En este blog solo encontrarás reseñas de libros que en algún momento me ha apetecido leer. Ninguna ha sido encargada ni pedida por autores o editores, y todos los libros los he comprado. En resumen: un blog de reseñas no interesadas para que sean interesantes.



lunes, 17 de abril de 2017

La danza de la gaviota - Andrea Camilleri




La danza de la gaviota (serie Montalbano, 19)

          La novela toma el título de la gaviota que, en las primeras páginas, el comisario ve morir tras ejecutar unos últimos movimientos que semejan una danza.

          Inventada la trama a partir de una noticia de periódico, como tantas otras veces ha hecho Camilleri, en esta novela torna a utilizar cierto recurso "televisivo" propio de las series largas: los protagonistas "activos" se convierten en "pasivos", en objeto de los crímenes, lo cual, debido a la relación emocional que en la décimo novena entrega une ya al lector con los personajes, necesariamente implica que todos van a prestar una atención inusitada a los acontecimientos.

          Y lo que ocurre es que Fazio, el discreto y eficaz policía a las órdenes de Montalbano, desaparece. Y lo hace de modo que nadie da un céntimo por su suerte.

          Camilleri juega a la vez con la expectación del lector porque Livia va a casa de Montalbano, tras jurarle y perjurar éste que estará con ella y se olvidará del trabajo aunque, como es de suponer, ante algo tan grave como la desaparición de un compañero y amigo de quien de verdad se olvida de ella, y la espera de Livia es otro acicate para el lector, debido a la previsible violencia del reencuentro.

          Y, entre tanto, un armador acude a la comisaría para contar ciertas sospechas acerca de la actividad de uno de sus barcos, que siempre llega tarde de faenar.

          Sin salir todavía del puerto, donde se desarrolló la novela anterior, Camilleri construye una digna obra donde la intriga se compagina muy bien con el avance de la investigación, al tiempo que se tocan -como casi siempre- elementos del paisaje mafioso, siempre atrayentes por su aura de misterio, y los inevitables personajes más cercanos de ser víctimas o perdedores que criminales. Unamos a esto "el elemento femenino", al cual Camilleri no renuncia nunca: la "chica guapa de la película" es, en esta ocasión, una enfermera que parece instantánea e irremediablemente prendada de la simpatía del comisario. Pero claro, el buen hombre está a todo y no se le escapa ni una, como sabrá quien lea la novela, cuyo desenlace es, otra vez, de los que dejan un poso de tristeza porque al fin y al cabo resolver un crimen supone capturar al criminal, pero las víctimas no dejan de ser víctimas.

          Ah, y Montalbano sigue haciéndose viejo. Acompañarlo en el proceso de pérdida de facultades es otro de los lazos afectivos con que Camilleri atrapa a sus lectores, la mayor parte de los cuales han pasado ya de los cuarenta y comienzan a darse cuenta de lo bien que se está con veinticinco. Una forma de empatizar con Montalbano.




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