En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.

lunes, 13 de abril de 2026

Madre, el drama padre



La justicia exige distinguir la obra de la edición.

La edición aparentaba ser buena: «Las 25 mejores obras del teatro español. Prólogo de Miguel Nieto. Edición crítica de Javier Sahuquillo. Colección dirigida por el dramaturgo José Luis Alonso de Santos y editada por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid…», puede leerse en la cubierta. Pero tras el bombo y platillo proliferan erratas y descuidos incluso ya antes de leer la primera palabra escrita por Jardiel; hasta se puede disfrutar de una metedura de pata de coleccionista: un párrafo de casi una página repetido, uno a continuación del otro. Así que, paciente lector, si de pronto sientes una mareante sensación de déjà vu no la achaques a problemas neuronales o a la ingesta de setas compradas de matute a un recolector desconocido; pásale el recado a la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, cuyo trabajo en esta ocasión ha tenido más de dramático que de arte. Al menos, eso sí, el precio es muy reducido. Probablemente haya alguna relación.

En fin… Enterremos el desaguisado y vamos al pobre Enrique Jardiel Poncela, que un poco más de cuidado merece. Una especialidad por la que no es muy conocido es la de escribir prólogos tan sinceros y agresivos que resultan violentos. Si en otros prólogos se quejaba de tener que escribir basura para asegurarse las lentejas contentando al populacho y así luego poder escribir por fin lo que le gustaba, en este afirma haber hecho esto último y acto seguido embiste contra la crítica (que le había sido negativa) con una virulencia a la que solo se puede objetar un detalle: ha hecho pasar a la posteridad el nombre de uno de sus críticos. 

Las pataletas de los autores con la crítica son un follón tan antiguo como la literatura, y del que a largo plazo solo hay unos vencedores: los autores que llegan a ser clásicos. Todos los demás pierden. O, mejor dicho, se pierden en el olvido. Solo si el futuro clásico menciona el nombre de un crítico le habrá regalado la dudosa gloria de la memoria de su cortedad, como en este prólogo hizo Jardiel. Sin embargo, dado que el egocentrismo es tan estúpido que son legión quienes se enorgullecen de adivinarse reconocidos, aunque sea como tontos, yo jamás mencionaría a un crítico. Soy más duro que JardielNo hay condena mayor ni más efectiva que la indiferencia.

«Madre (el drama padre)», a la que Jardiel atribuyó el carácter de crítica contra el pasteloso teatro romántico, se estrenó en el durísimo periodo inmediatamente posterior a la Guerra Civil. Enrique Jardiel Poncela, que había sido rechazado por la izquierda acusándolo de ser de derechas, fue rechazado por la derecha por inmoral. Ya venía el hombre de tener problemas con el título de alguna de sus anteriores obras: la estratosférica cantidad de víctimas y desaparecidos de la Guerra Civil le había obligado a titular en 1939 «Un marido de ida y vuelta» lo que en realidad se titulaba «Lo que le ocurrió a Pepe después de muerto». Abrirse paso siempre es difícil, y aún más cuando hay personas decididas a cerrártelo.

    «Madre (el drama padre)» juega ya en el título con el lenguaje, dada la importancia que el parentesco tiene en esta comedia. El argumento es sencillo y a la vez complejo: unas cuatrillizas, cada una con la rareza que la caracteriza con efecto cómico, están enamoradísimas de unos cuatrillizos del mismo modo singularizados. Se van a casar no porque en las bodas cuadruplicadas se aplique algún tipo de descuento, sino por amor. ¡Ay, el amor! Es tan irracional que se parece a la fe. El caso es que gracias al ir y venir de secundarios que no lo son tanto no dejan de florecer sospechas sobre el origen de los ocho, lo que haría de las cuatro bodas un festival del incesto. Y así, entre que se lía una cosa y se aclara al tiempo que se lía otra que a su vez se aclara liando otra… Bueno, que tras un monumental enredo se llega al desenlace que sabrá quien vea la obra o la lea. Pero no será sencillo verla en estos tiempos si no es rescatando en internet representaciones televisadas: el elevado volumen de actores precisos para poner en escena «Madre (el drama padre)» no debe de hacer de ella una obra muy rentable. 

    Volviendo al momento de su estreno, lo escandaloso para las mentes puritanas fue la idea del incesto. ¿Cómo alguien se atrevía siquiera a recordar que existe? Jardiel se defendió, como he dicho, aduciendo el carácter satírico de la obra, pero en realidad intentó nadar y guardar la ropa. No lo consiguió porque una vez que algún personaje, hasta las narices de tanto lío, se muestra decido partidario del incesto, no hay manera, a los ojos de los puritanos, de arreglar tamaño desaguisado.

    Además, a diferencia de otros problemas clásicos para casarse (las diferencias sociales o económicas, por ejemplo), el incesto hace pensar en el sexo como momento irreversible, como el instante del gran drama o de la suprema depravación. Seguro que su presencia latente a lo largo de toda la obra también escandalizó a los meapilas.

    Para colmo, huelga decir que si hay confusión sobre la filiación de cada cual es debido a que los padres de las criaturas tuvieron comportamientos demasiado disipados para los más santurrones.

    En resumen: ¡El descoco!

    ¡Oiiiiiiing!

    La obra es divertidísima, ágil e inteligente. A pesar de la abundancia de personajes se sigue muy bien incluso leyéndola, aunque, en este caso, hay que estar atento a los detalles que sugieren orígenes o parentescos, pues algún punto es un pelín confuso y los personajes podían haberse expresado con una claridad que la escena permite añadir.

    «Yo me hice asesino por agradecimiento», dice uno de los personajes. Y yo también, porque le estoy tan agradecido a Jardiel por el buen rato que me ha hecho pasar que os recomiendo esta lectura aunque os mate de risa. 


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