En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 28 de enero de 2013

Ya no somos niñas – Vicente Marco



   Hay que leer Ya no somos niñas. Es un libro excelente, maduro, de una categoría superior a casi todo lo que se publica, lo cual es muy serio, aunque el argumento, de entrada, parezca festivo.

   Nos encontramos en el futuro. En algún momento del siglo XXII o siguientes. Un mafioso malvadísimo, O. Brayan, controla todo lo controlable en la ciudad donde discurre parte de la acción. Una serie de mujeres se echa al monte (casi literalmente), comenzando por la que se dedica a hacer masturbaciones piadosas a impedidos, y siguiendo por un puñado más que sería largo enumerar, entre las que se encuentran “renunciantes a la monogamia”, una chica mona y con pocas luces o una prostituta de belleza legendaria. Todas estas señoras están unidas por la necesidad de escapar de O. Brayan. Algunas por ser sospechosas de proteger o esconder al “niño de Alburquerque”, al que O. Brayan quiere capturar no se sabe por qué (se sabe, pero al final, y no pienso destriparlo); y otras, por ejemplo, por haber “perdido” un paquetito de droga o por su disidencia en el club “monógamo” controlado por el mafioso. Si el dicho indica que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, en Ya no somos niñas detrás de casi cada una de estas grandes mujeres corretea un pequeño desgraciado. Pero en cualquier caso, la conducta de este grupo es interpretado por el mundo como una “revolución femenina”, lo que le otorga un halo épico que refuerza la narración en forma de “investigación periodística” sobre “qué pasó realmente en...” que contribuye a hacer más interesante e intensa cada una de las líneas.

   Sin embargo, el argumento no es el fin de esta novela, sino el medio del que se sirve el autor para bombardearnos con un sinfín de críticas al mundo actual. Un mundo que, desde el futuro, aparece ridiculizado; los avances de los que ahora nos sentimos orgullosos aunque no tengamos ni idea de cómo funcionan, son las antiguallas que harán reír a nuestros igualmente ignorantes nietos. No deja de ser divertido que nos creamos tan serios e importantes cuando sabemos que alguien igual que nosotros, en algún momento, nos verá solo como pobres pringadillos que se creían los reyes del mambo. Al mismo tiempo, el mundo de las Ya no somos ha superado la religión y buena parte de las convenciones sociales, de las que apenas quedan vagos restos; incluso la política parece haber desaparecido del mapa por innecesaria, aunque algún vestigio queda. Lo que sí ha pervivido, en cambio, es el interés y el miedo, como si el mundo viviera en la “paz de la corrupción”.

   Con esos mimbres, las situaciones son tan increíbles que incluso las más violentas se hacen divertidas, y ese humor constante y en segundo plano es el que hace digerir sin esfuerzo la crítica y la enorme carga de violencia que el ser humano genera incluso cuando todo “va bien”, porque no hay mayor violencia que cuando nadie disiente de nada.

   En ese avance al “todo vale” hasta hacer normalidad de lo que hoy es excepción, el sexo ha evolucionado de igual manera. Está presente a cada momento. En unos casos, como las “exmonógamas”, es la forma de afirmar su “liberación”; en otros, como en el del estrafalario exceso programado por O. Brayan parece una forma de canalizar la frustración, la insatisfacción permanente del ser humano que le obliga a buscar la solución a todos sus males dando siempre un paso más allá. En el caso de la “masturbadora piadosa” es su manera de socorrer al desdichado, de acercarlo a quien no lo es. Aunque quizá lo más curioso sean los motivos de “la Diosa”, que se descubren al final, y que no dejan de ser chocantes a la vista de todo lo anterior. No me resisto a señalar, como culminación del proceso de “siempre un paso más” a que conduce la permanente insatisfacción con el presente, que el club de referencia para el despendole femenino lleva por nombre “Black and black and black and more black”.

   Como ya he dicho, el libro está escrito en plan “investigación periodística”, alternando hechos y “declaraciones” de algunos de los personajes. Utiliza también, como recurso humorístico, las notas a pie de página dirigidas a un lector del futuro para explicarle las rarezas de la vida en el siglo XXI. Esta forma de escribir da mucho dinamismo, y permite el efecto, siempre cómico, del contraste de pareceres, y la relación directa entre autor y lector. Además, la redacción es excelente y proporcionada; si hay algo que me haya llamado la atención es precisamente la sensación de proporcionalidad, de solidez. Y no es poca cosa, porque en un mundo tan estrafalario como el de las Ya no somos, hubiera sido fácil acabar desbarrando, recreándose en lo anecdótico hasta acabar perdiendo el hilo conductor.

            En resumen, un libro que nadie se arrepentirá de leer.



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