En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 16 de mayo de 2016

Vicios ancestrales - Tom Sharpe



                No hace mucho leía a un escritor defender los chistes sobre personas aquejadas de enfermedades graves. Hubiera pasado por un bárbaro de no haber advertido, simultáneamente, que su primer hijo había muerto de cáncer siendo niño y que él, junto a otros en su misma situación, bromeaban sobre el asunto aunque solo fuera para encontrar una vía para abordarlo.

                Digo esto porque en Vicios ancestrales, publicada por primera vez hace alrededor de treinta años, buena parte de la acción gira en torno a la figura de Willy Coppett, a quien Sharpe siempre se refiere como «enano» o, en los ridículos eufemismos del protagonista, «persona de crecimiento restringido». Sharpe anticipaba ya la situación actual, en la que el humor se ha convertido en una actividad de alto riesgo cuando involucra a quien se siente víctima de algo, como si el humor no fuera, en numerosas ocasiones, un mecanismo de defensa o una forma de comunicación que amortigua diferencias, dudas y miedos. 

         Dicho esto, Vicios ancestrales contiene la esencia de Tom Sharpe: equívocos mayúsculos que desembocan en monumentales enredos y personajes que van desde el pringado al ricacho opulento, despótico y pseudoaristrócatra que aborrece a los más cercanos, el listo y el tonto, el educado y el grosero, el idealista y el utilitarista, el modernillo y el ultraconservador. Y, cómo no, frecuentes alusiones a lo que el sexo puede tener de escandaloso para una mente puritana. En cierta manera repetitivo, pero, a diferencia de otras de sus obras, con una calidad superior. Digamos que las «repetidas» son unas cuantas de sus obras posteriores.

                Lord Petrefact, un anciano cascarrabias y tullido, es la cabeza de una amplia familia que, desde la oscuridad social más absoluta, ha hecho fortuna empresarial allí donde ha ido. Ricos y poderosos, pero discretos. Una suerte de aristócratas sin otro título que el que ostenta Lord Petrefact. Pleno de deprecio hacia los suyos, decide darles un escarmiento encargando una corrosiva biografía familiar a un profesor universitario, Walden Yapp, un hombre criado de modo peculiar que ha devenido en idealista defensor de los derechos de los trabajadores y en víctima y defensor de todo prejucio anticapitalista y a favor de las clases menos pudientes. Animado por la posibilidad de ajustar las cuentas a tamaños exploradores como los Petrefact, Yapp se traslada a la pequeña localidad donde surgió el imperio industrial. Allí se aloja en la vivienda del matrimonio Coppett, formado por una mujer a la que Sharpe califica de «subnormal» (también otro término hoy peligroso) que está casada con un «enano» que en serlo encuentra grandes ventajas y numerosas humillaciones que a sus propios ojos no son tales. El interés del profesor por investigar, el del resto de la familia Petrefact por impedirlo, la ingenuidad de la casera y las circunstancias de su esposo conducen a un hecho que no voy a contar para no despanzurrar uno de los momentos culminantes de la historia, que a partir de ese momento cambia de rumbo al adoptar un objetivo distinto: el interés del libro deja de ser la suerte de la investigación del protagonista y pasa a ser, como en tantas ocasiones, saber si un inocente acabará siendo declarado culpable. Maravillosa la manera en que Sharpe consigue que todas las pruebas apunten al inocente. Al final, como ocurre en otras novelas de Sharpe, los protagonistas se ven tan atrapados en la madeja de problemas que han creado que el protagonismo se desplaza a personajes hasta entonces secundarios, pues no hay otros capaces de hacer algo con el embrollo.

                Como he dicho, una novela que refleja como pocas la escritura de Tom Sharpe. Pero también, y volviendo al principio, que se permite lujos humorísticos que hoy muchos no toleran.


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