En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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lunes, 13 de marzo de 2023

Polvo en los labios – Montero Glez

 


Primera obra que leo de Montero Glez, y no será la última porque esta breve recopilación de relatos me ha gustado bastante. No es que la mayoría de ellos tengan un final demasiado original o que dé qué pensar, sino que lo importante es el camino, el lenguaje barriobajero al que no se le notan las pretensiones de serlo (¡qué importante es que estas cosas suenen naturales), el entorno, siempre por debajo del límite de la honradez, de la necesidad y de la esperanza, y el modo en que los instintos, las paradojas y lo imprevisto por más normal que sea juegan siempre su papel para enfrentarnos a historias que lo mismo son racionales, como la primera, que narra la muerte de un trompetista, que entroncan con elementos más o menos mágicos, como la del gato.

Otro elemento frecuente en casi todos los relatos es el sexo, que forma parte de los instintos a los que he aludido, pero que tiene entidad propia porque condiciona el devenir de muchas historias, hasta el punto de ser elemento imprescindible de alguna. Un sexo ni muy explícito ni muy refinado, pero sí muy presente. También quiero destacar la pátina de humor, que deriva de la distancia entre en narrador y sus personajes (a fin de cuentas es el observador que nos cuenta lo que ve) y el cariño que se advierte hacia esa banda de desarrapados, traducido en el modo en que el lenguaje de estos se filtra en el modo de hablar del narrador.

          Es difícil que un libro de relatos enganche, porque la sucesión de puntos finales establece un antes y después de cada uno; todo es constante volver a empezar. Sin embargo este libro, por aquello de que, como he dicho, lo importante es el viaje, consigue que tan pronto como termina un relato el lector se zambulla en el siguiente.


domingo, 29 de mayo de 2011

Caja negra - Pablo Sánchez




Esta novela recibió el XI Premio Lengua de Trapo, y no es difícil entender por qué. Es muy superior a la mayor parte de lo que circula por ahí. A ver si soy capaz de explicar los motivos:

El primero, el argumento: Raúl Garay, filólogo, escribe a lo largo de varios años una novela que un buen día se convierte en best seller, y él en un escritor célebre. Pero la fama y el dinero le duran poco; lo que tarda en ser acusado del plagio de una novelita publicada años antes, con la que la suya tiene sorprendentes coincidencias. El autor, Elías Betancourt, tiene todas las de ganar judicialmente, hunde al protagonista en la ignominia, y lo sustituye en los altares de la fama. Raúl Garay, por su parte, emprende un loco intento por solucionar el desaguisado y, posteriormente, conforme los negros nubarrones se confirman y su presente se diluye arrasando de paso su futuro, se dedica a perpetrar las más disparatadas venganzas, que culminan cuando ocultando su personalidad se convierte en el amante de la esposa de Betancourt, Miranda, una mujer a la que le falta una pierna.

Entre medio hay hechos que parecen explicar cómo las dos novelas llegaron a parecerse tanto. Por ejemplo la existencia de un personaje común, Loyola, una persona real, misteriosa y tan peligrosa que ni siquiera se la menciona en la disputa legal. Pero hay más, claro está: el inquietante misterio de cómo dos vidas distintas pueden conducir a una creatividad tan coincidente.

Raúl acaba enamorado de Miranda, y ésta de él. La tensión del desenlace es doble: ¿cómo reaccionará Miranda cuando se entere de que su amante es, en realidad, el rival de su marido, el hombre que ha tratado de vengarse de él por todos los medios siendo ella el último? Y por otra parte, ¿cómo reaccionará Betancourt? Y por encima de todo hay uno más, el que planea en todo el libro: ¿cómo pudieron llegar a coincidir tanto ambas novelas?

Hay, además, una pequeña curiosidad que se va acrecentando conforme avanza la historia: el dato de que está escrita en Francfort. Poco a poco va surgiendo la curiosidad por cómo el protagonista ha ido a parar allí. Aunque al final este “misterio” no sé si está a la altura del resto.

Esto, respecto a la trama. Pero además esta novela tiene otra cosa muy buena: el tono. Es entre irónico y doliente, el de alguien que se ríe amargamente de sí mismo, que se ríe por no llorar; un tono falsamente humorístico que hace muy amena la lectura. Unamos a eso un vocabulario rico, unas dosis de cinismo, de autoconfesión, cultura expuesta desde la pedantería del que se cree superior, y tendremos un personaje, el protagonista, caprichoso e inolvidable.

Merece la pena.