En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



martes, 23 de agosto de 2011

Cartero - Charles Bukowski




Es el cuarto libro que leo de este hombre y es el que más me ha gustado. En realidad, los tres anteriores me decepcionaron en relación a lo que esperaba, y no sé por qué he leído este, pero lo he leído, y me alegro.

No es que sea muy diferente a los demás. El protagonista -Chinaski- se limita a hacer lo mismo que en el resto: beber y beber y beber, ir de vez en cuando al hipódromo y, si puede y el cuerpo le aguanta, echar todavía más de vez en cuando un polvete. La única diferencia es que por una vez, trabaja. Y trabaja como cartero, lo que da pie a contar una serie de anécdotas siguiendo la secuencia que guía la novela: la vida del caballero en los once años que trabaja en estas lides.

Pero pese al desenfado y cierto buen humor que parece respirarse, no es una novela menos sórdida que las otras. El autor se despide con el mismo desapego de la ex mujer que se muere que de la que lo deja y de su propia hija que se va con ella. Al fin y al cabo, parece decir, ¿qué más da lo que pase mientras uno pueda echarse un trago?

De ahí que el mundo se divida en hombres y mujeres; los hombres a su vez se dividen entre los que molestan y los que no, y las mujeres entre las que tienen "unas buenas tetas" o "un buen culo" y las que no. La misma visión de la vida que en los otros libros.

Por cierto, este libro es ideal para leer aprovechando momentos cortos, de pocos minutos, dado que los capítulos son sumamente breves. Así es como lo he leído yo.



sábado, 20 de agosto de 2011

Grúas asesinas – Antonio Martínez



           Pocas veces he terminado de leer un libro sintiendo tantas ganas de regalarlo a diestro y siniestro. Me lo he pasado en grande, y no solo porque es muy divertido sino porque contiene una crítica enorme de la corrupción que no cesa. En el caso español, además, es una “corrupción de nuevos ricos” que aquí se ve perfectamente reflejada, con guiños que ningún lector dejará de entender.

            Dice el autor antes de comenzar (y es la primera broma) “todo lo que se cuenta en este relato es ficción, todos los personajes son inventados, y el hecho de tener que explicarlo ya indica que la realidad es tremenda”.

            No, no todo es inventado: hay alusiones clarísimas a famosos casos de corrupción, pero eso es lo de menos: lo verdaderamente meritorio es la forma en la que muestra lo grosero, lo zafio, lo inmensamente palurdo de la corrupción, cómo el corrupto es el asno que se abre paso a culazos en el apestoso establo para comer hasta reventar, y que cuando se ve masticando y espantando moscas con el rabo se cree más listo que nadie. Es la realidad: no hay corrupto que no sea crea inteligente, por más que no sea más que un animal cegado por la comida comiendo a dos carrillos.

            Eso es lo que muestra el autor: un mundo donde asnos, cerdos, borregos y cabestros compiten entre sí por engordar, por engordar hasta reventar, porque todos acaban reventando antes o después: Si no es de la indigestión, es porque siempre llega alguien más listo y capaz de engordar a su costa.

            Y todo ante la complacencia de una sociedad -de cuyos valores brota al final la corrupción- que en la novela encarna la locura y el éxito de la telebasura, y que jalea el espectáculo de cómo esos animalitos comen, engordan y explotan y otros vienen a sucederles.

            El final es brillante y, desde luego, la más contundente crítica que contiene la novela. Y lo que es peor: tiene gran parte de razón.

            Para terminar, una referencia al modo de escribir, graciosísimo y que engancha: el libro está compuesto por una serie de “declaraciones” de los personajes de apenas una página cada una, que viene precedidas del nombre y “oficio” de quien interviene y de un “titular” para ilustrar la exposición. Consigue enganchar más fácilmente, y dota a la historia de una agilidad tremenda.

            Muy, muy, muy recomendable para divertirse y, sobre todo, para reflexionar.





miércoles, 17 de agosto de 2011

Snuff – Chuck Palahniuk





“El sexo es lo más divertido que uno puede hacer sin reírse”  es una frase atribuida a Woody Allen. El autor de Snuff, a la hora de poner en las mismas páginas sexo y humor, ha traspasado el límite de la risa, así que esta novela es de humor, y poco o nada tiene que ver con el sexo si no es un marco tan sórdido que todo, por contraste, se vuelve grotesco en él.

El argumento es en apariencia sencillo, e incluso hay un momento, en el primer tercio de la novela, en el que resulta engañosamente previsible. Pero la verdad es que según evoluciona la historia van apareciendo sorpresas, hasta alcanzar un final original y tan estrafalario como todo lo demás, como si quien ha llevado una existencia grotesca y miserable ni siquiera pudiera aspirar a morir de modo glorioso. O, mejor dicho, “glorioso”, con unas comillas bien gordas.

La historia es la siguiente: una actriz pornográfica entrada en años sabe que su carrera está terminada, y decide concluirla a lo grande: haciendo algo que la sitúe para siempre en la historia del sexo y, de paso, dé un impulso final a su ya decadente carrera para terminarla en lo más alto. ¿Y qué le se le ocurre a la buena señora? Beneficiarse a 600 caballeros distintos, protagonizando así el mayor gang bang de la historia.
           
Y 600 “delicados” caballeros acuden a la convocatoria. El libro es una sucesión de los pensamientos de cuatro de los participantes: el caballero 72, que se presenta con un ramo de rosas (y es divertido ver cómo cambia la perspectiva sobre él cuando se van conociendo ciertos detalles); el 137, un actor fracasado tras haber sido expulsado de la serie donde había ganado fama, y que anda por allí con un monigote de trapo para que se lo firme la actriz; el señor 600, que es un actor porno entrado en años y acomplejado con la evolución de su físico; y, por último, Sheila, la chica que va, con sus papelitos en ristre, organizando el sarao y llamando de tres en tres a los “actores” que deben pasar al estudio.

Las reflexiones, los recuerdos y las conversaciones de los cuatro, la forma en que cada personaje se ve a sí mismo y ve a los otros, las razones que cada uno tiene y las que el resto les presupone, van tejiendo la novela, siempre enmarcada en las imágenes que los monitores de la sala de espera van emitiendo, en las que se puede ver a la actriz, “la señorita Cassie Wright”, en inversas “interpretaciones”. Respecto a este detalle, cierto es que los títulos de las películas pornográficas suelen ser como para pegarse un tiro, pero a mi juicio el autor abusa de la parodia.

Una historia divertida, donde nada es lo que parece, donde las obsesiones sacan su lado más ridículo y divertido, y lo sórdido se presenta de forma lo suficientemente amable como para hacer sonreír, donde todos tienen su corazoncito y su anhelo de gloria, aunque a muchas personas, pese a todo, les resultará un argumento y un marco desagradables.



domingo, 14 de agosto de 2011

Don Juan – Gonzalo Torrente Ballester





Trescientos años después de la supuesta muerte de don Juan Tenorio, un hombre se topa, en París, con quien dice llamarse Leporello y servir a don Juan. El protagonista lo toma por un farsante, pero debe reconocer que ejecuta muy bien su farsa: siempre aparece en el momento más insospechado y, además, le lee el pensamiento con tal claridad que parece el mismísimo demonio. ¿Por qué acude Leporello al protagonista? Para que acuda al rescate de la última víctima de don Juan: la bella y discreta -aunque también voluptuosa- Sonja.

Sobre esta base inicial Torrente Ballester desarrolla una versión del don Juan que merece la pena leer a conciencia, porque es a la vez divertida y profunda.

Lo primero que sorprende es que el burlador ya no está en Sevilla, sino en París, la ciudad del amor, y todavía sorprende más el mecanismo de burla: consiste en vencer todas las resistencias para, una vez que la mujer se abandona a don Juan, dejarla plantada sin acostarse con ella. ¿Cabe mayor afrenta, mayor burla, que rechazar a quien sucumbe en el juego de la seducción? La duda, en este punto, es si esa burla es voluntaria o consecuencia de lo que quiera que le haya pasado a don Juan en estos tres siglos. Porque si el protagonista no deja de hablar de farsantes, al lector no le cabe la duda de que las cosas no son tan sencillas.

La historia transcurre entre la narración del protagonista, la que Leporello hace de su propia historia, y la que finalmente hace don Juan, que enlaza con las versiones tradicionales. El punto de interés no puede ser otro que el secreto de don Juan, es decir: la respuesta a la pregunta de qué es lo que hace que don Juan sea don Juan. La respuesta no la encontramos hasta la página final del libro, y, por no destriparla, solo apuntaré que la solución la he apuntado en este mismo párrafo. Así que, a pensar.

Termino con una mínima referencia al humor: todo el texto está cuajado de humor inteligente y sutil, hasta el punto de que por más curiosidad que llegue a despertar la historia, es imposible desprenderse de él. Todos los personajes son formalmente “serios”, excepto uno; el más evidentemente divertido y guasón es Leporello. O, mejor dicho, quien habita en su cuerpo.






miércoles, 10 de agosto de 2011

La vida inmortal de Henrietta Lacks – Rebecca Skloot




Hace 60 años, una mujer negra de baja extracción social murió en Estados Unidos víctima del cáncer. Se llamaba Henrietta Lacks. Nadie se acordaría de ella de no ser porque poco antes de morir se tomó una muestra de su tejido canceroso (sin su consentimiento), y aquellas células consiguieron lo que ningunas hasta entonces: reproducirse indefinidamente. Y en ello siguen.

Se abrió así definitivamente la puerta al cultivo celular, y las células HeLa (las “descendientes” de las originales), se han comercializado por todo el planeta y utilizado en infinidad de pruebas que han reportado miles de millones de euros de beneficios a la industria farmacéutica, y han supuesto la erradicación de enfermedades como la polio, o la consecución de tratamientos para otras muchas. Mientras, los hijos y nietos de Henrietta Lacks no podían pagarse un seguro médico, además de vivir atormentados por algo que su escasa cultura les impedía entender: ¿qué era eso de que células de su madre seguían vivas? ¿Acaso su madre seguía viviendo de alguna manera? ¿Y estaban experimentando con ella, contaminándola con virus, otras células, incluso de procedencia animal? ¿Sufría su madre con ello?

La historia es un magnífico repaso desde los albores de la investigación médica moderna hasta nuestros días, combinada con la historia de Henrietta y su familia. Vemos así que el progreso va más rápido que la mentalidad del ser humano, cómo de los avances surgen los dilemas éticos, y cómo no suele haber una respuesta unívoca para cada problema.


El excelente trabajo de documentación de Rebecca Skloot está muy bien organizado y explicado de forma accesible a todo el mundo. Merece la pena ser leído, y bucear, además, en una cultura, la de la investigación, en la que andamos muy lejos de donde nos conviene.



martes, 9 de agosto de 2011

271 goles en contra, y uno a favor



Un equipo de niños que ha perdido todos los partidos, ha encajado 271 goles, y ha marcado uno. Ver el video hace sonreír seguro, y hasta produce envidia: se puede vivir sin competir.

sábado, 6 de agosto de 2011

Contrastes


Es curioso el efecto de los contrastes: ando leyendo una novela, Snuff, que tiene su lado divertido, pero cuando más divertida me pareció fue justo al empezarla. ¿Por qué? Porque horas antes había terminado un novelón como una catedral: el Don Juan de Torrente Ballester. El contraste entre una novela tan profunda y trabajada (y divertida) y otra tan "informal" y "frívola" como Snuff, fue tan intenso que el contraste tuvo ese efecto.

Pero que los contrastes entre novelas mejoran el resultado de la lectura, no es nuevo: ¿quién no ha seleccionado algún libro para cambiar de aires respecto al precedente?


jueves, 4 de agosto de 2011

Portadas de novelas de humor





¿Cómo debe ser una portada? El asunto daría para mucho. Para pensar sobre él, allá van cuatro portadas más o menos al azar de libros de humor. ¿Hasta qué punto, en cada uno de ellos, es más importante la portada en sí, el título o el autor? Hale, a pensar.


martes, 2 de agosto de 2011