En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 21 de octubre de 2013

En caída libre – Rosa Ribas






            En los pocos años que llevo leyendo con cierta regularidad novelas de este género he comprobado demasiadas veces lo mucho que los autores se repiten a sí mismos, hasta resultar algunos más pesados que el plomo; a la enésima vez que uno lee las manías o complejos de un personaje siente ganas de mandar el libro a hacer puñetas, y de enviar al personaje a un psicólogo. Bueno, pues nada de eso sucede en la tercera entrega de la comisaria de Frankfurt Cornelia Weber-Tejedor. La razón es doble: la originalidad del caso concreto por un lado y, por otro, que en lo personal Cornelia evoluciona, y encima con naturalidad. El resultado, una mezcla armónica que el lector disfruta de principio a fin.

            En cuanto a lo primero, lo atípico del planteamiento, una vez detectado que algunas de las empleadas del aeropuerto de Frankfurt encargadas de limpiar los aviones están muy duchas en el arte de introducir droga en Alemania, Cornelia, huyendo del follón afectivo-laboral en que se ha metido, solicita actuar como infiltrada; lo cual le exige cambiar de vida durante un tiempo indeterminado. Tanto debe meterse en el papel y en su nuevo entorno, que en gran medida En caída libre es una novela sobre una empleada de la limpieza metida en un buen lío.

            La tarea es dura: alejada de los suyos, con un incierto panorama afectivo, con nuevas amistades que no deben serlo pero con las que es difícil no solidarizarse porque son la parte más débil de la cadena, la pobre Cornelia acaba dedicando a la cerveza y a ver películas todo el tiempo que no dedica al trabajo. A ello la ayuda primero la frustración de no avanzar (porque de vaciar ceniceros a integrarse en una organización delictiva hay un trecho), y, después, una doble tensión: la de ir descubriendo poco a poco los entresijos del asunto asumiendo el riesgo correspondiente, y la de fingir (o no tanto) una amistad con quienes son a la vez víctimas y delincuentes. Porque, ¿cómo ver a la delincuente sin ver a la víctima que también es?

            La organización criminal es, eso sí, sui generis, debido a las veleidades empresariales de quien parece estar al frente. Pero lo que se pierde en realismo se gana en agilidad e interés (la realidad en estos mundos es demasiado conocida y aburrida como para limitarse a ella).

            Y así es como llegamos a tener una atípica perspectiva novelesca: el crimen se va resolviendo a la vez que se comete.

            El segundo punto que he señalado es la escasa reiteración, pese a ser ya la tercera novela de la serie. El motivo es que Cornelia, como todo hijo de vecino, se adapta mal que bien a los cambios (a diferencia de tantos personajes que permanecen novelas y novelas presas de los mismos pensamientos y obsesiones). Su matrimonio ha hecho aguas, pero un clavo saca a otro clavo, aunque como el clavo esté en el trabajo, mal asunto; entre medio acecha la soledad, sustituyendo a la preocupación. Al mismo tiempo sigue cayendo bien por su propensión a caer en la tentación, a buscar el alivio inmediato aun a costa de dar pasos de ciego, pero esa también es una forma de ir hacia algún sitio, aunque sea el equivocado. No es el único personaje del que se puede decir esto. El perfil de Leopold pasa a estar mejor definido, como esas personas que nos parecen una cosa cuando las conocemos poco, y otra cuando las vamos conociendo mejor (que es lo que ocurre con este personaje). Del resto de los habituales poco se puede decir, porque poco es su papel en esta novela.

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