En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 14 de febrero de 2013

Los ladrones somos gente honrada – Enrique Jardiel Poncela



             Lo mejor de esta obra de teatro en la edición que he leído es la introducción del autor, contando cómo fue escrita; y, en especial, su versión de las aventuras que le tocó vivir en la Guerra Civil. Es una introducción curiosa, en la que Jardiel Poncela alardea del éxito que en su día tuvo la pieza hasta el punto de informar del dinero que ganó. Por una parte resulta divertida, aunque por otra repele la inmodestia. Esto, respecto a la introducción. La obra en sí es otra cosa, aunque ya se sabe que el teatro leído no tiene nada que ver con lo que se ve desde el patio de butacas.
            La obra comienza cuando una pandilla de ladrones se dispone a dar un golpe. Justo en el momento clave aparece la hija de las víctimas, y el jefe de la banda queda prendado. La operación se suspende, y la pareja pronto se casa.
            Pero el problema de este matrimonio es doble: por una parte, él ha ocultado su pasado delictivo; por otra, sus compinches se quieren vengar por aquel golpe fallido y por haberlos dejado después en la estacada, y se aprestan a robar en la casa del que fue su compañero, que mantiene a uno de la banda como hombre de confianza (“El pelirrojo”, nombre debido a que fue Fernando Fernán Gómez quien interpretó por primera vez al personaje). Sin embargo todo se complica, porque los personajes proliferan como champiñones en un escenario complicado de imaginar, con demasiadas puertas y recovecos, y todos tienen algo que ocultar.
            No hace falta decir mucho más: es una obra de enredo más que de absurdo, que la abundancia de personajes hace complicada de leer (qué remedio queda, sino leerla, cuando no se puede ver ya en ningún sitio), con un humor para mi gusto demasiado inocente, hecha para entretener más que para criticar o desahogarse.
            La satisfacción del autor con esta obra es, sin embargo, comprensible. Como él mismo dice, “Nunca es más difícil conseguir un éxito como después de haber padecido un fracaso”.  Concepto de éxito cuando menos curioso, que equipara éxito a ventas o audiencia, aunque el propio autor se refiere a Los ladrones somos gente honrada como una obra más comercial que meritoria. Sea como sea, sospecho que la posterior adaptación cinematográfica ha contribuido bastante a mantener el nombre de una obra que, de otra manera, hubiera caído tan en el olvido como otras del mismo autor; algunas mucho mejores e injustamente olvidadas.


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