En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 28 de noviembre de 2016

El pisito - Rafael Azcona



            Antes de ser película en 1959, El pisito fue novela en 1956 porque Rafael Azcona, posiblemente el mejor guionista español, comenzó como escritor. Y se nota que ya llevaba su futuro en la cabeza, porque leer El pisito es como ver una película de la época.

Rafael Azcona (1926-2008)
            Entre las películas de Azcona, Plácido, El verdugo, La escopeta nacional, Belle époque, ¡Ay, Carmela!... Lo mejor. Y El pisito es una novela relevante en un momento donde el humorismo alcanzó cotas tremendas en España, aunque escasamente reconocidas, con Jardiel Poncela, que había muerto pocos años antes, o Miguel Mihura.

            El pisito, que ha alcanzado la «gloria» de tener una edición en Cátedra, es una historia de posguerra en la que Rodolfo, el protagonista, vive realquilado en el piso de una inquilina octogenaria; doña Martina. También realquilado en el mismo piso está Dimas, un callista y descarado embaucador que cae bien por su ingenio y cara dura. Rodolfo tiene un trabajo chapucero con un jefe déspota; y tiene una novia, Petrita, que vive con la abundantísima familia de su hermana, a su vez realquilada junto a otro montón de personas en el piso de un inquilino tullido. La pareja de novios tiene un problema perpetuo: no se pueden casar porque no tienen dónde ir a vivir.

            La vida ha ido pasando, Rodolfo y Petrita son ya cuarentones. La pobreza ha llegado a ser para ella un drama porque le impide desarrollar la vida que ha soñado, y para él una excusa pues no parece tener claro lo que quiere. Hasta que Dimas tiene una idea: la obsesión de la octogenaria porque alguien, a su muerte, cuide de su gato, hace tramar el siguiente plan: Rodolfo se casa con doña Martina y cuando ella muera, él, como viudo, tendrá derecho a seguir ocupando ese piso de renta antigua y así podrá casarse con Petrita.

            Esa simple trama, de la que pronto quedan al tanto todos los afectados, basta para tejer una novela divertidísima en la que reímos con la incredulidad de casi todos ante la idea, con las reacciones indignadas de las dos «novias», con los secundarios, y con Dimas, que en realidad trata de utilizar a Rodolfo para garantizarse un lugar donde vivir. Todo en un ambiente de pobreza, donde el lujo es tener cuatro paredes entre las que estar solo y el gran placer tomar unos calamares.

          La ingenuidad, la sinceridad de las intenciones aplicadas a una situación desesperada alumbra ideas tan disparatadas como la descrita, que crecen y se alimentan de comentarios socarrones unas veces e irónicos otras. Pese a la uniformidad del tono el humor a veces es broma, pero otras es crítica, defensa, consuelo y, sobre todo, un tamiz para que la historia llegue al lector provocándole una sonrisa continua.

            La apariencia de humor «blanco», la «decencia» con los protagonistas se adaptan a la moral oficial, en especial las mujeres, y al ausencia de toda crítica explícita al origen de tanta penuria (los años más duros de la autarquía) hace pensar en qué medida la existencia de censura condicionó el resultado, pero si uno se fija, además de algunas alusiones sexuales algo más que explícitas hay crítica a una sociedad incapaz de dar otra respuesta a las aspiraciones de la gente normal que la picaresca. No hace falta decir nada porque ya está todo dicho: ¿qué puede esperarse de una sociedad donde casi dos décadas después de terminada la guerra que vivieron con 20 años ni quienes tienen un trabajo pueden tener un pisito donde vivir? ¿Qué puede decirse de las circunstancias que han abocado a que algo así sea tan ordinario que mucha gente puede reconocerse en esa penuria? Ese es uno de los méritos humorísticos de esta novela: que dentro de la parodia, de la caricatura todos pueden reconocerse en esa falta de oportunidades que a menudo conduce al disparate.

            El final… Bueno… Más de película de la época que de novela. Pero por algo Azcona llegó a ser guionista.



3 comentarios:

  1. Azcona es pura historia, siempre narrada con una mirada entre tierna y ácida, de este pais.Los que mejor lo han sentido y vivido es esa raza de cronistas,guionistas y novelistas que, sin duda, debe ser lo último que desaparezca de nuestro imaginario colectivo, al menos, para los que podemos saborear ese viaje por España.Aklguien lo rescatará dentro de 50 años...

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    1. Sin duda tiene un valor inmenso como humorista y como caracterizador de una época que no se ha de repetir, por la posguerra, por el éxodo rural, y de una actitud ante la vida.

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    2. si...y el mismo Azona se derreteriria si viera como evoluciona el pais...quedará alguno que sepa relatar los tiempos de la posverdad?

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