En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 30 de enero de 2017

No pasó nada - Antonio Skármeta



          Cualquiera que haya tenido que emigrar de su ciudad, y no digamos de su país, arrastra de por vida un sentimiento a medio camino entre la ausencia y la sorpresa resignada. Ausencia, porque la infancia es la eterna referencia -en ella aún todo era posible-, y el emigrante se ha visto obligado a abandonar las certezas de esa época -su casa, las calles, los paisajes, las personas-, reducidas a un recuerdo cada vez más lejano y viejo, usado y gastado. Y sorpresa resignada, porque sus hijos nada tienen que ver ni con su ciudad ni con su pasado, y no hay distancia emocional con un hijo que no produzca congoja a sus padres.

          De ese eterno alejamiento -de los orígenes y el de quienes nos suceden- y del subsiguiente aislamiento trata esta breve novela de Antonio Skármeta, escrita con el mismo tono entre humorístico y cariñoso que otras de sus obras.

Antonio Skármeta.
Antofagasta. 1940.
          No pasó nada cuenta la historia de unos chilenos que, con motivo del golpe de estado de Pinochet, se ven obligados a marchar a Alemania. Mientras los padres, de cuerpo presente en Alemania, viven espiritualmente en Chile, sus hijos, y en especial el protagonista-narrador, solo están en Alemania. Allí despiertan a la vida, afrontan en solitario sus primeros problemas -entre los que la adaptación al idioma no es el menor-, sufren y gozan sus primeros amores y, también sus primeras peleas. Mientras los padres sueñan con regresar a Chile ellos sueñan con un futuro que solo imaginan en Alemania porque apenas con conscientes de otra realidad.

          Y he hablado de amores y peleas porque un primer amor desemboca en pelea: el protagonista atiza una patada, allí donde más duele, a otro muchacho. El hermano de éste, un morlaco, jura venganza, y el pobre chileno se pasa media novela tratando de eludir la paliza sin renunciar a vivir.

          El exilio político permite al autor mostrar mucho mejor la añoranza del emigrante, pues las noticias políticas de Chile llegan a Alemania haciéndoles concebir miedos y esperanzas. Más difícil hubiera sido mostrarla con exiliados económicos. Y esta facilidad hace también más evidente, por contraste, la actitud de los hijos, que poco o nada saben ni de Allende, ni de Pinochet ni de nadie, y que más están pendientes de si su enamorada irá a tal acto o no, que de por qué se convoca.

          El final, que no anticipo, es bonito y tierno, porque alude indirectamente a la necesidad de comprensión que todos tenemos, a nuestra debilidad y a que toda nuestra fuerza, precisamente por ser tan débiles, radica en nuestra capacidad para comprender a los demás y hacernos comprender. Y también es un final realista. O así me lo ha parecido porque una vez, teniendo yo la edad del protagonista, también hubo un «animalico» que durante cierto tiempo quiso pegarme una paliza. Un buen día quiso hacerlo: trató de zurrarme en un lugar apartado, y yo me defendí. Ambos recibimos más de lo que deseábamos y menos de lo que temíamos, tras lo cual… Bueno, leed No paso nada.


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