En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

jueves, 25 de mayo de 2017

Derecho natural - Ignacio Martínez de Pisón



      El «derecho natural» son las normas inherentes al ser humano y previas a todo ordenamiento jurídico positivo. Simplificando, está vinculado al instinto y a los requisitos más elementales de la concepción de la vida. Por eso, cuando las normas positivas, escritas o consuetudinarias, van contra él, surge la desazón, el desconcierto e incluso la sensación de fracaso.

      De ahí el título. Porque algunos de los personajes de Derecho natural sufren las contradicciones entre su instinto y la convención y, como una consecuencia, surgen y sufren conflictos de intereses entre ellos. Los estudios y profesión que alcanza el protagonista, además de una excusa para justificar que «el narrador» dé ese título, lo es para expresar ideas complejas con tan pocas y claras palabras que hace que esta novela, dentro de la engañosa sencillez de su prosa, brille a cada línea.

      La historia lo es de pequeños triunfos y grandes zozobras, de búsqueda y escape. Como tantos, los personajes pasan la vida buscando su propia identidad, adaptándose unas veces, conformándose otras y rebelándose algunas, siempre sometidos al azar de las previsiones erróneas, de las reacciones ajenas y de cuanto desconocen; en ocasiones, con autonomía para cometer sus propios errores; en ocasiones, a remolque de decisiones de otros. Derecho natural es una lectura melancólica y a la vez risueña, que no puede hacerse sin sentir una permanente mezcla de ternura, buen humor y tristeza.

Ignacio Martínez de Pisón.
Zaragoza, 1960.
      Ignacio Martínez de Pisón, uno de los mejores escritores españoles, es todavía un poco más grande después de esta novela. Su claridad, concisión y eficacia en el uso del lenguaje, el alto y constante nivel de su prosa y la profundidad de las ideas y sentimientos que traslada sin que el lector deba esforzarse para empaparse de ellos, lo sitúan en el mundo de la alta literatura, pequeño drama mercantil cuando tantos lectores buscan literatura y autores espectáculo; pequeño drama injusto, porque Derecho natural es tan gran novela y está tan bien escrita que pone la miel con igual eficacia al alcance de gourmets y de asnos. Uno de los libros más bonitos y que más huella me ha dejado en los últimos tiempos. Maravillosamente sencillo y complejo. Uno de esos libros que parece no haber contado nada y cuenta tanto y tan bien que resulta difícil de olvidar.

      ¿La historia? El narrador es un niño nacido en los años sesenta del siglo XX, de cuya mano recorremos su infancia, adolescencia y juventud casi hasta el tiempo presente. Hijo de una dependienta del Corte Inglés y de un actor de octava fila con sueños de gloria y más voluntad que talento, ve cómo su padre se deja llevar por sus apetencias, hasta el punto de que los abandona varias veces y reaparece cuándo y cómo quiere. La relación entre sus padres, las presencias y los vacíos y las penurias económicas condicionan el devenir de la familia, que poco a poco va creciendo, y la novela es la historia de todos: la de un padre con mucha presencia hasta cuando no está, pero al que solo conocemos al final porque la diferencia entre su «derecho natural» y el «positivo» lo ha obligado a refugiarse en su propio personaje; la de la madre, que a fuerza de ver zarandeadas y burladas sus aspiraciones y su amor se reivindica a sí misma construyendo un nuevo personaje que no llega a hacer desaparecer el anterior, con las contradicciones consiguientes y la sorpresa y condicionamiento de todos; y el protagonista y sus hermanos, cada cual con una experiencia vital distinta y con una forma de encarar la vida qué más debe llamarse afán de supervivencia, y que los guía no siempre por los caminos deseados, sino por los que encuentran.

          Huyendo de la técnica best seller, Martínez de Pisón evita crear misterios o curiosidades para enganchar al lector. Tiene demasiado talento para para precisar de esos trucos y, también, un hondo respeto al lector, al que no trata como a un cliente o un consumidor de páginas sino como a un compañero de viaje; por eso Martínez de Pisón anticipa casi todos los hechos relevantes, porque la literatura no es un fin, sino un camino, y el lector disfruta no descubriendo, sino contemplando. La curiosidad no se siente por el qué, sino por el cómo.

      Jalonada de situaciones a la vez dramáticas y grotescas y, por tanto, divertidas y tristes, la debilidad del ser humano se alterna con su capacidad de sufrimiento y superación. De la lucha a través de la colaboración a la lucha mediante el enfrentamiento, todo lo acabamos probando. La vida como un constante esfuerzo de avance y a la vez de resignación, de ambición y de rendirse con un «hasta aquí he podido llegar», porque rara vez alguien se conforma sin resignación, e incluso pocos saben exactamente dónde quieren llegar.

      La novela sobre la vida y cómo los padres influyen en los hijos, y de cómo las vivencias propias condicionan las comunes. Una novela sutilmente divertida, a medio camino entre el drama y la comedia, porque, como dice la contraportada, «“¿Cómo se resume una vida?”, se pregunta el narrador en un momento dado. Según dónde se coloque el punto final, ese resumen adoptará la forma de drama o de comedia.»

      Una última nota para un final precioso y que permite comprender que, bajo la forma de egoísmos que van y vienen, a veces solo late la profunda desorientación motivada por las contradicciones  entre el «derecho natural» y el convencional, a su vez provocadas, a menudo, por decisiones impacientes o, simplemente, porque la vida no se detiene, hay que decidir cada día y lo hacemos sin saber qué nos depara el futuro y sin apenas conocernos a nosotros mismos. También, claro, desorientación por las contradicciones de todo derecho, porque nadie es por completo dueño de sí mismo, sino que también pertenece a sus hijos, a sus padres, a su pareja, a tanta gente que ha condicionado su vida para adaptarla a la nuestra y que merecen mucho más que egoísmo e instinto. Un libro para reflexionar sobre cómo la búsqueda a toda costa del «yo» acaba conduciendo, casi invariablemente, a la soledad, porque la vida es un «nosotros» a veces difícil o imposible de determinar.
   

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