En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 11 de julio de 2016

El procurador de Judea - Anatole France



       Tras pasar casi toda la vida desterrado como consecuencia de un comportamiento indecoroso, Ælio Lamia, ya en la senectud, se encuentra en la costa de Campania atraído por sus bondades terapéuticas. Mientras da un paseo coincide con alguien todavía más viejo: Poncio Pilatos, a quien conoció en Judea cuanto éste era procurador.

        Recuerdan viejos tiempos, que nunca fueron mejores porque Pilatos mira al pasado con decepción, incluso con amargura, tras dejar atrás una vida cuya huella no es la que él hubiera deseado ni cree merecer: las zancadillas de su superior ante Roma, la incomprensión e intereses ocultos de los judíos paralizando actuaciones suyas, como la construcción de un acueducto... Los problemas de un procurador que, afirma, intentó actuar con honradez y justicia. Precisamente ese propósito hacen de este relato un canto al escepticismo: podemos creer y creernos lo que queramos y aspirar a cualquier cosa, que ya se encargará la vida de pasarnos por encima; nunca llegamos a conocer ni a entender la verdadera realidad; solo, con los años, comprendemos que lo que siempre tomamos por realidad irrebatible era solo una percepción, la nuestra, diferente e incluso opuesta a la de los demás, a su vez tan engañados como nosotros mismos.

        Por eso la versión de Pilatos no coincide, se deja caer, con la de otros. Es entonces cuando Ælio, en un intento por alegrar la conversación, recuerda a una mujer hermosa que bailaba con voluptuosidad. Al preguntarse qué habrá sido de ella, recuerda que la mujer se enroló entre los seguidores de un tal Jesús en Nazareo. Cuando le pregunta a Pilatos si recuerda algo del tema, éste, que hasta ese momento había estado absorto en recapitular la lista de agravios que consideraba haber sufrido, se muestra sorprendido: no recuerda nada del asunto, no sabe de qué le está hablando su amigo.

          Prólogo de Ignacio Martínez de Pisón para un texto rescatado años atrás nada menos que por Leonardo Sciascia, autor del posfacio. Un brevísimo y magnífico relato que se lee en poco tiempo pero que invita a una profunda y larga reflexión. Cómo el egocentrismo unas veces y otras la rutina de lo que creemos ser nos hacen vivir engañándonos, hasta que la vida pasa y todas las aspiraciones y hechos se han diluido en la nada, momento en el cual comprendemos que no hemos sabido nada de ella, que nunca lo sabremos, y que moriremos con la tristeza o la angustia de no haber entendido nada.  


         Segunda vez que he leído este relato (la primera fue a comienzos del 2011) cuya primera edición, en 1891, fue de 430 ejemplares.

Anatole France (1844-1924)


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