En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 17 de septiembre de 2012

El consuelo – Anna Gavalda



    He aquí una novela escrita con cierta originalidad (relativa) en la forma, combinando los hechos con las reflexiones del protagonista como si además de personaje fuera lector, aunque El consuelo más que una novela es la acumulación de tres historias consecutivas, con los mismos personajes, cada una de las cuales trae razón en la anterior, pero tan diferentes en su tono que por eso me permito hablar de "acumulación", aunque formalmente solo haya una historia.

    La primera parte, por así llamarla, comprende la mitad del libro. En ella el protagonista, Charles, un arquitecto de postín, recibe la noticia de que ha muerto su antigua vecina, madre del que fue su mejor amigo. Y a partir de aquí, el desconsuelo, el soponcio, el rememorar el pasado dosificando la historia para mantener el interés jugando con algunos equívocos, como hasta dónde llegó la relación del muchacho con la mujer. El hijo de la fenecida, además, tuvo ciertos “tratos” con la hermana preferida de Charles, que acabaron mal. Y durante 250 páginas todo apunta a que el protagonista se va a plantar en casa de su antiguo amigo a cantarle las cuarenta por todo lo que hizo a su propia madre y a la hermana de Charles. Todo ello en medio de una relación de pareja que ni es relación ni es de pareja, y con una "hija no hija" de por medio.

    Comienza en ese punto la “segunda parte”, que nada tiene que ver con la primera. Ahora, el “desconsuelo consolado” viene de la mano de una simpática muchacha con una lacrimógena historia tras de sí, que vive, en estado semiasilvestrado, con sus jóvenes sobrinos y algunos niños más. Esta desenfadada forma de vida provoca un shock en el protagonista. Lo que viene después, es sencillo de imaginar.

    Si la cosa se hubiera quedado aquí, estupendo. Sin embargo, quizá porque los personajes deban ser “consolados”, aparece un final interminable, de casi un centenar de páginas, que llega a ser empalagoso y que no aporta gran cosa.

    Y eso es todo. Demasiadas páginas para tan poca chicha, aunque hará las delicias de los lectores aficionados a las novelas lacrimógenas.





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