En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



martes, 12 de septiembre de 2017

El movimiento del caballo - Andrea Camilleri




Genial obra de Camilleri, sobre todo en la forma de dar la vuelta a la acción, la cual justifica el título.

Estamos en Sicilia, en el siglo XIX. Como siempre, en la imaginaria o no tan imaginaria Vigàta. Hasta allí llega un nuevo inspector de Hacienda responsable de comprobar la tributación de los molinos. Un trabajo complicado, habida cuenta de modo en que sus dos antecesores salieron de este mundo.

El hombre es honrado y consciente de la importancia de mantener la imparcialidad en la realidad y en las apariencias. Por eso rechaza todo compadreo, incluyendo las invitaciones a comer del «respetabilísimo» caballero al que nadie se atreve a rechazar nada, ya imaginan ustedes por qué. Todo apunta a que el pobre inspector no sabe donde se está metiendo, y nadie da una lira por el pescuezo de semejante idealista. Llama la atención lo claro que tiene Camilleri las bases de cómo hay que hacer, en lo formal y en lo material, determinadas actuaciones inspectoras entonces y ahora. También tiene bastante clara la organización administrativa.

No necesita mucho tiempo el pobre inspector para comprobar que las inspecciones funcionan peor que mal. Su jefe, el Delegado, por apego a su pellejo y no se sabe si al cohecho ha caído en un pragmatismo que le hace mirar hacia otro lado y forzar a sus subordinados para que también lo hagan. Y el personal con que el inspector cuenta... En resumen, todo está amañado para que nada importante pase y todo el mundo pueda fingir que está haciendo su trabajo; en esas circunstancias, que el inspector quiera hacer cumplir su deber con honestidad lo deja completamente solo y transformado en un estorbo para una actividad controlada por la mafia. El único auxilio, si es que lo tiene, debe buscarlo fuera del trabajo: en la policía, los carabineros y la fiscalía... siempre que no estén en connivencia con los delincuentes a los que él trata de combatir.

Para evitar los problemas que el inspector puede causarle, la opción más expeditiva del capo mafioso es cargárselo, por supuesto no personalmente ni de modo que pueda causarle problemillas; y quieren los hados que ciertas historias paralelas (las de la casera del inspector, una atractiva viuda con ganas de darle alegrías al cuerpo, la de un cura obsesionado con ella y la de un pariente del cura esquilmado por este) permitan a la mafia atribuir al inspector crímenes que él no ha cometido. Acusaciones que tiene todos los visos de llevárselo por delante dejando a los mafiosos con las manos limpias, porque, ¿quién podrá objetar nada a que sean los tribunales quien acusen, juzguen y condenen a un funcionario?

Es en ese delicado y desesperado trance cuando al inspector se le ocurre una jugada maestra para forzar a quienes han provocado su acusación a mostrar su inocencia al tiempo que también los obliga a hacer justicia...  extrajudicialmente. Un «movimiento del caballo» brillante que conocerá quien lea esta entretenida historia a la que solo le pongo un pero: el exceso de palabrería en dialecto siciliano, que despista mucho más de lo que aporta, por más que habitualmente vaya seguida de la traducción.

En cuanto al final... El típico en Camilleri: agridulcemente feliz en esa sociedad gatopardesca donde cambia todo lo necesario para que nada cambie.


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