«Un reloj por corazón» es una gran novela de intriga hasta que deja de serlo.
Voy a explicarlo.
El planteamiento de la acción es, durante buena parte de la novela, sólido, atractivo y bien estructurado. En la vida en Boston del treintañero George Foss irrumpe Liana. Un antiguo amor. «El» amor de George, quien ahora mantiene una relación que va y viene con otra mujer. Pero Liana no ha aparecido por casualidad, sino para pedirle a George un favorcillo porque anda metida en un lío.
La novela primero transcurre entre el desarrollo de lo que acabo de contar y la relación entre ambos cuando tenían 18 o 19 años, que se rompió porque… ¿Por qué se rompió? Porque algo sucedió, no sabemos qué, que metió a Liana en morrocotudos problemas. De ellos lleva huyendo casi dos décadas. Se supone que esos problemas, y no el desamor, estuvieron detrás del final de aquella historia de amor entre universitarios.
La acción transcurre así entre el hoy y el ayer. Mientras el lector poco a poco dilucida qué diablos pasó hace tanto tiempo, los acontecimientos presentes, que nada tienen que ver con aquel pasado, se van liando hasta desembocar en otro considerable follón. A fin de cuentas Liana suena a Lianta.
Por qué George la ayuda está claro. Ella fue, como ya he dicho, «el amor de su vida» (expresión hecha que lleva implícito, como dijo el poeta, que el romance tuvo un final chungo), así que, verla de nuevo ante él le hace pensar/sentir/desear que algo se puede recuperar o, al menos, cerrar. También le queda la duda de si Liana ha acudido a él por amor (recuerda: no sabemos qué ocurrió entre ellos veinte años atrás), si porque sabe que es un tipo en el que se puede confiar o si ha sido por otra cosa.
Sí sabemos pronto, ya lo he dicho, que Liana es una lianta. Resucitar para pedir favores es de una desfachatez desarmante. Pero esta extraña situación casa bien con la reacción de George, bastante racional: ni es un calzonazos que se echa a los pies de Liana ni tampoco la manda al diablo porque aún ignora qué sucedió para que todo se fuera al traste. El resultado, como digo, es una novela de intriga de magnífica factura durante una gran parte de sus páginas, que avanzan a ritmo firme, seguro y directo hacia el esclarecimiento del pasado y del presente.
¿Cuál es el problema entonces? Pues que a la hora de resolver la novela, Peter Swanson, en lugar de optar por varios de los finales racionales posibles emprende un absurdo rumbo hacia un desenlace de acción que hace pasar del sobrio realismo a una secuencia de piruetas a cuál más inverosímil, para concluir con un piruetazo tan mayúsculo que el desenlace se espachurra ante los ojos del lector, de cuya fe depende. Todo es cuestión de si el lector comparte fe con el para la ocasión estupidizado George. Es complicado. Si no la compartes tienes sensación de burla, de que el autor no se lo ha currado. Y, si lo haces, cosa complicada, todo el buen hacer previo carece de sentido y solo ha consistido en rellenar páginas con habilidad. Todo un fiasco para una novela bien encarrilada. ¡Con la de finales bonitos y brillantes que Swanson le podía haber dado!
Un texto correcto que con otro desenlace podría haber sido una buena novela. Así queda entre la novela mediocre y la gansada. Pero, ¿qué se le va a hacer? Ya el título era un aviso de que el autor se lo podía haber currado más, porque el original, «The girl with a clock for a heart» destripa bastante al señalar quién tiene poco o nada corazón. O sea, quién es la mala. Y, para colmo, tampoco es un título poético. ¿Un reloj por corazón? ¿Un reloj? ¿Atómico o de cuco? Y con lo que fallan algunos. Anda que no habrá mejores metáforas para expresar un carácter despiadado inmune a los afectos.
En resumen, según Peter Swanson Liana tenía un reloj por corazón. Según servidor de ustedes lo que Liana tenía por corazón más semejaba un engañoso camino a un almacén de malas películas.

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