En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

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jueves, 10 de febrero de 2022

Novela de ajedrez – Stefan Zweig

 



Narrado en primera persona por un personaje del que solo llegamos a saber su nacionalidad –la misma que autor-, Novela de ajedrez cuenta una curiosa anécdota situada en un largo viaje en barco desde Nueva York a Buenos Aires en algún momento que la fecha de la publicación de la novela y alguna de las referencias que contiene permiten situar poco antes de 1941.

En el barco viaja el nuevo campeón mundial de ajedrez: un hombre joven, taciturno e insociable cuya historia conmueve al lector al menos hasta cierto momento. Semejante figura llama la atención de todos los que saben quién es. Lo complicado, dado el carácter del campeón, es hablar con él, cosa harto apetecible cuando todo el mundo tiene por delante varios días sin nada que hacer.

Entre los demás viajeros figura un adinerado americano muy pagado de sí mismo con el que el narrador llega a jugar al ajedrez en uno de los salones del barco.

A partir de aquí se producen una serie de hechos que llevan a la aparición, casi por casualidad, de un desconocido, el «señor B.», cuyas sorprendentes capacidades se basan en una dramática experiencia vital que solo el narrador –testigo que media entre el resto de los personajes y el lector- llegará a conocer.

Qué sucede entre los viajeros y el modo en que reaccionan a los hechos que suceden se acaba transformando, a los ojos del lector, en un feroz alegato contra el nazismo, una ideología capaz de convertir a los seres humanos en monstruosos donde hasta lo mejor de sí mismos pueda provocarles un sufrimiento atroz y peremne.

La novela es corta; el ritmo, magnífico; el lenguaje, elegante y sin afectación; pero sobre todo es concisa y sin nada superfluo: hasta la última palabra es importante y eso permite que la atención del lector sea máxima desde la primera frase hasta la última. Especial mérito tiene también la increíble manera en que Zweig crea mundos sin apenas descripción, simplemente provocando la evocación del lector.

Para quienes se animen a su lectura, Novela de ajedrez está publicada en Acantilado. Hay una versión en tapa blanda por 9,5 euros. Yo lo he leído en tapa dura, también en Acantilado, en un volumen de 46,55 euros que incluye nada menos que diez novelas cortas del autor. Un pequeño lujo que, si hacéis cálculos, sale barato.






sábado, 12 de octubre de 2019

La sospecha - Friedrich Dürrenmatt





Segunda novela que leo de este autor, tras El encargo. Ambas breves y magníficas, ambas con el punto en común de una concisión notable en torno a hechos significativos cuya interpretación se deja al lector, y pese a todo esto, las dos, también, muy distintas.

La sospecha es una obra interesante, a veces dura, a medio camino entre la intriga y la reflexión. La primera idea importante surge no tanto de la literalidad del texto como de la actitud del protagonista: ¿es moralmente lícito no despejar las sospechas que afectan a la esencia de la dignidad de otros seres humanos?

Conviene señalar que La sospecha fue publicada a principios de la década de 1950. Si no se avisa, hay tan pocas referencias temporales que podría tomarse como desarrollada en cualquier momento entre esa época y la que alcanza la vida de los supervivientes del nazismo, con lo cual el lector podría no saber a qué atenerse acerca de la identidad y edad de alguno de los personajes. El protagonista es el comisario Bärlach, un personaje a quien el autor dio vida en otros textos. En La sospecha, Bärlach es ya viejo y está a un paso de jubilarse, y además padece una enfermedad terminal que afronta internado en un hospital del que no tiene expectativas de salir. 

Allí, por casualidad, husmeando una vieja revista, topa con la foto de un criminal nazi del campo de concentración de Stutthof. Un tal Nehle que, por «experimentar», operaba a la gente sin anestesia. Un sádico. La imagen es mala, al hombre solo se le ve la parte superior de la cara, pero el médico y amigo que atiende a Bärlach durante un instante cree reconocer en ella al director de una clínica en Suiza. Un médico llamado Emmenberger. Los nombres no coinciden. Tampoco las biografías. Emmenberger estuvo en Chile durante las barbaridades del nazismo y desde allí publicó varios artículos científicos. Regresó tras la guerra. Además, Nehle se suicidó con una cápsula de cianuro y su cuerpo fue hallado e identificado. Y, sin embargo… Y sin embargo hay algunos detalles que hacen dudar a Bärlach, por más que su amigo se empeñe en que su impresión ha sido una mera confusión y que es imposible que Emmenberger sea Nehle.

Desde la cama del hospital Bärlach emprende una investigación sui generis que, si de una parte le permite satisfacer su instinto de policía, por otra le hace no pensar en su cercana muerte y, en cualquier caso, le permite tener la conciencia tranquila: no va a cerrar los ojos ante la posibilidad, por ínfima que sea, de desenmascarar a un criminal. Entre algunos acontecimientos imprevistos, cierta ayuda sorprendente y algún fallo de cálculo del protagonista, la novela desemboca en un punto en el que se produce una intensa e inteligente reflexión sobre la existencia humana y sobre en qué medida nuestro inevitable destino afecta al concepto del bien y del mal; una reflexión, incluso, acerca de cómo el mal puede llegar a ser algo deseado en algunos momentos o por algunas personas.

No digo más para no descubrir nada acerca de si la sospecha que da título a la novela era o no cierta, pero sí digo que la cuestión es tan irrelevante que el autor no se espera al final para aclararla, y es que lo importante, mucho más que la trama, son las reflexiones inducidas por esta inquietante obra.




lunes, 28 de octubre de 2013

Ha vuelto – Timur Vermes



Toda novela de humor sobre Adolf Hitler está llamada a ser polémica; y si está escrita en primera persona por el propio Hitler, ni hablemos (por cierto, en coherencia debería titularse He vuelto). Como la propia sinopsis del libro indica, ¿está permitido no ya reírse de Hitler sino con Hitler? Es una duda ética, no literaria, pero ineludible.
Y porque esa duda es ineludible, Ha vuelto no es un libro que deje indiferente, aunque es complicado saber hasta qué punto las encontradas sensaciones que produce es mérito del autor o de lo que todavía hoy evoca la figura de Hitler, siendo, como es, alguien que siempre viene a la mente cuando se habla de las monstruosidades humanas. Es decir: ¿qué es lo que invita a la reflexión? ¿La novela, la figura de Hitler, o la posibilidad próxima o remota de nuevos genocidas?
Porque de esto trata la novela, bien que a través de un Hitler “real” que es en realidad una caricatura. Quien a lo largo de toda la novela se refiere a sí mismo como el Führer del Reich, demostrando la mesíanica confusión de persona y cargo típica de todos los dictadores, se despierta en un descampado berlinés, en el año 2011, sin otra memoria que lo ocurrido hasta el día de su “no suicidio”,  y con una laguna de 66 años que no se preocupa por llenar, dando por hecho que el fenómeno tiene una clara explicación, también mesiánica: tan importante es él, que el destino se las ha apañado para que continúe su labor “salvadora”.
A partir de esos instante, sin ocultar su personalidad, Hitler comienza a ponerse al día de las noticias y de cómo ha evolucionado la sociedad y la técnica, a la vez que lucha con la precariedad de medios, porque el hombre está con lo puesto. Los demás primero lo ven como a un chalado, pero un chalado tan convincente que pronto es presentado a unos productores televisivos; a partir de ese momento el chalado pasa a ser, a los ojos del resto, un actor que se dedica a la parodia; y su empeño en no dejar de ser Hitler ni un instante lo atribuyen, no sin admiración,  a que sigue  la técnica artística llamada “el método” (aunque en el libro la denominan de otra forma), consistente en que el actor no sale del pellejo del personaje ni en su vida particular, para integrarse en él e interpretarlo a la perfección. El Hitler de esta novela, como he dicho, no tarda en hacerse un huequecito televisivo. Sus críticas al mundo, lanzadas en el apartado de un programa, son tomadas entonces como parodias y, por tanto, como una crítica a las propias consignas nazis. Solo su apariencia es problemática por todo lo que evoca, pero es vencida por la incorrecta interpretación de su mensaje, porque  mientras Hitler arenga en serio, su público se toma sus palabras a broma, aunque una parte del público celebra algunas mordaces críticas que solo pueden hacerse desde el humor y que consideran certeras. Por otra parte, no debemos olvidarlo, ni el odio ni el racismo han muerto nunca, y cualquier alusión a ellos, siquiera sea tenida por humorística, encuentra eco.  En resumen, este Hitler de 2011 es aceptado porque parece ser lo contrario de lo que es, pero también porque habla de temas que siguen latentes. Pero, y esto es lo inquietante, ha sido aceptado siendo lo que es, sin que nadie haya sido capaz de ver la verdad. En medio de toda esa confusión que para ser realista precisaría de un Hitler increíblemente tonto, lo único cierto (para el lector, no para la sociedad alemana reflejada en la novela, que no se entera) es que el mismísimo Hitler se ha colado en la televisión, está lanzando su mensaje, se ha convertido en una estrella y llega un punto en el que hasta los partidos políticos de diferente signo político quieren acercarse a él.
También podría verse, aunque no me atrevo a decir que esté en la intención del autor, una crítica a una cultura, como la actual, donde todo se mide por la audiencia y donde, por tanto, por las pantallas no deja de desfilar un ejército de indeseables que reducen la comunicación a un debate sobre irrealidades pretendidamente escandalosas, con argumentos estúpidos o directamente falsos, pero no por eso carentes de influencia, dado que para muchas personas son los únicos que llegan a sus oídos. Una "cultura" donde la demagogia campa a sus anchas, porque es más sencillo hacer demagogia que razonar, y porque en una sociedad donde a nadie preocupa la verdadera cultura o el humanismo, cada vez hay menos personas capaces de identificar la demagogia, y, en consecuencia, cada vez son más los que se someten entusiastamente a ella.
Junto a los hechos narrados, en sí insensatos y, por tanto, algo cómicos, conviven otras tres fuentes de humor: la forma en que Hitler interpreta cada hecho para adaptar la realidad a sus creencias es la típica de un loco que sería quijotesco si no fuera porque el personaje histórico no limitó sus delirios a la utopía; la forma de ingeniosa arenga con que se expresa, utilizando todo tipo de comparaciones despectivas y elogiosas pero siempre chocantes y con un deje gruñón que lo hace más simpático que odioso y, por último, la forma en que se justifica cada vez que la necesidad le obliga a traicionar sus principios.
El personaje de Ha vuelto no es Hitler, obviamente, sino una parodia de él. Un Hitler imaginado e irreal, infinitamente más cercano al de una mala película que al personaje histórico. Pero habida cuenta de lo que Hitler supuso en la historia, cualquier referencia a él, incluso humorística, no deja de ser inquietante, y el título, Ha vuelto, también lo es en una situación como la actual en la que, en buena parte de Europa, están resurgiendo partidos extremistas. Así es que, con independencia de la calificación literaria que merezca el libro, no es una mala excusa para que reflexionemos sobre cómo los extremismos, que han existido siempre, se abren paso a través de las grietas que las crisis dejan en las sociedades, porque de una cosa podemos estar seguros: el género humano no ha dejado atrás las atrocidades. Otra cosa es que, como los espectadores que jalean a Hitler en esta novela, no seamos capaces de verlo.