En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 10 de noviembre de 2016

El caso del cadáver sonriente - Paco Piquer Vento




     El caso del cadáver sonriente fue Premio Francisco García Pavón en 2007, lo cual digo de entrada para apuntar que la novela tiene méritos, se nota que el autor escribe con cierto oficio. Se lee fácil, sin más que cuatro o cinco momentos de desconcierto por algún salto al vacío. Sin embargo hago esta advertencia porque a la hora de hacer balance prima la desorientación que he sentido al leerla.

     Desorientación por varios motivos.

     Primero, porque no he acertado a averiguar la pretensión de la novela. Los comienzos apuntan a una historia de humor caricaturesco no solo por la aparición de cadáveres sonrientes y con los pinrreles al aire, sino también por guiños clarísimos en esa dirección, como la elección de los nombres de algunos personajes; por ejemplo, Próspero Galimatías o el apellido Maremoto. También, por qué no, la técnica de asesinato es claramente caricaturesca. Sin embargo, conforme la lectura avanza hay larguísimos pasajes sin rastro de humor, y cuando el lector se da cuenta cree haber ido a parar, desde no sabe dónde, a una novela «seria». Es decir: el humor no está equilibrado, se da en los personajes y no siempre, y menos en las circunstancias; y cuando el humor caricaturesco irrumpe tras mucho tiempo sin noticia de él, parece fuera de lugar.

     Segundo, porque ya avanzado el libro se utiliza la técnica más o menos «cinematográfica» y facilona de mostrar ciertas conversaciones «misteriosas», no se sabe entre quiénes, que unas veces advierten de enigmas y peligros para los protagonistas y otras, desvelando el quiénes, terminan avanzando el final, que cuando llega no sorprende (e incluso la escenita, con el teléfono, está muy vista). Un recurso especialmente negativo en una novela donde el relato en primera persona es la norma.

     Tercero, precisamente, porque domina la narración en primera persona pero de pronto aparecen apartados en tercera. Me ha dado la sensación de que el uso exclusivo de la primera abocaba al autor a problemas  a la hora de suministrar información al lector, y que ha optado por la solución más sencilla aun a costa de crear algo a medio camino entre la «confesión» del personaje y la narración impersonal.

     Cuarto, porque algunos pasajes relevantes están escritos de manera confusa, lo que produce sensación de pérdida, junto a otros que no son en broma y como serios no cuajan, como la anodina reacción de la hija de uno de los «cadáveres sonrientes» ante la noticia de la muerte de su padre. También colabora en esa línea la existencia de algún «cadáver sonriente» irrelevante. De hecho, este modo de hacer llega hasta el título, que habla de cadáver en singular, mostrando así que el segundo fiambre tiene más de ornamento que de alimento de la trama.

     ¿El argumento? Un par de cadáveres aparecen en un restaurante barcelonés. Ambos con los pies desnudos y sonriendo de oreja a oreja. Uno de ellos parece ser el del dueño de una ortopedia. Enseguida aparece husmeando un detective privado que, vaya por Dios, antes fue policía pero salió escaldado tras una injusticia administrativa, el cual trata de investigar en parte porque le apetece y en parte para tocar las narices a quien tiempo atrás se las tocó a él. Aunque, calma, porque como dicen las malas sinopsis al final «nada es como parece», aunque la sorpresa, en realidad, no llega a ser demasiada porque aunque ayude al protagonista a llegar al desenlace, no modifica la previsión que el lector ha hecho de él.

      La parte narrada en primera persona está escrita con el tono caricaturesco del tipo duro que también tiene su corazoncito. En cierta medida me recordaba a Los muertos no tienen amigos, de Luis Gutierrez Maluenda, aunque en esta en tono era más constante gracias a lo cual terminaba siendo más humorístico.

     Por lo demás, una novela que puede resultar del agrado de muchos por recurrir a tópicos  y perfiles comunes en el género negro-burlón, si puedo llamarlo así: desde el título, que comienza por el poco original «El caso de...» hasta el protagonista, poli rebotado con cuitas pendientes con algún antiguo jefe o compañero, un tipo, también, que hizo su buena obra con una prostituta con la que se siente unido por sentimientos confusos que oscilan entre la pena y la solidaridad, sin renunciar al egoísmo, pero luego el roce hace el cariño y no me tengo que dejar llevar pero... Un tipo que, sin alterarse, alterna lo extraordinario de perseguir asesinos y verse en peligro de muerte con lo más cotidiano, como cuidar a su anciana madre. Incluso se recurre con insistencia a contrastes muy evidentes que con el paso del tiempo han ido perdiendo gracia, como encontrar japoneses oriundos de Cataluña y, por tanto, con acepto catalán.

     Una novela entretenida, por momentos divertida, bien escrita en lo que a lenguaje se refiere, pero que se queda a medio camino en demasiadas cosas.  Aceptable para pasar un rato agradable de lectura, sobre todo si sabiendo lo que os acabo de contar os dejáis llevar sin ofrecer resistencia por ese ir y venir entre lo serio y el humor. 




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