En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.


martes, 5 de junio de 2018

La felicidad de los ogros – Daniel Pennac




                Publicada en 1985 (en España en 1989), La felicidad de los ogros es la primera novela protagonizada por Benjamín Malaussène, un joven al frente de una familia formada por un sinfín de hermanos con madre común (que regresa a casa cada cierto tiempo pero solo para dejar un nuevo vástago) y padres variados y desconocidos. Todos los hermanos viven juntos, con excepción de una de las hermanas, embarazada, que no tiene muy claro dónde va a estar. La familia vive en París, en el no muy pimpante barrio de Belleville. Malaussène trabaja en unos grandes almacenes como «chivo expiatorio»: cuando algún cliente ha sufrido problemas con cualquier producto, se finge que Malaussène es el responsable y, delante del reclamante, le cae una bronca demencial, improperios de todos los colores y la promesa de enviarlo al paro y a galeras si fuera posible; a todo lo cual responde Malaussène suplicando, llorando, implorando piedad... de modo que el reclamante acaba por no presentar la denuncia para evitar que caiga sobre su conciencia la suerte del desgraciado e incompetente Malaussène. A ojos del cliente, Malaussène es un pobre desgraciado; a ojos de la dirección del centro, un fantástico y bien pagado profesional que les ahorra mucho dinero.

                La novela juega a dos cosas. La primera, a darnos a conocer el pintoresco mundo de Benjamín Malaussène y los suyos, incluyendo el entorno laboral, lo cual hace de forma algo confusa al principio, pues de no saber nada sobre estas novelas el lector tardará algo en enterarse de que algunas de las damas que rodean a Benjamín son sus hermanas y no otra cosa.  La segunda, la trama que permite hacer avanzar la novela hacia el conocimiento de esta panda es también singular: una serie de explosiones en el centro comercial, de alcance limitado pero siempre con víctimas, y en las que Malaussène se ve a medias envuelto y a medias en disposición de aclarar.

                Con tan insólitos mimbres y el modo en que el asunto queda resuelto podría pensarse que se trata de una novela disparatada. Pero no. Y en este logro radica gran parte del mérito de Daniel Pennac: La felicidad de los ogros, pese a lo irreal de las situaciones, se lee con sensación de verosimilitud. Unamos que Malaussène tiene un oficio estrafalario pero él no lo es -al contrario, es un hombre con un sentido común más que notable y un humor que, casi siempre de forma entre irónica y socarrona, se dedica a sí mismo para hacer más llevaderos los disgustos- y acabaremos de comprender cómo algo tan extravagante puede leerse como real.

                La felicidad de los ogros es una novela de humor constante pero sutil e inteligente precisamente porque el personaje ve todo tan extraño –incluso su propia vida y su trabajo- como lo ve el lector. Una obra escrita para provocar más sonrisas que carcajadas y que más allá de las situaciones que describe da a conocer a unos personajes tan admirables por cómo salen adelante como por su falta de pretensiones. Es muy difícil no encariñarse con Malaussène y los suyos si tenemos en cuenta todo lo que Benjamín sacrifica por ellos: su vida entera, tanto en lo profesional como en lo afectivo y hasta en lo meramente sexual, está condicionada por la necesidad de sacar adelante a sus hermanos, y él asume el sacrificio con naturalidad y generosidad.

                Sí me atrevo a ponerle un «pero»: el desarrollo de la «investigación» aparece con un retardo lo bastante largo como para que durante una parte del libro se tenga la sensación de estar dando vueltas y vueltas a la espera de algo que lance la historia hacia delante. Pero esto es solo una critiquilla: La felicidad de los ogros me ha gustado lo suficiente como para haber comprado ya el segundo libro de la saga.

                Lo que no acabo de entender es que esta novela se califique de «novela negra», como en algún sitio he visto. Negra, negra, lo que se dice negra...



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