En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 23 de diciembre de 2013

El hombre de los círculos azules – Fred Vargas



                 Fluye el Sena es un libro con tres relatos protagonizados por el comisario Adamsberg, el primero que leí de este personaje, aunque no el primero en publicarse, que fue El hombre de los círculos azules.
                Aunque El hombre de los círculos azules es novela negra (o policiaca o como ustedes gusten extender la clasificación), lo cierto es que es tan fantasiosa que resulta complicado  compartir con los personajes la más mínima preocupación o ansiedad, ya que los crímenes son, por así decirlo, demasiado rebuscados para ser creíbles. Y, si el crimen no es creíble, víctimas y criminales pasan a ser más actores que personajes. Por no hablar de las piruetas finales, en plan “más difícil todavía”. Claro que este tipo de historias son un ejercicio de fantasía que también tiene su valor, e incluso han originado todo un mundo de libros fundados más en la intriga y en la curiosidad que despierta la solución del misterio que en su proceso de resolución. Una mezcla entre novela negra y juvenil.
                Estamos en París. De pronto, de día en día, comienzan a aparecer en el calle círculos de tiza azul. Solo uno por noche. Un gran círculo. Y junto a él, una leyenda: “Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?”. En medio del círculo, un objeto. Un trozo de correa de reloj, un tapón, siempre objetos insignificantes.
                Tamaña “aventura” produce un hecho sorprendente y una ausencia todavía más notable: el hecho,  una atención de los medios de comunicación increíble e inexplicable; incluso artículos de opinión dedican al "suceso", amén de hacerse eco de lo que ha dicho Fulanita al respecto no sé dónde. La ausencia (esto es de mi cosecha), que ante una tontería tan grande no sale una legión de imitadores.
                El comisario Adamsberg acaba de desembarcar en París. Arrastra fama de eficiente, es todo el personaje famosillo al que algunas personas reconocen, pero es también un tipo solitario y taciturno, con unos procedimientos muy particulares que consisten, básicamente, en huir de los mecanismos normales de investigación y elucubrar para ponerse en el pescuezo de la gente, de tal forma que muchas de sus conclusiones tienen, a ojos de los demás, un carácter casi mágico, cuando no los desespera con su pasividad. Más que un investigador es un psicólogo, pero un psicólogo del que desconocemos sus procesos. Su mano derecha es un inspector alcohólico y separado, que mantiene a cinco hijos (uno de los cuales no es suyo) y que, al menos en teoría, representa todo lo contrario que el comisario, como consecuencia de haber incurrido, en el pasado, en un error que dio con una inocente en la cárcel, donde se suicidó. Adamsberg, tan pito él, está preocupadísimo por el tema de los círculos, por ese asunto que para todos es una tontería (aunque la prensa le presta tanta atención) y llega a la conclusión de que ese asunto de los círculos no presagia nada bueno. O, mejor dicho, presagia un asesinato. Eso es clarividencia.
                Y el muerto llega, claro. “Envasado” en su círculo de tiza azul y con la frasecita al lado.
                La investigación siguiente se ve además facilitada por una feliz casualidad: Mathilde, oceanógrafa algo locatis y que, para colmo, resulta ser madre de una persona muy especial para el comisario (si es que París es un pueblo), ha conseguido identificar (más o menos) al autor de los círculos azules. Esto facilita las cosas a la autora, pero como he dicho al principio hace todo demasiado irreal. A partir de ese momento las posibilidades que se abren son dos: o el asesino es el tipo de los círculos, o es alguien se aprovecha de él para endilgarle el muerto.
                Lo intrincado del planteamiento y de la solución es, sin duda, lo mejor del libro. Pero más como malabarismo mental que como literatura. También algunas de las reflexiones del protagonista son interesantes, aunque hacia la mitad del libro hay un buen puñado de páginas con demasiadas elucubraciones.
                Una última cosa. Una impresión. Siendo esta novela la primera de la serie, lo mucho que se habla, no siempre a cuento, sobre la vida y forma de ser de Adamsberg hace pensar que las siguientes novelas no son una consecuencia de una primera exitosa, sino que el proyecto inicial fue, precisamente, crear una serie. Es demasiado claro que El hombre de los círculos azules es un primer paso.

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