En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 15 de julio de 2013

Sputnik, mi amor – Haruki Murakami



               Si dijera que esta es de las novelas que no se olvidan, no sé si mentiría o no: hasta poco después de la página noventa no recordé que ya la había leído antes (en concreto en 2009, es decir, tampoco hace tanto), pero lo cierto es que luego recordaba ya todo. Quizá se deba a que hasta ese momento, hasta que no transcurren esas noventa páginas, en la novela sucede bastante poco, lo cual no quiere decir que sea aburrida.
                El narrador es un joven profesor japonés de unos veinticinco años que se ha enamorado de una chica de veintidós, Sumire, quien ha dejado a su familia para irse a vivir sola y encontrarse a sí misma escribiendo. Porque a eso aspira, a escribir. Y escribe compulsivamente y sin distinguir lo principal de lo accesorio, y con unos horarios que la llevan a telefonear al protagonista a horas intempestivas, amén de algunas otras rarezas. Una suerte de inadaptada que, por su bondad y honradez, no puede dejar de caer bien al lector.
                Si ambos, el narrador y la muchacha, hablan frecuentemente no es, sin embargo, porque Sumire le corresponda, sino porque son buenos amigos. Sumire, en realidad, parece refractaria al amor. Y lo es hasta que se cruza en su camino una mujer de casi cuarenta años, una mujer que tras haber estado a punto de ser una buena pianista, terminó siendo empresaria sensible y, de alguna manera, selecta, dedicada a la importación de vinos. Sumire se enamora de ella de tal forma que Cupido, en esta ocasión, parece llevar bazooka.
                Y así ocurre que un buen día las dos mujeres se van a hacer un viaje por Europa. Myu, que así se llama la empresaria, va a hacer negocios, y se lleva a Sumire como ayudante. Terminada la tarea recalan en una pequeña isla griega. Desde ella Myu telefonea al narrador para pedirle que acuda inmediatamente, porque algo le ha pasado a Sumire.
                ¿Qué? Que ha desaparecido, que se ha esfumado, aunque es imposible que haya podido desaparecer en un lugar tan pequeño.
                Y es así como el protagonista sigue reflexionando (no deja de hacerlo en toda la novela) y, entre reflexión y reflexión, tiene acceso a dos documentos escritos por Sumire; en uno de ellos habla sobre sí misma, y en el otro sobre lo que catorce años antes le ocurrió a Myu. Esto abre el “toque mágico” de la novela, al alumbrar una especie de mundos derivados el uno del otro pero, a la vez, incomunicados entre sí; mundos habitados no por personas, sino por una parte de cada persona, siempre y cuando uno sea capaz de desdoblarse. ¿Y qué le ocurre a quien no lo es? Una de dos, o se queda en “este mundo” o se va por entero al otro. Late la idea, varias veces expresada, de que las personas como los satélites, como el Sputnik, somos fríos cacharros que van dando vueltas perdidos en su soledad, aunque de vez en cuando, solo de vez en cuando, se acercan a otros, igualmente fríos y solitarios, creando la apariencia de una relación que desaparece tan pronto como, sin haber sido posible alcanzar el verdadero contacto, cada cual sigue su ruta.
                Toda la novela está escrita como una reflexión vinculada a unos hechos, e incluso rezuma calma a pesar de los sucesos. A eso ayuda que los personajes se dejan llevar por la razón más que por los sentimientos y, además, son poco dados a expresarlos.  La típica y tópica serenidad del pensamiento oriental se ve en cada frase, y no deja indiferente al lector. Como tampoco creo que sea inocente el que Sumire acabe (o no) buscando otro mundo en un lugar tan distinto a Japón como la Grecia actual. Murakami escribe muy bien, y, lo que es más extraño e importante, es capaz de hacer reflexionar al lector sobre el ser humano.  Y es que Murakami es, junto a Vargas Llosa y pocos más, uno de esos escasísimos “best sellers” de alto nivel literario.


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