En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 10 de marzo de 2014

Los huevos fatídicos – Mijaíl Bulgákov




          Rusia, 1928. Vladimir Ipatievich Pérsikov, un zoólogo que ha sacrificado su vida y su familia a su ciencia, una auténtica rata de biblioteca y laboratorio, descubre por casualidad un rayo que acelera la reproducción de microorganismos generando, de paso, seres de mayor tamaño. Asombrado por el hallazgo se dedica a profundizar en la investigación, encargando lentes cada vez más grandes para analizar los límites y las posibilidades del descubrimiento.

          Sin embargo, y para su desdicha, antes de culminar nada un periodista da a conocer el secreto, tergiversando todo y dando por hecha la existencia de algo que, de llegar a existir, requiere todavía mucha investigación. 

          El asunto viene a coincidir con una plaga que aniquila los pollos. La necesidad de alimento y de hacer ver que “aquí no pasa nada” lleva a las autoridades a la incautación de las máquinas que está desarrollando el profesor. Son instaladas en una granja con la finalidad de incubar a unos huevos importados y acelerar así la reproducción de pollos.

          Y a partir de aquí no digo más para no desvelar nada, excepto que el caos amenaza con adueñarse de Rusia, aunque, como en la historia real, una cosa son los rusos y otra el territorio ruso.

          Los huevos fatídicos (título también traducido como Los huevos fatales) es una obra a medio camino entre lo cómico, el terror, la ciencia ficción y la crítica social, e incluso contiene un guiño histórico que, en el momento en que se escribió (1924) tuvo también algo de premonitorio quizá por aquello de que la historia siempre se repite.

Mijaíl Bulgákov
(1891-1940)
          Sin embargo, lo cómico y lo terrorífico no van de la mano, sino sucesivamente. El comienzo es divertido, con momentos que aventuran un relato humorístico, cuando sabemos la opinión que a la esposa de Pérsikov le merecieron sus ranas, pero poco a poco la historia se va torciendo, la desilusión y la injusticia llegan al profesor, y al final se abre paso algo parecido al terror, aunque sea un terror un tanto absurdo. Lo que de ciencia ficción tiene, en cambio, está siempre presente por mor del dichoso rayo, verdadero protagonista de la novela. La crítica social asume varias formas: desde las dificultades a las que se enfrenta al profesor para investigar algo tan importante, hasta el desprecio de las autoridades por el saber, desdén implícito en el modo en que es desposeído de sus hallazgos, amén de que el sistema ineficaz e injusto que provoca la tragedia acaba eludiendo toda responsabilidad en perjuicio del desdichado profesor. En cuanto al guiño histórico, daré una pista: Napoleón.

          Una novela breve, en algunos párrafos un poco confusa, y que deja una sensación extraña por la mezcla de géneros y, como he dicho, porque no es una mezcla uniforme. 

          Por cierto, hoy, 10 de marzo, es el aniversario de la muerte de Mijaíl Bugákov. Falleció a los 48 años.

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