, de plantearse su relación con el mundo, la relación del “bicho raro” que todo solitario acaba creyendo ser:  a merced de todos y sin enterarse de nada. Pero a todo se adapta uno, y superados esos primeros momentos el primer estímulo al que reacciona es a los lavados diarios a que lo somete la enfermera. Encuentra en ellos placer sexual, y en medio de la angustia ese placer se transforma en la única válvula de escape, llegando a transformarse en obsesión, lo cual genera cierto conflicto en el hospital y que sea Claire quien, en buena lógica, asuma la tarea de darle ciertas satisfacciones.
                Pero esta forma de relacionarse, por más que haya obsesionado a David, pronto revela su incapacidad (lo cual puede interpretarse de varias maneras), y vuelve la soledad y la necesidad de escapar de la maldición, lo cual se acentúa cuando David recibe la visita de un prestigioso profesor, antiguo colega, que ante el espectáculo de un enorme pecho queda tan impactado que solo es capaz de reír sin parar.
                A partir de ese instante David desarrolla otra estrategia de defensa, más razonable que razonada, y que amenaza, esta sí, con volverlo loco. Y es que David pasa a creer que no le ha ocurrido nada, que no ha sufrido ninguna transformación física, sino solo psíquica, que un problema mental le hacer verse como un enorme pecho, aunque en realidad sigue siendo como siempre. Su objetivo entonces es confirmar su locura, haciendo de la enfermedad mental una tabla de salvación, momento en el que la historia adquiere su mayor carga dramática. Pero David no está loco.
Antes ha pensado en otras tablas de salvación y, en concreto, en buscar la fama, como si la soledad fuera, exclusivamente, un problema de aceptación de quienes nos rodean, cuando en realidad es siempre un problema de comunicación.
                Una novela breve, más divertida que trágica debido a tono del protagonista, pero en la que el humor solo es un ténue barniz, de menos de un centenar de páginas, escrita en un tono ligero pero que hay que leer despacio porque da que pensar, sin que eso implique que sea profunda.

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