En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 9 de abril de 2012

No hay que morir dos veces – Francisco González Ledesma



          Última novela publicada hasta ahora con el inspector Méndez como protagonista. El comienzo es trepidante, vertiginoso, con una novia asesinando al novio en el momento de la boda, con una “señora” prostituyendo a una niña con síndrome de Down en un retirado chalet, y con un ex convicto que acaba de cumplir condena por el asesinato del hombre que violó a su esposa, la cual quedó embarazada y murió en el parto; el ex convicto, frente a la tumba, recibe el encargo de matar a otra persona.

            La primera pregunta del lector es obvia: cómo demonios encajará el autor todas esas piezas. El desafío, a priori, parece considerable, y anima extraordinariamente a seguir leyendo.

            Manteniendo la tradición de la serie, junto a personajes bien situados y con pocos escrúpulos conviven perdedores abocados al delito, con quienes Méndez mantiene una suerte de complicidad espiritual y a menudo material

            Pero siendo una novela muy entretenida (me la he leído volando), creo que es la peor de la saga (con permiso de las dos que me quedan por leer): la añoranza por la Barcelona que se fue, que en otras novelas oscila entre la amargura y la reivindicación, en esta pierde fuerza, probablemente porque Méndez pasa demasiado tiempo fuera de su hábitat natural, y también porque hay personajes insuficientemente caracterizados. Algunas bromas, como lo mal que le puede sentar el aire puro al protagonista o las alusiones a los pistolones que utiliza, han perdido gracia por repetidas, y producen la sensación de que el autor no se ha esforzado como en otras ocasiones en buscar la originalidad, como si se hubiera dejado caer en el aplauso fácil de los incondicionales. Respecto a la trama en sí, pese a lo espectacular del comienzo al desenlace se llega a través de cierto cúmulo de casualidades que constituyen un recurso demasiado sencillo. El final, para terminar, contiene imágenes facilísimas de imaginar: las hemos visto cien veces en otras tantas películas. No me ha gustado tampoco que la forma de expresarse de algunos personajes, como la inspectora, apenas se diferencie de la del narrador: resta virtualidad al personaje, y no contribuye a definirlo.

            Todo autor tiene altos y bajos. González Ledesma, manteniendo un nivel muy alto, en esta ocasión ha ido a dar con uno de sus bajos. Pese a lo cual no me arrepiento de haber leído No hay que morir dos veces: es entretenida, de lectura agradable y, por momentos, divertida. Y además es de Méndez.



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