En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 15 de octubre de 2012

Las uvas de la ira - John Steinbeck



Hay libros pésimos, otros que simplemente entretienen, otros que te hacen aprender, y algunos, pocos, que además te hacen mejor. Las uvas de la ira es una de esas novelas que perduran no solo por servir de testigo de una época, sino por la forma en que reflejan lo mejor y lo peor del ser humano. Seguramente es una novela que durará siglos.
El argumento es muy sencillo. Primer cuarto del siglo XX: la familia Joad, arrendatarios de unas pequeñas tierras en Oklahoma, se ve desplazada de ellas por la llegada de los tractores, y es lanzada, de un día para otro, a la indigencia. No es un cambio más debido a los avances tecnológicos, a los que ahora ya estamos acostumbrados: es un cambio incomprensible para quienes lo sufrieron, porque puso patas arriba la relación del ser humano con el campo mantenida desde los inicios de la agricultura. El único tipo de trabajo que habían tenido casi todas las comunidades durante milenios se volatilizó en pocos meses. Se volatilizó, en definitiva, el mundo de millones de personas, que no podían tener una sensación muy diferente a la de las víctimas de un huracán, de un terremoto, o de  cualquier otra catrástrofe: el cambio era una fatalidad contra la que no se podía luchar, pero, al provenir de otros seres humanos, era vivida como una profunda injusticia y con una infinita impotencia. Como los Joad, millares de pequeños agricultores se vieron obligados a emigrar por vía de urgencia a California en busca de trabajo. Básicamente, para trabajar en la recogida de fruta.
Y a partir de aquí, la saña con que el ser humano se aprovecha de los débiles, y la forma en que el poderoso rechaza al débil por la debilidad que el mismo poderoso se empecina en provocarle: desde los cazagangas que ofrecen cuatro chavos por las pertenencias de toda una vida, hasta los que alzan los precios aprovechándose de la necesidad, pasando por todo tipo de especuladores, incluidos los grandes. Vemos también cómo se maltrata al inmigrante, cómo se le impide acceder a todo y luego se le acusa de ser marginal. Vemos cómo se manipula la realidad, cómo basta la acusación de ser “un rojo” para hacer de uno un delincuente, aunque el acusador ni siquiera sepa lo que es ser “un rojo”, y aunque el supuesto “rojo” solo haya expresado su deseo de tener una retribución que le permita comer. Vemos cómo incluso se trata mejor a los caballos que se usan en la tierra que a los recolectores de esa misma tierra.
Pero lo peor, sin duda, es que en nada hemos avanzado en casi un siglo: la peregrinación de los Joad es un paseo comparada con las odiseas de muchos de los inmigrantes africanos que llegan a Europa huyendo, como los Joad, del hambre acuciante. Nada más y nada menos que del hambre. Como los Joad tuvieron que pagar un dineral por un coche destartalado, los emigrantes actuales son sangrados para jugarse la vida cruzando el estrecho en una cáscara de nuez o hacinados hasta la asfixia en un contenedor. Como los Joad no tenían dónde meterse, a muchos inmigrantes actuales se les cierra el mercado del alquiler de vivienda, o se les exige precios exorbitados; como los Joad, muchos emigrantes se ven obligados a participar en “subastas a la baja” en la recolección de fruta, a ponerse en venta en plazas donde un señor en una furgoneta decide, cada mañana, quien tiene resueltos los dos próximos días de vida y quién no; como los Joad, muchos se ven obligados a vivir sin las más mínimas comodidades, sin agua corriente, sin luz, sin nada. Y, como los Joad, casi todos reciben el desprecio de los naturales de la zona: son explotados y humillados, y tras maltratarlos así para colmo se les considera invasores; llegando, a veces, hasta a provocarles solo para tener una excusa para ir contra ellos.
Un libro que hace pensar, y que hay que leer. Porque, se diga lo que se diga, el racismo y la xenofobia, apoyados en una colosal ignorancia, siempre han campado a sus anchas en España y en todas partes. Un libro que también hace pensar que nada hace tan insolidario e egoísta como el bienestar material.
Y termino haciendo una referencia al final: uno de los más bonitos que haya leído nunca y, también, un final con una enorme carga simbólica. Cuando uno no tiene nada, cuando ni siquiera tiene ropa con la que vestirse ni nada que llevarse a la boca, todavía se tiene a sí mismo. Un grito proclamando la dignidad de todo ser humano.



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