Esta excelente recopilación de conferencias y opúsculos de Umberto Eco me la regaló un amigo cuya espolvoreadas ausencias, unidas las de otros amigos que suelen acompañarme, han permitido que este libro me haya acompañado en los desayunos solitarios de un par de meses.
Cuando husmeé sus páginas creí que se trataba de una recopilación de artículos como las otras dos que he reseñado aquí, «Cómo viajar con un salmón» y «De la estupidez a la locura», que se adaptaban maravillosamente a esas circunstancias de lectura, pero no. «Construir al enemigo» es un libro parecido, pero más rico y complejo, una obra que en ocasiones presenta cierta dificultad debido a que sobre la pasmosa erudición de Eco se desarrolla una inteligencia tan ágil y aguda que a menudo uno debe esforzarse para comprender la ingeniosa pirueta que ha llevado a Eco de un hecho estrambótico o cotidiano pero siempre interesante o desconocido a una conclusión insólita e inteligente. Alguna crítica ha calificado este libro de «sublime». No es un elogio exagerado.
Sin embargo, mi forma de leerlo, que ya he contado, no ha sido la más adecuada. La mayoría de los textos no se leen en el tiempo de un café, ni en el de dos o en el de tres. Esto impide leer con la continuidad que algunos de esos textos requieren. Y son tan variados en su temática y complejidad que (sobre todo cuando aparece esta última) hacen que tomar un café sea un ejercicio extraño, no voy a decir que menos placentero, pero sí exigente en lugar de relajado. Si algún consejo útil puedo dar derivado de esta experiencia es que reservéis a cada capítulo el momento adecuado para disponer del tiempo necesario para leerlo.
El título lo toma el libro de la conferencia que lo abre: la que explica el papel del enemigo en la vida humana individual y colectica, cómo construimos su imagen y en qué medida el enemigo muchas veces lo es solo porque le damos ese estatus. Pero el título casa con el resto, porque este libro hace tanta luz sobre el saber, hay tantas reflexiones lúcidas sobre tantos temas (Victor Hugo, Dickens, Joyce, Wikileaks, política, cultura, historia, religión, literatura, autobiografía histórica…) y tantas y tantas paradojas que desnudan al ser humano, que bien podemos decir que todas ellas construyen, en el sentido de que mejoran, al lector. Por lo que, dado el título, se deduce, claro, que nuestro principal enemigo somos nosotros mismos.
No tiene sentido que intente resumir la caterva de temas tratados, y sería una ingenuidad aspirar a trasladar la lector de esta reseña la milésima parte de la sabiduría, pasión, ingenio, fuerza y humor que trenzan los colosales conocimientos de Eco para, como quien hace magia, transformarlos en algo profundo y sensato pero a la vez inesperado, sorprendente y siempre enriquecedor. El humor de Eco es un instrumento formidable para que el lector no se tome demasiado en serio al ser humano ni mucho menos a sí mismo. Hasta cuando usa el humor para hacer crítica Eco lo hace de tal modo que resulta imposible considerarlo ofensivo. Por cierto, el artículo sobre las reliquias podría formar parte lo mismo de una antología religiosa que histórica o humorística. No os imagináis la risa que me entraba en algunos de sus pasajes gracias a la habilidad de Eco para acumular datos reales de modo significativo y divertido. Más de una carcajada tuve que reprimir.
Termino resumiéndolo de otro modo: Eco demuestra en estas páginas que cuanto preocupa al ser humano puede encontrarse en cualquiera de sus actividades, y que en todas ellas delata la inevitable contradicción entre sus aspiraciones (o cómo se ve a sí mismo) y las limitaciones que le hacen ser lo que es. Los más tontos, la mayoría, se enzarzan de por vida en batallas contra sí mismos que proyectan en los demás, a quienes hacen culpables. En cambio los inteligentes, como Eco, aprovechan para gozar del arte de ejercitar la inteligencia y de disfrutar, gracias al humor, de las contradicciones y limitaciones propias y de sus semejantes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario