En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 10 de septiembre de 2012

Muerte en lista de espera – Veit Heinichen




Para bien o para mal, se confirma lo presagiado por la primera novela de la serie de Proteo Laurenti: el protagonismo, el encanto de la novela, es Trieste y su peculiar entorno, así como las cuestiones domésticas que rodean a un Proteo que el autor presenta como una figura a la que reír todas las gracias. Y se confirma también otro punto: a Heinichen lo de hilar tramas se le da regular.

Comienzo por lo último: ¿trama? ¿Qué trama? No la hay. Desde el principio se sabe quiénes son “los malos”, se sabe qué personajes están al corriente y cómo pretenden “vengarse” (dos vengadores para dos pecados similares, por cierto), y Proteo Laurenti está a verlas venir. Todo se reduce a esperar el momento que se sabe que ha de llegar, a disfrutar por anticipado del sofoco que se llevarán “los malos”. Proteo, además, no aporta nada al desarrollo del asunto, con lo cual, volviendo al primer punto, no es una novela “de” Proteo Laurenti sino “sobre” Proteo Laurenti, donde con la excusa del tráfico de órganos el personaje se luce con situaciones demasiado absurdas (todo un “vicequestore” que se lleva el perro al despacho a diario, por ejemplo), o el típico recurso de la “zancadilla al héroe”, de la acusación injusta, por no hablar de sus chulerías y desplantes caprichosos o de su tópica relación con “las mujeres” (así, en general).

Tampoco me gusta el intento de hilar unas novelas con otras a través de ciertos “malos” cuya única misión es fidelizar lectores. No es un recurso literario, sino comercial. Quienes no hayan leído la primera de la saga (“A cada uno su propia muerte”) deben saber que en ella hay un señor muy malvado que se pega una bofetada con una motora, pero sólo aparece el fiambre de su acompañante. Todos lo dan por muerto menos Proteo, que es muy pito y no se cree que se lo hayan zampado las sardinas.

Por último, llama la atención la contundente crítica a los modos políticos introducidos por Berlusconi. A pesar de la calaña del personaje, que oscila entre lo sumamente peligroso y lo inmensamente estrafalario, no es sencillo, desde fuera de Italia, saber hasta qué punto se exagera o no. De lo que no cabe duda, es de la opinión que Berlusconi le merece a Heinichen.

En resumen: todo el encanto de esta novela (y tenerlo, lo tiene), es el entorno y lo que hace de ella una “comedia de situación”, no lo que la define como una “novela negra”.


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