En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

Confesiones amorosas (más o menos)



Creo que la primera novela de Camilleri protagonizada por Salvo Montalbano se publicó en España en 2003. Aún tardó unos años en alcanzar aquí la fama que en Italia había logrado poco antes, ya septuagenario. Yo lo conocí en 2005, con La temporada de caza, maravillosa novelita editada por Booket que nada tenía que ver con el comisario de Vigàta. La encontré una tarde, curioseando en una librería en Zaragoza, sin haber oído jamás el nombre del autor. Si existen los flechazos literarios, este fue certero. De Camilleri admiro el cariño que vierte hacia sus personajes y el modo en que lo transmite.

Desde entonces he leído treinta y tres libros suyos (unos pocos, más de una vez) y he escrito dos novelas cuya estructura y tono están influenciados por La Ópera de Vigàta, una de las obras de Camilleri que más me han gustado. Quienes las han leído dicen que es lo mejor que he escrito. No sé si aciertan, pero me lo pasé en grande y las tengo en gran estima; si no las he publicado a cualquier precio es, precisamente, porque en la valoración que hago de ellas merecen una suerte que no está en mi mano alcanzar.

En resumen: que lo mío con Camilleri es largo e intenso.

Pero en toda apasionada relación de amor lector-autor siempre hay aspiraciones frustradas. No me refiero a los libros no leídos, que son proyecto y esperanza y no fracaso, sino a los libros imposibles de localizar. Mi cuenta pendiente con Camilleri ha sido La desaparición de Pató.

Supe de esa novela en una de mis primeras conversaciones sobre don Andrea. Alguien había leído la historia de Pató y la ensalzó. Desde entonces he pasado años detrás de ese libro. Más que agotado y descatalogado, se diría muerto y olvidado. Imposible encontrarlo. Ni en papel, ni en ebook, ni en señales de humo. Nada. En ningún sitio. De ninguna de las maneras. He pasado más de una década sin resultado. Nunca me ha ocurrido algo semejante con ningún otro libro. La desaparición de Pató no solo era un título, sino una triste realidad: no había manera de dar con el puñetero Pató. Se había esfumado como si nunca hubiera sido escrito.

Mi única esperanza era que Destino -que publicó la novela en 2002, cuando Camilleri era todavía más desconocido en España de lo que he apuntado al principio- la reeditara. O que la volviera a publicar quien fuera. No ha sucedido. Aún.

                Pero si cuento esta historia de amor no es para quejarme y ver si alguien me consuela, sino porque ha tenido final feliz.

Al amigo que hace años me habló de este libro se lo había prestado otro amigo común cuya biblioteca alcanza tal volumen que no es aconsejable irse a vivir al piso de abajo. Este último amigo, además, presta tal volumen de novelas que tiene otra especie de «biblioteca flotante» de mano en mano dentro de un amplio grupo de amigos; la mayoría de los ejemplares regresan a casa al cabo de unos años (y en similar periplo anda, por cierto, mi ejemplar de La ópera de Vigáta), pero otros se pierden por el camino. La desaparición de Pató parecía haberse consumado, literalmente, en casa de alguien indeterminado. Sin embargo, no era así. El otro día Pató asomó la nariz en las catacumbas de la biblioteca de mi amigo, y él, acordándose de las veces que he llorado por este amor no correspondido, se apresuró a prestarme su ejemplar, con lo cual, además, el vino que estábamos bebiendo paso a saber todavía mejor.
La aparecida
Desaparición de Pató

Aquí tengo ya a Pató, a mi lado. Aparecida su desaparición, espero ya el momento de leer su historia, que no será cualquiera sino cuando tenga tiempo suficiente para disfrutarla sin otras cosas en la cabeza. Pronto, porque se aproximan días de descanso.

Estáis invitados a la boda. O sea, a leer la reseña que pondré aquí mismo.








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