En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



jueves, 21 de julio de 2016

Bares y libros (y 2)


Pulsa para ampliar



Tengo una amiga en Zaragoza que con frecuencia saca a colación algo que una vez le dije, una evidencia en la que nunca había reparado, pero que le pareció atinada y útil: para saber qué es importante y qué no para una persona no hay que hacer caso a lo que dice, asegura o jura, es mejor comprobar a qué dedica su tiempoPorque cuando algo te importa, encuentras ocasión para cuidarlo: madrugas, sacrificas tu descanso o tu ocio o aplazas otras cosas. Y si alguien no encuentra cinco minutos en un año para aprender chino o telefonearte, tienes una mala noticia: diga lo que diga, le importas lo mismo que no entender una palabra de chino.

Como dedicar tiempo las más de las veces se hace hablando, saber de qué hablamos cuando podemos elegir el tema es indicativo de nuestro orden de prioridades.

No podemos elegir tema de conversación en el trabajo, y en casa solo cuando los quehaceres, resolución de problemas y planificaciones han quedado atrás; pero en un hogar apenas hay interlocutores para elegir, aunque los que hay sean las personas más cercanas. El lugar por excelencia donde uno elige de qué habla son los bares y restaurantes.

Y hete aquí que el otro día, al hilo de la noticia de que dos de cada tres personas no leen un libro al año pero al menos una vez a la semana van al bar, el Pobrecito Hablador se preguntaba: «¿Tienen realmente cosas que decirse quienes acudan hoy a los bares? ¿Sigue siendo el espacio público el lugar donde se gesta el discurso de una sociedad?»

            El barómetro del CIS incluía una respuesta a sus preguntas. La podéis ver en la foto (ojo, porque se podían apuntar hasta tres contestaciones por encuestado).

            En los bares, CIS dixit, el principal tema de conversación es uno mismo. Nos miramos el ombligo desde todos los ángulos. Es inevitable. En el concepto «ombligo» incluyo los temas trabajo –el más frecuente según la encuesta- pareja y familia y problemas personales.

            ¿Y de qué hablamos cuando miramos más allá de nuestras propias narices? De política (segundo tema en importancia) y de fútbol.

            En tercer lugar, nuestro vistazo al mundo se produce a través del arte del cotilleo (hablar de otras personas), que ocupa el séptimo puesto en el total, a pesar de lo cual más que duplica el número de quienes hablan de cultura, concepto que para incluir todas las manifestaciones culturales imaginables presenta unos guarismos tan esmirriados que más vale no darles una palmada de ánimo, no sea que se derrumben.

            Dicho de otra manera: la aportación de nuestro intelecto al mundo es hablar de política, de fútbol y chismorrear. En la cultura apenas reparamos.

Un ejemplo para reír o llorar, a elección del personal: aunque todos los que hablan de cultura en los bares fueran también futboleros (ingenua hipótesis, ¿verdad?) como mínimo el 70% de quienes hablan de fútbol jamás dicen una palabra de cultura. No lo digo yo. Lo dice el CIS. (*)

            Quizá parezca esperanzador que el segundo tema en importancia sea la política. Solo quizá. Porque, aparte de que la encuesta se refiere a un momento particularmente complejo y extraño en el devenir político, ¿qué es la política aislada de los temas a los que debe ser aplicada? ¿Qué significa política en la encuesta? El debate sobre quién y cómo, seguro, ¿pero también sobre para qué? Encomendémonos al residual «otras cosas», deseando que incluya temas más prometedores.

            Se preguntaba el Pobrecito Hablador si los bares siguen siendo el lugar donde se gesta el discurso de una sociedad. No sé, no sé...





(*) Caigo en la tentación de contar esta anécdota: a principios de mes apareció en Twitter el hashtag #RecomiendoEsteLibro dentro de las tendencias en España. Durante un buen rato lo miré emocionado, actualizando a cada instante lo que de él se decía. Una catarata de recomendaciones. Docenas por minuto. Miles de personas que habían disfrutado con la lectura lo estaban utilizando para compartir sus buenos momentos. Se había colocado a la cabeza de los hashtags y tal era su ritmo de uso que parecía que iba a ser eterno. No declinaba. Imaginad cómo podía sentirse un escritorzuelo acostumbrado a ser presentando ante el mundo como un bicho raro viendo a tanta gente comentar y recomendar libros con entusiasmo. Tal era la intensidad del movimiento que me pregunté qué tendría que ocurrir para que otro hashtag acabara desplazando aquel; me parecía imposible y, además, ingenuo de mí, pensé que aunque un tema importante se abriera paso aquel aún duraría unas cuantas horas. Pero no. Fue barrido de un plumazo, desplazado desde la primera posición a la enésima, exterminado, por los nombres de una banda de jugadores de fútbol extranjeros. Había comenzado un partido de la Eurocopa, y las diez cosas más comentadas en Twitter en España pasaron a ser los nombres de diez jugadores de fútbol. #RecomiendoEsteLibro pasó de tener docenas de millares de usos a poderse contar con los dedos de una mano las veces que se había usado en una hora. 


3 comentarios:

  1. Muy interesante. Me dejaste pensando algunas cosas. Seria un honor que visitaras mi blog. Espero sacarte una sonrisa. Saludos y mucho gusto. http://rimaconfaso.blogspot.com.ar/2016/04/si-no-existieran-dias-grices.html?m=1

    ResponderEliminar
  2. En general creo que hablamos de aquello que creemos entender. Y es que los bares son fuente de lo que se dice popularmente como "cuñadismo".
    Y digo yo, ¿ahora hablarán de Pokemon Go?
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo preferiría que hablaran de vibradores asesinos, por razones obvias, je je, pero me temo que Ajonio no puede competir con esos bichos, por más raro que él sea.

      Muacks.

      Eliminar