En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 25 de noviembre de 2013

La mala luz – Carlos Castán



La mala luz impide ver, conocer, dar respuesta a interrogantes que, también amparados en la mala luz, a veces inquietan con dudas borrosas. La mala luz nos impide ver cómo somos, e incluso saber lo que queremos y, por tanto, encontrar respuestas que ni siquiera podemos aventurar si existen.
Este es el problema que se encuentra el narrador de esta magnífica novela de Carlos Castán. Al hilo de una separación matrimonial y de su amistad con Jacobo, igualmente separado, el narrador se enfrenta a su propia vida con la actitud de quien ve que todo se hunde bajo sus pies, del que comprende que la juventud termina el día en las expectativas comienzan a ser sustituidas por la constatación del incumplimiento de las aspiraciones. La vida como una sucesión de errores, el primero de los cuales siempre es confiar en que de alguna manera, en algún momento, no sabemos cómo ni cuándo, seremos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos; la vida como una sucesión de detalles que pasaron inadvertidos; la vida que de pronto, un día, nos pasa la factura de todo lo que dejamos de hacer por pereza, incapacidad u olvido, de todo lo que creíamos que iba a ser de una manera y fue de otra, de todo lo que pensamos que seríamos capaces de afrontar. Y antes o después, la soledad.
¿Cómo enfrentarse a la derrota? ¿Cómo enfrentarse a que cada vez hay menos días y menos fuerzas? ¿Cómo mirar a un futuro con la experiencia de un pasado roto?
Las reflexiones del narrador, las metáforas que añaden sentimiento al significado, son de un detalle y de una profundidad que conmueve. Y cuando el narrador parece haber terminado consigo mismo, algo le obliga a proseguir: la violenta muerte de su amigo le conduce a hacer algo tan simple como husmear en las pertenencias del difunto, y de ahí pasa a hacerlo en las propias, viéndose a sí mismo casi con la distancia con que se ve a un muerto. La reflexión a partir del recuerdo, y el recuerdo que se torna doloroso conforme pasa la vida amenazan con llevarlo a un límite del que no se sabe cómo puede salir: porque ¿qué forma adopta el desmoronamiento definitivo? ¿En qué consiste desmoronarse? Claro que una salida, a veces, es dejar de lado el dolor, olvidarse de él, pensar en otra cosa cuando la vida lo permite. Y la vida suele permitirlo, porque otra cosa no, pero el ser humano es experto en escapar.
En el mundo del narrador la literatura juega un papel casi tan importante como la sensualidad que aparece casi siempre en pasado. No en la novela en sí, sino en el modo de ser y de afrontar la vida, porque las referencias casi siempre son literarias. Al fin y al cabo el tormento es cosa de escritores; porque quien no es capaz de dejar rastro de su dolor, no suele superar la condición de víctima.
Solo par de veces –la primera, en el funeral-, el narrador sale de sí mismo, de su introspección, mira alrededor y deja de juzgarse para juzgar a los demás, y sorprende entonces la violencia con que lo hace y la forma en que llega a situarse por encima de muchos. Aunque, bien mirado, no es infrecuente que los demás se vean zarandeados, si quiera sea de pensamiento, cuando tenemos problemas.
No digo cómo termina la novela, pero sí que sorprende casi hasta desconcertar. En un primer momento tuve la impresión de que algo no cuadraba, de que era un final algo forzado, pero es una sensación engañosa: en cuanto pasa un rato comprendes que sí, que puede ser, que por qué no, que, volviendo a lo de antes, de alguna manera se tiene uno que desmoronar.
En algún sitio he leído que esta novela es uno de los acontecimientos literarios del año en España. No conozco apenas lo que se ha publicado en 2013, pero a nadie puede caberle duda de que estamos ante una novela de alto nivel, de las que antes o después se vuelven a leer, de las que aguantan el paso de los años.
Eso sí: ni caso a la contraportada. Ni thriller ni gaitas. Literatura.


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