En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 14 de octubre de 2013

La rocambolesca historia del transportista Pere Bitxo – Ramon Fontserè





La rocambolesca historia del transportista Pere Bitxo es una novela desconcertante si uno no va advertido de lo que va a leer. Desconcertante, primero, porque la “historia” es la de un solo día y, segundo, porque la narración es en algunos puntos algo telegráfica, lo cual aconseja leer despacio e ir imaginando hasta el último detalle. ¿Y cuál es la advertencia? Que estamos ante una obra un tanto berlanguiana, en la que no hay ni grandes hechos ni intrincados misterios, sino el transcurrir de la vida, que es la mejor manera de demostrar cómo son las cosas y las personas. Es decir, dispóngase el lector a sentarse y ver cómo transcurren veinticuatro horas en la vida de Pere Bitxo. Aunque, eso sí, alguna cosa fuera de lo normal le ocurre al hombre.
                Pere, transportista, es al transporte lo que una margarita pocha a un ramo de novia: tiene una furgoneta tan pimpante como un viejo saco de patatas, con la que comienza el día recogiendo a las chicas de un prostíbulo cercano, situado en mitad del campo, para devolverlas a la civilización de una comarca catalana del interior. Una civilización peculiar, pero, dentro de su singularidad, universal, porque no hay lugar que no esté plagado de tipos raros. Pere acude luego al taller a cambiar los asientos por una caja isotérmica, y pasa el resto del día repartiendo huevos por la comarca, a la espera de terminar y volver a instalar los asientos para llevar de nuevo a las chicas al trabajo. Este ir y venir permite ir incorporando personajes a la novela, y es recomendable fijarse bien porque hay unos cuantos: desde el ex político local obsesionado con los socialistas, hasta la dueña del local de alterne pasando por un juez de paz enano, el “rico” que en realidad no es más que un mafiosete con muchos negocios más o menos chapuceros, un tipo salido, su esposa que trata de reconducirlo al buen camino a base de perdigonadas en los alrededores del burdel, el lunático que fue una vez en avión y no ha dejado de presumir de ello ni un segundo, y unos cuantos más.
                Junto a la exhibición de personajes a la vez extravagantes y corrientes, se producen una serie de situaciones absurdas, como la de la anciana que duerme en el balcón del ayuntamiento, el inmigrante al que dan cama en la mesa del salón de plenos, la loca de los perdigones o el chiflado que la emprende a tortazos con todas las máquinas, lo cual no se sabe si forma parte del marco de la “acción” o la “acción” misma. Lo entrecomillo por lo ya dicho, porque el meollo de esta historia es dejar que pasen las cosas ante los ojos del lector.
                Pere Bitxo, cuyo papel es más de nexo que de protagonista, es un personaje extraño, porque apunta ser una cosa y acaba siendo otra. Al principio, dado lo peculiar de su residencia, de su furgoneta y de su modo de vida, parece que va a ser un tipo estrafalario, pero en realidad es el más sensato de todos, y también el más formalito. Además, lo que le acontece no es determinante, lo determinante es el conjunto, la combinación de los personajes y que todos tienen algo en común: su facilidad para arrimar el ascua a su sardina en todo momento. Así es como los acontecimientos, desencadenados por un factor externo, terminan siendo, para las personas, la resultante de los pequeños intereses de cada uno.
                El autor no entra a valorar la conducta de sus personajes, ni siquiera nos dice lo que sienten o dejan de sentir, deja que sea el lector quien valore cada cosa interpretando la conducta de cada cual.
                Dicho esto, también hay algunas concesiones a las escenas cómicas –como la conversación de los mossos a través de la radio-, y un buen puñado de críticas diseminadas a lo largo de las páginas, como los cartones de huevos mojados hasta la descomposición, que son confundidos con una obra de arte.
                En resumen: una novela en la que la disposición del lector es muy importante, porque para disfrutarla debe ser leída con cierta conciencia de “observador”.


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